Publicado en Reflexiones en voz alta

CARTA A UN CRETINO

CARTA A UN CRETINO

Querido cretino:

Nos conocemos bien, hemos tomado un trago muchas veces, hemos compartido mesa y hasta nos hemos reído juntos en alguna ocasión.

Perteneces a un importante colectivo de personas que tienen una pose moderna, o algo así, que se basa fundamentalmente en la crítica feroz a las personas e instituciones que entregan la vida generosamente por los demás.

Arguyes -entre sorbo y sorbo- que la Iglesia y las ONGs de cualquier signo están pasadas de moda, son instituciones  seniles y decadentes, que se basan en la transmisión de unas ideas anticuadas y utópicas que imponen desde el sentimentalismo a personas sencillas y de buena voluntad que carecen de cultura y de formación. Repites una y otra vez que el progreso y las libertades han acabado ya con el sometimiento a la Trascendencia y a una solidaridad meliflua que es inoperante.

Sigues con la cosa esa del opio del pueblo y movidas así. Hablas del caciquismo eclesial, de la involución y de las subvenciones turbias a las ONGs. Subrayas tu pensamiento, como no, con lo del dinero del Vaticano y con las declaraciones de los obispos.

Manifiestas también tu menosprecio por políticos, sindicalistas y currantes varios que se dejan el tiempo, el talento y la ilusión en el trabajo por los demás. Dices una y otra vez que son unos tipos interesados, que todos los políticos son iguales, que los sindicatos ya no son lo que eran y que las asociaciones están corrompidas. Te descojonas de risa cuando hablas de catequistas, monitores, voluntarios y pacifistas. Me has llegado a decir eso e incluso, mira que ya es morro, que cuando matan a un misionero es el Tercer Mundo es un accidente laboral.

Confieso que he llegado a entenderte. Pienso que en un mundo tan complejo como el nuestro, en donde parece que no queda nada sólido, tu opinión merece un respeto.  Formas parte de un importante ejército de personas acomodadas e indiferentes que pasan por la piedra a todos aquellos que intentan dar una respuesta a los interrogantes que se plantea el ser humano en este  milenio. En realidad, hay muchos como tú. Eres una piececita más en un engranaje maligno que produce nada y vacío.

A pesar de la amistad que nos une, hay un tema en ti que me molesta en ocasiones; es -ni más ni menos- tu incapacidad manifiesta para comprometerte en lo que vaya más allá de tu ombligo. Criticas al mundo, a las organizaciones solidarias y a toda la gente que piensa en los demás, mientras que tú sólo te preocupas de tus ingresos, tu estómago y tu línea. Te conoces de meoria los devaneos sentimentales de los famosos que exhiben incultura y cuernos en la tele, pero te resulta prácticamente imposible reconocer la generosidad de muchos grupos de personas; no sabes apreciar lo que hay de bueno, noble y generoso en tantos seres humanos que miran el mundo desde la compasión. Tu crítica, entonces, me parece vacía y carente de fuerza moral. Me aburren tus teorías sociales y tus análisis estructurales de la realidad. Repruebas, a veces con acierto, a los que quieren hacer algo por los demás mientras que tú, echándole un poco de razones y un mucho de jeta, eres incapaz de mover ni un dedo. Nos observas a todos por encima del hombro; nos miras como situado en una atalaya inaccesible desde la que sólo sabes censurar a la gente que se moja por los demás, vigilando, eso sí, que la cosa no te salpique.

En el fondo, te encanta ser un cretino. Por eso, y perdona que te lo diga, tu análisis estructural de la sociedad me importa un huevo. Es más, cada vez que abres el pico para denunciar alguna de las cosas que hacen tantos voluntarios en tantas ONGs, tengo la certeza de que nuestro trabajo no es tan estéril. Pienso -parafraseando a Cervantes- que ladras, luego cabalgamos.

Deseo de todo corazón que algún día bajes de la muralla que has edificado sobre tu soberbia. Deseo que pises el suelo, como nosotros intentamos hacerlo, y de ese modo comprendas lo resbaladizo y complejo que resulta el compromiso…lo arriesgado y apasionante que resulta jugarse el tipo por los demás. Espero que alguna vez le tiendas la mano a alguien, aun a riesgo de equivocarte, y experimentes entonces la fragilidad hermosa del amor.

Sólo así serás feliz ; sólo así podrás vivir y vivirte…sólo así podrás empezar, querido amigo, a dejar de ser lo que ahora eres, un triste e infeliz cretino.

JOSAN MONTULL

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Autor:

salesiano, cura, cinéfilo, me gusta remar a contracorriente y apostar a perder

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