Publicado en Críticas de cine

El último lobo

Aullidos fascinantes: EL ÚLTIMO LOBO

Título original: Le dernier loup.

Dirección: Jean-Jacques Annaud.

Países: China y Francia 2015.

Duración: 118 min. Género: Aventuras.

Interpretación: Shaofeng Feng (Chen Zhen),

Shawn Dou, Ankhnyam Ragchaa.

Guion: Alain Godard, Jean-Jacques Annaud,

Lu Wei y John Collee;

basado en la novela “Tótem lobo”, de Jiang Rong.

Producción: Jean-Jacques Annaud, Xavier Castano y William Kong.

Música: James Horner.

Fotografía: Jean Marie Dreujou.

Montaje: Reynald Bertrand

Ha llegado a nuestras pantallas un film sorprendente, “El último lobo” del realizador francés Jean Jacques Annaud.

Annaud es un buen narrador, conjuga unas imágenes impecables con argumentos dramáticos de una gran densidad. “El amante”, “Enemigo a las puertas”, “El nombre de la rosa”, “Siete años en el Tibet” son un buen ejemplo de ello. En ocasiones es capaz de presentar historias en las que, como en el caso de “En busca del fuego” los diálogos son sustituidos por gruñidos y aullidos que dejan a la fotografía y la potencia visual toda la responsabilidad de la historia que se cuenta.

Hace unos años estrenó “El oso”. El film, de una factura técnica impecable, conseguía que en una película realista y de aventuras, el protagonista fuera un animal y no una persona. “El oso” encandilaba porque la historia que contaba era absolutamente dominada por un animal que se interpretaba a sí mismo, sin ningún rasgo humano, y se convertía en estrella central de un relato sencillo y apasionante.

Algo parecido ocurre con su reciente película “El último lobo”, una producción franco china que otorga el protagonismo absoluto de la historia a los lobos y se convierte en una fábula ecológica interesante.

En 1969 el joven estudiante Chen Zhen es enviado a Mongolia Interior para educar a una tribu de pastores nómadas según las directrices políticas de Mao Tse Thung. Pronto Zhen se siente atrapado vivencialmente por una tierra mágica y por unas personas enraizadas en el paisaje con una espiritualidad y un sentido de la comunidad y de la naturaleza que le fascinan. El pretendido maestro se convierte en un aplicado alumno deseoso de aprender hasta límites extraordinarios. En esta Mongolia hermosa, Zhen descubre la relación sagrada entre los pastores, la tierra y los animales. Va descubriendo la sencillez y la autenticidad de la vida comunitaria y se va dejando abducir por la criatura más temida y respetada: el lobo. Cuando la autoridad maoísta china ordene la aniquilación de los lobos, Zhen –desoyendo los prudentes consejos de la tribu- acoge a una cría de lobo, lo cuida con cariño y le ayuda a crecer. Los cuidados de Zhen y la naturaleza salvaje del animal pronto entrarán en contradicción.

Estamos ante un film absolutamente espectacular. La fotografía es de una belleza extraordinaria. La música del siempre brillante James Horner sublima unos paisajes magníficos que fascinan al espectador desde los primeros fotogramas.

En la película se plantean temas de una cierta relevancia: la espiritualidad del pueblo mongol, el carácter sagrado e inviolable de la Naturaleza, la fuerza de los antepasados y su pervivencia tras la muerte, el respeto al equilibrio ecológico que, cuando se rompe, pasa factura. La Naturaleza se presenta como una realidad mística que hay que observar y venerar. La tierra aparece como madre a la que vuelven sus hijos.

La aventura humana de Zhen le hace cometer locuras y aprender de la experiencia de los mayores, poco a poco irá experimentando la difícil contradicción de lo que significa amar animales que pueden hacer daño a las personas a quien uno más ama.

Pero la película se queda ahí, no va mucho más allá. No encontramos en este film de Annaud una profundización en la vida de los personajes, en sus aspiraciones y sus miedos. Los seres humanos que aparecen no tienen una relevancia especial. Da la sensación de que a Annaud no le interesan demasiados esos hombres y mujeres de la historia. No cabe duda, el protagonista total y absoluto es el lobo, los lobos. Uno se admira al ver la complicidad de estos animales ante la cámara. Están tan bien filmados, sus miradas reflejan tantos sentimientos e instintos que da la impresión de que están actuando como expertos actores. No en vano el equipo técnico tuvo que vivir y convivir durante tres años con unos lobos con los que consiguieron confraternizar a pesar de la su ferocidad.

Tan bella como entretenida, tan fascinante como sencilla, tan grande como superficial, “El último lobo” es una buena película, digna de ser vista en una gran pantalla. Sus imágenes apasionan hasta el punto de que, cuando han transcurrido unos minutos, el espectador no sabrá si es él quien mira a los lobos de la pantalla o si lo lobos, con esos ojos sobrecogedores, están mirando a cada espectador.

JOSAN  MONTULL

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Argo

Adrenalina inteligente: ARGO

Dirección: Ben Affleck. País: USA. Año: 2012.

Duración: 120 min. Género: Thriller.

Interpretación: Ben Affleck (Tony Mendez),

Bryan Cranston (Jack O’Donnell),

John Goodman (John Chambers), Alan Arkin (Lester Siegel),

Guion: Chris Terrio;

Producción: George Clooney, Grant Heslov y Ben Affleck.

Música: Alexandre Desplat.

Fotografía: Rodrigo Prieto.

Montaje: William Goldenberg.

 

 

 

Hace unos años el joven actor Ben Afleck se dio a conocer por una buena interpretación junto a Matt Damon en el film “El indomable Will Hutting”. Después de esta buena película Afleck actuó en otras cuyas interpretaciones no tuvieron tan apenas relevancia.

Pero en 1007 Ben Afleck se puso tras las cámaras y dirigió “Adiós pequeña, adiós”, interesante film que, con una temática muy propia de cine negro, se atrevía incluso a hacer una reflexión religiosa. Años después llegó “The town, ciudad de ladrones” con la que Afleck se erigía como un buen director. Ahora, cuando ha estrenado “Argo” uno tiene que rendirse ante la evidencia de que estamos ante un muy buen director con una gran oficio  para contar historias.

La historia que cuenta “Argo” podría considerarse surrealista y propia de un farsa de ciencia ficción de no saber que nos encontramos ante la narración de unos hechos históricos.

En 1979, la embajada de los Estados Unidos en Teherán fue ocupada por una turba furiosa de iraníes que secuestraron a unos 70 ciudadanos norteamericanos que estaban en el interior. Seis de ellos consiguieron huir y se refugiaron en la casa del embajador de Canadá. Lógicamente no podían salir porque, de ser descubiertos, se les hubiera acusado de alta traición en un momento en el que la justicia brillaba por su ausencia y las ejecuciones eran constantes.

La CIA y el gobierno canadiense organizaron una operación para rescatar a seis diplomáticos estadounidenses. Con este fin y con el agente Tony Méndez al mando, se recurrió a un experto en el arte del disfraz y se preparó el escenario para el rodaje de una película (“Argo”), en la que participaba un equipo de cazatalentos de Hollywood.

Esta historia permaneció en los archivos secretos de la CIA hasta que, pasado el tiempo pertinente, el gobierno de los USA la desclasificó y pudo conocerse.

Con este material Afleck consigue un film contundente y muy bien rodado. Se mezclan con habilidad imágenes reales con imágenes de ficción (algunas dramáticas: mujeres con jihab armadas y amenazantes, cadáveres colgados ahorcados en grúas…) lo que da al relato un realismo excelente.

Afleck, por otra parte, impone a toda la película un interés creciente que hace que la adrenalina suba cada minuto. Acompañado por una música efectista, la tensión emocional y dramática de la situación se traslada admirablemente al espectador, que participa de una cada vez mayor inquietud ante el suspense de la situación. Responsable de esta escalada de tensión e intriga es un excelente montaje que utiliza con frecuencia dos líneas narrativas que se desarrollan alternamente en la pantalla. Afleck maneja en este sentido al espectador a su antojo atenazándole a la butaca y haciendo que el interés del film sea cada vez mayor.

Otro elemento interesante es la relación que el agente Méndez mantiene con todos los grandes de Hollywood. Los egocentrismos y las banalidades que esconden falta de talento en el mundo del cine son tratadas con una hilaridad que sirve de respiro y sonrisa para el espectador.

Por primera vez en su carrera como actor, Afleck acierta en un tono inexpresivo y frío necesario para su personaje. Los secundarios están muy bien, destacando Bryan Cranston y John Goodman.

No faltará quien diga que ésta es una película descaradamente proamericana. El final, con Méndez reconciliado con su familia y abrazando a su hijo con la bandera de los USA como es ciertamente muy propagandista; pero esto no ensombrece la grandeza de un film de intriga excelentemente realizado capaz de mantener al espectador atento a la pantalla hasta el final. Y digo hasta el final porque incluso los rótulos de crédito son interesantes al aparecer los personajes auténticos del drama.

En fin, cine de acción con mayúsculas, con una trama humana, sin más efectismos que los de una historia bien contada. En esta época en la que la llamada primavera árabe suscita dudas sobre su bondad, bienvenida sea esta excelente película de acción que nos recuerda una de las páginas desconocidas de nuestra Historia.

JOSAN MONTULL