Publicado en Reflexiones en voz alta

CELEBRAR LA EUCARISTÍA CON JÓVENES

CELEBRAR LA EUCARISTÍA CON JÓVENES

Soy sacerdote desde hace 27 años. Como salesiano, Dios me ha dado el privilegio de vivir mi vida con los jóvenes en plataformas educativas diferentes. Al hacerlo, he compartido la amistad con todos y la fe con muchos. También he compartido y comparto la eucaristía con jóvenes en gran número de ocasiones. Con algunos lo hago habitualmente, con otros en momentos puntuales.

Presidir la eucaristía con jóvenes me ha hecho aprender mucho de mí mismo, y replantear mi fe, mi amor a la Iglesia, mi vocación y mi compromiso eclesial.

No pretendo –Dios me libre- dar lecciones a nadie; tampoco quiero dar consejos sobre cómo celebrar la misa con jóvenes. Quiero únicamente explicar algunas de las implicaciones que a mí me produce celebrar la eucaristía con chavales.

1. Lo que se celebra la presencia resucitada de Jesús, no la amistad ni el buen rollo. Pero sin amistad y buen rollo es muy difícil trasmitir el mensaje de Jesús, un mensaje que es de esperanza y que apuesta por la vida.

2. Es muy importante que el presidente comparta con los chavales no sólo la Eucaristía sino también otros momentos de la vida. Creer que lo sacerdotal es exclusivamente la presidencia de los sacramentos es tener una visión veterotestamentaria. Jugar, escuchar, programar, trabajar y festejar con los jóvenes, ser su amigo, da sentido a la presidencia de la misa.

3. El lenguaje del sacerdote en la eucaristía debe ser igual que el que tiene fuera de la eucaristía. No podemos engolar la voz, hablar parsimoniosamente como si estuviéramos ante un Dios escrupuloso y rigorista. Siempre me han sorprendido los curas que en la calle hablan de un modo cercano y en la misa de una manera solemnísima y sin cordialidad. Es importante leer durante el desarrollo de la eucaristía el estado emocional general y el interés de la comunidad reunida y adaptas sobre la marcha el lenguaje y los momentos celebrativos para que sean fluidos, significativos y motivantes para la mayoría. También me ha sido útil aprovechar algunas reacciones emocionales significativas de alguna persona para remarcarlas y conectar al grupo con la eucaristía.

4. Los chavales deben tener gestos que vehiculicen su protagonismo y su participación. Es conveniente que los chavales participen de la preparación de la misa y de la realización. Claro que en muchos templos hay auténticas “barreras arquitectónicas” que dificultan la espontaneidad. Sentarse en el suelo…cantar y bailar…darse la paz de un modo libre…hacer silencios intensos…aplaudir…llevar pancartas…son gestos que no deberían asustarnos sino, a mi modo de ver, deberían poder integrarse en la celebración. También hay que explicar el significado de símbolos y momentos importantes para que el joven entienda lo que está viviendo.

5. Los misales ayudan pero no determinan. El lenguaje litúrgico, reconozcámoslo, es difícil, está pensado para personas muy iniciadas y tiene en su ritmo una cadencia casi medieval. Muchas de las oraciones, invocaciones y frases que dice el sacerdote en la eucaristía o que responden los fieles son ininteligibles para los jóvenes (y no sólo para los jóvenes). Creo que no hay que hacer todo lo que dice el misal; con chavales es necesario adaptar y “traducir” expresiones; si algo caracterizaba la predicación de Jesús era su osada claridad. No se trata de minimizar el Misterio, se trata de dar normalidad a lo que es Misterio. A veces me ha sido útil usar símbolos y lugares poco frecuentes que descentran al joven de lo habitual (comulgar con pan de pueblo, presidir solo con estola, celebrar en el comedor de una Colonia o en el bosque…) pero que ayudan a centrarse en el mensaje fundamental Jesús de Nazaret.

6. El celebrante debe manifestar un apasionado amor a la Iglesia. No se trata de ser tan supuestamente avanzado que manifieste que el cura es mejor que la Iglesia, mucho más moderno y cercano. Soy hijo de la Iglesia, es ella la que me ha dado a conocer a Jesús y la que me ha confiado la presidencia de la Eucaristía. Para muchos jóvenes, el sacerdote que les preside la Eucaristía es el testigo de la Iglesia, es el que la hace creíble…y no se la hace creíble si se la menosprecia con una crítica que pretende el aplauso personal en detrimento de la comunidad y que acaba restando significatividad al cura.

7. La homilía debe ser creativa y cercana. Se trata de anunciar un mensaje nuevo…el odre necesariamente deberá ser nuevo. Hay que tener en cuenta a los chavales y procurar llegar al corazón. En mi caso, los títeres, los objetos, las representaciones teatrales, los “concursos”, la magia, los testimonios involucras en la eucaristía a personas que pueden ser referencia cristiana para los jóvenes…han sido utilizados en las homilías. Claro, no siempre he tenido la misma inspiración. El tener siempre los mismos destinatarios, no cabe duda que dificulta la creatividad y en muchas ocasiones he recurrido a una plática al uso, sencilla y directa.

8. Hay eucaristías especiales… bodas… funerales. Muchos chavales que me piden que los case, tal vez están alejados pero guardan el recuerdo, la amistad y la experiencia de que en la historia que compartieron conmigo se sintieron amados en un ambiente eclesial. Creo sinceramente que, en la medida en la que podamos, hay que presidir la celebraciones matrimoniales de aquellos que nos solicitan. Habrá que ver si celebramos la eucaristía o sólo el sacramento del matrimonio…pero es importante acompañarles en ese momento tan trascendental de su vida. Igualmente cuando la muerte llama a algún familiar de un joven o a un joven…hay que estar; el cura es un compañero de camino.

9. Si nos equivocamos, ya sabemos que rectificar es de sabios. Los chavales aprecian la buena voluntad. Es normal que buscar el acercamiento de los jóvenes a la eucaristía nos lleve a ser osados y a equivocarnos. Podremos tener más o menos acierto a la hora de presidir entre ellos la eucaristía, pero lo que los jóvenes valoran de verdad es sentirse queridos. He visto a sacerdotes ancianos encandilar y emocionar a jóvenes presidiendo la eucaristía de un modo tradicional porque siempre han querido a esos chicos y chicas. Si en una eucaristía no hemos conectado, no hay que asustarse hay que seguir.

10. Presidir la eucaristía siempre implica coherencia por parte del sacerdote. Cuando los chavales son los destinatarios, son especialmente sensibles al testimonio de la vida del cura. ¿Cómo voy a decir “Tomad y comed, esto es mi cuerpo…esta es mi sangre” si mi vida no está en sintonía con lo que celebro. Los chavales quieren testigos, no funcionarios de la liturgia. Tal vez eso sea lo más complicado y lo más importante.

Por eso, como sacerdote que comparte todavía la vida con los jóvenes, estoy convencido que el lenguaje que más entienden es el del amor. En mi vida he intentado que el de la liturgia fuera un lenguaje de amor que trasparentara el Amor más grande, el de quien en la noche de Pascua nos dejó aquel pan que era un resumen de una Vida tomada por Dios, bendecida, partida y repartida…y aquel vino que condensaba una sangre derramada por amor.

Desde el amor puedo afirmar que los jóvenes con los que comparto la eucaristía y les hablo de Cristo se convierten para mí en una Palabra de Dios. Dios me habla a través de ellos, me anima, me inquieta, me dice cosas…Presidir la eucaristía entre los jóvenes supone también creer que ellos, por más desajustados que estén, son un sagrario en el que Cristo me sigue hablando y me sigue esperando.

JOSAN MONTULL

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Autor:

salesiano, cura, cinéfilo, me gusta remar a contracorriente y apostar a perder

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