CONVERSANDO CON JOSAN MONTULL (parte 1 de 2)

(Diálogo con el sacerdote José María Ferrer publicado en el semanal El Cruzado Aragonés. Diciembre de 2020)

Hablar con José Montull es fácil porque se puede hablar con él de muchas cosas, pero al mismo tiempo es difícil porque hay que seleccionar y eso no es tan fácil.  Vamos a comenzar situándonos en el hoy que vivimos, como poniendo en el reloj en el ahora mismo.

1.- Nuestro tiempo, ¿es de crisis, es de esperanza, es de poner fin a una etapa histórica para empezar otra?

Creo que en este tiempo estamos sumidos en un momento de crisis. La pandemia de COVID ha dado la vuelta a nuestra vida cotidiana. Además de las muertes provocadas, la prevención, cuando no el miedo, se han convertido en cotidianas. Hay que cuidarse, distanciarse de los demás, encerrarse, no compartir el afecto desde un estilo tradicional, nuestras manifestaciones sociales han quedado relegadas, nuestra vida familiar está muy acotada…

Por otra parte, creo que existe una crisis política importante en nuestro ambiente. Da la sensación de que nuestros dirigentes públicos luchan más por sus propios intereses que por los de la gente sencilla. La ideología prima por encima de la solidaridad. El entendimiento no existe. y en los foros políticos se usa habitualmente el insulto, la descalificación e incluso la amenaza para lanzarla contra los otros. No se exponen razones, se descalifica al rival. Resulta sorprendente que, con la que está cayendo, los gobernantes se hayan subido el sueldo. Ciertamente, los dirigentes no son referentes éticos para una sociedad como la nuestra.

También hay crisis económica. Se están perdiendo muchos trabajos y la pandemia ha traído la ruina a mucha gente. Cada vez la pobreza se va a hacer más cercana.

La sociedad está cambiando vertiginosamente. El avance de la inmigración, legal o ilegal, la crisis de la familia tradicional,… todos estos cambios se producen con una celeridad tal que cuestan ser asumidos. La Iglesia también vive esta crisis y ha dejado de ser referencial para muchas personas. En muchos de nuestros ambientes, antes tan religiosos, la institución eclesial es ahora sencillamente irrelevante.

Hay un cambio de etapa, qué duda cabe. Pero esto no quiere decir que haya desesperanza. Hay muchos motivos para esperar. La gente sigue siendo buena, la solidaridad de millones de personas anima a mirar el futuro con ilusión. Suelo decir muchas veces que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. Este cambio de época es estruendoso, como un árbol que cae, pero hay todo un bosque de millones y millones de seres humanos que se afanan por cuidar la vida y animar el amor. Hay muchísimos jóvenes que son capaces de emocionarse ante la verdad y que están dispuestos a adherirse a las causas justas cuando les son bien presentadas. Hay un voluntariado en la Iglesia que resulta extraordinario.

Hay mucha crisis, sí, pero hay mucha más esperanza. 

2.- De acuerdo en que este tiempo nuestro, además de ser complejo va a “hacer historia” y a ver si logramos que sea “historia positiva”. Y lo digo por tu referencia explícita a la esperanza. Siempre he pensado que es una virtud necesaria pero que, quizá en cada tiempo, tenga su singularidad. ¿Qué rasgos piensas que debe tener una esperanza para nuestro tiempo?

Yo diría que tiene que ser trascendente, contagiosa, y solidaria.

En estos tiempos se nos pone delante una y otra vez todo lo negativo del mundo y, sin embargo, hay que tener con el mundo una mirada trascendente, es decir, hay que mirar más allá de lo que se nos muestra. Hay muchos gestos de bondad y de profunda humanidad en los seres humanos. Nos falta la esperanza cuando no sabemos mirar. Hay muchísimas personas buenas que dignifican la vida y nos animan a vivir. Hay que aprender a mirar la realidad de un modo trascendente para vislumbrar el amor de tanta gente.

Debe ser contagiosa porque nuestra vida debe animar la esperanza de los desesperanzados. Creo que debemos ser testigos de esperanza, personas que animen la ilusión de la gente.

Y, finalmente, la esperanza nos debe llevar a la solidaridad; una persona esperanzada no se centra en sí misma, sino que lucha por un mundo mejor, hace lo posible, se da a sí misma en causas justas…precisamente porque espera un mudo más humano y nunca da por perdida a ninguna persona.

En los colectivos de voluntarios, en nuestras comunidades cristianas, en las ONGs, en el servicio desinteresado que se hace en muchos frentes encontramos a personas esperanzadas.

Afortunadamente hay muchos testigos y constructores de esperanza.

3.- Lo de una esperanza trascendente me parece tanta verdad que hasta creo que esa es la esperanza de verdad. Nuestros contemporáneos hoy son muy inmanentes, es decir, ya es hasta cansino oír decir que hay que vivir el presente, el aquí y el ahora que, por cierto, esto es antiguo y ya nos viene del poeta latino Horacio, con aquello del Carpe diem. Yo digo a esto que sí, pero con matices. Porque lo de Horacio era cerrarse al futuro y no conviene absolutizar el presente, aunque sea muy necesario ser fieles a él. Habrá algo más que el presente y éste nos ha de servir para avanzar. Yo creo que esto lo indicas en tu respuesta y si la he entendido bien hablas de una esperanza que sabe conjugar el presente y el futuro. Y desde este equilibrio entre inmanencia y trascendencia me hago una pregunta y te la paso: ¿La fe cristiana da esperanza o, algunos lo dicen, la fe sirve para que estemos tranquilos y como sumisos y sin enfrentamientos con la realidad?

Sumisos, en absoluto. Jesús de Nazaret alentaba la esperanza y, desde esa postura, denunciaba las injusticias y se ponía al lado de los enfermos y los pobres. A los desesperados, Jesús les contagió esperanza. Y esa opción esperanzada por un mundo mejor le llevó a la muerte. La mirada de Jesús nos ayuda siempre a descubrir que el Reino está entre nosotros, que nunca debemos desalentarnos y que tenemos que hacer todo lo posible para humanizar esta Historia. Los cristianos creemos que Dios se ha hecho hombre en Jesús por eso –y no es un juego de palabras- todo lo divino es humano y todo lo propiamente humano es divino. La esperanza en Dios pasa por un compromiso de hacer que esta tierra se vaya convirtiendo de verdad en su Reino. El Carpe diem de Horacio está bien, pero puede resultar egoísta. Decirle a una persona que ha perdido el trabajo y está desesperado que viva el “Carpe diem” y aproveche el presente, es una auténtica perversión. Claro que tengo que vivir y exprimir el hoy, pero yo sólo puedo vivir el presente si me comprometo en trabajar por el futuro de aquellos a los que por mil razones el presente les resulta horroroso. Ésta es, creo, la esperanza cristiana

Y el domingo 10-01-20221, la segunda parte de la entrevista….

Un comentario en “CONVERSANDO CON JOSAN MONTULL (parte 1 de 2)

  1. Josan: Una vez más, muy oportuno y claro en tus comentarios.
    Te felicito.
    Que los Reyes te traigan paz, alegría, esperanza y mucha salud !!!!!

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