LA CUEVA MÁS HUMANA

LA CUEVA MÁS HUMANA

 

El rescate de la cueva Tham Luang nos ha mantenido a todos en vilo. De repente la atención internacional ha mirado hacia Tailandia mientras parecía que lo propio era seguir el mundial de Fútbol o la estulticia de los fichajes futbolísticos.

El 23 de Junio un grupo de doce niños de entre 11 y 16 años integrantes del equipo de fútbol “Los jabalíes”, acompañados por su entrenador de 25 años desaparecieron en la cordillera Doi Nang Non. Durante días se les dio por desaparecidos. Encontraron las bicicletas de los chavales amarradas a la entrada de la “Cueva de Dama Dormida” inundada por las lluvias torrenciales recientes y comenzó la desesperada búsqueda.

El día 2 de Julio y tras enfrentarse a pasajes estrechos y aguas turbias que impedían la visibilidad, un grupo de buceadores británicos descubrieron al grupo que –subido a una roca que estaba a la entrada de la cueva- se mantenían unidos a la espera de que de las aguas emergiera alguien que pudiera ayudarles. Llevaban 9 días esperando.

Inmediatamente el mundo reaccionó y muchos países enviaron a sus mejores equipos para liberar a los chavales. Comenzaron a drenar agua, hicieron llegar alimentos y bombonas de oxígeno, comenzó una frenética excavación del suelo. Todo parecía indicar que habría que esperar varios meses hasta que se consiguiera sacar el agua de aquellos túneles y las criaturas pudieran salir.

Durante este tiempo su entrenador, antiguo monje budista, iba ayudándoles a meditar y sacar de dentro de sí lo mejor de sí mismos, encontrando fuerzas en aquella situación tan angustiosa.

Desde fuera seguían los trabajos. Cuando los buceadores se sumergían en los túneles, el agua era tan turbia que ni con luces podían ver, tardaban más de seis horas en llegar a la cueva. Parecía casi imposible sacar a los niños entre aquellos angostos túneles de agua turbia.

El 6 de Julio los ingenieros consiguieron poner un abastecimiento de aire que posibilitó la comunicación de los niños con sus padres. Los “jabalíes” escribieron cartas en las que les ponían cuánto les querían y les decían que no se preocuparan; bromeaban diciendo sus familias qué les gustaría comer si estuvieran en casa y a sus maestros, que no les pusieran muchos deberes. El entrenador escribió pidiendo perdón por haber metido imprudentemente a los niños en la cueva, pero desde fuera no recibió más que palabras de perdón y de ánimo: “Entrenador Ake -le decían- realmente le damos las gracias por cuidar a todos los niños y mantenerlos seguros”.

Pero las lluvias volvieron a amenazar y todo se precipitó. Los voluntarios decidieron no esperar más tiempo y jugarse el tipo para sacar con vida a los chavales. En la mañana del 8 de Julio los buzos consiguieron rescatar a los cuatro primeros niños. A la tarde del 10 de Julio todo había concluido con un gran éxito…todos los niños estaban en el Hospital perfectamente sanos. Hubo que lamentar, eso sí, la muerte de un voluntario buceador, Saman Kuman, que falleció asfixiado intentando salvar a los niños.

Resulta impresionante el rescate; toda una hazaña, una lección hermosísima de entrega y solidaridad.

Fueron 1.500 voluntarios de más de una veintena de países los que trabajaron unidos y coordinados. Incluso un multimillonario financió parte de la operación.

Desde el primer momento la entrada de la cueva se convirtió en una ciudad multicultural que albergaba a periodistas, médicos, técnicos, buceadores, ingenieros, familiares y amigos…todos unidos poniendo lo mejor de sí mismos para rescatar a los niños. También había una permanente vigilia de oraciones y meditación. La madrina del entrenador cada día llevaba incienso, frutas y velas para el espíritu de la cueva.

Todos juntos, todos unidos, jugándose la vida, dándose, unidos por las imperiosa y humana necesidad de salvar a unos niños. No importaron los credos, las ideologías, las nacionalidades, las razas, las opciones políticas…lo único que importaba era la vida de los 13 chavales.

La muerte del voluntario Kuman, lejos de amedrentarlos, les hizo retomar conciencia del peligro real que existía…pero el “mártir” les unió a todos y la convicción por buscar a los niños se fue afianzando más y más.

Cuando el 10 de Julio salió el último recatado, todo el equipo se abrazó emocionado y celebraron que –con la ayuda de todos- la vida podía emerger de situaciones tan angustiosas.

“Los jabalíes”, una vez hospitalizados, al enterarse de la muerte de uno de sus salvadores, hicieron por él una oración emocionada y se comprometieron firmemente a ser buenas personas el resto de sus días para homenajear a quien dio la vida por ellos.

Siguiendo una tradición budista, parece que los chavales se afeitarán la cabeza y entrarán un tiempo en un monasterio para pedir que su vida sea bendecida.

Lo que ha ocurrido en la cueva Than Luang es toda una parábola. Hoy, en situaciones oscuras y peligrosas, hay chavales que esperan a adultos que se jueguen el tipo por ellos. Nos necesitan, nos esperan, están desprotegido en medio de un mundo que puede asfixiarles.

No les importa quién es el que va en su búsqueda…nos necesitan a todos.

La educación sigue siendo hoy una búsqueda apasionada y apasionante para rescatar lo mejor de cada niño o niña y hacer que salga a la luz. No en vano, educar viene de ex ducere, sacar a fuera. Hay que hacer que nuestros chavales puedan sacar a fuera lo mucho de bueno que tienen.

No hay que rechazar la espiritualidad, la colaboración de todos, la cooperación de entidades privadas y públicas; no hay que desdeñar ninguna ayuda, todos somos necesarios.

Las peleas políticas por excluir a unos o a otros del marco educativo, los permanentes cambios de planes y de leyes, la falta de un pacto por la educación,  la aburrida y falsa pugna entre la enseñanza privada, pública o concertada, la exclusión de la trascendencia y el pensamiento de los planes, el sempiterno cambio de leyes al albur de quien gobierna…todo eso es absolutamente indecente.

¿Se imaginan a los “jabalíes” esperando a que sus adultos se pusieran de acuerdo para acudir en su salvamento?.

Nos necesitan a todos, a todos. En el mundo de la educación nuestros jóvenes necesitan adultos unidos, independientemente de sus credos personales, para echarse al agua e ir a buscarles.

A los educadores nos toca mojarnos, emprender la aventura apasionante de la educación aun en aguas turbias; sin pretender demostrar quién es el que mejor bucea, siendo capaces de jugarnos el tipo, sabiendo que tras los túneles inundados, el barro y la turbidez del agua hay niños y niñas que están esperando, como los “jabalíes” a que en medio de tanto marasmo, emerjan sus salvadores.

Josan Montull

¿AÚN QUEDAN JÓVENES CRISTIANOS?

¿Aún quedan jóvenes cristianos?… ¿Aún quedan adultos cristianos?

Uno de los fenómenos a los que más estamos asistiendo con respecto a la identidad de los jóvenes es la lejanía creciente de los valores religiosos en su vida.

Es cierto, de un tiempo a esta parte, da la sensación de que temas relacionados con la fe, la religión, los sacramentos y las creencias aparecen en un lugar insignificante con respecto a los valores que mueven a los jóvenes.

Un 62 % de los jóvenes españoles afirma no asistir nunca o prácticamente nunca a la iglesia. Sólo un 7% cumple con el precepto dominical de ir a misa, un 5% acude a la iglesia una vez al mes y un menor número de jóvenes, un 2%, acude más de una vez a la semana. El porcentaje de jóvenes que dicen no rezar nunca es de casi el 60%.

La Iglesia es una institución muy poco valorada por ellos. Sólo un 3% de los jóvenes dicen que la Iglesia tiene cosas importantes que decir en el mundo.

Incluso un 69% de los jóvenes que se consideran católicos opinan que se puede vivir la fe individualmente. Una mayoría de jóvenes considera que la religión es un asunto privado que debe vivirse privadamente.

Hay un cierto repunte, no obstante, en la valoración de la Institución eclesial desde la llegada al pontificado del papa Francisco.

Así las cosas, los cristianos adultos deberíamos estar muy preocupados al constatar cómo hay un desencuentro entre la Iglesia de Jesús y los chavales que pululan en nuestra historia buscando encontrar una referencia para descubrirse y ser felices. Creo que esta constatación no debe llevarnos al desánimo sino a la reflexión y a la acción comprometida para el anuncio de Jesús.

Mi constatación es que tenemos hoy unos jóvenes buenos, afectuosos, cercanos y con un índice de participación en movimientos de voluntariado más que importante. No buscan hoy los chavales una apariencia religiosa a sus actos sino que actúan con una espontaneidad notable. Estos chavales, tan aparentemente alejados de la Iglesia, responden positivamente a las propuestas respetuosas de compromiso por los demás, son espontáneos, sinceros y no buscan dobleces en sus vidas. Su frescura resulta a veces hiriente pero, escarbando un poco, uno puede descubrir en ellos la bondad en su corazón.

Algo tendremos que hacer los cristianos, nos decimos, para que estos chavales, tan despistados en la vida como necesitados de Dios, encuentren en la comunidad cristiana un lugar donde sentirse a gusto.

Sin pretender ser exhaustivo, hay varios puntos que, a mi arecer, deberíamos tener en cuenta.

  • No tener miedo. Los jóvenes necesitan de cristianos que no les huyan, que les miren a los ojos con respeto y afecto.
  • Interesarse por lo que a ellos les interesa. No podemos pretender que a los jóvenes de este siglo XXI les llame la atención de lo que mueve nuestra vida si no manifestamos.
  • Manifestar abiertamente nuestra fe en Jesucristo, nuestras convicciones, y todo aquello que mueve nuestra vida. Hacer esto sin pretender que ellos se apunte al carro de nuestra historia. Desterrar cualquier intento de proselitismo y manifestar nuestra fe con nuestras palabras y con nuestra vida. Puede que los chavales estén vacunados ante tantas palabras pero siguen siendo extremadamente sensibles a los testimonios de las personas.
  • No tener ninguna prisa en el tema de las celebraciones. Todavía hay colectivos de cristianos que miden sus éxitos en la cantidad de gente que “va a misa” en ambiente determinados. La fe es otra cosa. Jesús hizo el bien a todos, incluso a los que no le siguieron. Por otra parte tendríamos que revisar el contenido y el estilo de nuestras celebraciones, en la mayoría de las ocasiones tienen un lenguaje ininteligible y unos ritos aburridos.
  • Amarles, amarles con todo el corazón. Sólo se puede anunciar el evangelio de Jesús cuando se quiere a la gente. Si algo es distintivo de los cristianos es el amor. Hay que amar de tal manera a los jóvenes que estos se sientan amados. Nada como sentirse amado consigue cambar tanto el corazón de las personas. Nuestros jóvenes no se deben sentir condenados por la Iglesia sino profundamente amados.

Estos chavales nuestros necesitan, en fin, de seguidores de Jesús de Nazaret que les testimonien con su vida que Cristo puede dar sentido a la existencia. Ellos, con sus formas y sus creencias, tan distintas de las nuestras, nos están urgiendo a una búsqueda de autenticidad y a crear comunidades cristianas en donde puedan sentirse acogidos y queridos.

Tal vez así, con la fe en Dios y con el amor por estandarte, podamos hacer que los chavales empiecen a mirar a la Iglesia de Jesús con ojos de benevolencia que aprecian los destellos de misericordia.

JOSAN MONTULL

De mayor quiero ser soldado

“Quien esté libre de pecado…”, DE MAYOR QUIERO SER SOLDADO

Dirección: Christian Molina.

Países: España e Italia.

Año: 2011. Duración: 89 min

Interpretación: Fergus Riordan,

Ben Temple,

Valeria Marini, Danny Glover,

Robert Englund, Andrew Tarbet,

Jo Kelly.

Distribuidora: Canónigo Films.

Uno de los temas que más están preocupando a todos los sectores sociales es el de la violencia infantil. Los medios de comunicación traen con frecuencia casos espeluznantes de acoso, bulling y extorsiones entre menores. A veces estos actos son grabados por los agresores de modo que las víctimas viven además la humillación de que su agresión es vista por muchas personas una y otra vez.

¿Por qué? nos preguntamos sin dar crédito a lo que vemos. ¿Cómo es posible que haya ese sadismo inexplicable en tantos niños y adolescentes?

El catalán Cristian Molina nos ofrece en DE MAYOR QUIERO SER SOLDADO una reflexión sobre este tema.

La película cuenta la historia de Álex, un niño de diez años hijo único en una familia acomodada. Cuando su madre da a luz gemelos, Álex empieza a sentirse solo y desatendido, eclipsado por la llegada de sus hermanos. Traicionado y herido, consigue que su padre le recompense con algo que siempre había deseado: una televisión en su cuarto.

A través de la televisión, Álex descubrirá un nuevo mundo, se sentirá fascinado por lo que ve y experimentará una creciente obsesión por las imágenes de guerra y destrucción.

El film tiene una clara vocación didáctica. Las secuencias idílicas que son grabadas por el padre al principio muestran una familia modélica, feliz, en la que Alex es el rey, coronado y agasajado. Esas imágenes contrastan con las que luego muestra el director y que se corresponden con las que ve Alex en la pantalla: secuencias de violencia brutal en las que con habilidad se mezclan fragmentos de films agresivos con imágenes de violencia real mezcladas a una velocidad tal que nos va haciendo partícipes, incluso físicamente, del desajuste que empieza a vivir Alex y que le llevará a ejercer la violencia con sus padres, sus compañeros y sus hermanos.

El director introduce dos personajes interesantes: el Capitán Harry, valiente y abnegado astronauta, y el sargento Cluster, entrenador militar despiadado que enseña conductas racistas y de menosprecio a la vida. Ambos personajes, interpretados por el mismo actor, Ben Temple, son imaginarios, amigos inventados por la imaginación de Alex y que representan la bondad y la maldad innatas en cada ser humano. Los diálogos de Alex con sus amigos ficticios manifiestan el conflicto moral que vive el niño y que desemboca en una auténtica esquizofrenia.

¿Dónde está la culpa de esta conducta? ¿Es la tele la que provoca ese desajuste mental? La película no da una respuesta maniquea. Hay muchos sospechosos de culpabilidad: la televisión en el cuarto, sí, pero también un padre obsesionado por el trabajo, una infidelidad conyugal, unos educadores que no conocen a sus chavales… y, sobre todo, un estilo de entender la educación en el que todo vale, no hay normas, no se estimula para superar la frustración y los niños deben ser consentidos en todo.

Pero hay algo más, en el film no hay ninguna mención a la visión trascendente de la persona. Los educadores son profesionales de la psicología y el psicoanálisis…pero lo cierto es que Alex tiene, una educación técnica pero absolutamente in-trascendente.

Con un ritmo sostenido y tenso, DE MAYOR QUIERO SER SOLDADO es un film de visión imprescindible para educadores de todo tipo. A pesar de sus defectos formales, que los tiene, la película puede ser un buen instrumento para debatir sobre el tema de la violencia juvenil. Particular mención merece la estupenda guía didáctica que en la Web http://iwanttobeasoldier.com/ (ACTUALMENTE NO DISPONIBLE) puso a disposición la distribuidora. Su visión no deja indiferente. El debate está servido.

JOSAN MONTULL