St. Vincent

Llamados a la santidad: ST. VINCENT

Película: St. Vincent.

Dirección y guion: Theodore Melfi.

País: USA. Año: 2014. Duración: 102 min. 

Género: Comedia dramática.

Interpretación: Bill Murray (Vincent), Melissa McCarthy (Maggie),

Naomi Watts (Daka), Chris O’Dowd (Geraghty), Terrence Howard (Zucko),

Jaeden Lieberher (Oliver).

Producción: Peter Chernin. Música: Theodore Shapiro.

Fotografía: John Lindley. Montaje: Sarah Flack y Peter Teschner.

Diseño de producción: Inbal Weinberg

La reciente exhortación apostólica “Gaudete et exultate” del Papa Francisco, en la que propone la santidad para todos, es un buen motivo para ver este película de 2014 que habla, de una manera muy original, de la propuesta a la santidad.

De vez en cuando el cine nos regala películas sencillas que consiguen tocar el corazón del espectador sin recurrir a un almíbar facilón. Cuando, como en esta ocasión, la película está firmada por un director debutante, el regalo tiene más valor porque presagia otras obras de buen cine. Éste es el caso de “St. Vincent”, película que sorprendió y fue aclamada por el público en su día en varios festivales.

El film cuenta la historia de Maggie (Melissa McCarthy) una mujer separada, que llega a un barrio de Brooklyn acompañada de su hijo Oliver (Jaeden Lieberher) de doce años. Maggie tiene que trabajar muchas horas por lo que no tiene otra solución para su hijo que dejar que sea cuidado por un vecino cascarrabias, Vincent (Bill Murray), que acepta a regañadientes y por una nada desdeñable compensación económica, la custodia temporal de Olivier.

El niño está acobardado en el colegio, sufre el acoso de unos matones, es extremadamente sensible y frágil, no confía en sí mismo y está lleno de miedos. Vincent es un auténtico impresentable, borrachin, fumador compulsivo, maleducado, machista, grosero, sucio y egoísta. Mantiene una relación sentimental con una stripper, Daka (Naomi Watts), gasta su dinero en las apuestas y sólo mantiene una relación respetuosa con su gato.

Entre estas personas: la madre, el niño, Vincent y Daka, comienza a surgir una química especial que les hará descubrirse como seres humanos y dar lo mejor de sí mismos por los demás. Por otra parte, un joven sacerdote y profesor de Oliver (Chris O’Dowd) anima a los alumnos a descubrir y presentar algún santo que haya en la actualidad; el niño empieza entonces a mirar al viejo gruñón con una mirada que nadie lo ha hecho, descubriendo que –tras una apariencia de alguien repulsivo- se esconde un ser humano de buen corazón.

La película, que podría ser previsible en sus situaciones, se convierte pronto en un desenfrenado y agridulce producto de buen cine con una factura técnica excelente y un ritmo preciso. Lejos de caer en tópicos melodramáticos fáciles, “St. Vincent” es un canto a la vida, a la superación personal y a la amistad.

El debutante Theodore Melfi maneja con una extraordinaria habilidad el guión del film para que el ritmo nunca decaiga. Además dirige de forma extraordinaria a un puñado de actores (tanto protagonistas como secundarios) que están estupendos.

Mención aparte merece Bill Murray; la película reposa sobre él. Su actuación es absolutamente extraordinaria; sin excesos ni estridencias, con una mirada que habla, nos presenta a un tipo bueno –un santo- escondido bajo una más cara de canalla. Murray está tocado de gracia en este film y para mucho es la mejor actuación de su carrera.

La magnífica música de Theodore Shapiro se combina con varias canciones entre las que destaca el tema de Bob Dylan “Shelter from the Storm”, cantado por Murray a la vez que la oye en los auriculares.

Extraordinariamente humana y entretenida esta película nos invita a mirar a las personas más allá de las apariencias, sabiendo que cada ser humano, por más desajustado que esté tiene una cuerda sensible al bien y, de una u otra manera, está llamado a la santidad. Ahí está el mérito de la película, en invitarnos a mirar en profundidad y descubrir la bondad del mundo a nuestro alrededor. Esta mirada el director la tiene también con el mundo de la religión y de la Iglesia, que es presentado con respeto, ternura y delicadeza. Hay que tener una mirada limpia y amplia, viendo más allá de las apariencias, incluso el film nos anima a mirar en nuestro corazón para ver qué posibilidades tenemos de vivir en santidad aunque seamos algo pecadores y mezquinos.

A este santo de cine no le falta de nada, tiene humanidad, capacidad milagrosa, y hasta un animalillo beatífico que le acompaña, un gato de ancora que se deja acariciar por su dueño y que, a pesar del aparente desastre que ve a su alrededor, es capaz de mirar y confiar.

JOSAN MONTULL

Roma

La grandeza de los humildes : Roma



Título: Roma

Año: 2018

Nacionalidad: México

Duración: 135 minutos

Género: Drama – Familia

Dirección: Alfonso Cuarón

Producción: Coproducción México-Estados Unidos

Guion: Alfonso Cuarón

Fotografía: Alfonso Cuarón, Galo Olivares (B&W)

Reparto: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Marco Graf,

Daniela Demesa, Latin Lover,

Enoc Leaño, Clementina Guadarrama

Después de la epopeya espacial “Gravity”, regresa Alfonso Cuarón a la pantalla con “Roma”, una bellísima película que tiene un tono totalmente distinto a su anterior film.

Cleo (Yalitza Aparicio) es la joven indígena sirvienta de una familia que vive en la Colonia Roma, barrio acomodo de Ciudad de México. A través de la mirada de Cleo, la vida, las pasiones y la agitación política del México de los 70 irán desfilando y siendo interiorizados por la sencillez de esta mujer maravillosa.

La familia, formada por la abuela, la madre, el padre y cuatro traviesos hijos, va superando las dificultades y luchando por la vida, que –a pesar de su bonanza económica- no es nada fácil.

Cleo, es de una sencillez extraordinaria y de un amor fuera de serie; el cuidado de los niños, la delicadeza con todos, el trabajo constante y la discreción personificada hacen de ella una mujer referencial en la vida de la familia.

Cuarón homenajea así a las mujeres de su infancia. Mientras los hombres son tan virulentos como superficiales, tan agresivos como vacíos, las mujeres son las que hacen avanzar la historia a impulsos de trabajo y amor.

Sorprende la naturalidad y la frescura de todos los actores y actrices; nadie está por encima de nadie, si bien, destaca la debutante Yalitza Aparicio, que da vida a una conmovedora Cleo, personaje en torno al que gira la película. Los niños están prodigiosos, en ningún momento se tiene la sensación de que actúan, simplemente se mueven en la pantalla con una naturalidad asombrosa.

La fotografía en blanco y negro es de una belleza abrumadora, los planos secuencia narran descriptiva y líricamente la vida de cada día; todo es tratado con poesía, desde la limpieza diaria de la casa hasta la matanza del Corpus Christi, desde el incendio en el bosque hasta el terrible parto en el Hospital.

No es una película fácil, aquí no hay efectos especiales deslumbrantes sin ningún tipo de pálpito; en Roma hay una cadencia pausada y serena que invita a la contemplación y a descubrir la maravilla de las cosas sencillas.

Estamos ante un film deslumbrante y excepcional. Cuarón ha realizado una obra que es cine en estado puro, un hermoso retrato de la grandeza de lo cotidiano y la heroicidad de lo sencillo.

Con una poética extraordinaria y una hondura humana que emociona, “Roma” es una indiscutible obra maestra.

JOSAN MONTULL

MI CARTA A LOS REYES MAGOS

Queridos Reyes Magos :

Espero que al recibo de ésta estén bien. Yo, bien, gracias a Dios. Os escribo un año más para pediros aquellas cosas que más ilusión me hacen. Yo no he sido muy bueno, para qué vamos a engañarnos. Cada Enero por estas fechas me hago muchos propósitos, pero luego, con el ritmo del año, lucho contra mis defectos y limitaciones y…a veces tiro la toalla. Bueno, no obstante, un año más, intentaré cambiar.

Quiero deciros que cada vez creo más en vosotros. Si en este mundo nuestro hay cosas realmente serias son la magia y la fantasía. Por eso estáis ahí, siendo tan necesarios, tan importantes. Vuestra imagen está asociada a la ilusión y la alegría…y en eso sí que creo. Hay quien dice que los Reyes son los padres; no me lo creo; muchos padres a sus hijos les compran las cosas para entretenerlos, para hacerles callar y que no molesten; eso no es lo vuestro. Me parece maravilloso que sigáis estando ahí, alentando la ilusión en Navidad, ayudándonos a redescubrir lo mucho que hay de niños en nuestra historia. No me creo mucho que seáis reyes. Magos, sí, desde luego, pero Reyes…

Bueno, vayamos a lo nuestro, vamos, a lo mío. Para este año sólo deseo que me traigáis una cosa: Tiempo.

Tiempo. Para perderlo, saborearlo, dedicarlo a los amigos, a Dios, a la gente que quiero, a los demás. Me gustaría que me trajerais un buen saco de tiempo para no andar todo el día de un lado para otro, haciendo cosas que luego no sé muy bien para qué sirven. Creo que mis amigos necesitan de mí y yo de ellos, y a veces el tiempo ejerce de tirano impenitente y no permite que nos juntemos. El año pasado os pedí un móvil nuevo para acercarme a los amigos en estos tiempos del estrés y la distancia. Qué desastre, el móvil me inmovilizó más y más, y me distanció de la gente a la que quiero. Cuando me di cuenta, llevaba meses sin verles y me dedicaba a mandarles mensajitos electrónicos como un robot. Si me trajerais un poquito de tiempo, también podría leer algo más y aprovecharía para ir al Hospital a ver algunos enfermos amigos…hasta dedicaría una tarde para ir a ver a una vecina viejecita que hace poco se cayó y se ha roto la cadera.

Os pido el tiempo para perderlo con los niños, con los ancianos, con los sencillos, conmigo mismo. Os pido el tiempo para saborearlo despacio junto a Jesús. Cuando pienso que vosotros os pusisteis en camino hacia vete tú a saber dónde en busca del Niño Dios. Vosotros sí que lo dejasteis todo para buscarle; atrás quedaron vuestro Reinos, o Repúblicas…o Países, o lo que fuera.

Con el saco de tiempo no hace falta que me pongáis el manual de instrucciones. Ya lo tengo. La teoría ya la sé…creo que soy yo el que no se aprovechar el tiempo que tengo ahora.

Me gustaría también, si no es mucho pedir, que me trajerais acierto para acercarme a los adolescentes y a los jóvenes con los que diariamente comparto mi vida. Yo cada día soy un poco mayor…y ellos tienen un lenguaje nuevo, unas maneras distintas y un estilo diferente. Traedme confianza inquebrantable en los chavales, paciencia y mucho cariño para caminar a su lado sin hacerme pesado contagiándoles ganas de ser alegres y buenos.

Casi no me atrevo a pediros que traigáis un poco de paz, porque sé que en vuestro Oriente querido, las cosas andan chungas, las bombas mandan; parece mentira, en estos tiempos Dios está en boca de todos para justificar las tropelías de unos y otros y no podéis casi ejercer de magos en vuestra tierra ; los balcones de las casas de los niños deben estar en ruinas para dejar juguetes…y muchas criaturas han perdido la expresión y la capacidad de soñar de tal manera que dudo incluso de que vosotros, con vuestra magia y vuestros camellos cargados de fantasía, podáis renovarles la sonrisa. Vosotros tenéis experiencia de esto,, tratasteis con Herodes que provocó una masacre de criaturas…hoy son muchas las personas  de todas las edades, también niños y niñas, que tienen que huir como lo hizo la Sagrada Familia en pateras y cayucos jugándose la vida para llegar a una Europa en la que puedan refugiarse del horror. Dejadles, por favor, carbón a los que acaban con la sonrisa de los niños y niñas a fuerza de fanatismos, guerras y terror. Oro, ya lo tienen; incienso, se lo dan a sí mismos, mirra…bueno, la mirra no sé muy bien qué es.

Queridos Reyes Magos: dadnos tiempo y ganas para buscar a Jesús, como vosotros lo buscasteis, dadnos valentía para no sucumbir ante reyezuelos que, como Herodes, intentan desviarnos del camino; dadnos sentido del humor y del amor para ilusionarnos por la vida. Que veamos vuestra estrella y que nos mueva en la misma dirección a la que vosotros fuisteis y de la que salisteis renovados, cumpliendo año tras año con la hermosa misión de alegrar la vida de los niños.

En el balcón, como cada año, os dejo unas naranjas y una botella de vino para el camino. También un poco de pienso para los camellos, los pobres.

Prometiendo que el año que viene cambiaré y seré más bueno, os manda un beso con todo el cariño

JOSAN MONTULL