MISERICORDIAE VULTUS

Misericordiae Vultus: La misericordia en la pantalla (parte 1 de 3)

El año 2015, con la bula Misericordiae vultus el Papa Francisco convocó a la Iglesia a un año de la Misericordia que impulsara un ilusionado proceso de renovación para que la comunidad cristiana manifieste de una forma cada vez más clara los gestos de la ternura de Dios a través de acciones humanas concretas.

Los sucesos que la Historia está viviendo en este tiempo en el que el Mundo está sumido en una pandemia, nos invitan a releer la bula para incentivar nuestra capacidad de misericordia. La pandemia del COVID nos ha devuelto la conciencia de la fragilidad. Ante un mundo que se consideraba invulnerable, todos hemos tenido que reconocer que somos débiles. Muchos han muerto, algunos en una soledad tremenda; mucho se han manifestado con una capacidad de generosidad extraordinaria; sigue el goteo de víctima y de familias que han perdido seres queridos; ha aparecido la miseria en donde antes había prosperidad; el paro y las colas del hambre se multiplican. La ciencia nos irá devolviendo la salud, pero sólo la misericordia nos hará resurgir más humanamente.

Por eso es ahora un buen momento para releer la Misericordiae Vultus. Es una llamada al amor y a la ayuda mutua que hoy cobra un interés especial.

El cine ha reflejado a lo largo de su historia los gestos más horrendos y los más hermosos del género humano. La pantalla sigue teniendo hoy posibilidades extraordinarias para reflexionar sobre actos de misericordia que nos ayudan a ser mejores.

Presentamos aquí, siguiendo la estructura de la bula papal, una serie de filmes que pueden servir para ahondar en el misterio de la misericordia.

Primera parte EL CONCEPTO DE MISERICORDIA

En la primera parte de la bula el papa, que hace alusión al 50 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, va definiendo el concepto de misericordia.

La misericordia no es “un signo de debilidad, sino más bien la calidad de la omnipotencia de Dios.” 

El cine presenta una serie de films en los que personas aparentemente débiles sacan un extraordinario potencial de vida en algunas acciones llenas de bondad que consiguen transformar desde el amor su realidad cercana.

  • Así en El hijo de la novia (de Juan José Campanela. Argentina 2001), un hijo que ha disipado su vida busca hacer un regalo hermosísimo a sus padres y así consigue encontrarse a sí mismo.
  • En Cuatro minutos (de Chris Krauss. Alemania 2006) una profesora de piano en una cárcel de mujeres busca redimir la vida de Jenny, joven virtuosa del piano pero con una historia de violencia que no la deja crecer humanamente.
  • En La vida secreta de las palabras (de Isabel Coixet. España 2005) una joven hipoacúsica y solitaria que trabaja en una fábrica encuentra un puesto de trabajo en una plataforma para cuidar a un trabajador que ha sufrido un accidente y ha perdido la visión.
  • El Havre (de Aki Kaurismäki. Finlandia 2011) presenta la vida de un humilde limpiabotas que vivie junto al puerto de El Havre. Un día se encuentra con un niño sudafricano inmigrante que quiere llegar a Inglaterra. Con la ayuda de vecinos de su barrio obrero, buscará la forma de sacarlo del país.
  • Más recientemente, en La vida por delante (de Edoardo Ponti, Italia 2020) una vieja prostituta judía acoge a los hijos de jóvenes prostitutas. Aun a regañadientes, tiene que hacerse cargo de un adolescente nigeriano, que sobrevive en las calles delinquiendo. 
  • También el tema de la inmigración aparece en Samba (de Olivier Nakache y Erik Toledano. Francia 2014) en la que una asistenta social va mucho más allá de lo que su trabajo le exige para ayudar a un joven emigrante.
  • El mismo equipo rodó años antes Intocable (de Olivier Nakache y Erik Toledano. Francia 2011), divertida historia en la que un joven recluso se compromete en la ayuda a un millonario tetrapléjico.
  • Semejante planteamiento es el de Campeones (de Javier Feser. España 2018) que muestra la historia de Marco Montes, entrenador de baloncesto que es condenado a trabajos sociales, entrenando a básquet en un humilde Centro de discapacitados mentales. Protagonizada por personas con discapacidad, la película resulta una comedia divertidísima que es un canto al respeto, a la acogida y a la dignidad de cada ser humano en el que el espectador es invitado a preguntarse quién es más discapacitado, las personas con limitaciones psíquicas o las que tienen limitaciones morales
  • Particularmente tierna es La familia que tú eliges (de Tyler Nilson y Mike Schwartz. USA 2019) que presenta la historia de Zac, un chico con síndrome de down que se escapa de su residencia para cumplir el sueño de su vida: ser luchador profesional, y Tyler, un delincuente de poca monta al que persiguen unos matones; ambos unen fortuitamente sus vidas en una huida vertiginosa. El encuentro de Tyler con el joven discapacitado (protagonizado también con un actor noven con síndrome de Dawn) hará que este delincuente perdedor saque todo lo que hay de bueno en él.
  • En Green Book (de Peter Farrelly. USA 2019) Tony Lip, italoamericano canalla, racista, acepta ser chófer del pianista negro y homosexual Don Shirley para una gira de conciertos por el Sur de Estados donde el racismo es más exacerbado. Tony deberá llevar y obedecer “El libro verde”, una guía que indicaba los pocos establecimientos donde se aceptaba a los afroamericanos. La película es una hermosa historia de amistad inspirada en un hecho real que invita a una mirada al interior de uno mismo para descubrir que, por encima del color, las opciones y las ideas…somos humanos…somos iguales.

En muchas de estas películas, la misericordia aparece como virtud que redime al que la práctica. Frente a un mundo que exalta el egoísmo y la autocomplacencia, la misericordia aparece como vehículo de redención. Somos misericordia.

El papa Francisco subraya en la bula que en Jesús “todo habla de la misericordia y nada carece de compasión. La vida de Jesús es la historia que más veces se ha llevado a la pantalla. De entre todas las películas, recomendamos dos por sus posibilidades pedagógicas y su tratamiento de la misericordia en Jesús:

  • El hombre que hacía milagros (de Derek Hayes. USA 2000) film de animación de figuras de plastilina.
  • La Biblia, serie de televisión dirigida por (Roman Downey y Mark Burnett (USA 2013). Si bien la serie es irregular, los capítulos de la vida de Jesús son muy recomendables. El tratamiento del amor de Jesús aparece excelentemente dibujado.

Insiste Francisco en que todos estamos llamados a vivir en la misericordia, porque lo primero que recibimos es misericordia. Hermosas historias de vidas marcadas por la misericordia y el amor son:

  • La buena mentira (de Philippe Phalardeau. USA 2014) en la que se nos cuenta la historia de una joven norteamericana encargada de acoger a tres refugiados de guerra sudaneses.
  • Kamikaze (de Alex Pina. España 2014) nos habla del arrepentimiento y el cambio de un terrorista que queda incommunicado en un Hotel con los pasajeros del avión en el que iba a poner una bomba. La humanidad de los personajes con los que tendrá que convivir le hará descubir el valor de la ayuda al sufriente.
  • The blind side (de John Lee Hancock. USA 2009) en la que una acomodada familia católica acoge a un adolescente sin hogar como una exigencia natural de su fe.
  • La historia de Marie Heurtin. (de Jean Pierre Améris. Francia 2014) presenta la opción radical de una religiosa comprometida con el mundo de los sordomudos cuando se compromete hasta el fin en dignificar la vida de una joven sorda, ciega y muda.
  • Las vidas de Grace. (de Destin Cretton. USA 2013) presenta a una joven veinteañera educadora en un centro de menores que no pierde la fe en una adolescente muy difícil y la ayuda a salir adelante a pesar del sacrificio personal que le comporta.
  • Profesor Lathzar (de Philpe Faladrdeau. Canadá 2011) es una hermosa lección de amor de un profesor refugiado de guerra que sigue creyendo en la construcción de la paz y el amor a través de la educación de los niños.
  • El hombre elefante (de David Linch. Inglaterra 1980) presenta la historia real de John Merrik, un ciudadano británico con la cabeza totalmente gigantesca y deformada que sufre toda clase de humillaciones en un circo y que es recogido por un médico que quedará conmovido por la calidad humana de John.

En todas estas historias hay una doble evolución; el amor hacia personas necesitadas no sólo redime a los que son ayudados. Los mismos hombres y mujeres misericordiosos se benefician de un modo extraordinario al practicar la misericordia. En ello se hace realidad la bienaventuranza en la que Jesús asegura que los misericordiosos alcanzarán misericordia.

Francisco insiste mucho en una idea, “la credibilidad de la Iglesia pasa a través de la calle del amor misericordioso y compasivo”, añade el Papa: “Donde hay Iglesia debería haber misericordia porque por mucho tiempo nos habíamos olvidado de vivir el camino de la misericordia”, cediendo a la tentación de “reclamar siempre y sólo justicia” mientras que en la cultura contemporánea “la experiencia del perdón es cada vez más escasa”. El perdón provoca alegría. La misericordia es el signo más diáfano del Dios Padre.

Hermosos reatos de misericordia desde la Iglesia los vemos en

  • Disparando a perros (de Michael Caton Jones. USA 2005) en el que el compromiso de un sacerdote en Ruanda le llevará a dar la vida por su pueblo.
  • En el mismo sentido Romero (de John Duigan. USA 1989) narra la vida del obispo mártir salvadoreño, comprometido hasta el final por la causa de los pobres,
  • Más jovial es el film Don Bosco (de Ludovico Gasparini. Italia 2004) que presenta la vida del cura turinés que entregó su vida a los jóvenes más pobres de la Italia del siglo XIX.
  • En El papa Francisco, un hombre de palabra (de Wim Wenders. Suiza 2018) se nos presenta una interesantísima larga entrevista con el pala Francisco. Muy hábilmente montada por Wim Wenders, la película, a pesar de ser una entrevista) transcurre ágilmente con imágenes del papa que subrayan las palabras que le contesta al periodista en la interviú. Toda la opción por aumentar la misericordia de Francisco aparece reflejada en el film.
  • Teniendo también a Francisco como protagonista, una película de ficción ha sorprendido gratamente a la crítica y el público. Los dos papas (de Fernando Meirelles. Reino Unido 2019) imagina el encuentro de los dos papas: Benedicto XVI y el entonces cardenal Bergoglio. La película presenta con delicadeza dos estilos de animación de la Iglesia marcados por un profundo amor a Jesucristo.
  • Es ciertamente sorprendente las varias películas que se han hecho sobre el papa Francisco. Normalmente las vidas delos papas son llevadas al cine años después de su muerte, pero de Francisco en vida se han hecho varias hagiografías con mayor o menor acierto: El padre Jorge (de Vega Docampo. Argentina 2015), Papa Francisco (de Jorge Jacek y Daniel vega, Argentina 2014), Llámame Francisco (de Daniele Luchetti. Italia 2016) y las anteriormente citadas.

Josan Montull

CONVERSANDO CON JOSAN MONTULL (parte 2 de 2)

(2ª parte del Diálogo con el sacerdote José María Ferrer publicado en el semanal El Cruzado Aragonés. Diciembre de 2020) 1ª Parte aquí

4.- Seguimos con algo que dices y que subrayo. La esperanza cristiana es compromiso. A veces me pregunto si nuestra generación tendría mejor nota en voluntariado que en compromiso. Ayudar da menos miedo que comprometerse. Al compromiso le va lo de permanente y duradero y yo no sé si a nuestros tiempos, tan veloces y volubles, le va mucho esto. Ahora que tanto se habla de educar para el futuro, podría ser que sorprendentemente, haya que volver al pasado y enraizarla en los valores de siempre, en los esenciales. Pero creo también, que con esto y con todo, las cosas han cambiado y hoy es hoy. ¿Qué significa educar en nuestro tiempo? ¿para qué hay que educar?

No hay duda que hoy el compromiso está en crisis. Cada vez, por ejemplo, hay menos matrimonios. En nuestro país desde mucho tiempo hay más divorcios que bodas. Sí, tenemos miedo al compromiso. Hay como una desconfianza en las propias posibilidades para hacer duraderas las convicciones. Antes podíamos pensar diciendo “Esto que vivo –en mi matrimonio, en mi trabajo social, en mi vida religiosa…- me hace sentir tan feliz que lucharé para que dure toda la vida”. La filosofía del Carpe diem de la que hablábamos ha llegado también a esto.

Es cierto lo que dices, aquí tiene un gran reto la educación. Educar viene de la palabra latina educere: extraer, sacar fuera. Es decir, educar es ayudar a que cada persona descubra lo que de bueno tiene dentro de sí para que lo saque fuera, lo potencie y lo ponga al servicio de los demás. Con frecuencia hemos creído que educar era inducere: meter dentro, imponer… y eso no tiene mucho futuro. Hay, por ejemplo, en la actualidad una primacía de asignaturas que llevan a lo útil y práctico: la informática, las lenguas… son asignaturas que llevan más al inducere que al educere. Urgen las asignaturas humanistas: la filosofía, la literatura, la religión, la ética, la historia… que animan a que la persona bucee dentro de sí misma y de otros seres humanos para descubrir el Misterio que hay en cada uno y le oriente en la vida. Hay que educar, en definitiva, para ayudar a ser felices.

Es necesario, además, que en los Centro educativos se fomenten actividades solidarias y experiencias de voluntariado, acompañadas y consistentes.

El papa Francisco lo ha definido muy bien en su última encíclica “Fratelli tutti” cuando dice “La tarea educativa, el desarrollo de hábitos solidarios, la capacidad de pensar la vida humana más integralmente, la hondura espiritual, hacen falta para dar calidad a las relaciones humanas, de tal modo que sea la misma sociedad la que reaccione ante sus inequidades, sus desviaciones, los abusos de los poderes económicos, tecnológicos, políticos o mediáticos”.

5.- Pienso que resumo bien tu respuesta diciendo que, en definitiva, la educación debe ayudar a la persona a crecer integralmente por dentro para que, con sus cualidades, pueda ayudar a mejorar su tiempo y su ambiente. Ya lo dices y repito: un educador debe ayudar a la persona a que encuentre y saque fuera los valores y cualidades que lleva dentro y las ponga al servicio de los otros.” Vale quien sirve”.

En el texto que citas de la última Encíclica del papa, “Fratelli tutti”, él habla de la calidad de las relaciones humanas. En este momento me parece un tema de mucha actualidad y sobre el que hay que reflexionar. Algunos sociólogos advierten que estamos muy comunicados y, a la vez, muy solos. Con los amplios y diversos medios de comunicación que tenemos ahora sí que nos comunicamos. Pero pienso que no siempre bien porque son comunicaciones impersonales y distantes. No podemos negar ni el valor ni las posibilidades que ofrecen las redes sociales.  Lo que no sé es si estamos todos preparados para usarlas convenientemente. ¿Cuáles te parece que son los valores y los riesgos de estos medios de comunicación y cómo usarlos convenientemente?  

Creo que la comunicación digital ha cambiado radicalmente la forma de relacionarnos. Las posibilidades son infinitas. Internet posibilita que todo esté aquí y ahora. Los beneficios de la comunicación digital son extraordinarios. Baste echar la vista atrás para ver que, en el confinamiento, las Escuelas y Universidades se organizaron para hacer llegar la enseñanza al interior de las casas. Esto era antes impensable, ahora es una realidad.

Esta excelente novedad tecnológica no está exenta de peligros.  Da la sensación de que la sabiduría es ahora saber buscar en la red y ya está. Pero creo que los chavales deben buscar respuestas y, con frecuencia, buscan soluciones. Y las repuestas están más allá de la red, precisamente en las relaciones interpersonales y en la comunicación calmada y profunda.

Por otra parte, en la red está todo, lo más grande y humano junto con lo más perverso y canalla. Internet se ha convertido en un amplificador de lo más hermoso y de lo más abyecto.

Es imprescindible una educación técnica y moral para hacer que estos conocimientos se usen para el bien y sirvan para hacer un mundo más humano.

Hay que estar muy atento, además, para que la comunicación digital no acabe con la comunicación presencial. También lo dice Francisco en Fratelli Tutti. , «los medios de comunicación digitales pueden exponer al riesgo de dependencia, de aislamiento y de progresiva pérdida de contacto con la realidad concreta, obstaculizando el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas. Hacen falta gestos físicos, expresiones del rostro, silencios, lenguaje corporal, y hasta el perfume, el temblor de las manos, el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y forma parte de la comunicación humana.» (F.T. 43).

Pronto vamos a celebrar la Navidad, la fiesta del Dios encarnado, del Dios que ha creído tanto en el ser humano que se ha hecho humano. No era la Palestina del siglo I un mundo más humano y tierno que el nuestro. Tenía las ambivalencias y fragilidades propias de la persona; la violencia y el deseo de paz convivían a veces conflictivamente. Aquella tierra era tierra de Dios, aquel tiempo era tiempo de Dios. Creo profundamente que éste es también un tiempo de Dios, un tiempo para encontrarse y encontrarnos, en medio de todas las dificultades, grandezas y miserias. Por eso pienso que es posible la esperanza. La fe y la educación nos ayudarán a construir un mundo más humano tras la pandemia, un mundo parecido al que Dios pensó para nosotros. En nuestras manos está. El futuro que vislumbramos depende de nuestro compromiso.

Y hasta aquí llegamos en esta comunicación con Josan Montull. Nuestra comunicación ha sido amplia, aunque pienso que se ha ido concretando en temas y cuestiones que son vitales para el momento presente y para el futuro que ya está aquí. Como él decía en su respuesta a la última pregunta, que además es algo que ha estado presente en toda esta comunicación, hemos de seguir viviendo con y desde la esperanza. Con la fe y con la educación, decía, y con el compromiso de todos, hemos de seguir construyendo el mundo bueno y justo que Dios pensó para nosotros.

CONVERSANDO CON JOSAN MONTULL (parte 1 de 2)

(Diálogo con el sacerdote José María Ferrer publicado en el semanal El Cruzado Aragonés. Diciembre de 2020)

Hablar con José Montull es fácil porque se puede hablar con él de muchas cosas, pero al mismo tiempo es difícil porque hay que seleccionar y eso no es tan fácil.  Vamos a comenzar situándonos en el hoy que vivimos, como poniendo en el reloj en el ahora mismo.

1.- Nuestro tiempo, ¿es de crisis, es de esperanza, es de poner fin a una etapa histórica para empezar otra?

Creo que en este tiempo estamos sumidos en un momento de crisis. La pandemia de COVID ha dado la vuelta a nuestra vida cotidiana. Además de las muertes provocadas, la prevención, cuando no el miedo, se han convertido en cotidianas. Hay que cuidarse, distanciarse de los demás, encerrarse, no compartir el afecto desde un estilo tradicional, nuestras manifestaciones sociales han quedado relegadas, nuestra vida familiar está muy acotada…

Por otra parte, creo que existe una crisis política importante en nuestro ambiente. Da la sensación de que nuestros dirigentes públicos luchan más por sus propios intereses que por los de la gente sencilla. La ideología prima por encima de la solidaridad. El entendimiento no existe. y en los foros políticos se usa habitualmente el insulto, la descalificación e incluso la amenaza para lanzarla contra los otros. No se exponen razones, se descalifica al rival. Resulta sorprendente que, con la que está cayendo, los gobernantes se hayan subido el sueldo. Ciertamente, los dirigentes no son referentes éticos para una sociedad como la nuestra.

También hay crisis económica. Se están perdiendo muchos trabajos y la pandemia ha traído la ruina a mucha gente. Cada vez la pobreza se va a hacer más cercana.

La sociedad está cambiando vertiginosamente. El avance de la inmigración, legal o ilegal, la crisis de la familia tradicional,… todos estos cambios se producen con una celeridad tal que cuestan ser asumidos. La Iglesia también vive esta crisis y ha dejado de ser referencial para muchas personas. En muchos de nuestros ambientes, antes tan religiosos, la institución eclesial es ahora sencillamente irrelevante.

Hay un cambio de etapa, qué duda cabe. Pero esto no quiere decir que haya desesperanza. Hay muchos motivos para esperar. La gente sigue siendo buena, la solidaridad de millones de personas anima a mirar el futuro con ilusión. Suelo decir muchas veces que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. Este cambio de época es estruendoso, como un árbol que cae, pero hay todo un bosque de millones y millones de seres humanos que se afanan por cuidar la vida y animar el amor. Hay muchísimos jóvenes que son capaces de emocionarse ante la verdad y que están dispuestos a adherirse a las causas justas cuando les son bien presentadas. Hay un voluntariado en la Iglesia que resulta extraordinario.

Hay mucha crisis, sí, pero hay mucha más esperanza. 

2.- De acuerdo en que este tiempo nuestro, además de ser complejo va a “hacer historia” y a ver si logramos que sea “historia positiva”. Y lo digo por tu referencia explícita a la esperanza. Siempre he pensado que es una virtud necesaria pero que, quizá en cada tiempo, tenga su singularidad. ¿Qué rasgos piensas que debe tener una esperanza para nuestro tiempo?

Yo diría que tiene que ser trascendente, contagiosa, y solidaria.

En estos tiempos se nos pone delante una y otra vez todo lo negativo del mundo y, sin embargo, hay que tener con el mundo una mirada trascendente, es decir, hay que mirar más allá de lo que se nos muestra. Hay muchos gestos de bondad y de profunda humanidad en los seres humanos. Nos falta la esperanza cuando no sabemos mirar. Hay muchísimas personas buenas que dignifican la vida y nos animan a vivir. Hay que aprender a mirar la realidad de un modo trascendente para vislumbrar el amor de tanta gente.

Debe ser contagiosa porque nuestra vida debe animar la esperanza de los desesperanzados. Creo que debemos ser testigos de esperanza, personas que animen la ilusión de la gente.

Y, finalmente, la esperanza nos debe llevar a la solidaridad; una persona esperanzada no se centra en sí misma, sino que lucha por un mundo mejor, hace lo posible, se da a sí misma en causas justas…precisamente porque espera un mudo más humano y nunca da por perdida a ninguna persona.

En los colectivos de voluntarios, en nuestras comunidades cristianas, en las ONGs, en el servicio desinteresado que se hace en muchos frentes encontramos a personas esperanzadas.

Afortunadamente hay muchos testigos y constructores de esperanza.

3.- Lo de una esperanza trascendente me parece tanta verdad que hasta creo que esa es la esperanza de verdad. Nuestros contemporáneos hoy son muy inmanentes, es decir, ya es hasta cansino oír decir que hay que vivir el presente, el aquí y el ahora que, por cierto, esto es antiguo y ya nos viene del poeta latino Horacio, con aquello del Carpe diem. Yo digo a esto que sí, pero con matices. Porque lo de Horacio era cerrarse al futuro y no conviene absolutizar el presente, aunque sea muy necesario ser fieles a él. Habrá algo más que el presente y éste nos ha de servir para avanzar. Yo creo que esto lo indicas en tu respuesta y si la he entendido bien hablas de una esperanza que sabe conjugar el presente y el futuro. Y desde este equilibrio entre inmanencia y trascendencia me hago una pregunta y te la paso: ¿La fe cristiana da esperanza o, algunos lo dicen, la fe sirve para que estemos tranquilos y como sumisos y sin enfrentamientos con la realidad?

Sumisos, en absoluto. Jesús de Nazaret alentaba la esperanza y, desde esa postura, denunciaba las injusticias y se ponía al lado de los enfermos y los pobres. A los desesperados, Jesús les contagió esperanza. Y esa opción esperanzada por un mundo mejor le llevó a la muerte. La mirada de Jesús nos ayuda siempre a descubrir que el Reino está entre nosotros, que nunca debemos desalentarnos y que tenemos que hacer todo lo posible para humanizar esta Historia. Los cristianos creemos que Dios se ha hecho hombre en Jesús por eso –y no es un juego de palabras- todo lo divino es humano y todo lo propiamente humano es divino. La esperanza en Dios pasa por un compromiso de hacer que esta tierra se vaya convirtiendo de verdad en su Reino. El Carpe diem de Horacio está bien, pero puede resultar egoísta. Decirle a una persona que ha perdido el trabajo y está desesperado que viva el “Carpe diem” y aproveche el presente, es una auténtica perversión. Claro que tengo que vivir y exprimir el hoy, pero yo sólo puedo vivir el presente si me comprometo en trabajar por el futuro de aquellos a los que por mil razones el presente les resulta horroroso. Ésta es, creo, la esperanza cristiana

Y el domingo 10-01-20221, la segunda parte de la entrevista….

El padre

La extraordinaria dignidad del deterioro: EL PADRE

Dirección: Florian Zeller (Reino Unido 2020)

Reparto: Anthony Hopkins, Olivia Colman, Imogen Poots, Rufus Sewell, Olivia Williams  

Guion: Florian Zeller, Christopher Hampton 

Fotografía: Ben Smithard

El alzheimer ha sido un tema repetidas veces llevado al cine. Con diversos puntos de vista y desde distintos estilos, (drama, comedia, animación…) esta enfermedad ha suscitado el interés de muchos cineastas, que han sucumbido ante la fascinación que ejerce una patología que lleva a la distorsión de la realidad y a la desorientación total de los que la padecen y de sus seres queridos, incapaces de expresar el amor y de ser correspondidos.

“El padre” cuenta la historia de Anthony, un hombre de 80 años -mordaz, inteligente y divertido- que va enfermando de alzhéimer. A pesar del avance de la enfermedad, está decidido a vivir solo y se enfrenta permanentemente a su hija Anne, que le cuida con amor, mientras ésta observa cómo su padre comienza a separarse de la realidad. Ambos van buscando su propia orientación vital; Anthony, por su propia dolencia, Anne, por la atadura que le supone cuidar a su padre y no poder vivir su propia vida.

El dramaturgo Florian Zeller debuta en la dirección cinematográfica llevando a la pantalla su propia obra de teatro con el mismo título y lo hace de una manera admirable. Lo absolutamente genial de la propuesta es que sitúa la narración desde el punto de vista del enfermo. Así, el espectador se sumerge en la confusión y el infierno que va viviendo Anthony. Conforme avanza la película, el público se siente perdido en el laberíntico caos de este hombre e intenta recomponer el puzzle roto de realidades y alucinaciones para saber situarse. El visionado del film se convierte en una fascinante experiencia que angustia y hace partícipe al espectador del trastorno de Antony, que –sabemos- avanza inexorablemente y no tiene curación.

Con una planificación milimetrada y un guión sólido, “El padre” sigue con precisión los vericuetos laberínticos de la zozobra de Anthony y de la misma Anne descorazonada por no encontrar puntos de contacto con su padre y consigo misma. Las habitaciones, los muebles, la luz, la planificación, los personajes que van desfilando…todo contribuye a acercarse a la progresiva desorientación del anciano.

Y para todo esto, Zeller cuenta con la sublime interpretación de Antony Hopkins. Su personaje es un despliegue de sentimientos encontrados y afligidos interpretados magistralmente. Hopkins conmueve, emociona, irrita, desgarra; su actuación es absolutamente inolvidable. Acompaña a Hopkins, una estupenda Olivia Colman que encarna a la sufrida hija, con una mirada que refleja el amor, la inseguridad y el dolor ante su propio padre.

Los planos finales en los que Anthony se abraza a su enfermera, llorando, mientras le pregunta “Quién soy yo?” son de una dolorosa belleza que impacta, interroga y deja boquiabierto al espectador.

Estamos ante un film duro, desazonador y hermoso, un film que invita a reflexionar sobre la dignidad humana, el misterio de la persona, y el derecho a vivir con amor hasta el final, aunque uno no sea capaz de expresarlo ni de comprenderlo.

Una auténtica maravilla. Imprescindible.

Josan Montull