Tiana y el sapo

En busca de sueños: TIANA Y EL SAPO.

País: USA Año: 2009

Dirección: John Musker, Ron Clements

Guión: Ron Clements, Greg Erb, Rob Edwards, John Musker, Jason Oremland

Música: Randy Newman

Cuando parecía que la animación, necesitaba sofisticadas técnicas que echara mano de las tres dimensiones, daba la sensación de que el dibujo animado clásico, de dos dimensiones, había quedado ya arrinconado. Y, sin embargo, Ron Clements y John Musker, creadores, entre otras, de joyas como La sirenita y Aladdin, nos regalaron una película deliciosa con un dibujo animado clásico y magnífico, que sorprende por su factura, agilidad y su profunda humanidad.

12 años después de su estreno, la historia de solidaridad de TIANA Y EL SAPO sigue manteniendo la misma frescura que en su día.

La dificultad de soñar.

La historia se desarrolla en la Nueva Orleans de los años 20. Tiana es una joven sureña, con un innegable don para la cocina, que sueña con tener su propio restaurante. Huérfana de padre, recuerda cada día el testimonio de aquel hombre que había hecho del trabajo y la honradez todo un estilo de vida. Pero las cosas no son fáciles para Tiana: el trabajo de camarera en un restaurante, con un jefe que se ríe de sus sueños, la relación con los especuladores que le venden un local y la amistad con la caprichosa y déspota Charlotte, incapaz de soñar pues tiene todo lo que quiere, no hacen más que obstaculizar todos los proyectos y deseo de esta humilde chica.

Su dificultad más importante será enfrentarse al doctor Facilier, un canalla que hace vudú y utiliza técnicas malignas para dominar la libertad de las personas.

Es precisamente Facilier quien ha hechizado al príncipe Naveen, guapo y buen músico aunque superficial y vacío. Naveen ha sido convertido en sapo por un hechizo diabólico. Y aquí, alejándose del cuento tradicional, no será el beso de una dama lo que devuelva a Naveen su primigenia forma humana, sino que la mujer que le ha besado se convertirá en otro batracio.

Es precisamente Tiana la que, de una manera inocente y generosa, besará a Naween y ésta se convertirá en rana. A partir de ahí la película discurre como una divertida y alocada aventura en búsqueda de la recuperación de lo humano y de la realización de los sueños.

Personajes con derecho a soñar.

El film es un alegato hermosísimo en defensa del derecho a soñar y de la dignidad de los que se esfuerzan en luchar para que sus sueños sean realidad.

La galería de personajes con los que se topan Tiana y Naween encarnan las distintas visiones que hay en torno a los sueños y aspiraciones de las personas. Así, Facilier es el manipulador de los sueños ajenos, no en vano se le llama príncipe de las sombras y el ayudante de Nadinne sucumbirá en sus brazos destrozando su propia vida porque su único sueño es el dinero…es cierto que nadie puede servir a dos señores…su sueño se convertirá en una alucinación que desembocará en pesadilla; Charlotte es la gran amiga de Tiana, ella no sabe soñar, no tiene paciencia, le falta la esperanza. Sus sueños son caprichos que no llevan a ningún lado y que dañan a la gente que más la quiere por su falta de reflexión. En el lado positivo nos encontramos a  Mamá Odie, una anciana que vive en los pantanos y se esfuerza en animar la bondad de las personas para que den lo mejor de sí mismas y sean capaces de encontrar sus deseos. Por más que es ciega, Mama Odie puede ver el corazón de cada ser.

Ray es una luciérnaga alocada y divertida. Capaz de dejarse la piel por ayudar a los demás aun en las situaciones más difíciles. Locamente enamorado de Evangeline, la luciérnaga más hermosa del mundo. Su amor es idílico; Evangeline es una estrella que destaca en el cielo, la misma estrella que ilumina los sueños de Tiana. Sus compañeros de aventuras le miran con cariño comprendiendo su desvarío. Su luz, frágil y pequeña porque es una luciérnaga, iluminará momentos de dificultad de sus nuevos amigos. Ray lleva luz dentro…todo lo contrario a Facilier, príncipe de las sombras.

Louis es un caimán músico de jazz. Su sueño es tocar en una orquesta con humanos, pero la realidad es bien otra, cuando se acerca a los humanos, estos huyen despavoridos. En los sueños de Louis atisbamos una resonancia del texto de Isaías en el que habla de la posibilidad de un mundo utópico en donde el león y el cordero puedan pastar juntos. Louis, aun sin saberlo, sueña en un mundo mejor, donde la utopía sea una realidad mecida por la música.

Naween, incapaz de soñar, superficial e inmaduro, descubrirá al lado de Tiana las posibilidades que tiene de cambiar y de hacer opciones en la vida. Y es que los sueños son contagiosos cuando la ternura está detrás.

Sin duda Tiana es la más soñadora. Digna heredera de sus progenitores, reconoce que es su familia la que le ha enseñado a soñar y a mirar las estrellas del cielo pidiendo fuerzas para afrontar la vida desde los sueños. En la familia está Eudora, su madre, en cuyos brazos Tiana recupera las fuerzas perdidas. Y en su familia está también James, su difunto padre. Él le ha dado grandes lecciones en la vida y Tiana depositaria de su legado. James transmitió valores a su hija. Para él, hacer buena comida era una oportunidad de servir a los demás  “la comida une a gente de todo tipo. Les hace inmediatamente felices y no pueden dejar de sonreír. Y cuando tenga mi propio restaurante la gente hará cola para degustar mi comida“.

El sacrificio.

A lo largo de la aventura para recuperar la forma humana de Tiana y Naveen se verifica que es imprescindible el sacrificio generoso para hacer posibles los sueños. En definitiva somos herederos de las opciones valientes de los demás cuando éstas se hacen desde el amor.  Mi padre nunca tuvo lo que quería. Pero tuvo lo más importante, tuvo amor dirá Tiana llena de dignidad. El sacrificio, cuando se hace desde el amor, da sentido a la vida y así Tiana manifestará que su amor por Naveen es tan grande que por estar a su lado prefiere seguir siendo rana para no separarse de él.

Soñar conlleva entregar la vida.

Pero el sacrificio más grande lo hará Ray. Ayudando a sus amigos será descubierto por Facilier y éste le pisará para acabar con su vida. La luz de la pequeña luciérnaga se apagará poco a poco. La película aporta aquí una secuencia muy extraña en los filmes de animación de la factoría Disney: la muerte de un animal. Pero esa luz que se apaga sorprenderá a todos: de pronto aparecerá una nueva estrella en el firmamento, una estrella que se unirá a Evangeline. Los amigos miran al cielo emocionado y constatan que Ray no estaba loco. Evangeline existe, no es una imaginación. Todos somos portadores de luz, nuestra vacación más intima es darla, aunque nos vaya la vida en ello. Una luz que se apaga en la tierra es una luz que es amada en el cielo y que posibilita muchas más luces.

Es precisamente, la entrega de la vida (la de Ray, la de James, la de los amigos…la que hace posible que los sueños sean realidad. Incluso esa bondad llevará a la conversión y Charlotte, la caprichosa amiga, renunciará a antojos para ser mejor. La muerte de Ray hace palpable que si el grano de trigo no muere, no fructifica. La muerte de Ray fructificará en su comunidad de amigos.

Una delicia.

La película es, pues, una delicia. Con una música que se convierte en una protagonista más, un guión divertido, unos personajes ingeniosos y un dibujo animado magnífico, Tiana y el sapo es una lección maravillosa que nos enseña como la bondad y la entrega de la vida trasciende nuestra propia historia y la va trasformando y haciendo más humana.

Un auténtico clásico para el que no pasan los sueños. Bienaventurados los que son capaces de desvivirse por los sueños de los demás porque su música durará siempre.

JOSAN MONTULL

AGRADECIDO

Agoniza el verano y nos preparamos para el comienzo frenético de las actividades que en Septiembre despegan enloquecidas. Finaliza un verano en el que, sorteando la pandemia, hemos vivido momentos informativos absolutamente vacíos, como el traspaso de un futbolista que lloraba compungido ante unas cámaras para sonreír feliz al día siguiente ante otras. Varias noticias han sido inquietantes: olas de calor, deshielos brutales, terremotos devastadores, contaminación del mar… No ha faltado la maldita y sempiterna violencia machista y vicaria, que se lleva por delante la vida de mujeres a manos de quienes -debiendo amarlas- se han creídos sus propietarios, o de los propios hijos, utilizados como víctimas para dañar a la pareja con una crueldad abyecta.  Ha seguido el goteo de la tragedia en el Mediterráneo, que engulle en sus fauces inmigrantes inocentes. Se ha continuado hablando de Ceuta y de los chavales marroquíes que huyen de unos y otros ansiando libertad mientras muchos mandatarios miran hacia otro lado. También nos hemos horrorizado mientras veíamos violencia callejera e irracional entre jóvenes que ha acabado incluso con la vida de alguna persona. Y luego ha llegado la tragedia de Afganistán, que ha supuesto una vergüenza sin precedentes para Occidente y un drama humanitario terrorífico e imprevisible.

Pero en medio de todo esto, he encontrado momentos maravillosos y motivos de agradecimiento a muchas personas, que nunca saldrán en los medios y cuyas vidas me ayudan a ser lo que soy. Por eso, a través de estas líneas, quiero dar las gracias:

  • A los animadores y animadoras con los que hemos hecho, por fin, Campamentos con niños y niñas necesitados de jugar después de un año de privaciones. A aquellos jóvenes que luego hicieron cursos para titularse como monitores y directores de actividades de Tiempo Libre, sacrificando diez días de su ocio y descanso.
  • A las familias que reorganizaron sus vacaciones y voluntariamente se prestaron para atender la cocina en esos días, con eficacia, alegría y una ternura primorosa.
  • A Teresa y a Quim, misioneros en Cuba y en Ecuador respectivamente, que comparten su vida con personas empobrecidas y necesitadas y han podido visitar unos días a sus familias en nuestro país.
  • A mis amigos José Esteban, Rosa y el pequeño-gran Esteban, que me acogieron en su hotelito La Llosa de Fombona en Asturias con una familiaridad extraordinaria.
  • A Luis y Ana, que ilusionadamente preparan su boda en unos tiempos en los que se rehúyen los compromisos y asustan las responsabilidades.
  • A mi amigo José Antonio, que ha aceptado ser obispo de Teruel, respondiendo valientemente a una llamada más a la renovación y la frescura de la Iglesia que busca el papa Francisco. 
  • A los curas y laicos que han tenido la paciencia de escuchar mis reflexiones en los Ejercicios Espirituales que he animado en Cataluña y Guadalajara.
  • A Abdelmajid, a quien me encontré después de dos años de compartir mano a mano con él un testimonio para jóvenes de amistad interreligiosa y nos saludamos con un sincero Salam Aleikum.
  • A los chavales que me felicitaron el día de mi cumpleaños y me hicieron un regalo precioso que guardo como oro en paño.
  • Al pequeño C., que -con casi 13 años- me abrazó una tarde y, con los ojos húmedos, me prometió que el curso que viene no le pondrían ni un parte de comportamiento en la Escuela.
  • A Assim, de 19 años, a quien conocí hace unas semanas y fue para mí un testimonio de bondad y superación, mientras busca trabajo y futuro frente a trabas legales y burocráticas.
  • A M., que nos hizo llorar cuando nos contó cómo fue su lucha por dejar la droga.
  • Y a tantas y tantas personas buenas con las que me he cruzado este verano; personas capaces de sonreír y ayudar, de escuchar y echar una mano.

Son ésas las personas que te animan, sin pretenderlo, a dar gracias a Dios por la vida, a creer en el ser humano, a afrontar con esperanza un nuevo curso, a renovar la certeza de que en nuestras propias manos está ir construyendo un mundo más humano y libre, en el que se eclipse la tristeza y vaya amaneciendo la fraternidad.

JOSAN MONTULL

El pan de la guerra

Una flor en el inferno: EL PAN DE LA GUERRA

Dirección: Nora Twomey

Guión: Anita Doron, Deborah Ellis. Libro: Deborah Ellis

Música: Jeff Danna, Mychael Danna

Género: Animación

País: Irlanda 2017

Los recientes y tristes acontecimientos de Afganistán me invitan a revisar un film que, a pesar de tener cuatro años, reviste una penosa actualidad.

Parvana es una chica de once años que vive en la capital de Afganistán, Kabul, durante el periodo de dominio de los talibanes. Al ser su padre detenido, los miembros de la familia se quedan sin recursos y, debido a que las mujeres tienen prohibido ganar dinero, deciden transformar a Parvana en un chico para poder trabajar.

Estamos ante un film de animación. Normalmente hemos considerado la animación como cine mayoritariamente para un público infantil, pero no es ésta una película para niños, aunque esté protagonizado por unas niñas que deben luchar con ingenio y esfuerzo para sobrevivir en una sociedad violenta e inhumana, que considera a las mujeres como objetos sin ningún tipo de derecho.

En la sociedad talibán ser mujer es prácticamente un delito. Las mujeres son maltratadas y golpeadas. Obligadas a vestir el burka, tienen que pasar la mayor parte del tiempo en su casa. No pueden salir a la calle sin sus maridos y las bodas son forzadas, obligando a las chicas a casarse con personas a quienes no conocen, aunque sean unas niñas. Las fotos están prohibidas y cualquier atisbo de humanidad es reprimido. Por otra parte, los niños aprenden el odio hacia las niñas y las humillan y pegan en las calles.

En medio de este terror inhumano, Parvana debe disfrazarse de chico porque, como dice su amiga (también disfrazada de varón), “Cuando eres chico puedes ir donde quieras”

La animación es muy sencilla pero el estilo de los dibujos dota a la película de un halo poético en los diversos escenarios que presenta: las calles, con las casas semiderruidas y huellas de las balas en las paredes, la cárcel, la paupérrima vivienda –que es otra prisión para las mujeres-, el desierto… todo denota tristeza y desolación con una mirada conmovedora.

La inocencia de Parvana corre paralela a su tenacidad. Es valiente frente a todas las dificultades y nunca pierde la esperanza de reencontrar a su padre para entregarle la muleta que le facilite caminar teniendo la pierna amputada por la guerra.

Frente a este ambiente desazonador la narración de historias se convierte en una referencia educativa para evadirse, entender la vida y afrontarla con esperanza. El padre contaba la historia del país a Parvana y le explicaba que “Nuestro pueblo siempre ha contado historias…nuestra tierra ha tenido paz cuando los Imperios se olvidan de nosotros”.

La violencia no puede matar los sueños de los niños. El mar se convierte en una aspiración de libertad para la amiga de Parvana, cuyo único sueño es reencontrarse con su bondadoso padre y reunir a toda la familia, que ya había perdido a un hijo en circunstancias misteriosas.

Pero, en medio de este dolor infinito, la película deja lugar para la esperanza. Particularmente emotivo es el momento en que Parvana, disfrazada de niño, lee una carta a un buen hombre analfabeto, explicándole que su esposa ha muerto. El hombre aprende a escribir y acariciar el nombre de su esposa con una ternura hermosísima.

La película, bella y durísima, tiene una banda sonora magnífica en la que Jeff y Mychael Danna subrayan líricamente el dolor y la heroicidad que conviven en la narración.

“El pan de la guerra” se convierte así en un canto a la vida, a la dignidad humana, a la esperanza; una lección -en fin- de que el amor es más potente que las bombas porque, a pesar de todo, como dice la niña protagonista en medio de sus penalidades, “Somos una tierra cuyo mayor tesoro es su gente…Es la lluvia lo que hace crecer las flores, no los relámpagos”.

Tan bella como incómoda, tan perturbadora como necesaria.

JOSAN MONTULL

JAURÍAS

El asesinato de Samuel Luiz en Coruña este verano a manos de un enloquecido grupo de jóvenes nos ha llenado de estupor. Sin ningún motivo, un joven le insultó y comenzó a golpearle. Pronto se unieron chavales que continuaron golpeando irracionalmente a Samuel. Durante 150 metros la lluvia de golpes y patadas continuó hasta que cayó al suelo y, a pesar del intento de defensa de dos jóvenes senegaleses sin papeles, la paliza continuó hasta acabar con la vida del chico de 24 años. Días después otro joven holandés fue linchado hasta la muerte por compatriotas suyo en Mallorca. Días antes en Terrassa otro joven fue apaleado. También en Ceuta. Recientemente se ha repetido esto en Amorebieta.

Estas barbaridades sin nombre son tan incomprensibles como escalofriantes. Pero más escalofriante es pensar que estas palizas o peleas son habituales (aun sin consecuencias tan terribles) numerosos fines de semana. Hay jóvenes absolutamente descentrados y trastornados que encuentran en estas agresiones una diversión perversa y excitante.

Otros adolescentes salen en la noche del sábado a buscar bronca y la encuentran con facilidad y con cualquier excusa en las zonas de ocio; chavales, en principio buena gente durante la semana, se convierten en jaurías violentísimas en las noches de fiesta. Algunos dicen: “Antes era excepcional, ahora lo normal es que haya varias peleas brutales las noches del sábado”. Sorprende además que una mayoría que rodea estos incidentes se inhiba o saque el móvil para grabar primero y colgar después las peleas tumultuarias que empañan muchas noches.

En todas estas acciones aparece la droga como telón de fondo. Los efectos de las sustancias hacen que muchos pierdan el control y la conciencia de lo que hacen. Hay también un cierto acomodamiento a esta situación…lo importante es estar lejos cuando ocurre. Se produce así una alarmante banalización de la violencia que cosifica a las víctimas como si fueran muñequitos de algún juego digital.

Hay que tomar nota: esta realidad existe por más que queramos ocultarla. No podemos mirar a otro lado. Cada colectivo, cada institución tendrá qué reflexionar sobre cuál es su pequeña o gran culpa. Ciertamente que muchos de los modelos de referencia que aparecen en los medios son de una bajeza moral extraordinaria exhibiendo su falta de capacidad para amar mientras cobran cantidades suculentas. Seguramente influirá también el miedo que los adolescentes experimentan ante la falta de futuro por una crisis económica que les arrincona. Por otra parte, el gran número de fracasos familiares han abocado a muchos chicos y chicas a la soledad, el desamor y la vulnerabilidad.

Tal vez nuestros responsables políticos tengan que mirar con preocupación estas conductas entre muchos adolescentes. Tal vez esa violencia de jóvenes sea el amargo reflejo de una clase política que utiliza la descalificación, el insulto, el desprecio del adversario como algo habitual. Tal vez estos delitos de odio encuentren su germen en los mismos parlamentos políticos que utilizan sus escaños para -cobrando una pasta- lanzar no botellas, pero sí insultos, no puñetazos o patadas, pero sí agresiones verbales y burlas ignominiosas. Sin tratar de exculpar a los jóvenes agresores, sí que conviene reflexionar si esa violencia gratuita no será consecuencia de una continuada actitud política irresponsable y chulesca donde lanzar bravuconadas y ofensas se ha convertido ya en lo habitual. Una clase política, que mantiene rencillas y disputas, y se muestra incapaz de llegar a un pacto educativo, por ejemplo, debería reflexionar seriamente para ver hacia dónde dirige sus esfuerzos.

Se ha llegado a una globalización de la economía y de la información, pero hay que llegar a la globalización de la educación, sólo desde ahí encontraremos la posibilidad de orientar a nuestros chavales para que sus vidas tengan sentido. Esta educación debe escudriñar sin miedo en lo sagrado, en aquello que la persona no puede tocar. Y lo más sagrado es la vida, ante la que el ser humano debe mantener una actitud de respeto reverencial.

A los educadores, pues, nos toca, hoy más que nunca, hacer una apuesta por los valores, el diálogo, la tolerancia, la compasión, la trascendencia, la profundidad. Tenemos que resucitar la Ética, la Religión, la Ciudadanía, la Filosofía y otras asignaturas que nuestro sistema ha arrinconado. Nos toca ser testigos con nuestra vida de conductas morales, pacíficas, solidarias y trascendentes. En nuestras manos está que estas jaurías o manadas queden arrinconadas hasta su desaparición.

JOSAN MONTULL