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AMOR DE MADRE

Hace años que no tengo noticias de Luis. Cada vez que pienso en él no se me quita la cabeza lo de aquella mañana de primavera.

Lo que más me impresionó aquel día al entrar en la prisión fue el ruido. Ya había pateado otras cárceles viendo chavales amigos a los que la Historia les había dado un revés furioso, pero el ruido de aquella cárcel era sobrecogedor. Cada puerta que se cerraba, cada grito que se oía, cada timbre, cada persiana metálica que se abría…cada sonido se quedaba paseándose en el ambiente, resonando sin acabar de extinguirse nunca. Tal vez sea la hora, pensé, a las nueve de la mañana llegan los camiones con los suministros del día…a las nueve de la mañana no es una buena hora para ver a un preso. El capellán me había colado en una hora intempestiva para darle un abrazo a Luis, que a los 20 años había dado con sus huesos en una cárcel española en la que la población penitenciaria triplicaba la capacidad de la misma. Me impresionaba el desfile de personas que iban y venía por el patio central. Diferentes razas y edades, pero con el reflejo de la pena en el rostro.

Por fin apareció Luis. ¿Qué tal estás, amigo? y nos abrazamos. Estás más delgado, amigo… ¿cómo te tratan ?… ¿sabes algo de los colegas ?… ¿qué tal por ahí fuera ?…Y el tiempo que, poco a poco, íbamos consumiendo con los cigarrillos nos sabía a poco. No hablamos del palo, del robo a mano armada que le había llevado hasta la antigua Modelo, rodeado de ruidos canallas que resonaban eternamente. No quise preguntarle por ningún detalle del delito que le había llevado al talego. No le recriminé nada. No le aconsejé nada.  

Me estoy quitando, ¿sabes?, llevo un mes que no me meto nada…y me contaba el proceso que llevaba en prisión para superar la adicción al caballo.

¿Te has hecho un tatuaje en el brazo? Sí, tío, sí. Aquí lo llevamos todos: Amor de madre ¿sabes ?…y me lo enseñó detenidamente. Un corazón, con unas espinas que derramaban lágrimas y debajo la inscripción: “Amor de madre”. Nada que ver con esos tatuajes con pedigrí que hoy se ponen los famosos. Estaba hecho a sangre y fuego, nunca mejor dicho.

 

Mi madre es la que más ha sufrido, ya lo sabes. Desde que me empecé a meterme esa mierda, intentó con todas sus fuerzas sacarme. Y yo, cada vez peor. Al final sólo lloraba. Creo que en el último año no hizo otra cosa más que llorar…llorar por mí, tío, por mí que soy el peor hijo del mundo. Por eso me lo he tatuado; me dolió un montón…luego se me infectó y me dio hasta fiebre. Mejor, pensé, así te acordarás del dolor que pasa tu madre. Y es que no quiero que pase un sólo día de los que esté aquí sin acordarme de ella…porque ella se acuerda todo el día de mí, estoy seguro.

Sí, le dije, de eso puedes estar convencido.

En mi casa –contestó- mi vieja ha caído presa conmigo. Ni un sólo día, ¿sabes ?…ni un sólo día quiero pasar sin acordarme de ella –seguía diciéndome– . Cada vez que miro el tatuaje la tengo en mi corazón.

Seguían los ruidos.

¿Y tú que me das?, dijo sonriendo. Y me recordó su eterna cantinela en el Centro Juvenil, cuando venía desde niño pidiendo siempre algo, un caramelo, un globo, un cigarro, una broma…

Jo, tío, no has cambiado, le dije. Pues no tengo nada, además, a la entrada he tenido que vaciar los bolsillos…Ah, sí, tengo algo. Y echando mano a la cartera saqué una estampa de la Virgen. Toma, te la doy.

¿Ésta es la que estaba en una estatua en el Centro, verdad?

 Sí, le dije, María Auxiliadora… ¿te acuerdas de las fiestas que hacíamos ese día ?…

¡Cómo no me voy a acordar!

Cogió la estampa y respetuosamente la besó. Se le empañaron los ojos, tal recordando una infancia feliz y libre en aquel Centro Juvenil que diariamente abría sus puertas para plantar cara a la desesperanza en los años de la heroína. Aquellas manos, que habían empuñado un arma fatídica, sostenían temblorosas la estampa de la Virgen. Aquellos ojos que tantas veces habían reflejado rabia, se habían empañado de ternura.

Nos dimos un abrazo y ya vino el capellán a avisarme. Volví a mirar aquel brazo tan asaeteado por la jeringa, luciendo aquel hermoso tatuaje lleno de sentido.

Pensé en María de Nazaret…en el Amor de Madre…en el corazón con espinas grabado  con sangre y un punzón al rojo vivo para que no pase ningún día sin que me acuerde de ella.

Atrás quedaba Luis, con una estampa de María de Nazaret que iba a poner en su celda. Pensé en la Virgen, compartiendo lágrimas y esperanza con tantas madres rotas por la injusticia que sufren sus hijos crucificados. A través de aquella estampa María  de Nazaret animaba a la vida y auxiliaba a su pobre hijo Luis, aportando un rasgo de ternura es aquel universo de ruidos aterradores.

Amor de madre…me iba repitiendo a mí mismo. El sol en la cara me devolvía a la realidad al salir a la calle. Me extrañó que a aquella hora de la mañana empezara a hacer calor. Claro, me dije, estamos en Mayo.

JOSAN MONTULL

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CARTA A WILLY TOLEDO

CARTA A WILLY TOLEDO

Amigo Willy:

No sé si en alguna ocasión podrás leer esta carta. La leerán, eso sí, personas que andan estos días siguiendo noticias de tu vida por el tema de las famosas blasfemias escritas en una red social y repetidas hasta la saciedad en varios medios de comunicación. Esas blasfemias te han traído y llevado por juzgados e incluso te han hecho pasado una noche en un calabozo. El motivo de mi carta es, precisamente, hacerte partícipe de mi reflexión sobre esas blasfemias en las que tú menosprecias a Dios y a la Virgen del Pilar de una manera muy estridente.
Te escribo como cinéfilo, como cristiano y como educador.
Como cinéfilo quiero decirte que conocí tu talento en “El otro lado de la cama”. ¡Cómo me hizo reír la comedia de Emilio Martínez Lázaro! Me pareció sensacional. Junto con tus amigos Ernesto Alterio, y Alberto Sanjuan hicisteis una película simpática que provocó en mí una empatía con tu capacidad para hacer reír.
Años después te vi en “Diamantes negros” y me impresionó tu excelente actuación con un registro dramático en el que, bajo la batuta de Miguel Alcantud, hicisteis una película en la que denunciabais la explotación que el mundo del fútbol lleva a cabo con menores africanos.
Así que, como actor, tienes de verdad mi admiración.

Como cristiano, tus blasfemias me resultan llamativas, sorprendentes. Por una parte, los cristianos pensamos que a Dios no se le ofende insultándole, la gran ofensa a Dios es el maltrato de los seres humanos, que en la cultura judeocristiana creemos que somos su imagen. Es cierto, el maltrato a los hombres y mujeres, la explotación, la guerra, el hambre, la injusticia, la pobreza…son la gran ofensa a Dios. Cuando se ha explotado al pobre en su nombre, se produce una auténtica perversión; cuando se ha explotado en nombre del ateísmo, se da también una indecencia brutal.
Se ha tomado muchas veces el nombre de Dios en vano, para matar en su nombre y para matar en contra de su nombre. Por eso creo que los muros, la existencia de la pobreza, el hambre, la opresión de los países pobres son una auténtica blasfemia, mucho más que tus palabras.
Cristianos, judíos, musulmanes y no creyentes podemos trabajar juntos (y de hecho lo hacemos en muchas partes) para defender la dignidad humana y para luchar contra la injusticia. Es la opresión del pobre, no la blasfemia verbal, lo que de verdad va en contra de Dios.
Sobre el dogma de la virginidad de María poco tengo que decirte; es una cuestión teológica, que no física que, supongo, no entenderás y no entraré en ello. Hay en la Biblia, en el Corán, en los Vedas, en esos libros extraordinarios de la literatura universal, nacimientos en circunstancias extrañas, vírgenes embarazadas, mujeres estériles que dan a luz…pero todo eso es un lenguaje que hay que conocer y estudiar para poderlo entender, y dudo que tú lo hayas estudiado.
Creo, eso sí, que esas expresiones de las que tú blasonas son reflejo de fanatismo antirreligioso; y el fanatismo siempre es malo porque menosprecia al ser humano y lo instrumentaliza. Durante el pasado siglo en Europa el nazismo y el comunismo tenían en común el ateísmo radical…y ese fanatismo ya ves a qué llevó…entre otras cosas, a que surgieran dictaduras católicas. En la actualidad el fanatismo islamista (que no el islam) ataca sin piedad en nombre de Dios al mundo capitalista (curiosamente al que tú también dices odiar). A Jesús de Nazaret, sin ir más lejos, le mataron, precisamente en nombre de Dios, fanáticos religiosos y, ya ves tú, romanos y judíos –enemigos acérrimos- se pusieron de acuerdo para quitárselo de en medio porque sus palabras y sus actos incomodaban a todos los poderosos.
Así que tengo que decirte que a mi fe cristiana tus blasfemias le traen sin cuidado.

Finalmente quiero hablarte como educador y ahí sí que tengo mucho que decir. Tus reiteradas blasfemias en medios de comunicación y tus exabruptos permanentes sobre Dios y María de Nazaret, lejos de parecerme un ejercicio de libertad de expresión, me parecen de una falta de respeto de libro.
Nadie te dice en qué tienes que creer o dejar de creer. Cuando cualquier religión impone una determinada forma de pensar deja de tener autoridad moral, es cierto; pero en un régimen de libertades, donde nadie te obliga a creer en nada, burlarse de las convicciones de unas personas, cagarse en tales creencias y hacer burla sistemática de las mismas, es, ciertamente, un perverso ejercicio de intolerancia.
Tienes derecho a ser ateo, tienes derecho a defender tu ateísmo en público, a razonarlo, a manifestarlo cómo y dónde quieras, pero, así como nadie tiene derecho a cagarse en tu ateísmo y en tus convicciones, tú no lo tienes para hacerlo en la fe de millones de personas.
Quiero recordarte que esa expresión supone un menosprecio a hombres y mujeres que han entregado su vida a la causa de los pobres en nombre de sus convicciones religiosas. Tus expresiones no ofenden a aquellos poderosos o fanáticos que usan el nombre de Dios para oprimir y dominar, tus expresiones ofenden a los pobres que son creyentes en cualquier religión y a aquellos que comparten su vida con ellos. ¿Te imaginas blasfemando a voz en grito en una cola de gente que acude a las Iglesias a recibir comida y ayuda?, ¿te imaginas hacer esto en el Tercer Mundo en donde tantos misioneros cristianos se dejan la piel por la causa de los oprimidos?, ¿te imaginas hacerlo delante de jóvenes voluntarios que dedican su tiempo a la solidaridad inspirados por su fe?, ¿te imaginas blasfemar en presencias religiosas que, casi al margen de la ley, acogen a inmigrantes y refugiados de todos los credos?
Ateísmo no es blasfemar, Willy, eso es menosprecio de las personas. Los ateos de verdad expresan con respeto sus opiniones, colaboran con otras personas, creyentes o no, que luchan por un mundo mejor; buscan con sinceridad la verdad y caminan al lado de aquellos que hacen lo mismo desde otras perspectivas ideológicas.
En todos los países creyentes y no creyentes trabajan juntos por la erradicación de la pobreza, por el restablecimiento de la justicia en donde se ha hurtado. ¿Sabes cuántos voluntarios ateos hay en Caritas, por ejemplo?, ¿sabes cuántos no creyentes hay en organizaciones de la Iglesia echando un cable y desviviéndose?, ¿sabes cuántos cristianos hay en ONGs no religiosas?, ¿sabes en cuántas organizaciones de nuestro país colaboran juntos cristianos, musulmanes y ateos para acoger a los pobres?
Como educador me esfuerzo cada día en transmitir la tolerancia y el respeto a los jóvenes, por eso tus palabras me parezcan lastimosas. Tus blasfemias son un demoledor ejemplo de intransigencia que ofenden a religiosos y ateos que creen en la tolerancia y en el respeto profundo a las creencias.
Los artistas estáis llamados a ser críticos, a modelar la belleza, a transformar el mundo y a hacerlo más humano; tus blasfemias son una contradicción extraordinaria con tu profesión además de un ejercicio de cobardía al ofender los sentimientos de personas que, a lo sumo, te denunciarán.
Al salir de la audiencia el otro día comenzaste gritando “Viva la URSS”. No sé si era un gesto cómico o una bufonada extraña. Se me ocurrió pensar en qué te hubiera pasado en la antigua URSS si hubieras gritado contra el estado, la judicatura y las fuerzas de seguridad, como hiciste al salir del calabozo ante los micros. De lo que sí estoy seguro es que si algún día estás en necesidad, podrás acudir a un centro de la Iglesia…seguro que te acogerán con afecto y profesionalidad, sin preguntarte tus ideales, ni tus militancias.

Amigo Willy, te aseguro que yo no me cago ni en tu ateísmo, ni en tus convicciones, ni en tus sentimientos…pero creo sinceramente que tus palabras son un ejemplo diáfano de lo que no es la libertad de expresión.

No sé si a los jóvenes con los que comparto la vida les tendré que hablar alguna vez de ti. Si lo hago me veré obligado a decir que, así como creo que eres un buen actor, eres un maleducado y un intolerante. Creo, Willy, que en mis clases de Ciudadanía tendría que suspenderte.

Un abrazo.

Josan Montull

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El buen maestro

Cuestión de fe: EL BUEN MAESTRO

Título original: Les grands esprits

Año: 2017

Duración: 106 min.

País: Francia

Dirección; Olivier Ayache-Vidal

Guion: Olivier Ayache-Vidal

(Idea: Ludovic du Clary)

Reparto: Denis Podalydès, Marie-Julie Baup,

Léa Drucker, Pauline Huruguen,

Anne Jacquemin, François Rabette,

Tom Rivoire, Marie Rémond, Zineb Triki

La educación de jóvenes inadaptados ha sido un tema muy recurrente en la Historia del cine. En particular, los cineastas franceses lo han abordado en muchas ocasiones.

El joven director galo, Olivier Ayache-Vidal, debuta exitosamente con el mismo tema dirigiendo “El buen maestro”.

François Foucault es, a sus 50 años, un exigente y prestigioso profesor de literatura en uno de los más importantes liceos de París. En una fiesta de educadores, Foucault critica con dureza a los maestros de los institutos de los suburbios y, casi sin saber cómo, acepta, sin querer, dar clases en un liceo de un barrio conflictivo del extrarradio conflictivo de París.

El choque vital que experimenta es importante. Acostumbrado –como estaba- a jóvenes interesados por aprender y por estudiar una carrera, Foucoult se encuentra con un grupo de chicos y chicas con una extraordinaria desmotivación cuyo único interés al ir a la escuela es entretenerse.

La película, que hubiera podido decantarse por el drama terrible y efectista, mantiene desde el principio un tono esperanzado. Foucoult no es un innovador, se limita a intentar hacer comprender que los lejanos conocimientos de la gramática son muy cercanos a las vidas de los alumnos y tienen mucho que ver con ellos.

Foucoult se convierte así en el buen maestro, no en aquel que imparte enseñanzas sino en aquel que ayuda a que los alumnos crean en sí mismos, reafirmen la autoestima, descubran lo mucho de bueno que tienen y lo pongan a trabajar.

La educación es una cuestión de fe; fe en los jóvenes y en sus posibilidades; fe en que los chavales pueden llegar a creer en sí mismos. Educar viene de la expresión latina ex-ducere: sacar a fuera. En esto se empeña el maestro Foucoult, en animar a que cada alumno saque afuera lo mucho que de bueno tiene dentro.

Para eso, el orden, la disciplina (hoy tan denostados) se manifestarán como medios estupendos para posibilitar la educación, incluso de los marginados.

El novel director sostiene un ritmo entretenido desde las primeras escenas. Todo ocurre muy deprisa, es verdad, el espectador necesariamente tienen que entrar en la propuesta argumental del film.

Si el trato con los chavales no es fácil, peor será el trato con el claustro. Tal vez sea éste el mejor hallazgo de la película. A los jóvenes se les puede cambiar desde el afecto y la exigencia pero con los adultos –que ya han pactado con la propia mediocridad- Foucoult no tendrá tanto éxito, tan sólo una profesora conseguirá la redención desde la entrega a sus alumnos.

La pregunta del director está clara, ¿de quién es la culpa del fracaso escolar…de los jóvenes…de sus familias…de las administraciones…de los claustros…?. El espectador es invitado a responder por sí mismo a esta cuestión.

Con un guion amable, ágil, divertido y humano, con unas interpretaciones creíbles y profundamente humanas, “El buen maestro” se convierte en una excelente película para ser degustada por todas las personas interesadas por la educación y que crean que sigue siendo posible acercarse a los jóvenes, por más desestructurados que estén, para ayudarles a mirar a su interior.

JOSAN MONTUL

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¿QUIÉN NO SE HA METIDO UNA RAYITA?

¿Quién no se ha metido una rayita?

 

Me lo preguntaste hace unos meses, cuando cenábamos en Barcelona. ¿Quién no se ha metido alguna vez una rayita? Me lo dijiste mientras íbamos a pedir los cafés.  La verdad es que me dejaste entonces desconcertado. Estábamos tranquilamente tomando unas tapas. Tu compañera, que ya conocía tu historia, te miró entre escandalizada y sorprendida. Cuando te conteste, “Yo, por ejemplo. Yo no me he metido nunca nada, del Ducados no he pasado”, me contestaste que eso era distinto, que lo mío era otra cosa. Cambiamos de tema y pedimos los cafés.

No lo vas a creer, pero cosas que he vivido recientemente me han hecho volver a pensar en ti y en tu pregunta porque tengo la sensación de que esa pretendida normalidad con la que tú me hablabas, con tus más de 40 tacos, está pasando a muchos chavales que, con 14 o 15 años, dan la misma respuesta que tú cuando hablan de los porros y hasta de las rayitas o las pastillas. Y les veo así, tan sinceros y tan frágiles, que me da pánico pensar en lo que les pueda ocurrir.

Me parece que has olvidado, amigo, que muchos de tus compañeros, de los que veían normal el hachís y luego la rayita, se quedaron por el camino y pringaron de mala manera. Están ahora en el talego, o criando malvas o, en el mejor de los casos, en algún centro siquiátrico en donde les enseñan incluso a no mearse encima. Eran otros tiempos, es verdad y cierto es que ha habido gente que, como tú, consiguió salir de aquella mierda con toneladas de ayuda, de cariño y de exigencia…pero muchos, tío, quedaron atrás. Por eso entenderás que cuando miro a los chavales jugar en el filo de la navaja con todo esto, como educador que les quiere apasionadamente, me entre un cierto canguelo.

¿Te has olvidado de los cinco chavales de tu barrio que, colocados de vete tú a saber qué, murieron abrasados en un coche, en una noche de juerga y de fiesta?, ¿no recuerdas al que recibió una paliza delante de su hijo de 8 años porque le debía dinero a aquellos tipos con los que había estado esnifando hasta las cejas el día anterior en una fiesta alucinante? ¿Tampoco recuerdas a tu vecina, que se rompió la crisma tirándose de la ventana aquella noche en la que tuvo un subidón memorable, ¿No recuerdas los nombres de esos críos que iban colocados por la mañana porque decían que iba bien para relajarse en clase?, ¿Te has olvidado de Víctor, que lleva desde los 13 años enganchado y ahora sigue en la cárcel porque cada vez que sale se mete unas rayitas con lo que roba hasta que le pillan y vuelve a la trena?

Ya sé que han pasado los años desde que compartimos aquellas movidas y sé que hay que mirar al futuro, pero tengo la sensación de que hay mucha gente que lo que quiere ahora es mirar hacia otro lado, porque en España, querido amigo, el tema de la droga no interesa para nada a muchos políticos. ¿Les has oído hablar de este tema en los debates cuando se presentan a las elecciones? ¿Has visto cómo hablan de nacionalismos, de financiaciones, de crisis, de política exterior, de corrupción, del pasado franquista, de la inmigración…y no mencionan nunca el tema de las drogas?, y eso que saben que nuestro país es el primer consumidor de cocaína del mundo…y eso que saben que los inocentes porros son hoy 16 veces más fuertes que hace 15 años. A pesar de eso, siguen financiando festivales, macrodiscotecas gigantes y eventos supuestamente culturales en los que la droga es lo habitual.

No tío, no. Esa normalidad con este tema es lo que está desgraciando la vida de tantos chavales. Hay una tolerancia pusilánime en muchas familias para marcar límites a sus hijos. No hay una preocupación seria ni una opción decidida para combatir la droga porque es más fácil dominar a los chavales haciendo que su máxima preocupación sea el horario de cierre de los bares. ¿Te imaginas qué pasaría si se manifestaran para pedir puestos de trabajo? ¿Te imaginas que denunciaran la venta de armas a países con dictaduras o los excesos de muchos mandatarios de todos los signos dando pelotazos inmobiliarios? ¿Te imaginas que se manifestaran para denunciar los programas basura o los insultantes sueldos de los futbolistas? No, es preferible que se preocupen más por otros temas; por la movida del fin de semana, por pillar alguna piedrita para alegrarse un poco cada día o por sacarse una pasta vendiendo yerba.

Por eso, querido amigo, no me vengas diciendo que meterse algo es lo normal. Piensa en tu hijo, que ahora tiene siete años y es una ricura, piensa que te oye esa expresión cuando tenga 15, cuando tengas que negociar con él para hablar de dónde se pone el piercing, de si quiere hacerse un tatoo, de sus dispositivos electrónicos, de la hora de llegar a casa, de tantas y tantas cosas…¿Te imaginas que te oyera decir que eso de meterse una rayita es normal?

Pues qué quieres que te diga. Llámame  carroza, viejuno o lo que quieras, pero a mí no me parece normal que tantos chavales vayan siendo víctimas de los petas, las pastis, los tripis, la farlopa, la maría y tantos venenos.  Yo entiendo que ellos se defiendan, que mientan, que digan que ya controlan y todo eso…pero manda huevos que lo digas tú y lo diga tanta gente respetable…permisivos hasta el límite y mirando hacia otro lado cuando tantos chavales se dejan la vida por esos putos porritos.

 

JOSAN MONTULL

 

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LA CUEVA MÁS HUMANA

LA CUEVA MÁS HUMANA

 

El rescate de la cueva Tham Luang nos ha mantenido a todos en vilo. De repente la atención internacional ha mirado hacia Tailandia mientras parecía que lo propio era seguir el mundial de Fútbol o la estulticia de los fichajes futbolísticos.

El 23 de Junio un grupo de doce niños de entre 11 y 16 años integrantes del equipo de fútbol “Los jabalíes”, acompañados por su entrenador de 25 años desaparecieron en la cordillera Doi Nang Non. Durante días se les dio por desaparecidos. Encontraron las bicicletas de los chavales amarradas a la entrada de la “Cueva de Dama Dormida” inundada por las lluvias torrenciales recientes y comenzó la desesperada búsqueda.

El día 2 de Julio y tras enfrentarse a pasajes estrechos y aguas turbias que impedían la visibilidad, un grupo de buceadores británicos descubrieron al grupo que –subido a una roca que estaba a la entrada de la cueva- se mantenían unidos a la espera de que de las aguas emergiera alguien que pudiera ayudarles. Llevaban 9 días esperando.

Inmediatamente el mundo reaccionó y muchos países enviaron a sus mejores equipos para liberar a los chavales. Comenzaron a drenar agua, hicieron llegar alimentos y bombonas de oxígeno, comenzó una frenética excavación del suelo. Todo parecía indicar que habría que esperar varios meses hasta que se consiguiera sacar el agua de aquellos túneles y las criaturas pudieran salir.

Durante este tiempo su entrenador, antiguo monje budista, iba ayudándoles a meditar y sacar de dentro de sí lo mejor de sí mismos, encontrando fuerzas en aquella situación tan angustiosa.

Desde fuera seguían los trabajos. Cuando los buceadores se sumergían en los túneles, el agua era tan turbia que ni con luces podían ver, tardaban más de seis horas en llegar a la cueva. Parecía casi imposible sacar a los niños entre aquellos angostos túneles de agua turbia.

El 6 de Julio los ingenieros consiguieron poner un abastecimiento de aire que posibilitó la comunicación de los niños con sus padres. Los “jabalíes” escribieron cartas en las que les ponían cuánto les querían y les decían que no se preocuparan; bromeaban diciendo sus familias qué les gustaría comer si estuvieran en casa y a sus maestros, que no les pusieran muchos deberes. El entrenador escribió pidiendo perdón por haber metido imprudentemente a los niños en la cueva, pero desde fuera no recibió más que palabras de perdón y de ánimo: “Entrenador Ake -le decían- realmente le damos las gracias por cuidar a todos los niños y mantenerlos seguros”.

Pero las lluvias volvieron a amenazar y todo se precipitó. Los voluntarios decidieron no esperar más tiempo y jugarse el tipo para sacar con vida a los chavales. En la mañana del 8 de Julio los buzos consiguieron rescatar a los cuatro primeros niños. A la tarde del 10 de Julio todo había concluido con un gran éxito…todos los niños estaban en el Hospital perfectamente sanos. Hubo que lamentar, eso sí, la muerte de un voluntario buceador, Saman Kuman, que falleció asfixiado intentando salvar a los niños.

Resulta impresionante el rescate; toda una hazaña, una lección hermosísima de entrega y solidaridad.

Fueron 1.500 voluntarios de más de una veintena de países los que trabajaron unidos y coordinados. Incluso un multimillonario financió parte de la operación.

Desde el primer momento la entrada de la cueva se convirtió en una ciudad multicultural que albergaba a periodistas, médicos, técnicos, buceadores, ingenieros, familiares y amigos…todos unidos poniendo lo mejor de sí mismos para rescatar a los niños. También había una permanente vigilia de oraciones y meditación. La madrina del entrenador cada día llevaba incienso, frutas y velas para el espíritu de la cueva.

Todos juntos, todos unidos, jugándose la vida, dándose, unidos por las imperiosa y humana necesidad de salvar a unos niños. No importaron los credos, las ideologías, las nacionalidades, las razas, las opciones políticas…lo único que importaba era la vida de los 13 chavales.

La muerte del voluntario Kuman, lejos de amedrentarlos, les hizo retomar conciencia del peligro real que existía…pero el “mártir” les unió a todos y la convicción por buscar a los niños se fue afianzando más y más.

Cuando el 10 de Julio salió el último recatado, todo el equipo se abrazó emocionado y celebraron que –con la ayuda de todos- la vida podía emerger de situaciones tan angustiosas.

“Los jabalíes”, una vez hospitalizados, al enterarse de la muerte de uno de sus salvadores, hicieron por él una oración emocionada y se comprometieron firmemente a ser buenas personas el resto de sus días para homenajear a quien dio la vida por ellos.

Siguiendo una tradición budista, parece que los chavales se afeitarán la cabeza y entrarán un tiempo en un monasterio para pedir que su vida sea bendecida.

Lo que ha ocurrido en la cueva Than Luang es toda una parábola. Hoy, en situaciones oscuras y peligrosas, hay chavales que esperan a adultos que se jueguen el tipo por ellos. Nos necesitan, nos esperan, están desprotegido en medio de un mundo que puede asfixiarles.

No les importa quién es el que va en su búsqueda…nos necesitan a todos.

La educación sigue siendo hoy una búsqueda apasionada y apasionante para rescatar lo mejor de cada niño o niña y hacer que salga a la luz. No en vano, educar viene de ex ducere, sacar a fuera. Hay que hacer que nuestros chavales puedan sacar a fuera lo mucho de bueno que tienen.

No hay que rechazar la espiritualidad, la colaboración de todos, la cooperación de entidades privadas y públicas; no hay que desdeñar ninguna ayuda, todos somos necesarios.

Las peleas políticas por excluir a unos o a otros del marco educativo, los permanentes cambios de planes y de leyes, la falta de un pacto por la educación,  la aburrida y falsa pugna entre la enseñanza privada, pública o concertada, la exclusión de la trascendencia y el pensamiento de los planes, el sempiterno cambio de leyes al albur de quien gobierna…todo eso es absolutamente indecente.

¿Se imaginan a los “jabalíes” esperando a que sus adultos se pusieran de acuerdo para acudir en su salvamento?.

Nos necesitan a todos, a todos. En el mundo de la educación nuestros jóvenes necesitan adultos unidos, independientemente de sus credos personales, para echarse al agua e ir a buscarles.

A los educadores nos toca mojarnos, emprender la aventura apasionante de la educación aun en aguas turbias; sin pretender demostrar quién es el que mejor bucea, siendo capaces de jugarnos el tipo, sabiendo que tras los túneles inundados, el barro y la turbidez del agua hay niños y niñas que están esperando, como los “jabalíes” a que en medio de tanto marasmo, emerjan sus salvadores.

Josan Montull