Mula

Más vale tarde: MULA

Dirección: Clint Eastwood

Guión: Nick Schenk (Artículo: Sam Dolnick)

Música: Arturo Sandoval

Fotografía: Yves Bélanger

Reparto: Clint Eastwood, Bradley Cooper, Dianne Wiest, Michael Peña, Taissa Farmiga, Laurence Fishburne,  Alison Eastwood, Andy García.

Casi parece imposible, una vez más Clint Eastwood nos regala una película hermosa, sencilla y muy personal, con una dosis de humanismo nada desdeñable. No sólo eso, Eastwood, con 88 años, protagoniza el film y da vida, casi sin esfuerzo, a Earl Stone un anciano cultivador de flores que dedica su vida a su negocio, sus concursos y sus amigos…pero que poco a poco ha ido perdiendo a su familia. Sólo una nieta, a la que tan apenas ve, mantiene una cierta fe en su abuelo y en su capacidad de ser bueno. Sus otras mujeres (la esposa y la hija) hace tiempo que no creen en él.

Arruinado en su negocio y desahuciado de su casa, Earl recibe una curiosa propuesta, convertirse en mula de un grupo mafioso perteneciente a cartel de Sinaloa y trasladar droga por la geografía americana. Nadie sospechará de un aciano con una vieja camioneta, piensan los mafiosos. Y así ocurre, el viejo Earl comienza a ganar dinero con el tráfico de drogas. La brutalidad de la mafia y la enfermedad de su esposa harán que Earl se busque a sí mismo e intente reconciliarse con su historia.

La película es muy de Eastwood. En sus últimos films ha interpretado a tipos serios, profundos, que se replantean la vida y evolucionan a pesar de sus años (el ex boxeador Frankie Runn que entrena a una chica y descubre la paternidad en “Million dolar baby” o el racista y amargado Walter Kowalski, que descubre la amistad con un adolescente en “Gran Torino”. Esta vez Earl redescubre el valor de su familia y la necesidad de pedir perdón al final de sus días.

La película, inspirada en un hecho real, se convierte en una reflexión sobre el bien y el mal, sobre la dificultad de optar por una conducta ética y no sucumbir al engaño del dinero fácil.

La conversión, el perdón, la familia, la honestidad y otros temas de hondo calado humano van desfilando por la pantalla en una narración correcta y académica que funciona desde el primer momento.

La actuación de Eastwood es contenida y sobria. Su mirada bondadosa sugiere una historia personal en la que hay muchos errores. Junto al veterano cineasta, aparecen en el film actores de la talla de Andy García, Bradley Cooper y Laurence Fishburne, todos ellos, espléndidos. Incluso el viejo Clint incluye a su propia hija, Alison Eastwood, interpretando a la hija de Earl.

En medio de la corrupción, el delito, la violencia y un mundo inhumano, hay salida, puede recuperarse la dignidad y la fidelidad. La violencia y la ambición no tienen la última palabra. Existe en el corazón de la persona resortes impensables que provocan destellos de bondad y de luz en un mundo perverso y tenebroso.

De nuevo una lección del viejo cineasta, una lección de humanidad y de buen cine.

Josan Montull

Resucitado

El misterio y el Misterio : RESUCITADO

Título original: Risen. 

Dirección: Kevin Reynolds.

País: USA. Año: 2016. Duración: 107 min. Género: Drama.

Reparto: Joseph Fiennes, Tom Felton, Peter Firth, Cliff Curtis, María Botto.

Guion: Kevin Reynolds y Paul Aiello.

Música: Roque Baños.

Los evangelios han sido la obra literaria más veces llevada a la Historia del Cine. Tratados con estilos bien distintos, la vida, pasión muerte y resurrección de Jesús han cautivado a cientos de cineastas que, desde el cine mudo, han querido llevar a la pantalla la vida del Hijo de Dios. “Resucitado” aporta una visión sugerente (si bien no original) de la historia de Jesús: la custodia del cadáver y la posterior investigación de su desaparición que tiene que llevar a cabo un descreído tribuno a las órdenes de Poncio Pilato.

Clavius (Joseph Fiennes), un poderoso militar romano y su nuevo ayudante, Lucius (Tom Felton), son asignados para resolver el misterio sobre lo que le ocurrió a Jesús en los días posteriores a su crucifixión. La profecía de la llegada de un Mesías liberador y la resurrección que el crucificado había anunciado de sí mismo antes de morir, llenan de preocupación a Pilatos. Sorprendentemente el cadáver desaparece en circunstancias misteriosas y comienza una intensa investigación y persecución de los seguidores de Cristo.

Estamos ante una película honesta que se acerca al misterio de Cristo con un respeto extraordinario. El tono policiaco de la primera parte consigue interesar al espectador que se ve metido en una investigación frenética en la que los acontecimientos, los interrogatorios y la búsqueda se suceden vertiginosamente. El realismo de las batallas, las crucifixiones, las exhumaciones de cadáveres están francamente bien resueltos. Conforme Clavius va acercándose al Misterio con mayúsculas, su vida empieza a cambiar y a poner en tela de juicio sus concepciones religiosas. Todo adquiere un giro inesperado cuando el tribuno da con la comunidad apostólica. La vida de esos seguidores de Jesús llenará de interrogantes de vida del perseguidor romano.

Hay en el film dos partes bien diferenciadas, la primera tiene un tono casi policiaco donde abundan los recursos del género: persecuciones, detenciones, interrogatorios, aparición de nuevos sospechosos…toda esta primera parte está hábilmente resuelta por la profesionalidad de Kevin Reynolds.  La segunda parte, el encuentro de Clavius con los cristianos, es bien distinta; el film se ralentiza, adquiere otro tono y, en cierto modo, se desentiende de lo visto hasta entonces.

Es en esta segunda parte donde aparece el gran inconveniente de la película: los evangelios no son una vida de Jesús, sino una catequesis de la comunidad cristiana que expresó lo que había supuesto en su historia la vida de Jesús. Querer traducir literalmente los textos evangélicos a la pantalla tiene muchos problemas. Los relatos de la resurrección son teológicos, no biográficos. La presencia de Jesús en medio de la comunidad es presentada en el film como un milagro lleno de magia, no como una experiencia de fe. Jesús resucitado aparece y desaparece, incluso cura a un leproso ante los ojos de los apóstoles que avisan al tribuno para que se preparé a ver un nuevo prodigio del maestro. En todas estas secuencia el film chirría al querer hacer una copia casi caligráfica en imágenes de lo que son narraciones hechas desde la fe años después de que se vivieran. La escena de la Ascensión, por ejemplo, tiene más de ciencia ficción que de experiencia mística.

Y es que no se puede fotografiar el Misterio, se puede únicamente reflejar pálidamente sugiriendo más que mostrando, animando a que el espectador se haga preguntas más que mostrándoles las respuestas.

Donde el film acierta plenamente es en mostrar la transformación del corazón del violento tribuno; de ser un hombre sin escrúpulos ni piedad pasará a ser un caminante, un buscador, que abandona su vida pasada porque se ha sentido amado y perdonado.

Recomendable e interesante este acercamiento desde el péplum tradicional a la figura del resucitado. Bienvenidas sean estas obras cinematográficas que siguen devolviendo la figura de Cristo a la pantalla y siguen mostrando el rostro más hermoso del Misterio, de un Misterio que no se puede entender sólo desde la razón fría sino desde la pasión del amor.

Josan Montull

El blues de Beale Street

La revolución de la ternura: EL BLUES DE BEALE STREET

DIRECTOR: Barry Jenkins

GUIÓN: Barry Jenkins

MÚSICA: Nicholas Britell

FOTOGRAFÍA: James Laxton

REPARTO: KiKi Layne, Stephan James, Diego Luna, Pedro Pascal, Teyonah Parris, Regina King, Colman Domingo.

PAIS: USA AÑO: 2018


Nominada a tres estatuillas “El blues de Beale Street” se alzaba con el premio más que merecido al óscar a la mejor actriz secundaria.

La película se ambienta en los norteamericanos años 70, una pareja afroamericana: Tish (KiKi Layne), de 19 años y Fonny (Stephan James), de 22 se enteran de que están esperando un hijo. Casi al mismo tiempo, él es encarcelado arbitrariamente acusado de la violación de una mujer blanca

A partir de ahí Tish y su familia comenzarán una lucha contra reloj por demostrar la inocencia de Fonny frente a un sistema racista que falseará pruebas y dificultará la solución del caso.

Lejos de ser una película sentimental y epidérmica, Barry Jenkins nos regala un film muy hermoso y profundo. Desde un primer momento el tono es pausado; los diálogos, lentos y hondos, quedan subrayados por la fotografía de los primeros planos que transmiten toda la angustia de unas almas ante una situación irracional que no conoce misericordia. Todo se convierte en un vaivén terrible de emociones contrapuestas. Frente a la ilusión de esperar un hijo, se experimenta la angustia de ver a su padre encarcelado. Pero negándose al cruzarse de brazos, las víctimas se implican valientemente en la búsqueda de la justicia.

El montaje en paralelo, que mezcla escenas del pasado con momentos del presente y hasta del futuro, va implicando al espectador en lo terrible del drama que poco a poco se da a conocer.

La cámara se mece de un personaje a otro mientras investiga los sentimientos que explican o se callan.

Frente a un incomprensible e inhumano sistema judicial, Fonny y Tish encarnan la pureza del amor, el ansia de fidelidad y de respeto por el otro. Las escenas de carácter erótico están tratadas con una finura encomiable. Pocas veces el cine actual ha dibujado la relación de una pareja joven con tanta delicadeza y respeto.

La familia de Tish y el padre de Fonny celebran inmediatamente el embarazo de la hija y luchan denodadamente para que la criatura pueda nacer y pueda criarse también con su padre.

La película, por otra parte, no culpa a la mala suerte por la desgracia de los protagonistas. El racismo más rastrero está detrás de la perversión judicial. En el film aparecen fotografía reales de la violencia policial contra los negros; es el odio racista que muestran esas imágenes lo que ocasiona la separación de los dos enamorados.

La lucha de Tish por recuperar a su amado es, en definitiva, la noble disputa de los oprimidos contra los opresores. En la tenacidad de la joven Tish se atisba la dignidad de la batalla pacífica por los derechos civiles y por la igualdad de todos. Es la lucha de David contra Goliat. Mientras que el todopoderoso Goliat tiene el control de todas las estructuras de la justicia, la frágil Tish es el David que se enfrenta con la única arma que posee: el amor. A estos amantes les podrán arrebatar la libertad pero el sistema no puede robarles el amor.

Su ritmo calmoso, casi contemplativo, su música inspirada, su fotografía intimista y unas interpretaciones más que inspiradas hacen de esta película una hermosísima historia de amor.

En la escena final resuenan las palabras de San Pablo a los Corintios “…el amor no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”.

“El blues de Baele Street” se convierte por todo esto en una estupenda película, un alegato, en definitiva, de la fuerza revolucionaria de la ternura.

JOSAN MONTULL