Trash, ladrones de esperanza

La dignidad del basurero: TRASH, LADRONES DE ESPERANZA

Película: Trash: Ladrones de esperanza.

Dirección: Stephen Daldry.

País: Reino Unido. Año: 2014.

Duración: 114 min. Género: Drama, thriller.

Interpretación: Rickson Tevez, Eduardo Luis, Gabriel Weinstein, Rooney Mara, Martin Sheen, Wagner Moura, Selton Mello.

Guion: Richard Curtis; basado en la novela de Andy Mulligan.

Producción: Tim Bevan, Eric Fellner y Kris Thykier.

Fotografía: Adriano Goldman

En el año 2000 el inglés Stephen Daldry estrenó una película, “Billy Elliot”, en la que narraba la historia de un niño que, en una sociedad abiertamente machista, prefería el baile al fútbol y se involucraba en una gran hazaña para ser bailarín a pesar de la oposición de su familia y su ambiente.

Con “Billy Elliot” descubrimos que Stephen Dalkdry tenía una talento extraordinario para trabajar con niños en la pantalla. Años después rodó “Tan fuerte, tan cerca” que narraba los acontecimientos de 11S tras la mirada de un niño. Con “Trash, ladrones de esperanza”, Daldry riza el rizo y vuelve a contar una historia protagonizada por niños brasileños que viven en la máxima pobreza.

Dos chavales de 14 años, Rafael y Gardo,  viven en las favelas de Río de Janeiro y trabajan en un basurero escarbando entre la inmundicia para encontrar alguna cosa de valor. Un día encuentran entre los residuos una cartera con unos documentos que desvelan una trama de corrupción política escandalosa. Cuando la policía local aparece para ofrecerles una generosa recompensa por la cartera, los dos chavales desconfían y recurren a su amigo Rata, que vive en las alcantarillas, para descubrir el secreto que se esconde en la cartera. La policía, comprada por el poder corrupto, inicia una persecución inhumana contra los tres chavales. Llegarán las huidas, las humillaciones, las torturas y las serias amenazas de muerte. Sólo un cura comprometido, (Martin Sheen) y Olivia, una cooperante europea (Rooney Mara), ayudarán a los adolescentes en su empeño de hacer que la verdad se descubra.

Nos encontramos ante una película ágil, interesante y moral. La narración es trepidante; el montaje, la fotografía y la vigorosa música de Antonio Pinto hacen que nos sintamos sumergidos en la historia desde sus primeras imágenes, “Trash” cautiva al espectador con un ritmo frenético y una realización magnífica. A los cinco minutos de film el espectador ya ha sido atrapado por la historia.

Por otra parte, tiene el film –junto a la aventura y la acción- una reflexión moral importante, hay que hacer lo que es correcto, aunque comporte riesgos y dificultades. Los chavales lo tienen muy claro, no hay que ceder a chantajes, ni al miedo (como hacen tantos en el mundo de la corrupción), hay que conseguir que el propietario de la cartera vea su suelo cumplido. Y esto hay que hacerlo porque “es lo correcto”. Desde el basurero de Río estos meninos da rúa dan una lección de integridad moral digna de encomio.

Sorprende, además, muy gratamente el tratamiento religioso del film, los chavales son creyentes, rezan, dan gracias a Dios, piden no sólo por ellos sino también por los que están sufriendo los atropellos policiales. “Dios nos escucha”  dice Gardo a sus amigos en los momentos de debilidad. La Iglesia se muestra en la película tremendamente humana y acogedora. A pesar de las debilidades con el alcohol del padre Juilliard y de la aparente fragilidad de Olivia, será en estas personas en donde los chavales busquen y encuentren refugio, protección y amor.

La fe en Dios aparece como exigencia ética para vivir la solidaridad y la justicia. Dios impulsa a hacer lo correcto y en Él encuentran los protagonistas el sentido último de la vida. No es una fe remilgada ni desubicada del contexto, la relación con Dios se ve con una normalidad apabullante; en la capilla se encuentran como en casa, duermen (incluso sobre el altar), se protegen y hasta bailan.

Al final, como no podía ser de otra manera, triunfa el amor, la amistad y la justicia. Hacer lo correcto siempre lleva a buen puerto. Hay que dice que “Trash” es demasiado esperanzadora y edulcorada. Creo, más bien, que estamos ante una película excelente que reivindica valores como la amistad, la generosidad y la solidaridad con una desenvoltura notable. El hecho de que los profetas de la justicia sean unos chavales sacados de un basurero aumenta el valor moral de esta historia.

Claro que esta película no hubiera sido lo mismo sin el trío protagonista. Ninguno de ellos había sido actor, es más, nunca habían entrado en un cine. La habilidad del director para sacar lo mejor de estos chavales hace que la película tenga una frescura encomiable desde el principio. Los chavales ríen, corren, saltan, lloran, se abrazan, se discuten, se quieren; combinan la inocencia y la picaresca con una naturalidad maravillosa. Su presencia llena la pantalla y le da a la historia y una ternura  que sin ellos hubiera sido imposible; A la vez que su aventura se va convirtiendo en más peligrosa, descubrirán el valor de una amistad creciente.

Y es que estos ladrones de esperanza consiguen robarnos el corazón.

JOSAN MONTULL

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