Salesiano, cura, profesor, licenciado en teología, twittero, educador, cinéfilo, teatrero, tertuliano, remo a contracorriente y apuesto a perder, uso el micro en la radio, el show en las tablas, la pizarra en el aula, el juego en el patio, la broma en la calle, la pluma en la prensa y todo lo que sea menester para acercar a Jesús a los chavales y construir una Iglesia sencilla y profunda donde todos puedan sentirse queridos y en casa.
Hoy se habla mucho de los “influencers”. Son personas que, a través de las redes sociales, influyen en los comportamientos, opciones, decisiones, opiniones y maneras de vivir de mucha gente, especialmente joven.
Hay influencers que nos cuentan cómo se levantan, que desayunan, qué hoteles les gustan…y otros temas que importan más bien poco.
Tendrán influencia, sí, pero la gran mayoría son defensores de la banalidad, abanderados de la estulticia y propagandistas del vacío. Lástima que tantos jóvenes experimenten ante ellos tanta fascinación.
Para influencer joven fascinante me quedo con el oscense San Lorenzo, un tipo sensacional. Vivió en el siglo III, cuando el Imperialismo romano se extendía por el mundo y sembraba la guerra y la sumisión de muchos pueblos. A Roma les interesaban los jóvenes callados, que bajaran la cabeza y que fueran más aficionados al circo que a la búsqueda de la justicia.
Lorenzo y su amigo, el también oscense Vicente, desafiaban las costumbres romanas y atendían a los enfermos; transgredían la ley hablando de Jesús de Nazaret y de la libertad que él había traído al Mundo. Lorenzo fue a Roma y se puso al servicio de la Iglesia ayudando al papa Sixto. Como hacía en Huesca, Lorenzo prodigó el servicio a los enfermos, pobres, mutilados, leprosos y excluidos. Cuando arreció la persecución romana contra los cristianos y el papa Sixto fue decapitado, Lorenzo vendió todos los objetos litúrgicos valiosos y repartió el dinero entre los pobres. Ante tamaño desacato, fue martirizado, asado en una parrilla.
Tengo la sensación de que hoy los jóvenes pueden encontrar en San Lorenzo a un influencer de verdad, de los que tocan el corazón e invitan a la alegría, la coherencia y la justicia.
Cuando este Mundo nuestro se pone de rodillas ante el dinero, cuando la división y el insulto se convierten en el estilo político, cuando la educación se torna arma arrojadiza y los adinerados hacen propaganda de la nada, urgen referentes para los jóvenes que, como san Lorenzo, influyan con su vida, dando un corte de mangas a tanta necedad y anunciando que la auténtica felicidad sólo se encuentra dando la vida desde el amor.
El reciente Informe sobre la Juventud que la Fundación santa María redacta cada cinco años nos ha dado un dato sorprendente: la fe, lejos de desaparecer, está volviendo a surgir en una generación joven, en contra del ninguneo que hasta ahora aparecía en los ámbitos juveniles.
Se habla, quizás demasiado pronto, del giro católico, de una vuelva a la dimensión espiritual en gran parte de nuestra juventud. Desde 2005 la caída de las opciones religiosas de los jóvenes ha sido vertiginosa. Parece que este proceso, no sólo se ha detenido, sino que está revirtiendo. El38,4 % de los jóvenes considera la religión “bastante o muy importante” en su vida, (el dato más alto de toda la serie histórica de estudios de la Fundación SM). Por otra parte, el porcentaje de jóvenes que se declara católico -practicantes y no practicantes- ha pasado del 31,6 % en 2020 al 45 % en 2025.
Algo está pasando, no hay duda. No hay que lanzar las campanas al vuelo ni menospreciar este fenómeno… hay que tomarlo en serio. Qué duda cabe que esta sociedad nuestra, arrodillada ante la tecnología y el dinero, deja unos vacíos existenciales tremendos en muchos jóvenes que, hiperconectados, se sienten profundamente solos. En medio de tantos estímulos digitales, faltan elementos que ayuden a descubrir el sentido de la vida.
Llaman la atención algunos acontecimientos mediáticos recientes: el éxito imparable de la música del grupo Hakuna, el inicio de los conciertos de Bruno Mars en el que se le ve rezando ante el Santísimo, Beyoncé, que también reúne a sus músicos para rezar antes de salir al escenario, la sensibilidad espiritual de LUX, el último y bellísimo disco de Rosalía, el triunfo de la serie ”The chosen”, la expectación del nuevo film de Mel Gibson sobre la resurrección que se estrenará en dos partes: el Viernes Santo y el día de la Ascensión del próximo año, el auge de la Vigilias de adoración ante el Santísimo, estrenos cinematográficos como “David”, “El rey de reyes”, “Descalzos” o una vida de Jesús que está rodando Martin Scorsesse, por ejemplo.
Son datos, pinceladas que van dibujando una realidad juvenil en la que lo trascendente vuelve a emerger.
Con todo, hay tres consideraciones importantes que conviene hacer:
Hay Necesidad de acompañar a los jóvenes. En el estudio también aparece que hay auge de creer en el karma, la reencarnación y otros fenómenos que hablan de un esoterismo poco cristiano. Por otra parte, y ya los obispos han advertido, hay un auge de una sensibilidad que, de una manera exacerbada, puede convertirse en un sentimentalismo que dibuje el mensaje evangélico.
Urge la formación teológica de los jóvenes cristianos. Una espiritualidad sin cultura y teología corres el riesgo de convertirse en un fanatismo místico que desdibuje la fe y la convierte en irracional. Hoy nuestros jóvenes no tienen ninguna formación teológica. Muchos de ellos quedaron con la formación de su primera comunión o, a lo sumo, de su Confirmación.
Hay que potenciar claramente la opción por los pobres. Una mística intimista en la que uno se siente bien, pero los pobres estén ausentes, puede convertirse en un refugio pseudoreligioso vacío. Para Jesús, el encuentro con Dios no puede darse al margen del encuentro con el pobre y excluido.
Es importante tomar en serio lo que está pasando, lo cierto es que esta sociedad nuestra cada vez provoca más insatisfacción y desamparo. Lo que se está empezando a denominar “giro católico” es un toque de atención para la Iglesia, porque la que la voz de los jóvenes sigue siendo una llama ardiente desde la que Dios nos habla.
Reparto: Ibrahima Kone, Nacho López, Alejo Sauras, Daniel Ortiz.
Guión: Claudio Crespo, Antonio Cuadri, Pedro Delgado, Isabel de Azcarraga
a partir de una novela de José Miguel Nuñez.
Música: Jesús Calderón.
Fotografía: Jorge L. Rodríguez Azogue.
Hay películas tan grandiosas como vacías; otras son emotivas porque un presupuesto extraordinario y una producción fabulosa; otras películas tocan el corazón desde la sencillez y la humildad por la fuerza de la historia que narran, tal es el caso de “Te protegerán mis alas”, una película con una producción humilde pero que engancha por la grandeza de lo que cuenta.
Wentinam, un niño huérfano en las calles de Kara, Togo, sobrevive entre la oscuridad y la miseria hasta que encuentra un horizonte en la ‘Ciudad de los Muchachos’ y el apoyo de un misionero salesiano español, iniciando un camino hacia la redención y un futuro mejor.
La película tiene dos partes bien diferenciadas, en la primera se nos narra la vida del pequeño Wentinam, criado en el basurero y que sobrevive gracias a la acogida de una familia católica a la que abandona para dedicarse a la delicuescencia con pequeños robos en las calles de Kara trabajando para unos jóvenes ladrones.
En medio de la noche, los ojos de Wentinam observan de vez en cuando a un joven blanco jugando con niños de la calle togoleses o durmiendo en la misma calle entre ellos. Tiempo después el azar le lleva a la misión salesiana en la que muchos niños y adolescentes conviven en paz, armonía y aprendiendo a trabajar. Allí se encuentra con el padre Antonio, el joven que callejeaba en la noche haciéndose amigo de niños abandonados.
Las dificultades de la adaptación a su nuevo hogar son narradas por Cuadri con inteligencia de modo que suscita el interés del espectador que va viendo los procesos en la socialización y educación del pequeño protagonista.
A la vez que el film presenta la evolución de los muchachos, nos da a conocer la vida de la comunidad salesiana y las tensiones internas que experimentan. Mientras el padre Antonio sueña con acoger a más y más niños de la calle y apuesta por la construcción de los “Pequeños hogares”, un proyecto de acogida para más niños, el ecónomo de la comunidad, el padre Alfonso, lo rechaza con fuerza. Los enfrentamientos entre ambos, el soñador y el realista, son muy duros y llegan a ser vistos por los niños como un ataque personal del ecónomo al padre Antonio.
La segunda parte narra la huida de los tres jóvenes ahijados del padre Antonio. Perseguidos por la policía togolesa, tienen que escapar del país y buscar refugio en España, donde esperan encontrar a algunos de los salesianos que les acogieron en la misión. La huida será otra aventura terrible que les llevará a salta la valla para llegar a su destino.
El film, realizado con medios modestos, ha sido rodado en Togo, lo que aporta verosimilitud a la historia, y en España. En la historia se cuentan muchas cosas, pero la narración es tan apasionante que atrapa y conmueve al espectador que sabe, además, que se trata de una historia verídica. En los 107 minutos de metraje se refleja lo que ocurre en más de 20 años…pero, gracias a un guion muy bien escrito, la historia fluye con frescura y en ningún momento se atasca.
La película es un homenaje a las misiones salesianas en su 150 aniversario. Cuadri ha sabido dibujar con maestría el carisma de don Bosco fundador de los salesianos, encarnado en estos misioneros.
Varias escenas son, a este respecto, especialmente significativas:
Cuando Wentinam sigue al padre Antonio y éste se da cuenta, le pide a un muchacho de la misión que le lleve comida al pequeño que mora desde la puerta y no se atreve a entrar. El mismo muchacho que le lleva la comida le invita a darse una ducha y cambiarse.
En otro momento del film, el policía corrupto que quiere extorsionar a los salesianos le da el pésame al padre Alfonso por la muerte de su superior, le pregunta qué va a hacer ahora que se queda solo. El sacerdote le responde que no está solo, hay con él otro hermano de comunidad, tiene a su Congregación, al Obispado y a todos esos jóvenes que conviven en la misión.
Hacia el final de la película, el padre Raúl llora mientras el joven Wentinam tiene un momento crítico de su enfermedad. Raúl (Alejo Sauras) toma el rosario para rezar y, desanimado, lo arroja al suelo con fuerza; cuando sale Wentinam, le recoge el rosario del suelo y se lo entrega al sacerdote diciendo “Creo que esto es tuyo”.
En el carisma salesiano, son los jóvenes los que dan la identidad a los religiosos, los que les ayudan a ser lo que son, los que les hacen descubrir día a día su vocación. Por otra parte, los jóvenes –tal y como vivió don Bosco- son los primeros colaboradores para ayudar a otros jóvenes a partir de la experiencia que han vivido; los religiosos nunca educan y evangelizan solos, sino que siempre cuentan con los jóvenes para ser educadores de otros chavales.
Por otra parte, en el carisma de los salesianos hay una especie que una locura inconformista que les impulsa a ir más allá, a no conformarse con lo que tiene, a inventar, imaginar, innovar, poner en pie nuevos proyectos que alimenten la esperanza de los necesitados. Atribuyen a don Bosco la frase: “Hay que hacer lo que se deba, aunque se deba lo que se hace”. Este espíritu aventurero lo encarna el padre Antonio, este ímpetu ilusionado e inconformista logrará arrastrar a su oponente Alfonso que termina como Antonio, con el pelo largo, barba y rodeado de chavales. Una vez más, son los jóvenes los que le redimen y le animan a la aventura de la entrega generosa.
Inspirada en un libro del mismo título del salesiano José Miguel Núñez, que conoció al protagonista de la historia y le prometió que la pondría por escrito, “Te protegerán mis alas” es una película hermosísima, que invita a agradecer, repensar y relanzar proyectos solidarios que animen la vida de los más desposeídos.
Y es que hay muchos hombres y mujeres que, abandonando, los privilegios del primer mundo, descienden a los infiernos de la miseria para ser testigos de esperanza.
Ocurrió en Irlanda, cuando el verano comenzaba a asomarse, a pesar de la baja temperatura que había en el paseo marítimo de Brey, en Dublín. Trece adolescentes de 15 y 16 años del Instituto Humanejos de Parla que se encontraban de viaje de estudios y observaron cómo había un cuerpo inerte, flotando boca abajo mientras intentaba moverse con dificultad.
Pronto se dieron cuenta de que aquella mujer se estaba ahogando. A pesar de que muchos adultos transitaban el paseo, indiferentes, estos chavales no lo pensaron mucho y se lanzaron al mar para salvarla. El agua estaba muy fría y fueron avanzando hacia el cuerpo de la mujer. «Cuando llegamos a ella estaba boca abajo, morada y echando espuma por la boca», cuentan. Cada uno la agarró por un lado para poder sacarla. El agua estaba a 11 grados. “Intentábamos arrastrarla, pero era una mujer grande y el agua estaba tan fría que te rompía los pulmones”, dicen. Una de las chicas, Ainhoa, se lesionó mientras intentaban salvarla. Entre caídas y goles contra las olas, alcanzaron la orilla y consiguieron reanimarla. Los adultos se limitaron a sacar sus móviles para grabar la escena, sin hacer nada por ayudar.
Cuántas veces, al hablar de los adolescentes, sin quererlo, proyectamos los estereotipos que corren por ahí: adictos a las redes, egolatrías, indiferentes, superficiales…y, sin embargo, estos chavales nos han dado una lección extraordinaria de solidaridad en medio del riesgo, una solidaridad que salva vidas y estrecha los lazos de amistad entre los salvadores mientras estos hechos van dando sentido a sus vidas.
Estos 13 chavales iluminan un mundo oscuro en el que los adultos condenamos con frecuencia y nos escondemos en nuestra comodidad. Su acción nos ha proporcionado un testimonio precioso y una enseñanza extraordinaria, así, sin pensarlo mucho, con la espontaneidad y generosidad propia de los quinceañeros.
Hay muchos, les aseguro, muchos chicos y chicas jóvenes, que –como los héroes de Parla- se lanzan a contracorriente para dar vida a mucha gente.
Mientras esto ocurría muchos adultos hacían sonar tambores de guerra, desangraban Gaza y arruinaban países enteros. El Talmud dice que “Quien salva una vida salva a la Humanidad”. Estos chavales, una vez más, son profetas de la esperanza…salvadores de la Humanidad.
JOSAN MONTULL
Los ‘Ocho de Parla’, héroes adolescentes al rescate de una mujer en la costa de Irlanda: “La gente no hacía nada, solo nos grababa” FOTO: Álvaro García MEDIO: elpais.com