¿QUIÉN NO SE HA METIDO UNA RAYITA?

¿Quién no se ha metido una rayita?

 

Me lo preguntaste hace unos meses, cuando cenábamos en Barcelona. ¿Quién no se ha metido alguna vez una rayita? Me lo dijiste mientras íbamos a pedir los cafés.  La verdad es que me dejaste entonces desconcertado. Estábamos tranquilamente tomando unas tapas. Tu compañera, que ya conocía tu historia, te miró entre escandalizada y sorprendida. Cuando te conteste, “Yo, por ejemplo. Yo no me he metido nunca nada, del Ducados no he pasado”, me contestaste que eso era distinto, que lo mío era otra cosa. Cambiamos de tema y pedimos los cafés.

No lo vas a creer, pero cosas que he vivido recientemente me han hecho volver a pensar en ti y en tu pregunta porque tengo la sensación de que esa pretendida normalidad con la que tú me hablabas, con tus más de 40 tacos, está pasando a muchos chavales que, con 14 o 15 años, dan la misma respuesta que tú cuando hablan de los porros y hasta de las rayitas o las pastillas. Y les veo así, tan sinceros y tan frágiles, que me da pánico pensar en lo que les pueda ocurrir.

Me parece que has olvidado, amigo, que muchos de tus compañeros, de los que veían normal el hachís y luego la rayita, se quedaron por el camino y pringaron de mala manera. Están ahora en el talego, o criando malvas o, en el mejor de los casos, en algún centro siquiátrico en donde les enseñan incluso a no mearse encima. Eran otros tiempos, es verdad y cierto es que ha habido gente que, como tú, consiguió salir de aquella mierda con toneladas de ayuda, de cariño y de exigencia…pero muchos, tío, quedaron atrás. Por eso entenderás que cuando miro a los chavales jugar en el filo de la navaja con todo esto, como educador que les quiere apasionadamente, me entre un cierto canguelo.

¿Te has olvidado de los cinco chavales de tu barrio que, colocados de vete tú a saber qué, murieron abrasados en un coche, en una noche de juerga y de fiesta?, ¿no recuerdas al que recibió una paliza delante de su hijo de 8 años porque le debía dinero a aquellos tipos con los que había estado esnifando hasta las cejas el día anterior en una fiesta alucinante? ¿Tampoco recuerdas a tu vecina, que se rompió la crisma tirándose de la ventana aquella noche en la que tuvo un subidón memorable, ¿No recuerdas los nombres de esos críos que iban colocados por la mañana porque decían que iba bien para relajarse en clase?, ¿Te has olvidado de Víctor, que lleva desde los 13 años enganchado y ahora sigue en la cárcel porque cada vez que sale se mete unas rayitas con lo que roba hasta que le pillan y vuelve a la trena?

Ya sé que han pasado los años desde que compartimos aquellas movidas y sé que hay que mirar al futuro, pero tengo la sensación de que hay mucha gente que lo que quiere ahora es mirar hacia otro lado, porque en España, querido amigo, el tema de la droga no interesa para nada a muchos políticos. ¿Les has oído hablar de este tema en los debates cuando se presentan a las elecciones? ¿Has visto cómo hablan de nacionalismos, de financiaciones, de crisis, de política exterior, de corrupción, del pasado franquista, de la inmigración…y no mencionan nunca el tema de las drogas?, y eso que saben que nuestro país es el primer consumidor de cocaína del mundo…y eso que saben que los inocentes porros son hoy 16 veces más fuertes que hace 15 años. A pesar de eso, siguen financiando festivales, macrodiscotecas gigantes y eventos supuestamente culturales en los que la droga es lo habitual.

No tío, no. Esa normalidad con este tema es lo que está desgraciando la vida de tantos chavales. Hay una tolerancia pusilánime en muchas familias para marcar límites a sus hijos. No hay una preocupación seria ni una opción decidida para combatir la droga porque es más fácil dominar a los chavales haciendo que su máxima preocupación sea el horario de cierre de los bares. ¿Te imaginas qué pasaría si se manifestaran para pedir puestos de trabajo? ¿Te imaginas que denunciaran la venta de armas a países con dictaduras o los excesos de muchos mandatarios de todos los signos dando pelotazos inmobiliarios? ¿Te imaginas que se manifestaran para denunciar los programas basura o los insultantes sueldos de los futbolistas? No, es preferible que se preocupen más por otros temas; por la movida del fin de semana, por pillar alguna piedrita para alegrarse un poco cada día o por sacarse una pasta vendiendo yerba.

Por eso, querido amigo, no me vengas diciendo que meterse algo es lo normal. Piensa en tu hijo, que ahora tiene siete años y es una ricura, piensa que te oye esa expresión cuando tenga 15, cuando tengas que negociar con él para hablar de dónde se pone el piercing, de si quiere hacerse un tatoo, de sus dispositivos electrónicos, de la hora de llegar a casa, de tantas y tantas cosas…¿Te imaginas que te oyera decir que eso de meterse una rayita es normal?

Pues qué quieres que te diga. Llámame  carroza, viejuno o lo que quieras, pero a mí no me parece normal que tantos chavales vayan siendo víctimas de los petas, las pastis, los tripis, la farlopa, la maría y tantos venenos.  Yo entiendo que ellos se defiendan, que mientan, que digan que ya controlan y todo eso…pero manda huevos que lo digas tú y lo diga tanta gente respetable…permisivos hasta el límite y mirando hacia otro lado cuando tantos chavales se dejan la vida por esos putos porritos.

 

JOSAN MONTULL

 

LIBERTAD PARA EL ODIO

LIBERTAD PARA EL ODIO

 

Pertenezco a una generación que nació sin conocer la libertad de expresión. Cuando en los años de Universidad nos fuimos acercando al mundo del Teatro, fuimos constatando todo lo que había que hacer para subirse a las tablas: presentar el texto, pedir permisos, recibir la censura por parte del gobierno civil…

El cine se llevó la palma en temas de censura. No llegaban a nuestro país todas las películas y muchas de las que lo hacían llegaban mutiladas o con doblajes cambiados que daban pie a muchos malentendidos. Muchos teníamos que ir a cines de “arte y ensayo” a ver obras que, como “El gran dictador” estaban prohibidas y sólo podían ser exhibidas en versiones no dobladas.

Bastantes autores vieron que sus obras se prohibían; otros acabaron en cárceles por expresar sus propias ideas.

Llegó felizmente la libertad de expresión y la creatividad tuvo, por fin, su cauce merecido. Descubrimos a grandes creadores, a artistas irónicos, divertidos o derrotados que conmovían con su imaginación.

Junto a los grandes creadores aparecieron los oportunistas que hicieron del destape un negocio que duró poco tiempo. Hoy toda esa historia causa todavía un cierto sonrojo.

Pero, qué duda cabe, que tal vez la libertad de expresión haya uno de los logros más importantes de la democracia. El derecho a manifestar las opiniones, por más que sean controvertidas, es inalienable en cada persona.

Claro que este derecho conseguido con mucho esfuerzo tiene que educarse; hay que aprender a expresar la opinión, a defenderla, a entrar en diálogo con los demás, a disentir, a crear…Normalmente cuando estas reglas del juego no se respetan suelen ser los más pobres los que las sufren. En los medios de comunicación, sin ir más lejos, los ricos y poderosos tienen hasta programas exclusivos para verter toda clase de opiniones, por más que éstas sean más que discutibles, mientras que los más humildes no suelen encontrar cauces para expresarse.

Hay ahora varios acontecimientos que a mí, créanlo, me han dejado perplejo. Quieron subrayar particularmente dos.

El polémico actor Willy Toledo lanzó unas blasfemias contra Dios y la Virgen con un carácter escatológico y soez que son difícilmente asumibles. El actor tiene una denuncia puesta y se le está investigando por lo que parece un abuso contra la libertad de expresión.

Por otra parte el rapero Valtonyc ha huido de España porque una condena de cárcel pesaba sobre él provocada por algunas de sus expresiones. En varias de sus actuaciones animaba al público, entre otras cosas, a matar guardias civiles para obtener un estado de tranquilidad.

Si ambas cosas ya entrañan una falta de resteo brutal, lo que sorprende es que en ambos casos haya habido políticos, actores, personajes de la vida pública y hasta algún eclesiático que se hayan lanzado en su defensa en aras de la libertad de expresión.

Es absolutamente surrealista que expresiones ofensivas, irrespetuosas, violentas y brutales sean vistas como normales en ambientes que deberían ofrecer una llamada permanente a la convivencia y a la paz. Posicionarse en contra de estos exabruptos que alientan el desprecio a las creencias y el odio más violento, no debe ser tachado de ninguna opción política conservadora. Hace un año manifesté mi desacuerdo con los famosos autobuses de “Hazte oír” que fueron tan criticados. Hoy me parece una absoluta vergüenza que expresiones como la del señor Toledo o la de Valtonyc tengan un eco benevolente en ambientes supuestamente progresistas.

Qué difícil nos lo ponen a los educadores quienes apoyan estas opiniones. Muchas veces no sabemos qué decir; parece que lo que está bien y lo que está mal depende exclusivamente de uno.

Hace pocos días en una batalla de gallos (duelo de raperos) celebrada en Valencia, varios artistas en sus rimas animaban, entre aplausos, a violar niñas. ¿Qué dirán al respecto los defensores de Toledo o Valtonyc?

Yo me limitaré a educar y a enseñar a los chavales que expresiones semejantes, aunque sean jaleadas por algunos, nos despersonalizan y atentan precisamente contra la libertad de expresión, esa misma libertad de expresión que en España se ganó con el esfuerzo y la generosidad de personas valientes y auténticamente progresistas…que hoy sentirían vergüenza antes estos dictadores de las palabras.

 

JOSAN MONTULL

 

TERCERO A

TERCERO A

Tienen 15 años y la sonrisa en el rostro. Son revoltosos y cariñosos, tiernos y trastos. Hacen tercero de la ESO. Son el futuro -dicen- pero la verdad es que no les importa mucho. Día a día tienen que madrugar, e ir a clase. Tienen que vérselas con el inglés, las matemáticas, la religión, la lengua y mil cosas más. No todas son de su agrado, pero ahí están. No se llevan todos los libros a casa, dicen que si lo hicieran no podrían con el peso que les tocaría llevar. No les falta razón. La cultura pesa lo suyo. Son de la generación en que la informática se ha convertido en el instrumento educativo por excelencia.

Llegan con el móvil, el Smartphone o algún aparato electrónico. Están enganchados a esta tecnología y experimentan auténticos síndromes de abstinencia cuando no pueden usarla. Más que hablar,  wasapean; más que expresarse, tienen cuentas de Instagram y hasta de twitter; más que expresar sentimientos, anexan  emoticonos. Son los chavales de las marcas, de la red mediática, de las fotos que se cuelgan en el ordenador, del me kaes dpm wpxmo; son los hijos de las pantallas, los amigos de la realidad virtual, los que se evaden con la play imaginando otros mundos prefabricados. Se saben los programas de la tele, siguen con pasión la vida de algún fulano que gana una pasta con sus canciones y sus bailes y saben con certeza dónde llevan los tattoos los deportistas. Son la generación del chat, del móvil de última generación, de los mensajes escritos en una clave difícil.

Ya no hacen gimnasia sino Educación Física, No Trabajos Manuales sino Tecnología…Ya no trabajan aislados sino en cooperativo, aprenden vida e idiomas viajando, hacen aprendizaje basado en proyectos y en sus calificaciones mandan los estándares. Esperan en clase que toque el timbre para asomarse al pasillo a ver a algún amiguete al que llevan la friolera de una hora sin saludar.

Mientras las chicas se acarician sus cabellos lacios, los chicos calculan bien la distancia del pantalón bien ceñido dejando ver cuatro centímetro de tobillo. Son los reyes de la gomina y el espejo, de la sonrisa y el aparato de los dientes. Se enamoran y desenamoran con una rapidez encomiable y las redes sociales se convierten en amigos a los que se les confían secretos que pronto son ventilados por la nube.

Cuando llegas a clase te sonríen, te saludan, te dicen cosas cariñosas y, como una letanía perenne, te preguntan si hoy toca vídeo. Luego les calmas, consigues recomponer las geografía de la mesas del aula, se serenan y atienden, toman nota y hasta preguntan. Pero hay un momento mágico, casi de hipnosis se diría, en el que me buscan hábilmente para decirme  Cuéntanos una historia. Como si me costara un gran esfuerzo, cedo, me detengo y comienzo a relatar retazos de vida compartida con chavales difíciles a los que la historia les jugó malas pasadas y con los que pasé los mejores años de mi vida…entonces se quedan boquiabiertos, dejan los bolígrafos y empiezan a sumergirse en la historia incluso a algunos les brillan los ojos. Al terminar dicen “Hoy la clase sí que ha molao”. Es curioso, las experiencias pasadas siguen siendo las mejores maestras.

Aún me atrevo a ser profe de Religión, aún creo que estos amigos y amigas de 3º de la ESO tienen el derecho a que se les ayude a mirar a su interior y adentrase en el Misterio. Frente a sistemas sociales y políticos que se arrodillan ante el capital y rinden culto a la riqueza…remo a contracorriente hablándoles de Religiones y compartiendo con ellos textos del Evangelio, del Corán o de los Vedas. Hurtarles el derecho a la interioridad sería la manera más sutil de privarles de la libertad.

Estos adolescentes, entrañables y canallas, afectuosos y malvados, son –como antes lo fueron otros- los destinatarios de tantas leyes de educación, aprobadas y derogadas al albur de los tiempos y las siglas. Estos tipos de 3ºA siguen, como antaño lo hicieron otros, demandando a gritos límites y afecto. Ya sé que marcar límites, exigir y reprender es complicado; lo mejor sería dejar hacer, transigir, mirar para otro lado y pasar de todo…pero eso sería no quererles; estos chavales de 3ºA merecen el afecto maduro y constructivo de personas que han dedicado su vida a la educación.

Tienen distintas familias y distintas procedencias, algunos, distintos países y distintas religiones. Y conviven. Son buena gente, claro que sí, como los del B, los del C o los de la Z. Son chicos y chicas que, con sus historias personales y familiares, tienen ante sí el reto maravilloso de ir madurando para ser felices y hacer una sociedad más humana y libre.

Estoy a gusto entre ellos, es más, aprendo de ellos y les puedo asegurar que les quiero, Creo que han tenido una suerte inmensa al haber nacido en una época en la que las escuelas se esfuerzan en educar desde el cariño para la libertad y la convivencia. Me pidieron que escribiera sobre ellos y les di mi palabra de honor que lo haría.

Y es que todos, hace más o menos años, estuvimos en Tercero A…o tal vez fuera en Tercero B.

 

 

JOSAN MONTULL