¿QUÉ PINTO YO AQUÍ?

¿Qué pinto yo aquí?

El cuadro estaba allí sobre el caballete, blanco, impoluto, inmaculado. Mi amigo, el viejo pintor, hombre experimentado en el arte de la pintura, estaba frente a él sentado, meditando, mirando el desafío que le suponía aquel lienzo blanco. Pasó alrededor de una hora observando aquella tela blanca apoyada en el caballete. Por un momento tuvo la impresión de que no era él el que miraba el lienzo, sino el lienzo el que le miraba, provocándole. Creyó que la tela le hablaba y le decía “Venga, levántate, toma el pincel, no me mires más, acaríciame…voy a ser lo que tú quieras que sea…mi futuro está en tus manos”.

Se levantó y, como si se tratara de un rito, se puso la bata blanca, tan manchada por tantos cuadros, tan llena de historias, de recuerdos y obras. Se la abrochó poco a poco. Aquella bata le había acompañado desde hacía mucho tiempo…había sido testigo de bodegones, láminas, paisajes, marinas, retratos y hasta de un par de frescos. También estaba presente aquella vez en que, harto de una obra con la que no podía, la ira hizo acto de presencia y tiñó de sombra el cuadro que acabó en el suelo destrozado.

Era aquel maldito cuadro inacabado el que le torturaba; era aquel paisaje lluvioso el que quería plasmar en el lienzo…era la obra de su vida, la que nunca había conseguido terminar…el reto inacabado que seguía provocando al viejo pintor.

El boceto estaba en la mesa, el mismo que desde hace tantos años perseguía; amarilleaba la página que varias noches había sido rescatada de la papelera en la que el fracaso era arrojado con desprecio. Lo miró lentamente…los árboles…el mar lejano…y la lluvia en el paisaje y en el alma. Era el cuadro de su vida…el que no había conseguido terminar nunca.

“Acaríciame” volvió a decirle la tela blanca. “Vamos, no me mires más”. Calla, viejo canalla, vas a ser el cuadro más hermoso que salga de mis manos”, respondía el artista.

Se levantó, agarró la paleta con una mano y el pincel con la otra…lo impregnó en varias manchas de pintura y lo acercó a la tela. Le palpitaba el corazón. Cuando el haz de pelo acarició la tela, sus ojos se llenaron de colores.

¿Quién ha dicho que la vida ya está hecha ?…¿quién cree que todo es cuestión suerte, de azar, de casualidad, de dejar hacer? La vida es una tela blanca que está ante cada cual. En nuestras manos tenemos los pinceles, la pintura y los medios para dibujar el cuadro de nuestra vida. No falta quien no lo cree así, hipoteca su identidad y deja que sean otros los que dibujen en su alma…Son gente impersonal, cobardes, indecisos, dispuestos a que la moda de turno les llene de borrones el cuadro de su historia.

También existen los que han empezado a dibujar bien su futuro y, con primor, van pintando algo hermoso, hasta que llega el miserable cercano y le dice que eche disolvente sobre la pintura hasta entonces hecha…el cuadro de esa vida queda ya destrozado y prácticamente irrecuperable.

No falta quien aparca la paleta y los pinceles negándose a seguir pintando, auto convenciéndose de su propia inutilidad, sintiendo lástima por él mismo, desconfiando del artista que lleva dentro.

El cuadro de mi vida está ahí, delante de mí mismo, animándome a tomar cuidadosamente los pinceles y a ser artista…mi propio artista. Cada uno hará con su vida el cuadro que quiera con tantos colores como encuentre al alcance en el blanco lienzo de su historia…un lienzo que sólo cada cual puede dibujar.

¿Qué pinto yo aquí?, me pregunto…yo pinto lo que quiera, me respondo, y nadie me dirá qué colores tengo que usar.

JOSAN MONTULL

NECESITAMOS CURAS

Necesitamos curas…

En tiempos de crisis, de desamor, de exaltación de las divisiones… En tiempos de superficialidad, de corrupción, de culto al dinero, de vacío, de predicadores televisivos y de estrellas futbolísticas, en estos tiempos de escándalos sexuales y curias enfurecidas, de políticos irresponsables y populismos sospechosos… en tiempos donde parece que la profundidad está hibernada y la ternura en el letargo… En estos tiempos de chamanes, brujas, hechiceros, adivinos, gurús y mercaderes del espíritu. En estos tiempos que, mal que les pese a algunos, son tiempos de Dios, necesitamos curas.

– Necesitamos curas:

    que compartan la vida de los enfermos

    que acompañen a las familias

    que quieran y no condenen a las familias que se han roto

    que se esfuercen por comprender nuevos tipos de familia

    que consuelen a los que sufren

    que amen a los pobres

    que escuchen a la gente

    que acompañen y quieran de verdad a los jóvenes

    que denuncien la injusticia

    que acojan incondicionalmente a los emigrantes

    que sonrían a los niños

que sepan estar junto a quien sufre

    que bendigan a los ancianos

que jueguen y celebren la fiesta

  que compartan la vida con la gente.

– Necesitamos curas

    que prediquen el Evangelio

    que presidan los sacramentos

    que bauticen a los nuevos cristianos

    que den la cara por las víctimas de la injusticia

    que propongan alternativas al aborto y acompañen a las mujeres que han abortado

    que alegren la vida de la gente

    que acojan a los niños no amados

    que siembren paz en todos los ambientes

    que condenen el machismo y la violencia de género

    que griten contra la guerra, la violencia y cualquier terrorismo

    que sean signo de Vida en los Hospitales

    que manifiesten un cariño especial por los deficientes físicos y síquicos.

– Necesitamos curas

    que aporten alegría y optimismo a la Iglesia

    que enseñen a los que no saben

    que compartan el vino, la tapa y la alegría en los bares

    que amen a la María de Nazaret y enseñen a amarla

    que en nombre de Jesús perdonen los pecados

    que en las cárceles no den a nadie por perdido

    que lo dejen todo por los demás

– Necesitamos curas

    que recen y enseñen a rezar

    que bendigan la vida

    que sepan reír y que se rían con la gente

    que sepan llorar y que compartan el llanto

    que animen la mortecina vida de los pueblos

    que tiendan una mano a los toxicómanos

    que ayuden a dar sentido a la vida de tantos hombres y mujeres

    que celebren la presencia de Jesús en la Eucaristía

    que estén entre la gente como uno más para que nos hagan siempre cercano a Jesús

-Necesitamos curas

que confíen en los jóvenes y crean en sus posibilidades

que sean alegres, esperanzados y optimistas

que pidan perdón cuando se equivocan

que sean pobres y compartan su pobreza

que crean en la cultura, la música, las artes

que tengan amigos

que dialoguen con creyentes de otras confesiones

que charlen francamente con ateos

que descubran a Dios entre la gente

Necesitamos curas, no como funcionarios de liturgias frías, sino como personas que vivan su existencia como una consagración,

que -como el pan- dejen que su vida sea tomada y bendecida por Dios, que rompan su vida por los demás, que la repartan como el pan.

que -como el vino- derramen su vida, para que la gente tenga esperanza y vida, la vida que viene de Dios.

Necesitamos curas que vivan, se desvivan y mueran, si es preciso, por la gente.

Josan Montull

MUJERES

La reciente celebración del día internacional de la mujer me ha hecho pensar, como cristiano, en la realidad que vivimos en este tema en el seno de la Iglesia.

No es una exageración decir que las religiones monoteístas tienen importantes rasgos machistas. La Historia, la tradición, la cultura…vete tú a saber por qué, lo cierto es que las mujeres en estas religiones han llegado a ser personas con mucha menor capacidad de decisión colectiva que los hombres. La misma Iglesia, tan avanzada en muchos temas, tiene en el tratamiento de la mujer una situación anacrónica difícilmente comprensible en el mundo de hoy. Paradójicamente, las mujeres en el cristianismo manifiestan una mayor fidelidad y protagonismo que los hombres.

Todo esto es además más extraño porque en los evangelios las mujeres aparecen con una mayor capacidad de seguimiento y compromiso que los hombres, más llamativa, si cabe, porque los tiempos de Cristo eran abiertamente machistas y consideraban a las mujeres como seres con mucha menos dignidad que los hombres.

Los mismos rabinos, por ejemplo, rezaban diariamente una oración que decía “Gracias, Señor, por no haberme hecho mujer”. La menstruación femenina era consideraba por la Religión como un hecho que hacía que las mujeres estuvieran permanente en una situación de impureza. Incluso en lengua hebrea no había en femenino para los adjetivos “justo”, “santo”, piadosos”…ya que se consideraban cualidades exclusivas de los hombres.

En un contexto así, la narración evangélica es absolutamente inaudita.

En María de Nazaret ya se rompen los estereotipos de la época; María acepta ser madre de Jesús y se compromete radicalmente con Dios. Y toma esta determinación sin pedirle permiso a su novio, sin ni siquiera consultarle; le comunica, eso sí, la decisión tomada pero sin pedir permiso a ningún varón para elegir su forma de vida.

Jesús tuvo una relación con las mujeres absolutamente rompedora y provocativa porque las trató con la misma dignidad con la que trataba a los hombres.

La samaritana, por ejemplo, siendo de otra raza, cultura y religión, teniendo un pasado sentimental más bien turbio, acogió el mensaje de Jesús, con el que dialogó abiertamente en público (cosa totalmente prohibida por la Ley) y anunció eficazmente a los suyos que ha encontrado al Mesías.

Las mujeres son también puestas como modelo de fe en alguna ocasión; así Jesús alabó públicamente la fe de la pobre anciana que echó lo poco que tenía en el cepillo del Templo dejando en segundo plano la prepotencia de los hombres ricos que echaban mucho dinero para ser vistos.

También hablan los evangelios de mujeres que formaban parte del grupo de Jesús y que le seguían siendo sus discípulas.

Además Jesús llega a impedir la lapidación de una mujer a la que habían encontrado con un hombre que no era su marido. Jesús se pone en medio, desafiando la Ley de Moisés y el la ira de aquellos justicieros de Dios y les avergüenza. Acoge a la mujer que había estado a punto de morir y la anima a creer en sí misma y a caminar con la dignidad que merece.

Pero lo que más llama la atención es que al pie de la cruz de Cristo hay tres mujeres y sólo un hombre, el joven apóstol Juan; allí están María de Nazaret, María de Cleofás y María Magdalena…el resto, los apóstoles, se han perdido por el camino, han desertado, incluso de la vida, o han negado a Jesús.

No queda ahí la cosa, dos días después los evangelistas dicen que las primeras personas que se acercan a la tumba de Jesús y salen a proclamar su resurrección son también mujeres. Esto es si cabe más sorprendente porque en aquellos tiempos la palabra de las mujeres no tenía ninguna validez legal.

Así pues se puede decir que el evangelio es abiertamente feminista e inclusivo en un contexto cultural en el que la mujer no tenía prácticamente ningún derecho.

Todo esto entra en un profundo contraste con la realidad actual de nuestra Iglesia. Como cristiano, creo que deberíamos reflexionar muy seriamente este tema. Sueño con una Iglesia en la que mujeres y hombres tengamos los mismos derechos y la misma capacidad de ejercer los ministerios. Cada paso que vayamos dando en esta dirección nos hará ganar credibilidad en un mundo en el que lo religioso es muchas veces irrelevante…y si surgen dudas, no tenemos más que mirar a los evangelios.

JOSAN MONTULL