Publicado en Críticas de cine

El chico del millón de Dolare$

El precio de las personas: EL CHICO DEL MILLÓN DE DÓLARES

 

Película: El chico del millón de dólares.

Título original: Million dollar arm.

Dirección: Craig Gillespie.

País: USA. Año: 2013.

Duración: 124 min.

Género: Biopic, drama.

Interpretación: Jon Hamm (J.B. Bernstein),

Alan Arkin (Ray), Bill Paxton (Tom House),

Lake Bell (Brenda), Bar Paly (Lisette),

Aasif Mandvi (Aash), Suraj Sharma (Rinku).

Guion: Thomas McCarthy.

Producción: Mark Ciardi, Gordon Gray y Joe Roth.

Música: A.R. Rahman.

Fotografía: Gyula Pados.

Montaje: Tatiana S. Riegel.

Diseño de producción: Barry Robison.

Vestuario: Kirston Leigh Mann.

Distribuidora: The Walt Disney Company Spain.

Hace poco tiempo el cineasta español Miguel Alcantud presentó una película titulada “Diamantes negros” en la que ponía al descubierto las tramas esclavistas con las que las empresas del fútbol traen a chicos africanos a Europa llenándolos de sueños de riqueza para dejarlos en el abandono más cruel a los que no triunfan, es decir, a casi todos.

Ahora el norteamericano Crai Gillespie, director de la original “Lars y una chica de verdad” vuelve a tratar el mismo tema pero de un modo mucho más cordial y menos crítico presentando una película moral propia del cine de Disney.

El film está inspirado en un suceso real.  El emprendedor agente deportivo J.B. Bernstein, amigo de una vida con lujos y de la falta de compromiso, ávido de descubrir buenos deportistas que le reporten una buena suma de dinero, se embarca en la aventura de organizar  un peculiar reality show en la India con el fin de encontrar jugadores de cricket indios que susceptibles de convertirse en lanzadores de béisbol profesionales en los Estados Unidos.

Tras su viaje a la India, selecciona a dos chavales con unas posibilidades extraordinarias y los lleva a estados Unidos. Pero la aventura no ha terminado para J.B. Berstein, porque tendrá ahora que aprender a cuidar de unos jóvenes pobres deslumbrados por lo más espectacular de la sociedad yankee y deseosos de complacer a J.B. para agradecer todo lo que ha hecho por ellos.

Estamos ate una película, si se quiere, convencional y previsible pero que no deja de ser un entretenimiento ágil cargado de buenas intenciones. Rodada en los dos países (India y USA) las escenas localizadas en la India resultan visualmente potentes y hermosas. La belleza de los paisajes se mezcla con los escenarios de miseria y con los primeros planos de los jóvenes Ray y Rinku, deseoso de triunfar.

A lo largo de todo el film hay una tensión de contrastes. Contrasta la sociedad hindú con la norteamericana, los paisajes de uno y del otro país. Pero también contrasta la moral de cada personaje: frente a la superficialidad y el vacío existencial de J.B. aparece la nobleza y la espiritualidad de los jóvenes hindúes. Mientras que para J.B. la vida no consiste más que en la búsqueda de beneficios económicos y de un una vida suntuosa y sin ningún compromiso, para Ray y Rinku valores como la familia, la devoción, la amistad, el agradecimiento y la lealtad marcan su historia. Incluso J.B. está a punto de abandonar a los dos chavales seducido por el talento deportivo –que no humano- de un mimado jugador que exige un contrato multimillonario. Pero la moral de Rinku y Ray consigue interrogar a J.B. que, acompañado por una vecina, Brenda, de la cual se enamora, va descubriendo que la fidelidad y el acompañamiento a las personas son más importantes que la esclavitud del dinero.

No le faltan al film momentos cómicos que contrastan con las escenas emotivas que surgen en el último tramo. Sorprende gratamente ver que en la trama, la oración y la fe aparecen con una normalidad absoluta, resulta gratificante que los chavales hindúes le comenten desde el afecto a J.B. que, si no reza y no tiene una visión trascendente de la vida, tendrá mucha dificultad para ser feliz. No en vano, el descubrimiento del talante humano por encima del talento deportivo de esos jóvenes lleva a J.B. incluso a rezar con ellos.

La película se ve muy bien aunque tal vez le sobre una parte del metraje. La música hindú de A.R. Rahman es magnífica y contundente. Estamos ante una historia con tópicos, sí, pero ante una narración con una gran vocación humana. Temas como la amistad, la honestidad, la fe, la lealtad, la superación y la redención van desfilando pedagógicamente en el film.

Como es habitual en este tipo de historias, en los rótulos de crédito finales aparecen los personajes reales en los que se ha basado la película y se cuenta cómo es la realidad actual que viven.

Muy apropiada para discutir con chavales y abrir debate con jóvenes. “El chico del millón de dólares” es una película amable y pedagógica que habla de cómo la bondad de unas personas puede convertir a otras.

Quizás en estos tiempos de búsquedas impúdicas de dinero fácil, de malversaciones, prevaricaciones y corruptelas, esta película sea un humilde canto a la bondad.

JOSAN MONTULL

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Autor:

salesiano, cura, cinéfilo, me gusta remar a contracorriente y apostar a perder

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