EDUCAR y AMAR.

He dedicado toda mi vida a la educación. Se puede decir que no he hecho otra cosa. He educado en la Escuela, en el mundo del Tiempo Libre, en ámbitos de exclusión, en el terreno parroquial… Después de muchos años de ser educador, me he preguntado por qué lo soy, qué es lo que me da la autoridad moral para entrar en el Misterio de la vida de un adolescente e intentar acompañar sus pasos para que en un futuro sea feliz. En definitiva… ¿quién soy yo para meterme en la vida de nadie?

Creo que, por encima de la pedagogía, la psicología, la técnica y la profesionalidad, que doy por supuestas, sólo el amor puede ser motor de educación. Si no quiero a los chavales con los que estoy, no tengo ningún derecho a inmiscuirme en su intimidad para orientarles de cara a su futuro. Por eso me pregunto qué es el amor.

-El amor es una actitud que no se centra en una persona específica. Es un ir por la vida…amando a los otros. Esto supone una actitud de apertura y confianza en los demás. Y esto no quiere decir ser un inocentón, pero sí que implica, de entrada, tener una actitud de confianza en las personas.

-El amor es fundamentalmente dar, no recibir. Dar significa ganar. Los padres dan a sus hijos lo más precioso que tienen, su vida, su alegría. No deben dar con el fin de recibir, porque saben que darse es ganarse. Lo mismo los educadores… damos, porque amamos. En la vida llega un momento en el que casi todo se pierde, el amor es lo único que permanece.

-Amor es acoger el don del otro. Se acoge al sonreír, al estrechar una mano, al comprender…Es valorar al otro tal y como es; y esto se expresa en mil detalles, saludar con afecto sincero al que llega, interesarse por sus cosas, escucharle sin prejuicios, corresponderle desde él, sin proyectar mis cosas.

Esta acogida debe manifestarse más con el que queda marginado, con el peor dotado, con el que tiene menos posibilidades…con el que alguna vez es mal visto y ahora nadie le hace caso.

-Amar es dejar ser, es dar a cada persona el respeto que merece, dejarle ser lo que realmente es. En general, los humanos nos empeñamos en hacer ser; somos felices cuando conseguimos que el otro dice y hace lo que nosotros queremos que diga y haga (claro que esto no supone renunciar a unos objetivos educativos, a unas metas a las que queremos llegar).

Esto los chavales lo saben muy bien; para que se les quiera, aprenden a actuar como sabe que los mayores esperan que actúen.

Dejar ser es respetar lo que es real en el otro. Es ayudar a ser lo que uno es (Educar viene de Ex-ducere, sacar hacia fuera lo que hay dentro). Educar es animar a que la persona busque en su propio misterio, se conozca, descubra sus cualidades -lo que realmente es- y las potencie.

-Amar es marcar límites. Dejar ser es lo contrario de una permisividad tolerante que todo lo consiente.  El chaval necesita límites, los pide. Los límites -cuando son razonables- ayudan a encontrarse, a probarse a sí mismo, a superarse, a estructurar su libertad…Educar desde el amor supone ayudar a que el hijo/a respete los límites. Transigir sin más, por la comodidad de no afrontar el conflicto es una falta de amor.

-Amar es cuidar el ambiente, crear una atmósfera donde cada uno pueda sentirse a gusto, sentirse él mismo. Ordenar la casa, vivir con un cierto horario, crear espacios de diálogo, celebrar los aniversarios, las fiestas, cuidar todos estos detalles. Hacer que el ámbito educativo en el que uno está tenga un ambiente de amor.

-Amar es leer en profundidad los sentimientos del otro. Saber captar sus demandas de amor, sus manifestaciones de amor…sus problemas…valorar lo que ellos valoran. Para eso hay que tener muy en cuenta que el amor se percibe y se expresa de modos muy diversos en diferentes edades. Además, no todos los chavales saben expresar el amor…el educador tendrá que saber leer en medio de esa dificultad de exteriorización del afecto.

-Amar es respetar siempre la libertad del otro. No consiste en mendigar cariño. Amar es aceptar -desde su libertad- que el chico y la chica pueden rechazar el amor que se les brinda. Hay que desterrar toda pretensión de monopolizar el afecto de los chavales.

-Amar es enseñar con sencillez que el sexo sincero y limpio es la más hermosa expresión de amor. Y en esto hay que ser consciente de que habrá que nadar a contracorriente, porque la visión del sexo en nuestra sociedad está muy despersonalizada y vacía.

-Amar es dar a conocer a Dios, el que más nos ama, vivir coherentemente con la fe y, por tanto, hacer del perdón el gran signo. Amar es ayudar a que el joven se haga preguntas y, a partir de ahí, busque respuestas. Por tanto, hay que tener, por amor, un escrupuloso respeto a las convicciones religiosas de cada cual.

Sentirse amado es el motor educativo que hace transformar positivamente la vida de las personas. De todos los afanes educativos, el amor es el que no pasa nunca (1Cor 13).

Tras estos años bregando en el ámbito educativo, creo que sólo el amor da sentido a la tarea educativa.

Resuenan en mí los versos de Silvio Rodríguez:

Debes amar la arcilla que va en tus manos
Debes amar su arena hasta la locura
Y si no, no la emprendas, que será en vano
Solo el amor alumbra lo que perdura
Solo el amor convierte en milagro el barro.

Intentar educar sin amar es una intromisión sin escrúpulos en lo más sagrado de cada vida humana. Deberíamos poder decir en nuestro interior “Te educo porque te quiero”. Sólo entonces tendrá sentido nuestra tarea educativa.

JOSAN MONTULL

Broken

Este es mi cuerpo, esta es mi sangre: BROKEN

Dirección: Ashley Pearce, Noreen Kershaw (Reino Unido 2017)

Guion: Jimmy McGovern, Shaun Duggan, Colette Kane, Nick Leather

Música: Matthew Hall, Stephen Vedmore

Fotografía: Joel Devlin

Reparto: Sean Bean, Anna Friel, Adrian Dunbar, Sam Rintoul, 

De nuevo traemos la propuesta de una serie corta que podemos ver tranquilamente en nuestras casas. Va como preámbulo decir que BROKEN es auténtico cine en cuanto a su producción, temática e intensidad. Estamos ante una muy buena serie de 6 episodios.

BROKEN cuenta la historia del padre Michael Kerrigan, un sacerdote católico del norte de Inglaterra que debe lidiar con sus propios secretos mientras es confidente, consejero y confesor de una comunidad que está luchando para equilibrar su fe con la dura realidad de la vida cotidiana. El padre Michael se involucra especialmente con una madre soltera con tres hijos, con problemas económicos y a la que la tragedia golpea. A la vez que su inmersión en los problemas de su feligresía va en aumento, aumenta también su propio desasosiego porque los propios demonios de su pasado empiezan a aflorar. El padre Kerrigan tendrá que luchar contra la injusticia que padecen sus feligreses y contra la propia injusticia que él padeció y le convirtió también en víctima.

La serie plantea con mucha seriedad el tema del ministerio sacerdotal. La serie muestra que no se hace de sacerdote, se es sacerdote; no se elige la comunidad a la que el sacerdote quiere servir, el cura debe servir a la comunidad a la que es destinado, sea cual sea. Y la comunidad del padre Michael vive una situación de dureza excepcional marcada por la crisis económica. Hay personas que sufren, que viven necesidad, que se sienten solas.  Kerrigan tiene que hacer frente al suicidio, al odio, a la violencia, a la droga, a las trampas a la Administración.

La vida del padre Kerrigan está lejos de los oropeles y fastuosidades de grandes eventos religiosos, su ministerio lo ejerce entre los miserables y excluidos y de esta opción por ellos no se puede quedar indemne.

En tiempos de descrédito de lo religioso, BROKEN se alza como un film de una hondura y espiritualidad extraordinarias. El ministerio sacerdotal está dibujado con trazos finos y exquisita mirada. Kerrigan es presentado, no como un asistente social, sino como un sacerdote encarnado en una realidad crucificada. Las dudas, los dilemas morales estarán permanentemente presentes en su vida, pero no le detendrán en modo alguno. Cuando preside las celebraciones litúrgicas, el dolor y la esperanza en Cristo se hacen presentes en medio del dolor. Las palabras “…este es mi cuerpo que será entregado por vosotros… esta es mi sangre que será derramada…” cobran una fuerza sobrecogedora en sus labios.

Kerrigan se abaja, se crucifica con su pueblo, sufre y llora con ellos, su vocación experimenta crisis, pero espera ser redimido al lado de los pobres.

La serie no escatima los temas escabrosos; la pederastia de algunos sacerdotes, la inoperancia policial, la inhumanidad del capitalismo, la doble moral… muchos temas van apareciendo siendo tratados con honestidad y seriedad.

La banda sonora es estupenda; la fotografía retrata unos barrios carentes de expectativas, las actuaciones son más que convincentes. Sean Bean está absolutamente inmenso dando vida al padre Kerrigan.

Una serie, pues, extraordinaria. Nunca una serie había presentado la figura del sacerdote de una manera tan profunda.

Para ver, para reflexionar, para rezar. Imprescindible.

Para hablar en grupo.

  • Comentad la amistad con el sacerdote consejero. ¿tenemos nosotros guías espirituales a los que acudir asiduamente?
  • Hablad del símbolo de la vela encendida en cada encuentro.
  • Explicad la extraordinaria escena de la comunión final. ¿qué podrá significar “¿Amén, padre maravilloso” ?, ¿Qué ha conseguido el sacerdote?

JOSAN MONTULL

West side story

Coreografía de un barrio: WEST SIDE STORY

País: USA 2021

Dirección: Steven Spielberg

Guión: Tony Kushner. Libro: Arthur Laurents. 

Musical: Jerome Robbins

Música: Leonard Bernstein

Fotografía: Janusz Kaminski

Reparto: Rachel Zegler, Ansel Elgort, David Alvarez, Ariana DeBose, Rita Moreno, Mike Faist, Josh Andrés Rivera, Corey Stoll, Brian d’Arcy James, Maddie Ziegler, Ana Isabelle, Reginald L. Barnes, Jamila Velazquez.

Los géneros que ha tocado el maestro Spielberg han sido muy variados. La aventura, el bélico, la animación, la historia, la fantasía, la ciencia ficción, el terror, el policiaco… Y en todos los géneros ha hecho obras magníficas, y hasta maestras, que no han dejado indiferente al espectador.

Le tocaba explorar el musical y los ha hecho volviendo al clásico del mismo título que en 1961 y dirigido por Robert Wise y Jerome Robbins, ganó 10 óscars, incluido el de mejor película. Ambas películas están inspiradas en un musical para el teatro que se había estrenado en 1957.

La historia es una moderna versión de «Romeo y Julieta». En el West Side de Nueva York, un barrio marginal en 1950, se disputan la hegemonía dos bandas callejeras: los «sharks», puertorriqueños, y los «jets», de ascendencia europea. El jefe de los primeros es Bernardo, que vive con su novia Anita y su hermana María, que acaba de llegar a Nueva York. Una noche, en un baile, coinciden los dos grupos, María y Tony (cada uno de una banda) se enamoran perdidamente y se desencadena una violenta pelea en la que morirán varios chavales.

En un hermoso plano secuencia, el film comienza describiendo pormenorizadamente cómo es el West Side. La cámara va descendiendo y muestra un barrio pobre, en remodelación, donde las grúas van tirando las casas para hacer una zona más lujosa. La cámara enfoca a los jets, que hacen de la calle su propio territorio hasta que aparecen los latinos que disputan a su vez metros de ese ruinoso barrio. El enfrentamiento está servido hasta que los policías, tolerantes y pacientes, aparecen para apaciguar los ánimos.

La ruina del barrio es semejante a la ruina moral de los muchachos. Con pocas expectativas de futuro, su diversión favorita son las peleas con los distintos. Todos tienen algo en común, son pobres y marginados, pero la agresividad con el diferente da sentido a vidas vacías. Lógicamente, cuando surge el amor interracial, estalla el desconcierto porque el amor dinamita el sentido de la vida que hasta entonces tienen los jóvenes.

La historia está narrada con una agilidad tremenda. Los numerosos musicales son vibrantes y vigorosos. Spielberg coloca la cámara en medio de los bailarines y las coreografías tienen así una fuerza extraordinaria, con una puesta en escena deslumbrante. La calle se convierte en lugar donde el baile estalla con fuerza e implica a los viandantes, algunas veces niños, a participar de él. La fotografía y el tratamiento del color son magistrales.

A diferencia de la obra de Wise, los propios actores y actrices cantan con sus propias voces y no son en ningún momento doblados, lo que da a la obra una mayor veracidad. Los actores que interpretan a la banda portorriqueña son auténticos latinos y aparecen en el film hablando con su peculiar acento, aportando verosimilitud a la película. Spielberg se permite homenajear a su filme predecesor incluyendo una de las actrices que intervino hace 60 años, Rita Moreno. En la actualidad tiene 90 años. La actriz interpreta aquí a la anciana Valentina, que cuida, educa y protege a Toni. Portorriqueña viuda de un norteamericano, aboga por el mestizaje y la relación entre culturas como forma de vida. En una escena hermosísima, después del intento de violación que sufre Anita, se encara con los agresores y les dice con vigor “Hacéis de este mundo una basura”. Luego mira su idílica fotografía con su esposo, sueño de un futuro de tolerancia que no ha llegado.

Los actores son convincentes y naturales. Destaca la debutante Raquel Zegler, con una belleza y una sencillez cautivadoras, bien secundada por Ansel Elgort, David Álvarez, Ariana DeBose. Brilla con luz propia la veteranísima Rita Moreno.

El trágico final resulta conmovedor. Sharks y jets toman a hombros el cadáver de Tony. Tras el improvisado cortejo fúnebre callejero, caminan apesadumbrados Chino, que ha acabado con la vida de Tony y Valentina, que recoge del suelo la pistola asesina y acompaña, como siempre lo ha hecho, a esos chavales descarriados que han crecido sin acompañantes. Suenan las sirenas y llegan los coches de policía mientras la cámara se va alejando de ese barrio en ruinas donde los jóvenes crecen sin expectativas, pero que se han unido para llevar a hombros a un chico muerto, porque es un muerto de todos.

La banda sonora de Bernstein es una obra maestra. A pesar de los años que tiene, sus notas y canciones son conocidas por todos y forman parte de nuestro patrimonio sonoro.

Muchos se han preguntado si la obra de Wise necesitaba un remake e, inevitablemente, han surgido las comparaciones entre las dos versiones, distantes la una de la otra en varias décadas.  Pero la historia es tan vieja como trágicamente actual. Las bandas, el machismo, la identidad sexual, el racismo, el sinsentido de la violencia, la inoperatividad de la autoridad, los sueños de prosperidad, temas tristemente vigentes …van apareciendo en la pantalla con una fuerza extraordinaria.

Cuando muchas de nuestras calles se están convirtiendo en campos de batalla de jóvenes desnortados, el amor se manifiesta como la única fuerza que puede cambiar la historia.

Cine cien por cien. Con una potencia visual y dramática excelente. Spielberg no podía defraudar y con esta revisión de un clásico ha hecho otro clásico. Este “West side story” es así un film inolvidable.

JOSAN MONTULL

Hijos del sol

Vulnerables hijos de Dios: HIJOS DEL SOL 

Irán 2020. 

Dirección: Majid Majidi 

Guion: Nima Javidi, Majid Majidi 

Música: Ramin Kousha 

Fotografía: Houman Behmanesh 

Reparto: Roohollah Zamani, Shamila Shirzad, Ali Nassirian, Mohammad Javad Ezzati, Tannaz Tabatabayi, Safar Mohammadi, Ali Ghabeshi, Abolfazl Shirzad.

   

Hay en el cineasta iraní Majid Majidi un especial talento para contar historias de niños y niñas que son víctimas de situaciones injustas provocadas por los adultos. Son películas sencillas y hermosas que hacen pensar y que tratan con un respeto infinito las vidas de los más vulnerables. 

Tal es la historia que presenta en su film “Hijos del sol”. Alí, un niño de 12 años, y sus tres amigos, trabajan para sobrevivir y ayudar a sus familias haciendo trabajos en un garaje y cometiendo pequeños delitos para conseguir dinero rápido. Estos niños viven unidos por la amistad y la pobreza: un refugiado afgano, dos hijos de toxicómanos, un huérfano que perdió a su padre víctima de la droga, todos se mueven como pez en el agua en un ambiente de ilegalidad, marginación y amistad. En un milagroso giro de los acontecimientos, Alí recibe el encargo de encontrar un tesoro oculto bajo tierra. Para ello recluta a sus amigos, pero antes de empezar la misión deben matricularse en la Escuela del Sol, una institución caritativa que intenta educar a niños sin hogar y que está ubicada cerca de donde se halla el tesoro.  

A partir de ese momento, y con una fotografía excelente, el film transita tres escenarios: los angustiosos subterráneos por los que van escavando y avanzando las criaturas, la escuela en la que se les intenta educar en medio de muchas dificultades y en donde encuentran la amistad y comprensión de algún docente, y las calles y ambientes miserables en donde deben sobrevivir. 

La aventura está servida y la película interesa al espectador desde un primer momento mientras dosifica sabiamente escenas de acción, de reflexión y de drama. Es absolutamente admirable la dirección de actores. Los niños protagonistas se mueven con una formidable soltura en la pantalla y son capaces de manifestar con naturalidad, el miedo, la violencia, el cariño y la fidelidad en medio de la miseria. 

La película comienza con un crédito que recuerda que hay más de ciento cincuenta millones de menores obligados a trabajar ilegalmente en el mundo. Tras un fundido en negro en la pantalla aparece una invocación: “En el nombre de Dios”. Así, de esa manera tan clara, el director denuncia la explotación infantil y manifiesta su fidelidad a Dios, en nombre del que realiza su film. Es, pues, una obra de denuncia hecha desde la fe. El final es realmente sorprendente y Majidi cierra la película con un abierto mensaje simbólico que invita a la reflexión. 

Dura y hermosa, apasionante y dolorosa, “Hijos del sol” es una estupenda película para todos aquellos que sean sensibles a la esclavitud infantil y amen la educación. 

JOSAN MONTULL