MARADONA

Se nos fue Maradona. Y digo “se nos fue” porque incluso los profanos del fútbol hemos visto cómo su muerte se convertía en un acontecimiento mediático sin precedentes que ha llenado horas y horas de diversos noticiarios. Por otra parte, la pasión futbolística argentina se desató en un funeral que acabó como el rosario de la aurora con incidentes, broncas, peleas, cargas policiales y hasta un intento de invasión de la Casa Rosada. 

Y es que el cuerpo de Maradona estaba allí, en la sede de la soberanía popular argentina. El que era considerado como un dios tuvo que ser trasladado a otra estancia más segura, dada la histeria de la masa que esperaba rendir pleitesía al cadáver del astro. 

También en Nápoles la hinchada salió a la calle y pidió que su estadio llevara el nombre del fallecido.  Deportistas del mundo entero se mostraban solidarios con la muerte del futbolista, incluso presidentes de varios gobiernos –el nuestro, por ejemplo- comunicaron su pesar públicamente. En muchos estadios de fútbol se hizo un minuto de silencio y los jugadores salieron al terreno de juego luciendo el 10 en su camiseta homenajeando así al futbolista. 

Vistas, así las cosas, esta manifestación de pésame me parece una exageración, una auténtica desmesura. Pero, como he dicho, soy un profano futbolístico que no experimento ningún interés por este deporte. 

Lo que sí me inquieta es que se haya convertido a este hombre en una leyenda, un héroe, un ídolo a cuyos encantos se han rendido masas, artistas y políticos. Y me inquieta porque la vida de esta persona no ha sido precisamente modélica.  

El primer anuncio que se hizo contra las drogas en nuestro país lo hizo él. En pantalla aparecían unos niños jugando a fútbol en la playa. Para sorpresa de las criaturas se les unía Maradona. Después de meter un gol, el futbolista miraba a la cámara y decía “Si te ofrecen drogas, simplemente di no”. Este profeta de la autenticidad de aquel tiempo tardó poco en hundirse en la droga.  

La adición a las más variadas sustancias le llevó a peleas, a escándalos, a constantes problemas familiares con infidelidades permanentes, a varios hijos reconocidos de diversas mujeres, a denuncias por malos tratos a algunas de sus parejas e incluso a una agresión a una hija. En muchas ocasiones se presentó públicamente ante autoridades públicas con signos tremendos de embriaguez y de estar bajo los efectos de las drogas. Concedió muchas entrevistas drogado o borracho. Se codeó con dictadores y con narcos a los que apoyó con su fama y les ayudó a auparse.  

Lo cierto es que no pudo con la fama. El dinero le convirtió en un extravagante, déspota y caprichoso millonario que se arruinó en varias ocasiones. Maradona destrozó al pibe Diego Armando y su vida fue humanamente un desastre. 

Así que esta aflicción exagerada no sólo me parece desmedida sino también vergonzosa. Un buen deportista debe ser un referente ético para niños y jóvenes. Las miradas de muchas personas están puestas en ellos, no sólo en sus gestas deportivas sino también en los avatares de su vida. Por eso es tan importante que quienes son admirados en el terreno público sean modelos en su vida privada.  

La vida extradeportiva de Maradona no ha sido precisamente edificante ni modélica. Sorprende este culto a la personalidad de quien fue un genio del balón que ganó tantos encuentros, pero perdió el partido de su vida. Y perdió por goleada. 

Desde hace muchos años he luchado desde la educación contra la droga, he acompañado a muchos jóvenes toxicómanos que se han destrozado a sí mismos a la vez que hacían daño a sus seres más queridos, he trabajado junto con muchos educadores y educadoras para proporcionar a los adolescentes cultura, diversión y actividades que les hicieran crecer en valores humanos profundos para ser libres. Deportistas como Nadal o Gasol, por ejemplo, se han convertido en referentes cuyas actitudes nos ayudan a los educadores. 

Disculpen, pues, que no me sume a estas parafernalias luctuosas y que manifieste mi desaprobación por el aplauso que se le brinda a una persona que ha sido un futbolista genial pero un ciudadano impresentable.  

JOSAN MONTULL 

INVOCAR, PROVOCAR, CONVOCAR

El tema vocacional siempre ha estado muy presente en la Iglesia. La actual crisis de vocaciones religiosas ha llevado a que la comunidad cristiana se pregunte desconcertada qué está haciendo mal y en qué se ha equivocado.

Ciertamente los tiempos no son nada fáciles. En una cultura postmoderna y líquida no es fácil que los jóvenes se planteen el sentido de sus vidas. Los mismos programas educativos europeos han escatimado la dimensión espiritual de las llamadas competencias básicas, dando por supuesto que hay que formar personas prácticas, políglotas, con habilidades digitales y poco reflexivas.

Hacer que los jóvenes descubran el sentido de sus vidas es lo mismo que animarles a que reflexionen sobre a qué son llamados para dar lo mejor de sí mismos. En los jóvenes cristianos hay una urgencia de la experiencia de búsqueda para discernir qué es lo que Dios quiere de ellos para que sean plenamente felices.

Ésta es una llamada importante para los educadores. A nosotros nos toca ser servidores que animen a los jóvenes a hacer su propio proyecto de vida teniendo a Jesús de Nazaret como centro.

Es necesario, pues, invocar al Dios que nos llama. De entrada, a los animadores de la fe nos toca ser hombres y mujeres orantes, que invocamos a Dios y lo tenemos permanentemente en nuestro horizonte. No podremos comunicar nada que no vivamos. La invocación al Espíritu de Jesús debe ser una característica del animador vocacional. Se nos pide ser personas profundas, orantes, de Espíritu.

Sólo así nuestra vida podrá ser una provocación. Nos toca también provocar, ir a contracorriente de un mundo que, con frecuencia, excluye a los pobres y menosprecia a los débiles. Nuestras comunidades cristianas deber ser una profecía de fraternidad y misericordia. La ternura, la pobreza, la entrega, el compromiso por los oprimidos deben marcar el ritmo de las comunidades. Nuestra vida como animadores vocacionales debe ser tan comprometida que sea una provocación valiente en un mundo que esconde el amor. Nuestras presencias de Iglesia deben ser testimoniales e incómodas en medio de una sociedad que se ha arrodillado ente el dinero y ha arrinconado la interioridad.

Por último, creo que es desde esa invocación y esa provocación, desde donde tenemos que convocar. Dios llama, lo ha hecho a lo largo de toda la Historia de la Salvación. Los grandes personajes veterotestamentarios se sintieron llamados por un Dios que les cambiaba los planes y les comprometía. En el Nuevo Testamento, María de Nazaret, Isabel, Juan Bautista…escudriñaron la Historia para descubrir la llamada de Dios y vivir su vocación. También Jesús llamó a muchos para seguirle. La llamada de Jesús es siempre una propuesta, nunca una imposición.

Nosotros tenemos que ser hoy instrumentos de esa propuesta. Es necesario convocar con nuestras palabras, nuestra vida y nuestro testimonio. Son muchos los jóvenes que, acompañados desde el afecto y la autenticidad por personas concretas y por una comunidad, pueden descubrir esa llamada. No se trata de algo excepcional y extraño. Hay que dar pasos para ir creando una cultura vocacional que normalice la propuesta y la respuesta.

Por todo esto y por la actualidad del tema, sugiero la lectura del libro de Jorge Juan Reyes “10 preguntas para comprender hoy la animación vocacional”. Desde la reflexión teológica y las sugerencias pastorales, el autor hace una exhaustiva reflexión sobre la animación vocacional.

Gracias, Jorge, por este libro cuya lectura invita a invocar, provocar y convocar. Gracias por este libro que nos anima a seguir siendo servidores de los jóvenes.

JOSAN MONTULL

Para seguir la presentación en el canal de Salesianos SMX haz click en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/user/SalesianosSMX

EDUCADORES EN LA PANTALLA

Una de las aficiones que más ha marcado mi vida es el cine. Desde niño me sentía hechizado cada vez que me sentaba ante una pantalla y veía desfilar ante mis ojos universos de fascinación y sentido con los que aprendí a soñar, a reír y a disfrutar de la diversión, a la vez que reflexionaba sobre la grandeza y la miseria de la persona a través de las grandes historias, espectaculares o mínimas, en las que los seres humanos se convertían en auténticos protagonistas. El cine me ha ayudado a comprender más el misterio humano y a acercarme al Misterio de Dios. Para muestra de lo que digo, este blog es un ejemplo.

Ha habido tres películas recientes que tratan sobre educación y me han ayudado a reflexionar sobre mi vida y mi compromiso educativo. Son películas pequeñas, desiguales en calidad, pero interesantes las tres.

La primera es FAMILIA AL INSTANTE (de Sean Anders. USA 2018). El film cuenta la historia de Pete y Ellie, una joven pareja que no pueden tener hijos y deciden compartir su felicidad adoptando a Juan, Lita y Lizzy, tres niños de entre cuatro y catorce años) que son hermanos entre sí. Junto a la alegría y la satisfacción que comporta la acogida de los tres críos, también comienzan muchos berrinches, portazos, cenas accidentadas, responsabilidades desbordantes y … sobre todo, una gran familia. La hasta entonces vida sosegada y ordenada del matrimonio se convierte poco a poco en un caos.

Pero después de haber sorteado mil dificultades humanas, familiares y legales, y ante todos los que desaconsejan al joven matrimonio que se queden con los niños, el improvisado padre dice “Amar es difícil, pero merece la pena porque la recompensa es extraordinaria”.

La segunda peli es MALA HIERBA (dirigida por Kheiron, un artista libanés refugiado. Francia 2018). El film nos habla de un estafador de poca monta con un pasado difícil que hace pequeños robos con su madre adoptiva y, para esquivar una denuncia, tiene que hacerse cargo de un grupo de estudiantes problemáticos, con fracaso escolar y conductas asociales. Esa relación va a cambiar a todo, a los chicos y a sí mismo. El improvisado educador tendrá que utilizar sus ardides de embaucador y trilero para sobrevivir entre los jóvenes que se le han encomendado. Cuando el joven pícaro protesta por tener que encontrarse con jóvenes tan difíciles, el director del proyecto le diceUn chico problemático es un chico que tiene problemas”.

Y la tercera es ESPECIALES (de Olivier NakacheEric Toledano. Francia 2019). Ésta es la última que pude ver, antes de la pandemia, en una sala comercial. La película narra las vicisitudes de Bruno y Malik dos amigos, un judío y un musulmán, fieles cada uno a su propia concepción religiosa, que durante veinte años han vivido en un mundo diferente: el de los niños y adolescentes autistas. Ambos lideran dos organizaciones sin ánimo de lucro y forman a jóvenes con dificultades sociales para que sean cuidadores de casos extremos de autismo. Cada vez que a Bruno le presentan un caso imposible, el de algún joven trastornado, disruptivo, ensimismado en su autismo que lleva a la desesperación de su familia y de la Administración, se queda en silencio unos segundos mientras piensa y termina diciendo Encontraré una solución”.

Las tres películas abordan la temática de educación en casos límite y las tres cuentan historias reales. Los protagonistas auténticos aparecen al final, incluso en “Especiales”, varios de los actores son destinatarios de los proyectos.

En estos tiempos de pandemia, de distanciamiento social y de prevención ante la relación; en estos tiempos en los que los educadores nos replanteamos cómo volveremos a ser lo que somos, cómo podremos volver a las Escuelas, a los Centros Educativos para –respetando las normas sanitarias- educar para la relación, compartir la vida en grupo y afrontar el conflicto de la convivencia, en estos tiempos en los que la nueva normalidad se nos presenta con muchos interrogantes, estas películas me han ayudado a reflexionar sobre mi papel de educador que -además- es creyente.

Constatamos que la educación no es fácil, nunca lo ha sido. A veces no sabemos cómo avanzar con chicos y chicas difíciles que ponen a prueba nuestra paciencia y parece que nos abocan al fracaso. Nos es más fácil creer en Dios que creer en los jóvenes más desajustados y vulnerables que la Historia nos pone delante. Los cristianos, que festejamos la resurrección, no tenemos a veces una mirada tan llena de esperanza en la vida de algunos jóvenes.  Es ahí donde, afianzando nuestra convicción, podemos afirmar que, como se dice en el film MALA HIERBA, “Un chico problemático es un chico que tiene problemas”; creemos que, como afirma el padre de FAMILIA AL INSTANTE, Amar es difícil, pero merece la pena porque la recompensa es extraordinaria. Y cuando estamos a punto de tirar la toalla tenemos que hacer nuestra la frase “Encontraré una solución” de Bruno en ESPECIALES.

Ser, como en mi caso, un educador cristiano no es sólo creer en Cristo resucitado… es también creer que, en cada joven, por más desajustado que esté, hay más vida que muerte, más futuro que desastre. La educación no es sólo una estrategia pedagógica… es una cuestión de fe y, por tanto, una cuestión de amor.

Qué maravilloso es sentarte ante una pantalla y embelesarte ante historias humanas que nos animan a ser mejores personas. Las enseñanzas de las buenas películas nos pueden ayudar incluso a ser educadores de cine.

JOSAN MONTULL

NOS QUEDA LA PALABRA

Por más que al empezar este 2020 hubiésemos imaginado situaciones diversas que afrontar, nunca hubiéramos pensando un escenario pandémico con listas de fallecidos, hospitales de campaña, militares en nuestras calles, morgues improvisadas, y nuestras vidas confinadas entre las paredes domésticas. Jamás hubiéramos intuido, con la prepotencia que nos caracterizaba, que nos íbamos a experimentar tan frágiles y aturdidos.

Tiempos difíciles, sí, los que nos están tocando y de los que estamos aprendiendo.

Entre las muchas enseñanzas que esta crisis sanitaria nos está dejando es una que habíamos olvidado: que todos nos necesitamos. Sí, todos. Somos imprescindibles todos.

Habíamos olvidado a nuestros abuelos y tan apenas se hablaba de ellos. Ahora nos hemos dado cuenta que necesitamos las Residencias de ancianos y a las personas que les atienden bien. Qué injusto ha sido el trato que muchos medios han dispensado a los trabajadores de estas Residencias… parece que sólo se habla de ellos ahora. Pero la realidad es que han sido ignorados durante mucho tiempo. Necesitamos cuidar a los cuidadores de nuestros ancianos.

Habíamos asistido al olvido de las familias, habíamos visto cómo se hacía espectáculo permanente de la infidelidad y el desamor. Habíamos escuchado que los niños eran del Estado Pero ahora han sido las familias las que se están desviviendo por sus hijos, por confinarse desde el amor. A pesar de las dificultades existentes, han sido las familias las que han tenido que convertirse en escuelas improvisadas para acompañar y estimular el aprendizaje de los hijos e hijas. Necesitamos protección para las familias.

Habíamos idealizado a los famosos, llevábamos en volandas a los deportistas enriquecidos y a los artistas excéntricos. Pero ahora descubrimos que hay otros héroes cotidianos que ayudan a vivir: profesionales de la sanidad, de la investigación, de la información… también de la cultura, de la informática, del arte, del deporte, de la música, de las tablas, de la magia, del baile …

Habíamos visto cómo muchos de nuestros jóvenes intelectuales tenían que irse de España para estudiar. Ahora vemos que necesitamos científicos para investigar y combatir la enfermedad y el sufrimiento.

Habíamos insultado e injuriado a los militares y a los profesionales, nacionales o autonómicos, de la seguridad, y ahora constatamos que necesitamos un ejército y unas fuerzas de seguridad democráticas al servicio de la convivencia y la paz.

Habíamos despreciado la espiritualidad y la mística, relegándola a lo pasado y caduco, y ahora vemos que necesitamos filósofos, religiosos y religiosas, que ayuden a dar sentido a la vida, a la fragilidad y a la muerte, que animen la solidaridad con todos y se esfuercen por tender puentes entre distintos credos.

Habíamos olvidado tantos oficios nobles considerándolos con poco “pedigrí”. Hasta hace muy poco la Formación Profesional había sido denostada en nuestro país y el acceso a la Universidad era algo casi obligatorio, aunque no hubiera ninguna vocación universitaria en muchos de los que accedían. Y ahora vemos lo importantes que son los trabajadores en las tiendas, en la reposición de productos, en el transporte, en los servicios funerarios, en la construcción, en las fábricas, en los bares, en las cocinas, en la limpieza, en las panaderías, en el campo…

Nos necesitamos. Todos nos necesitamos, pero creo que la clave del futuro para una auténtica regeneración moral va a estar fundamentalmente en dos colectivos en torno a los cuales tienen que pivotar muchas cosas: la política y la educación.

Hoy más que nunca necesitamos políticos que estén dispuestos a posponer sus ideologías de partido y a darse la mano con los adversarios para trabajar unidos por el pueblo sufriente. No necesitamos siglas, necesitamos hombres y mujeres que, con una conducta moral intachable, dejen de criticarse, abandonen las recriminaciones, y se pongan a trabajar juntos. Les hemos votado para construir la concordia, necesitamos que hablen, que dialoguen, que se sienten de tú a tú, que se sonrían, que imaginen el futuro. Necesitamos políticos que sean los profesionales de la palabra, del entendimiento y del acuerdo. Que sean servidores de la unidad y del bien común. Necesitamos, hoy más que nunca, a los políticos.

Y necesitamos a los educadores y enseñantes. Hoy urge una restauración ética de la convivencia. Nuestros niños y jóvenes van a necesitar soportes íntegros que les ayuden a madurar en una sociedad más cambiante que nunca. En todo este tiempo de incertidumbre, los educadores y educadoras se han convertido en piezas extraordinarias de construcción de sociedad. Necesitamos docentes que, alejados de la cansina diatriba entre pública y concertada, entre religiosa y laica…hagan de la Escuela un espacio de cultura, de aprendizaje de la convivencia y el diálogo, de profundización en la interioridad y la justicia…de recuperación social. Necesitamos docentes que sean testigos con su vida de la sociedad justa a la que aspiramos. Habrá, pues, que mimar las escuelas, habrá que proteger a nuestros docentes para volver a empezar todos juntos.

Parece que vamos a iniciar un tiempo nuevo. Tiene que ser éste el tiempo de la palabra, del ejercicio y del aprendizaje de la misma. Sólo el uso constructivo de la palabra nos hará ser mejores.

Hagamos nuestros los versos de Blas de Otero, porque también necesitamos poetas:

Si he sufrido la sed, el hambre,
Todo lo que era mío y resultó ser nada.

Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria.
Si abrí los labios hasta desgarrármelos,
Me queda la palabra.

…Pido la paz y la palabra porque espero y creo
que necesariamente todos vamos a entendernos.

Políticos, educadores, todos juntos…estamos ahora urgidos a hacer realidad el poema.

El futuro ya ha comenzado.

JOSAN MONTULL