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CARTA A WILLY TOLEDO

CARTA A WILLY TOLEDO

Amigo Willy:

No sé si en alguna ocasión podrás leer esta carta. La leerán, eso sí, personas que andan estos días siguiendo noticias de tu vida por el tema de las famosas blasfemias escritas en una red social y repetidas hasta la saciedad en varios medios de comunicación. Esas blasfemias te han traído y llevado por juzgados e incluso te han hecho pasado una noche en un calabozo. El motivo de mi carta es, precisamente, hacerte partícipe de mi reflexión sobre esas blasfemias en las que tú menosprecias a Dios y a la Virgen del Pilar de una manera muy estridente.
Te escribo como cinéfilo, como cristiano y como educador.
Como cinéfilo quiero decirte que conocí tu talento en “El otro lado de la cama”. ¡Cómo me hizo reír la comedia de Emilio Martínez Lázaro! Me pareció sensacional. Junto con tus amigos Ernesto Alterio, y Alberto Sanjuan hicisteis una película simpática que provocó en mí una empatía con tu capacidad para hacer reír.
Años después te vi en “Diamantes negros” y me impresionó tu excelente actuación con un registro dramático en el que, bajo la batuta de Miguel Alcantud, hicisteis una película en la que denunciabais la explotación que el mundo del fútbol lleva a cabo con menores africanos.
Así que, como actor, tienes de verdad mi admiración.

Como cristiano, tus blasfemias me resultan llamativas, sorprendentes. Por una parte, los cristianos pensamos que a Dios no se le ofende insultándole, la gran ofensa a Dios es el maltrato de los seres humanos, que en la cultura judeocristiana creemos que somos su imagen. Es cierto, el maltrato a los hombres y mujeres, la explotación, la guerra, el hambre, la injusticia, la pobreza…son la gran ofensa a Dios. Cuando se ha explotado al pobre en su nombre, se produce una auténtica perversión; cuando se ha explotado en nombre del ateísmo, se da también una indecencia brutal.
Se ha tomado muchas veces el nombre de Dios en vano, para matar en su nombre y para matar en contra de su nombre. Por eso creo que los muros, la existencia de la pobreza, el hambre, la opresión de los países pobres son una auténtica blasfemia, mucho más que tus palabras.
Cristianos, judíos, musulmanes y no creyentes podemos trabajar juntos (y de hecho lo hacemos en muchas partes) para defender la dignidad humana y para luchar contra la injusticia. Es la opresión del pobre, no la blasfemia verbal, lo que de verdad va en contra de Dios.
Sobre el dogma de la virginidad de María poco tengo que decirte; es una cuestión teológica, que no física que, supongo, no entenderás y no entraré en ello. Hay en la Biblia, en el Corán, en los Vedas, en esos libros extraordinarios de la literatura universal, nacimientos en circunstancias extrañas, vírgenes embarazadas, mujeres estériles que dan a luz…pero todo eso es un lenguaje que hay que conocer y estudiar para poderlo entender, y dudo que tú lo hayas estudiado.
Creo, eso sí, que esas expresiones de las que tú blasonas son reflejo de fanatismo antirreligioso; y el fanatismo siempre es malo porque menosprecia al ser humano y lo instrumentaliza. Durante el pasado siglo en Europa el nazismo y el comunismo tenían en común el ateísmo radical…y ese fanatismo ya ves a qué llevó…entre otras cosas, a que surgieran dictaduras católicas. En la actualidad el fanatismo islamista (que no el islam) ataca sin piedad en nombre de Dios al mundo capitalista (curiosamente al que tú también dices odiar). A Jesús de Nazaret, sin ir más lejos, le mataron, precisamente en nombre de Dios, fanáticos religiosos y, ya ves tú, romanos y judíos –enemigos acérrimos- se pusieron de acuerdo para quitárselo de en medio porque sus palabras y sus actos incomodaban a todos los poderosos.
Así que tengo que decirte que a mi fe cristiana tus blasfemias le traen sin cuidado.

Finalmente quiero hablarte como educador y ahí sí que tengo mucho que decir. Tus reiteradas blasfemias en medios de comunicación y tus exabruptos permanentes sobre Dios y María de Nazaret, lejos de parecerme un ejercicio de libertad de expresión, me parecen de una falta de respeto de libro.
Nadie te dice en qué tienes que creer o dejar de creer. Cuando cualquier religión impone una determinada forma de pensar deja de tener autoridad moral, es cierto; pero en un régimen de libertades, donde nadie te obliga a creer en nada, burlarse de las convicciones de unas personas, cagarse en tales creencias y hacer burla sistemática de las mismas, es, ciertamente, un perverso ejercicio de intolerancia.
Tienes derecho a ser ateo, tienes derecho a defender tu ateísmo en público, a razonarlo, a manifestarlo cómo y dónde quieras, pero, así como nadie tiene derecho a cagarse en tu ateísmo y en tus convicciones, tú no lo tienes para hacerlo en la fe de millones de personas.
Quiero recordarte que esa expresión supone un menosprecio a hombres y mujeres que han entregado su vida a la causa de los pobres en nombre de sus convicciones religiosas. Tus expresiones no ofenden a aquellos poderosos o fanáticos que usan el nombre de Dios para oprimir y dominar, tus expresiones ofenden a los pobres que son creyentes en cualquier religión y a aquellos que comparten su vida con ellos. ¿Te imaginas blasfemando a voz en grito en una cola de gente que acude a las Iglesias a recibir comida y ayuda?, ¿te imaginas hacer esto en el Tercer Mundo en donde tantos misioneros cristianos se dejan la piel por la causa de los oprimidos?, ¿te imaginas hacerlo delante de jóvenes voluntarios que dedican su tiempo a la solidaridad inspirados por su fe?, ¿te imaginas blasfemar en presencias religiosas que, casi al margen de la ley, acogen a inmigrantes y refugiados de todos los credos?
Ateísmo no es blasfemar, Willy, eso es menosprecio de las personas. Los ateos de verdad expresan con respeto sus opiniones, colaboran con otras personas, creyentes o no, que luchan por un mundo mejor; buscan con sinceridad la verdad y caminan al lado de aquellos que hacen lo mismo desde otras perspectivas ideológicas.
En todos los países creyentes y no creyentes trabajan juntos por la erradicación de la pobreza, por el restablecimiento de la justicia en donde se ha hurtado. ¿Sabes cuántos voluntarios ateos hay en Caritas, por ejemplo?, ¿sabes cuántos no creyentes hay en organizaciones de la Iglesia echando un cable y desviviéndose?, ¿sabes cuántos cristianos hay en ONGs no religiosas?, ¿sabes en cuántas organizaciones de nuestro país colaboran juntos cristianos, musulmanes y ateos para acoger a los pobres?
Como educador me esfuerzo cada día en transmitir la tolerancia y el respeto a los jóvenes, por eso tus palabras me parezcan lastimosas. Tus blasfemias son un demoledor ejemplo de intransigencia que ofenden a religiosos y ateos que creen en la tolerancia y en el respeto profundo a las creencias.
Los artistas estáis llamados a ser críticos, a modelar la belleza, a transformar el mundo y a hacerlo más humano; tus blasfemias son una contradicción extraordinaria con tu profesión además de un ejercicio de cobardía al ofender los sentimientos de personas que, a lo sumo, te denunciarán.
Al salir de la audiencia el otro día comenzaste gritando “Viva la URSS”. No sé si era un gesto cómico o una bufonada extraña. Se me ocurrió pensar en qué te hubiera pasado en la antigua URSS si hubieras gritado contra el estado, la judicatura y las fuerzas de seguridad, como hiciste al salir del calabozo ante los micros. De lo que sí estoy seguro es que si algún día estás en necesidad, podrás acudir a un centro de la Iglesia…seguro que te acogerán con afecto y profesionalidad, sin preguntarte tus ideales, ni tus militancias.

Amigo Willy, te aseguro que yo no me cago ni en tu ateísmo, ni en tus convicciones, ni en tus sentimientos…pero creo sinceramente que tus palabras son un ejemplo diáfano de lo que no es la libertad de expresión.

No sé si a los jóvenes con los que comparto la vida les tendré que hablar alguna vez de ti. Si lo hago me veré obligado a decir que, así como creo que eres un buen actor, eres un maleducado y un intolerante. Creo, Willy, que en mis clases de Ciudadanía tendría que suspenderte.

Un abrazo.

Josan Montull

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El buen maestro

Cuestión de fe: EL BUEN MAESTRO

Título original: Les grands esprits

Año: 2017

Duración: 106 min.

País: Francia

Dirección; Olivier Ayache-Vidal

Guion: Olivier Ayache-Vidal

(Idea: Ludovic du Clary)

Reparto: Denis Podalydès, Marie-Julie Baup,

Léa Drucker, Pauline Huruguen,

Anne Jacquemin, François Rabette,

Tom Rivoire, Marie Rémond, Zineb Triki

La educación de jóvenes inadaptados ha sido un tema muy recurrente en la Historia del cine. En particular, los cineastas franceses lo han abordado en muchas ocasiones.

El joven director galo, Olivier Ayache-Vidal, debuta exitosamente con el mismo tema dirigiendo “El buen maestro”.

François Foucault es, a sus 50 años, un exigente y prestigioso profesor de literatura en uno de los más importantes liceos de París. En una fiesta de educadores, Foucault critica con dureza a los maestros de los institutos de los suburbios y, casi sin saber cómo, acepta, sin querer, dar clases en un liceo de un barrio conflictivo del extrarradio conflictivo de París.

El choque vital que experimenta es importante. Acostumbrado –como estaba- a jóvenes interesados por aprender y por estudiar una carrera, Foucoult se encuentra con un grupo de chicos y chicas con una extraordinaria desmotivación cuyo único interés al ir a la escuela es entretenerse.

La película, que hubiera podido decantarse por el drama terrible y efectista, mantiene desde el principio un tono esperanzado. Foucoult no es un innovador, se limita a intentar hacer comprender que los lejanos conocimientos de la gramática son muy cercanos a las vidas de los alumnos y tienen mucho que ver con ellos.

Foucoult se convierte así en el buen maestro, no en aquel que imparte enseñanzas sino en aquel que ayuda a que los alumnos crean en sí mismos, reafirmen la autoestima, descubran lo mucho de bueno que tienen y lo pongan a trabajar.

La educación es una cuestión de fe; fe en los jóvenes y en sus posibilidades; fe en que los chavales pueden llegar a creer en sí mismos. Educar viene de la expresión latina ex-ducere: sacar a fuera. En esto se empeña el maestro Foucoult, en animar a que cada alumno saque afuera lo mucho que de bueno tiene dentro.

Para eso, el orden, la disciplina (hoy tan denostados) se manifestarán como medios estupendos para posibilitar la educación, incluso de los marginados.

El novel director sostiene un ritmo entretenido desde las primeras escenas. Todo ocurre muy deprisa, es verdad, el espectador necesariamente tienen que entrar en la propuesta argumental del film.

Si el trato con los chavales no es fácil, peor será el trato con el claustro. Tal vez sea éste el mejor hallazgo de la película. A los jóvenes se les puede cambiar desde el afecto y la exigencia pero con los adultos –que ya han pactado con la propia mediocridad- Foucoult no tendrá tanto éxito, tan sólo una profesora conseguirá la redención desde la entrega a sus alumnos.

La pregunta del director está clara, ¿de quién es la culpa del fracaso escolar…de los jóvenes…de sus familias…de las administraciones…de los claustros…?. El espectador es invitado a responder por sí mismo a esta cuestión.

Con un guion amable, ágil, divertido y humano, con unas interpretaciones creíbles y profundamente humanas, “El buen maestro” se convierte en una excelente película para ser degustada por todas las personas interesadas por la educación y que crean que sigue siendo posible acercarse a los jóvenes, por más desestructurados que estén, para ayudarles a mirar a su interior.

JOSAN MONTUL

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LA CUEVA MÁS HUMANA

LA CUEVA MÁS HUMANA

 

El rescate de la cueva Tham Luang nos ha mantenido a todos en vilo. De repente la atención internacional ha mirado hacia Tailandia mientras parecía que lo propio era seguir el mundial de Fútbol o la estulticia de los fichajes futbolísticos.

El 23 de Junio un grupo de doce niños de entre 11 y 16 años integrantes del equipo de fútbol “Los jabalíes”, acompañados por su entrenador de 25 años desaparecieron en la cordillera Doi Nang Non. Durante días se les dio por desaparecidos. Encontraron las bicicletas de los chavales amarradas a la entrada de la “Cueva de Dama Dormida” inundada por las lluvias torrenciales recientes y comenzó la desesperada búsqueda.

El día 2 de Julio y tras enfrentarse a pasajes estrechos y aguas turbias que impedían la visibilidad, un grupo de buceadores británicos descubrieron al grupo que –subido a una roca que estaba a la entrada de la cueva- se mantenían unidos a la espera de que de las aguas emergiera alguien que pudiera ayudarles. Llevaban 9 días esperando.

Inmediatamente el mundo reaccionó y muchos países enviaron a sus mejores equipos para liberar a los chavales. Comenzaron a drenar agua, hicieron llegar alimentos y bombonas de oxígeno, comenzó una frenética excavación del suelo. Todo parecía indicar que habría que esperar varios meses hasta que se consiguiera sacar el agua de aquellos túneles y las criaturas pudieran salir.

Durante este tiempo su entrenador, antiguo monje budista, iba ayudándoles a meditar y sacar de dentro de sí lo mejor de sí mismos, encontrando fuerzas en aquella situación tan angustiosa.

Desde fuera seguían los trabajos. Cuando los buceadores se sumergían en los túneles, el agua era tan turbia que ni con luces podían ver, tardaban más de seis horas en llegar a la cueva. Parecía casi imposible sacar a los niños entre aquellos angostos túneles de agua turbia.

El 6 de Julio los ingenieros consiguieron poner un abastecimiento de aire que posibilitó la comunicación de los niños con sus padres. Los “jabalíes” escribieron cartas en las que les ponían cuánto les querían y les decían que no se preocuparan; bromeaban diciendo sus familias qué les gustaría comer si estuvieran en casa y a sus maestros, que no les pusieran muchos deberes. El entrenador escribió pidiendo perdón por haber metido imprudentemente a los niños en la cueva, pero desde fuera no recibió más que palabras de perdón y de ánimo: “Entrenador Ake -le decían- realmente le damos las gracias por cuidar a todos los niños y mantenerlos seguros”.

Pero las lluvias volvieron a amenazar y todo se precipitó. Los voluntarios decidieron no esperar más tiempo y jugarse el tipo para sacar con vida a los chavales. En la mañana del 8 de Julio los buzos consiguieron rescatar a los cuatro primeros niños. A la tarde del 10 de Julio todo había concluido con un gran éxito…todos los niños estaban en el Hospital perfectamente sanos. Hubo que lamentar, eso sí, la muerte de un voluntario buceador, Saman Kuman, que falleció asfixiado intentando salvar a los niños.

Resulta impresionante el rescate; toda una hazaña, una lección hermosísima de entrega y solidaridad.

Fueron 1.500 voluntarios de más de una veintena de países los que trabajaron unidos y coordinados. Incluso un multimillonario financió parte de la operación.

Desde el primer momento la entrada de la cueva se convirtió en una ciudad multicultural que albergaba a periodistas, médicos, técnicos, buceadores, ingenieros, familiares y amigos…todos unidos poniendo lo mejor de sí mismos para rescatar a los niños. También había una permanente vigilia de oraciones y meditación. La madrina del entrenador cada día llevaba incienso, frutas y velas para el espíritu de la cueva.

Todos juntos, todos unidos, jugándose la vida, dándose, unidos por las imperiosa y humana necesidad de salvar a unos niños. No importaron los credos, las ideologías, las nacionalidades, las razas, las opciones políticas…lo único que importaba era la vida de los 13 chavales.

La muerte del voluntario Kuman, lejos de amedrentarlos, les hizo retomar conciencia del peligro real que existía…pero el “mártir” les unió a todos y la convicción por buscar a los niños se fue afianzando más y más.

Cuando el 10 de Julio salió el último recatado, todo el equipo se abrazó emocionado y celebraron que –con la ayuda de todos- la vida podía emerger de situaciones tan angustiosas.

“Los jabalíes”, una vez hospitalizados, al enterarse de la muerte de uno de sus salvadores, hicieron por él una oración emocionada y se comprometieron firmemente a ser buenas personas el resto de sus días para homenajear a quien dio la vida por ellos.

Siguiendo una tradición budista, parece que los chavales se afeitarán la cabeza y entrarán un tiempo en un monasterio para pedir que su vida sea bendecida.

Lo que ha ocurrido en la cueva Than Luang es toda una parábola. Hoy, en situaciones oscuras y peligrosas, hay chavales que esperan a adultos que se jueguen el tipo por ellos. Nos necesitan, nos esperan, están desprotegido en medio de un mundo que puede asfixiarles.

No les importa quién es el que va en su búsqueda…nos necesitan a todos.

La educación sigue siendo hoy una búsqueda apasionada y apasionante para rescatar lo mejor de cada niño o niña y hacer que salga a la luz. No en vano, educar viene de ex ducere, sacar a fuera. Hay que hacer que nuestros chavales puedan sacar a fuera lo mucho de bueno que tienen.

No hay que rechazar la espiritualidad, la colaboración de todos, la cooperación de entidades privadas y públicas; no hay que desdeñar ninguna ayuda, todos somos necesarios.

Las peleas políticas por excluir a unos o a otros del marco educativo, los permanentes cambios de planes y de leyes, la falta de un pacto por la educación,  la aburrida y falsa pugna entre la enseñanza privada, pública o concertada, la exclusión de la trascendencia y el pensamiento de los planes, el sempiterno cambio de leyes al albur de quien gobierna…todo eso es absolutamente indecente.

¿Se imaginan a los “jabalíes” esperando a que sus adultos se pusieran de acuerdo para acudir en su salvamento?.

Nos necesitan a todos, a todos. En el mundo de la educación nuestros jóvenes necesitan adultos unidos, independientemente de sus credos personales, para echarse al agua e ir a buscarles.

A los educadores nos toca mojarnos, emprender la aventura apasionante de la educación aun en aguas turbias; sin pretender demostrar quién es el que mejor bucea, siendo capaces de jugarnos el tipo, sabiendo que tras los túneles inundados, el barro y la turbidez del agua hay niños y niñas que están esperando, como los “jabalíes” a que en medio de tanto marasmo, emerjan sus salvadores.

Josan Montull

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CARTA A DIOS ANTE EL AÑO NUEVO

Querido Señor Dios:

Espero que al recibo de ésta estés bien. Yo, bien, gracias a Ti. Tengo ante mí el calendario del año que concluye y el del año que comienza. Antes de terminar este 2017, te escribo estas líneas para darte las gracias por todo lo vivido.

Es cierto que en el año que agoniza hemos visto de todo. Probablemente no hayamos tenido muchos motivos para el optimismo; las divisiones políticas, las rencillas, la manipulación de los jóvenes, la violencia contra las mujeres, los enfrentamientos, la pobreza, las guerras…han ensombrecido el mundo maravilloso que has diseñado para nosotros. Pero también quiero decirte  que los años, que no pasan en balde, me animan a descubrirte diariamente en las cosas más sencillas de nuestra vida.

Cuando despierto, por ejemplo, intento tenerte presente y agradecerte el nuevo día…pero sobre todo en los días de invierno, el sueño es tan profundo que tardo una media hora, más o menos, en tomar conciencia de que estoy despierto. Entonces sí que oirás mi voz (no muy clara a esa hora) que te da las gracias por el amanecer,  por la lluvia, por el frío…y hasta por el sueño.

Como te decía, he aprendido a irte descubriendo en las cosas del vivir cotidiano y así te vislumbro en la fe de las personas mayores, en los ojos de los críos, en las lágrimas de los enfermos, en los que –desde otras confesiones religiosas- te llaman con otros nombres. También te descubro diariamente en la sincera búsqueda de los ateos y los que no te conocen. Te intuyo en la gente generosa que se desvive por los demás, en los profesionales que realizan su trabajo con esmero, en las familias… en la gente, vaya.

Es verdad, Padre, que la naturaleza habla de Ti, pero está tan manida por los deportes de aventura, el esquí, la vela y estas cosas, que tu presencia se me hace más diáfana y transparente en la historia de los hombres y mujeres. Me emociona ver las ganas de vivir que tienen las personas; me parece precioso que la gente sencilla, arrastrando a veces tantos problemas, se lave, se peine, se arregle antes de salir de casa para mostrarse ante los demás de la forma más agradable y presentable posible. Creo que el primer signo matutino de tu presencia es que la gente salga a la calle arreglada, manifestando así respeto hacia sí mismos y los demás y ganas de hacer la vida más grata para todos.

Te descubro en la baraja de los sencillos, en la música, en el teatro y el arte, en el buen vino compartido, en el dolor de la familia que pierde al ser querido, en la ternura del abuelo, en la voz del amigo preso, en las fantasías del que se siente solo, en el maravilloso mundo de la educación, en los amigos, en los hermanos.

También te he descubierto, y qué bien los sabes, en el cine. La pantalla me ha ayudado a lo largo de mi vida a conocerte a través de las historias, las pasiones y las aventuras de tantos seres humanos que se trascienden a sí mismos. Los clásicos me han hablado de ti: Ford, Hawks, Kazan,  Preminguer, Bergman, Wilder, Kubrick, Visconti, Fellini, De Sica Hitchcock han sido lámparas que iluminaban mi mundo en la oscuridad de las salas; también los actuales: Scott, Spielberg, Eastwood, Mann, Coppola, Allen, y tantos otros me han emocionado y divertido y ya forman parte de mi historia; también los nuestros Aranda, Garci, Camus, Almodóvar, Saura, Buñuel, Cuerda, Amenábar, Bollaín, Villaronga, Bayona y estos directores cercanos que nos presentan la grandiosa fragilidad del ser humano en la magia del séptimo arte.

Como salesiano, te descubro en los adolescentes y jóvenes, que andan comiéndose tanto la cabeza, peinándose con elegancia, con pantalones de pitillo y adicionados al móvil,  intentando impresionar, intentando descubrirse, afirmarse, aceptarse y quererse en un mundo en el que el futuro está rodeado de buitres que intentan saquearles su juventud. Aunque me cuesta adaptarme a las exigencias de las cambiantes administraciones educativas, no me cuesta nada descubrirte entre los jóvenes en el mundo de la educación.

Te intuyo en los inmigrantes, en aquellos hijos tuyos que, víctimas de un reparto injusto de la riqueza, han tenido que dejarlo todo para buscar un futuro más digno. Te descubro en los refugiados, en aquellas personas a las que nadie mira y llegan huyendo del horror que hemos creado nosotros mismos. En sus ojos veo los ojos de tu Hijo…en su Historia veo la historia del pequeño Jesús, huyendo de los poderes de su tiempo y siendo extranjero en Egipto. En su muerte veo la cruz.

También, Padre, te descubro en personas que, desde plataformas muy distintas se empeñan en construir un mundo más humano: obreros, voluntarios,  educadores, médicos, periodistas, curas, músicos…te intuyo en los maestros, en los padres y madres, en los abuelos, en todos aquellos que ayudan a hacer crecer la vida.

Y, naturalmente, te encuentro en la Sagrada Escritura, tan vilipendiada, tan olvidada por nuestra cultura reinante y tan apasionante y necesaria.

Te descubro en mis hermanos de comunidad, a los que amo a pesar de las diferencias y con quienes creo que es posible hacer que nuestra vida sea una profecía luminosa.

Celebro tu presencia en la Eucaristía y en los sacramentos por más que los que presidamos tengamos nuestros defectos y nuestras limitaciones como cualquier hijo de vecino.

Lo cierto es que no me es nada difícil creer en Ti. Casi me atrevería a decir que la fe, en mi caso, no tiene mucho mérito. Para mí, creer es como respirar, besar, reír, llorar…vivir.

Por eso en esta carta, antes de empezar el año nuevo, quiero darte las gracias por todas las personas que me han ayudado y me ayudan a amarte. Por mis padres y por tantas personas buenas que me han enseñado a ver el mundo desde el agradecimiento y el compromiso. De una manera especial, te doy las gracias por toda la gente que ha alimentado mi fe a lo largo del año que concluye.

Haz, Padre, a que en el año que ahora empieza sepa ser coherente con mi fe y con lo que escribo; ayúdame a que mis torpes letras se conviertan en testimonio de tu Hijo y clamor rabioso contra la injusticia que permite que a tantos hijos tuyos les arrebaten la dignidad. Ayúdame a esforzarme  para ser testigo de esperanza, de esfuerzo compartido por un futuro más humano y, por tanto, más Tuyo. Hazme coherente con lo que soy.

Espero volver a escribirte pronto. Tus noticias me llegan, como te he dicho, cada día.

Recibe un fuerte abrazo de tu hijo.

Josan Montull

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Wonder

El rostro de la bondad: WONDER

 

 

 

Dirección: Stephen Chbosky

Guion: Steve Conrad,

Jack Thorne (Novela: R.J. Palacio)

Música: Marcelo Zarvos

Fotografía: Don Burgess

Reparto: Jacob Tremblay,

Julia Roberts, Owen Wilson,

Izabela Vidovic, Noah Jupe.

 

El norteamericano Stephen Chomsky, director de la aclamada “Las ventajas de ser un marginado” vuelve a retomar en su nuevo film la temática de las dificultades relacionales de los jóvenes y adapta a novela “Las lecciones de August” de Raquel J. Palacio.

Auggie Pulltman es un niño de 10 años que nació con una malformación facial. Tras ser sometido a 27 intervenciones en su rostro, el niño vive recluido en su casa donde su madre le educa como la mejor de las maestras y el resto de la familia, su padre y su hermana, le cuidan con un cariño particular.

Auggie vive tranquilo y protegido en su ambiente y se encuentra libre y aceptado. Cuando sale de casa, luce y un casco espacial que le evita ser visto con su desgraciado rostro.

Finalmente Auggie tiene que vivir su gran prueba, debe ir al Colegio, tiene que huir de su palacio en el que se siente seguro y aceptar la inseguridad de la relación con los demás en un entorno que presupone va a rechazarle.

La película aparece desde el principio con una gran vocación didáctica. No huye de los estereotipos (los pobres son buenos y honrados, los ricos son malos muy malos, la familia es comprensiva siempre, los profesores son buenos y apoyan sin fisuras la fragilidad de los alumnos…No falta ni tan siquiera el perrito al que toda la familia adora y que cataliza muchos sufrimientos. En ese sentido mucho de los que vemos en “Wonder” es ciertamente previsible.

Pero, a pesar de todo esto, la película se ve muy bien, está muy bien contada, combina admirablemente la tragedia con el humor y, salvo al final, no se escora hacia el sentimentalismo fácil.

Las interpretaciones son ajustadas y contenidas (magnífica Julia Roberts y estupendo el joven protagonista, Jacob Tremblay) y el guion es ágil y atrapa al espectador desde un primer momento.

Claro que el que va a ver esta película sabe que se va a encontrar con una historia moralizante y pedagógica, pero hay una singularidad que me parece que la hace superior a otras películas semejantes. En el film no sólo se nos cuenta la superación de Auggie ante la nueva situación sino la maduración personal de cada una de las personas que se encuentran con el niño y por tanto tienen que afrontar una situación que también es nueva para ellos.

Así, la película va fijándose en los padres del niño, en la hermana, en varios amigos…La película en varios momentos deja de tener a Auggie como protagonista y cede el testigo a estos otros personajes cuya evolución se va mostrando a la par que la convivencia con el niño va creciendo. La hermana fingirá ser hija única para que no la relacionen con él, el mejor amigo de Auggie lo negará en una fiesta de Hallowen en la que todos van disfrazados, las niñas que le rechazan diciendo que tiene la peste se acercarán a comer con él y serán sus amigas…Todos se tienen que posicionar con la nueva relación y van a ir cambiando y creciendo como personas; en ese sentido no sólo se habla de la superación personal de Auggie sino de la maduración de adolescentes cuando acogen al otro tal como es, prescindiendo de sus limitaciones físicas.

No estamos ante un film edulcorado y banal, estamos ante una entrañable película que hace un homenaje a la amistad, la tolerancia, la educación, la familia, la acogida, y la amabilidad. Hoy hay un pudor cobarde a mostrar claramente valores humanos en el cine. Al director Stephen Chomsky esto le trae sin cuidado y nos presenta una película abiertamente moral.

Vivir nos asusta a todos porque las diferencias son a veces muy fuertes, pero tener buen corazón conquista a las personas más difíciles y la amabilidad facilita la convivencia entre los distintos.

“Wonder”, en definitiva, es un canto a la bondad del ser humano, el único ser que puede mirar en profundidad viendo más allá de lo que aparentemente se ve.

Josan Montull