TRINCHERAS DE PAPEL

Me han regalado un libro; sí, así de sencillo, un libro. Quienes me lo han regalado, lo vieron
en una librería, pensaron en mí y me lo compraron. Parace un acto intrascendente, pero
regalar en estos tiempos un libro es regalar un tesoro.
Vivimos agobiados por las prisas, la inmediatez, las redes sociales y los cambios
vertiginosos que nos hurtan el encuentro con nosotros mismos y nos imponen opiniones
banales de todo y de todos.
Por eso un libro es una trinchera intelectual y moral que nos ayuda protegernos de tanto
vacío y nos capacita para combatirlo. Abrir las páginas de una obra literaria es entrar con
calma en nuestro interior para conectar con el autor de esas letras que, una vez
publicadas, dejan de ser exclusivamente suyas para pasar a formar parte del patrimonio
intelectual de quien las lee.
Aventuras, reflexiones, estudios, intrigas, acción…todo está en los libros.
El libro es una fuente de verdad pausada que ayuda a pensar, a imaginar y crear, a dejarse
fascinar y a cuestionar el mundo, elaborando propias conclusiones y creando personales
fantasías.
Leer es regalarse tiempo a uno mismo, lanzarse a la aventura de soñar y dejarse fascinar y
asombrar.
Por eso, leer hoy se convierte en un acto de rebeldía; en un mundo en el que sutilmente se
nos quiere dirigir, manipular y controlar el pensamiento, leer un libro es un acto de rebeldía
y una afirmación de la propia libertad.
Recibirlo de quien te lo ha regalado (que ha tenido la delicadeza de pensar en ti), abrirlo,
acariciar sus páginas, olerlas, ojearlas…y preparar ese momento mágico en el que
empecemos a hacerlo nuestro con su lectura…es toda una liturgia que nos hace más
dignos y humanos.
Queremos ser libres, por eso nos atrincheramos en los libros para ser mejores.
Queremos ser indómitos, por eso resistimos, por eso leemos.

JOSAN MONTULL

SIETE LETRAS

Como quien no quiere la cosa, nos hemos adentrado en el Adviento, este tiempo de esperanza que nos anima a preparar la Navidad. Me atrevo, por tanto, a hacerles una sencilla propuesta. Vayan a un buscador de Internet y pongan la palabra “Navidad” y busquen imágenes. Se encontrarán con dibujos y fotografías de regalos, árboles engalanados, elfos, papá Noel, trineos, renos, luces, muñecos de nieve sonrientes, hogares adornados, calles luminosas, turrones, polvorones, roscones, cava, cestas de comida, diademas con cuernecitos de reno, nieve sintética, gorros, jerséis, estrellas luminosas, plantas y árboles caseros, bastoncitos de caramelo, guantes rojos y blancos, campanillas, bolas brillantes, piñas, muérdago, plantas con flor de Pascua, guirnaldas, billetes de lotería, anuncios de cenas de empresa… pero, sorprendentemente, habrá una ausencia. Hay que buscar muchas imágenes para encontrar al Niño Jesús. Hagan ustedes la prueba.

Están bien todas esas tradiciones… pero sin el pequeño Jesús, todo se nos antoja en pura VANIDAD sin NAVIDAD.

Los cristianos celebramos la irrupción de Dios en la historia, un Dios que se hace humano; por eso todo lo auténticamente humano es de Dios, porque Dios se ha hecho un recién nacido. Esa es la gran NOVEDAD. Para nosotros, todas esas fiestas sin Jesús, son vacías.

Eso tiene para nosotros una descomunal consecuencia: si Dios se hace humano…tenemos que descubrir a Dios en todo lo humano, y de manera particular, en todo lo frágil. Es decir, que en la solidaridad, el amor, el perdón, la fiesta y la ternura, independientemente de cuál sea el credo que lo firme, nos encontramos con el Misterio de un Dios que –para darse a entender- se ha hecho, ser humano.

El brillo de tanta luz y tanto festejo puede hacer que no veamos que cerca de nosotros hay seres humanos que, como el pequeño Jesús, se refugian en los márgenes de la sociedad buscando una vida digna. Son los pobres, los excluidos, los marginados. Así como el pequeño Jesús nació en un establo, sólo podemos descubrir el Misterio de Dios poniendo nuestros ojos en los que malviven a nuestro lado, privados de los lujos navideños. No por casualidad, también allí nos encontramos a hombres y mujeres que, lejos de la superficial VANIDAD, DAN VIDA desde la solidaridad a los que sufren.

Y es que, sólo dando vida nos encontraremos con el pálpito de un recién nacido en los márgenes de la Historia que viene a nuestro encuentro para darnos una luz profunda y auténtica.

Son sólo siete letras. Reordenémoslas para vivir con autenticidad y fiesta el nacimiento de Jesús, el gran ausente de la Navidad.

Ánimo, maldita VANIDAD

acompañemos a los que DAN VIDA.

FELIZ NOVEDAD.

FELIZ NAVIDAD.

Josan Montull

La cicatriz de Belén” de Banksy en Cisjordania: el pesebre navideño amurallado

Te protegerán mis alas

Rodar con el corazón: TE PROTEGERÁN MIS ALAS

Dirección: Antonio Cuadri (España 2025).

Reparto: Ibrahima Kone, Nacho López, Alejo Sauras, Daniel Ortiz.

Guión: Claudio Crespo, Antonio Cuadri, Pedro Delgado, Isabel de Azcarraga

a partir de una novela de José Miguel Nuñez.

Música: Jesús Calderón.

Fotografía: Jorge L. Rodríguez Azogue.

Hay películas tan grandiosas como vacías; otras son emotivas porque un presupuesto extraordinario y una producción fabulosa; otras películas tocan el corazón desde la sencillez y la humildad por la fuerza de la historia que narran, tal es el caso de “Te protegerán mis alas”, una película con una producción humilde pero que engancha por la grandeza de lo que cuenta.

Wentinam, un niño huérfano en las calles de Kara, Togo, sobrevive entre la oscuridad y la miseria hasta que encuentra un horizonte en la ‘Ciudad de los Muchachos’ y el apoyo de un misionero salesiano español, iniciando un camino hacia la redención y un futuro mejor.

La película tiene dos partes bien diferenciadas, en la primera se nos narra la vida del pequeño Wentinam, criado en el basurero y que sobrevive gracias a la acogida de una familia católica a la que abandona para dedicarse a la delicuescencia con pequeños robos en las calles de Kara trabajando para unos jóvenes ladrones.

En medio de la noche, los ojos de Wentinam observan de vez en cuando a un joven blanco jugando con niños de la calle togoleses o durmiendo en la misma calle entre ellos. Tiempo después el azar le lleva a la misión salesiana en la que muchos niños y adolescentes conviven en paz, armonía y aprendiendo a trabajar. Allí se encuentra con el padre Antonio, el joven que callejeaba en la noche haciéndose amigo de niños abandonados.

Las dificultades de la adaptación a su nuevo hogar son narradas por Cuadri con inteligencia de modo que suscita el interés del espectador que va viendo los procesos en la socialización y educación del pequeño protagonista.

A la vez que el film presenta la evolución de los muchachos, nos da a conocer la vida de la comunidad salesiana y las tensiones internas que experimentan. Mientras el padre Antonio sueña con acoger a más y más niños de la calle y apuesta por la construcción de los “Pequeños hogares”, un proyecto de acogida para más niños, el ecónomo de la comunidad, el padre Alfonso, lo rechaza con fuerza. Los enfrentamientos entre ambos, el soñador y el realista, son muy duros y llegan a ser vistos por los niños como un ataque personal del ecónomo al padre Antonio.

La segunda parte narra la huida de los tres jóvenes ahijados del padre Antonio. Perseguidos por la policía togolesa, tienen que escapar del país y buscar refugio en España, donde esperan encontrar a algunos de los salesianos que les acogieron en la misión. La huida será otra aventura terrible que les llevará a salta la valla para llegar a su destino.

El film, realizado con medios modestos, ha sido rodado en Togo, lo que aporta verosimilitud a la historia, y en España. En la historia se cuentan muchas cosas, pero la narración es tan apasionante que atrapa y conmueve al espectador que sabe, además, que se trata de una historia verídica. En los 107 minutos de metraje se refleja lo que ocurre en más de 20 años…pero, gracias a un guion muy bien escrito, la historia fluye con frescura y en ningún momento se atasca.

La película es un homenaje a las misiones salesianas en su 150 aniversario. Cuadri ha sabido dibujar con maestría el carisma de don Bosco fundador de los salesianos, encarnado en estos misioneros.

Varias escenas son, a este respecto, especialmente significativas:

  • Cuando Wentinam sigue al padre Antonio y éste se da cuenta, le pide a un muchacho de la misión que le lleve comida al pequeño que mora desde la puerta y no se atreve a entrar. El mismo muchacho que le lleva la comida le invita a darse una ducha y cambiarse.
  • En otro momento del film, el policía corrupto que quiere extorsionar a los salesianos le da el pésame al padre Alfonso por la muerte de su superior, le pregunta qué va a hacer ahora que se queda solo. El sacerdote le responde que no está solo, hay con él otro hermano de comunidad, tiene a su Congregación, al Obispado y a todos esos jóvenes que conviven en la misión.
  • Hacia el final de la película, el padre Raúl llora mientras el joven Wentinam tiene un momento crítico de su enfermedad. Raúl (Alejo Sauras) toma el rosario para rezar y, desanimado, lo arroja al suelo con fuerza; cuando sale Wentinam, le recoge el rosario del suelo y se lo entrega al sacerdote diciendo “Creo que esto es tuyo”.

En el carisma salesiano, son los jóvenes los que dan la identidad a los religiosos, los que les ayudan a ser lo que son, los que les hacen descubrir día a día su vocación. Por otra parte, los jóvenes –tal y como vivió don Bosco- son los primeros colaboradores para ayudar a otros jóvenes a partir de la experiencia que han vivido; los religiosos nunca educan y evangelizan solos, sino que siempre cuentan con los jóvenes para ser educadores de otros chavales.

Por otra parte, en el carisma de los salesianos hay una especie que una locura inconformista que les impulsa a ir más allá, a no conformarse con lo que tiene, a inventar, imaginar, innovar, poner en pie nuevos proyectos que alimenten la esperanza de los necesitados. Atribuyen a don Bosco la frase: “Hay que hacer lo que se deba, aunque se deba lo que se hace”. Este espíritu aventurero lo encarna el padre Antonio, este ímpetu ilusionado e inconformista logrará arrastrar a su oponente Alfonso que termina como Antonio, con el pelo largo, barba y rodeado de chavales. Una vez más, son los jóvenes los que le redimen y le animan a la aventura de la entrega generosa.

Inspirada en un libro del mismo título del salesiano José Miguel Núñez, que conoció al protagonista de la historia y le prometió que la pondría por escrito, “Te protegerán mis alas” es una película hermosísima, que invita a agradecer, repensar y relanzar proyectos solidarios que animen la vida de los más desposeídos.

Y es que hay muchos hombres y mujeres que, abandonando, los privilegios del primer mundo, descienden a los infiernos de la miseria para ser testigos de esperanza.

Una película con corazón.

JOSAN MONTULL

Los Domingos

La irrupción de Dios:LOS DOMINGOS

Guion y Dirección: Alauda Ruiz de Azúa

Intérpretes: Blanca Soroa, Patricia López Arnaiz, Miguel Garcés, Juan Minujin, Nagiore Aramburu.

Fotografía: Bet Rourich

Al visionar “Los domingos” nos encontramos con una extraordinaria obra de cine espiritual. Con frecuencia confundimos el cine religioso con el cine espiritual.

El cine religioso cuenta historia edificantes que buscan reforzar la fe, proponer ejemplos de vida, presentar historias edificantes…Es un cine que ofrece respuestas, que catequiza en su mensaje.

El cine espiritual suele tener una gran categoría estética, invita a la contemplación y es una puerta abierta al Misterio. Los planos, la música, el montaje, cada mirada, todo su estilo están al servicio de un mensaje trascendente. Es un cine que suscita preguntas. En este tipo de filmografía habría que enmarcar “Los domingos”.

Ainara (Blanca Soroa), una joven idealista y brillante de 17 años, ha de decidir qué carrera universitaria estudiará. O, al menos, eso espera su familia que haga. Sin embargo, la joven manifiesta que se siente cada vez más cerca de Dios y que se plantea abrazar la vida de monja de clausura. Cuando la joven no puede callar esa inquietud que le quema por dentro y lo comunica a la familia, estalla un conflicto extraordinario. La noticia pilla por sorpresa a toda la familia provocando un abismo y una prueba de fuego para todos. La serenidad y claridad de la joven contrasta con la reacción de cada miembro de la familia y sus amistades. El desconcierto sume a su entorno en un caos, incluso alguna persona cercana busca con todas sus fuerzas condicionar a la joven para evitar que entre en un convento que considera de mujeres “locas, que son una secta”. La sencillez de la joven saca de quicio a muchos de los suyos que ponen en cuestión su propia vida.

La directora, Alauda Ruíz de Azúa, ya había tratado con acierto el tema de la familia en algún film (“Cinco lobitos”) e incluso en una serie (“Querer”); esta vez se adentra en una crisis familiar provocada por la vocación religiosa de una hija. El título “Los domingos” ya tiene una doble lectura: es el día dedicado a la familia y el día de ir a misa.

Todo en la película rezuma espiritualidad, la fotografía, el ritmo pausado, el guion, las sugerentes elipsis y la música del coro, que ensaya y canta Into my arms, de Nicholas Edward Cave, que contrasta con la de Bizarrap y Quevedo, que oyen los jóvenes cotidianamente.

La película es excelente y sorprende que, en estos tiempos, el tema se aborde con una profundidad estupenda. Los personajes están tratados con delicadeza y seriedad, no hay caricatura ni trazo grueso, hay autenticidad sin prejuicios y un respeto extraordinario. Las interpretaciones son sobresalientes, destaca la siempre eficaz Patricia López Arnáiz en el papel de tía de Ainara, con un laicismo visceral y combativo; la tía encarna el dilema entre amor y libertad; quiere mucho a su sobrina, pero no quiere dejarla libre para que ella tome la decisión que quiere.

Sorprende, más que gratamente, la debutante Blanca Soroa, en el papel protagonista. Aporta una normalidad y credibilidad admirables. Sin duda, el trabajo que ha hecho la directora con ella ha sido exigente y buenísimo. 

Independientemente de sus muchos valores cinematográficos, el film refleja una característica de nuestro mundo: la tolerancia que tenemos ante todo lo nuevo no se acaba de ver tan clara con el tema religioso. Hoy cualquier persona, afortunadamente, puede ser lo que quiera, tener las aficiones que quiera, asumir la condición sexual que desee, vestir como guste…hay una tolerancia absoluta para aceptar todo, por más extraño que nos parezca, pero, ante las opciones religiosas, este mundo se acobarda y suscita con frecuencia intransigencia, menosprecio y burla.

La religión es motivo de chanza en muchos ámbitos, supuestamente tolerantes, y parece que deba ser relegada al ostracismo y acusada de suscitar fanatismo. Pero, lo cierto es que lo religioso sigue estando presente, que hay personas que quieren ser felices yendo a contracorriente de las líneas supuestamente progresistas de muchos ambientes. Urge una mirada respetuosa, que no paternalista y condescendiente, ante el hecho religioso, un hecho que sigue creando interrogantes.

El final es muy hermoso, abierto a las preguntas profundas, a revisar la propia vida y las propias creencias, a adentrarse en el Misterio del mismo modo en que las monjas van entrando, en un plano bellísimo, en el interior del convento, donde, paradójicamente, se atisba una libertad más serena que el mundo que queda fuera.

¡Qué maravilla que una película presente la vocación religiosa como conflictiva por auténtica!

¡Qué maravilla que una película anime a que el espectador salga del cine con más preguntas de las que traía al entrar!

Vayan a verla.

JOSAN MONTULL