Metástasis de amor: MA MA
Dirección y guion: Julio Medem.
País: España. Año: 2015.
Duración: 111 min.
Género: Drama.
Reparto: Penélope Cruz, Luis Tosar,
Asier Etxeandía.
Producción: Penélope Cruz y Julio Medem.
Música: Alberto Iglesias.
Tras cinco años de inactividad, Julio Medem regresa a la pantalla con una obra que le distancia de su Cinematografía anterior,”Ma Ma”, film sobre el cáncer, la vida, la muerte, la esperanza y el alma protagonizado por una espectacular Penélope Cruz.
Magda, una maestra en paro recién separada y madre un preadolescente, es diagnosticada de cáncer de mamá. En medio de su desconcierto, su vida se cruza con la de Arturo, un profesional del fútbol que, poco después de conocer a Magda es informado de la muerte de su hija y de las heridas gravísimas de su esposa, que fallecerá poco después.
Las vidas de estos dos seres humanos, transidas por el dolor y la necesidad de buscar sentido, se ven de pronto entrelazadas; el azar de conocerse mutuamente les lleva progresivamente al acompañamiento en el dolor, a la amistad, al amor, al intento de reconstruir sus vidas y a dar razón de la esperanza diaria.
Magda, apoyada por Arturo, sacará fuerzas inimaginables para luchar por la vida y dejar para los suyos una extraordinaria herencia de amor. Incluso Julián, el ginecólogo que médicamente la acompaña, recibirá un extraordinario potencial de optimismo de Magda. Mientras ella se va apagando, la vida de los que la conocen crece con intensidad.
Nos encontramos con una película seria y profunda, que se acerca al dolor de las personas con un respeto extraordinario. El Medem de “Ma ma” es muy diferente al de “Lucía y el sexo”, “Tierra” o “Habitación en Roma”. Los personajes están tratados con una seriedad importante. Hay seriedad cuando se habla del cáncer, de lo que supone en la vida que quien lo padece, en la familia y en la del propio médico incapaz de curarlo. Hay también seriedad cuando se aborda el tema religioso; la oración, el alma, Dios, la inmortalidad…aparecen en la pantalla y en los diálogos con una normalidad encomiable.
Los personajes del film son humanos, se acercan, se quieren, se distancian, se perdonan. La cámara de Medem retrata el alma de estos personajes, se atreve a filmar los latidos del corazón en diversos momentos como si fueran latidos del alma, opta por fundir siempre en blanco subrayando lo que hay de luminoso en una historia que parecía condenada a la tiniebla.

Y en cuanto a la interpretación hay que descubrirse. Tosar está inmenso, alejado de los habituales papeles de canalla y hombre duro a los que nos tiene acostumbrados interpretando a un hombre profundamente religioso y bueno que no sucumbe al dolor y apuesta por seguir amando.
Lo de Penélope Cruz es punto y aparte. Está absolutamente inmensa. Qué esfuerzo físico y psicológico ha debido hacer la actriz para dar vida a Magda, esa mujer en la que confluye el cáncer y el embarazo y vive interiormente la convivencia de la muerte y la vida. Es absolutamente conmovedor su papel. La cámara la sigue permanentemente mostrando un intenso drama vital y una maravillosa historia de superación y de amor.
“Ma ma” es cine para ahondar, para emocionarse y para creer en la existencia. Con esta película, sorprendente y conmovedora, Julio Medem nos dice que la vida, cuando se opta por el amor, el perdón y la donación, trasciende lo cotidiano, se abre al Misterio, y toca lo inmortal.
JOSAN MONTULL
Dirección: Jeff Nichols
Mildred y Richard Loving son una pareja muy enamorada. Esperan un hijo y contraen matrimonio en Virginia en 1958.
Narrada con un ritmo sosegado, por más que la historia es desasosegante, hay en la película un elogio de la familia, del amor fiel capaz de entregarse generosamente y sin condiciones, cuidando el uno del otro; hay una defensa de la bondad humana, que se encuentra escondida en el corazón de los seres humanos, blancos o negros. Encontramos también una apología de la solidaridad y la no violencia (no en vano hay alguna imagen de Lutker King en el film) como instrumentos para conseguir cambios sociales profundos.

De pronto las letras, cada letra, se han convertido en paradigmas históricos con una fuerza incontenible para mover los hilos de la historia. Cada letra se enseñorea de serlo y se pasea por las pantallas y las páginas con todos los respetos, manteniendo una identidad propia, un pedigrí a prueba de bomba y una elegancia pata negra.
Pongamos por ejemplo la B. Es el prototipo de la peña que nunca se juega el físico, de todos aquellos que necesitan de una buena V para aparecer en situaciones comprometidas. Los hombres “B” son aquellos que necesitan extras, los que siempre precisan de alguien que les guarde las espaldas… Cuando aparece una situación comprometida envían la gente “V” , otros tipos que hacen los mismo y dan el pego.
La “X” es la que no tiene personalidad…no tiene tan siquiera sonido propio…se suplanta a sí misma adoptando ora sonido S…ora sonido KS. Cobarde, falsa, tramposa…impersonal…

Hay, eso sí, una característica común en algunos de ellos: cuando sus padres están separados –mal separados- y las desavenencias entre ellos son manifiestas, los chavales se resienten.
Creo que algo parecido está empezando a ocurrir con la clase política. Quienes, como los hijos, deberíamos ser los destinatarios de sus esfuerzos, nos convertimos en testigos de cómo nuestros ediles se descalifican, insultan y maldicen entre ellos.
Crecemos así, sin modelos éticos No son para nosotros referencias morales; en el fondo no nos quieren, no les interesamos. Al final nos dan el regalito, tal en forma de fútbol o de programa del corazón, para enviarnos de nuevo a casa…con la soledad de quienes se saben abandonados de sus dirigentes, olvidados por aquellos que un día prometieron que nos iban a servir.