DIOS EN EL PSIQUIATRA

El color de la sala era de un naranja desvaído, como para no provocar sensación alguna, sino más bien relajar cualquier sentimiento. Un cuadro de colores y formas indefinidas colgaba de la pared rompiendo así la monotonía del naranja.

El joven siquiatra abrió la puerta, tembloroso. Nunca había tenido una visita tan importante.

– Pase, pase, Rey de los reyes, Santo de los Santos, omnisciente y omnipresente Señor… Bueno, la verdad es que no sé muy bien cómo llamarle.

– Llámame papá, por ejemplo, o mamá si te resulta más cómodo, dijo Dios mientras se acomodaba en el diván tras una señal amable del siquiatra.

– No sé si me atreveré, dijo el médico. Tener al Padre Eterno en mi diván es una responsabilidad enorme; la mayor de mi vida.

– Bueno, hombre, no tienes por qué ponerte nervioso. Te conozco desde siempre, ya sé cómo eres y sé que eres bueno, le respondió Dios con una mirada tierna.

– La verdad, prosiguió más tranquilo el siquiatra, es que me han pedido, precisamente a mí, que hable con usted, Majestad Todopoderosa, porque hay quienes están muy preocupados por…, cómo diría yo…, por vuestra salud mental. Conste, se apresuró a decir el siquiatra, que considero la salud mental igual que la salud física: se puede tratar y sus males se pueden curar; no hay por qué alarmarse.

-¿A quién le preocupa mi salud mental, si se puede saber? Preguntó Dios.

El siquiatra prosiguió:

– Políticos de todas las tendencias e ilustrados de todas las artes y ciencias, y hasta gente normal y corriente nos han hecho llegar su preocupación por usted. También gente religiosa, rabinos, curas, imanes, chamanes, obispos…incluso ateos, agnósticos, pacifistas, militares, ecologistas, arquitectos trabajadores de la comunicación…No sé. Mucha gente. Hasta se ha constituido una plataforma de artistas e intelectuales que exigen que…

– Dilo, hombre, dilo, le animó Dios.

– Que…, no se ofenda, que su Reverendísima Santidad vaya al siquiatra.

-¿Y no han dicho por qué?

– Pues porque le aprecian, Altísimo. Están muy preocupados. No les acaba de entrar en la cabeza que, siendo usted la Suma Perfección, haya hecho un mundo que no funciona nada bien, que, digámoslo claramente, no le ha salido perfecto, y no se me ofenda, Eterno Señor. Vea las guerras destruyen cada día a miles de inocentes: la guerra en Gaza nos deja unas imágenes terribles. Miles de niños asesinados; padres corriendo horrorizados con sus pequeños en brazos, mujeres gritando y llorando a sus muertos. Algo parecido ocurre en Ucrania, en Sudán, en Haití, en tantos países donde campa el horror.

Por otra parte, las enfermedades, entre los pobres, se convierten en pandemias tremendas; las drogas están acabando con mucha gente, y sobre todo jóvenes. Diariamente -proseguía el siquiatra, cada vez más seguro de sí mismo- hay miles de tus criaturas que mueren de hambre, o son vendidos; muchos niños no son queridos, ¿sabes Señor Inmutable?, algunos ni nacen, otros son abandonados y a unos pocos, por el contrario, les rodean de aparatos electrónicos y cosas para suplir las ternuras que sólo una cara y unas manos pueden dar. Millones de refugiados vagan por la tierra buscando un hogar que la pobreza o la guerra les ha robado; son incontables las personas que se lanzan a la aventura terrible de la emigración, jugándose la vida en pateras y viajes organizados por mafias que explotan a los débiles: muchos acaban en el mar, en el desierto, en los contenedores, en los bajos fondos de las ciudades, en trabajos de esclavos… ahogados en la más terrible soledad, mientras miran para otro lado los que manejan los hilos de nuestro mundo o discuten entre ellos sin aportar soluciones.

– Vaya por Dios, suspiró Dios con los ojos arrasados de lágrimas.

– Es como si el mundo os hubiera salido mal, Señor Creador. No sé, Supremo Hacedor, pero no me extraña la coincidencia de muchos en recomendarle un buen siquiatra; y más con esa idea nueva que se le acaba de ocurrir a usted; esto ha sido el detonante para la campaña de recogida de fondos con que pagar su tratamiento.

Estas últimas palabras quedaron flotando en el aire. Era como si el joven siquiatra no las hubiera querido decir.

-¿Qué idea?, preguntó Dios.

– La del NIÑO, balbució el médico, la del niño. Nadie puede entender que el Altísimo haya pensado en un recién nacido para solucionar todo lo que pasa. En su mente divina, y no se ofenda, debe haber alguna anomalía que conviene tratar. Sólo a una mente enferma se le puede ocurrir pensar en un niño, un recién nacido que, vete tú a saber lo que le tocará vivir… Además, nacido en un establo, acompañado por una pareja pobre, por unos pastores marginados, por unos magos extranjeros de no se sabe qué religión… Hombre, por Dios –perdone, se me ha escapado, es una expresión hecha-¿a quién se le ocurre pensar en eso: que un recién nacido nos va a salvar? Al Todopoderoso no se le ocurre otra cosa que buscar la solución en la debilidad de un todofrágil. No parece lógico, ni normal. Sin duda, a usted ya le están pesando los años y no es descabellado pensar que lo del Niño Salvador sea fruto de una… una divina debilidad senil o algo así…

El médico se echó a llorar con sollozos entrecortados, cubriéndose el rostro con las manos.

Conmovido por el llanto del siquiatra, Dios se incorporó del diván. Tomó en sus brazos, con ternura, a aquel hombre sabio que pretendía salvar a Dios y ahora, derrumbado, intentaba apoyarse en el diván que acababa de dejar el mismo Dios.

El Padre Eterno seguía abrazándole y, con un cariño tremendo, como una madre, le dijo:

– Venga, hombre, venga… no te preocupes. Déjame a mí ser buen Dios y tú preocúpate de ser buen médico; porque, si te he de ser sincero, cuento con mi Hijo, recién nacido, para que no pienses que estoy lejos de este mundo, cuento con mi Hijo, recién nacido, para que los seres humanos, sea cual sea su creencia o religión, no se endiosen, sino que descubran que son divinos…imagen mía, ni más ni menos; cuento con mi Hijo, recién nacido, para que empieces a darte cuenta de que también cuento contigo. No mires para otro lado, no mires superficialmente sino en profundidad.

Mientras una estrella brillaba con más fuerza en el Cielo y la luz se colaba por la ventana de la consulta, el siquiatra miró a Dios y volvió a llorar emocionado mientras, con una felicidad indescriptible, se abrazaba a su Paciente, que le decía: “Esta Navidad, tú tienes mucho que ver”..

Feliz Navidad

Josan Montull

https://www.eldiariodehuesca.com/sociedad/musica-humor-en-fiesta-caritas-diocesana-huesca-dios-en-psiquiatra_16158_102.html


INTELIGENTES Y ARTIFICIALES

Una de las películas más importantes de la Historia es “Blade runner”. En 1982 Ridley Scott nos contaba la historia de un futuro apocalíptico en el que existen seres virtualmente idénticos al hombre, pero superiores a él en fuerza y agilidad; se les llama “replicantes”. Una rebelión de estos replicantes lleva a crear un servicio de policía especializada para “retirar” estas máquinas.

Pero he aquí que en estas máquinas, con una vida programada de cuatro años, comienza a surgir un ansia de inmortalidad mientras la sociedad se va vaciando de sentido y de moral. En este ambiente se da la paradoja de que los robots van siendo cada vez más humanos, mientras que los humanos se van despersonalizando. Rick Deckard es un agente especial que persigue incansablemente al replicante Roy Batty.

Este tema, llevado más veces a la pantalla, era ya una reflexión profética de la problemática que supone la irrupción de la Inteligencia Artificial. Ésta ha provocado en la actualidad el susto y la preocupación en muchas personas. A la maravilla que supone un invento tan extraordinario, le siguen las preguntas sobre los límites y el control que comporta tal invención.

Los educadores nos preguntamos dónde queda el pensamiento crítico si la A.I. responde a todo, redacta todo y hasta opina de todo. ¿Dónde queda la reflexión, la capacidad crítica, la opinión? ¿Dónde la capacidad de inventar e imaginar si la A.I. nos dibuja, compone y redacta? ¿No está la Inteligencia Artificial arrinconando lo más genuinamente humano?

Es cierto que no se puede poner barreras al progreso científico, hay que trabajar para utilizarlo como un bien para la humanidad. Pero hay que trabajar también para humanizar a los humanos.

El final del film de Scott tiene un momento maravilloso. Cuando, tras la implacable persecución, el agente Rick está a punto de morir, Roy –la máquina- se compadece de su enemigo y le salva. Es entonces cuando, frente a frente con su perseguidor, dice la siguiente frase: «Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir». El replicante es capaz de recordar, de aprender, de sentir nostalgia de la vida que se va, de amar y hasta de perdonar.

Deckard (Harrison Ford) and Replicant Roy Batty (Rutger Hauer) in the Ridley Scott film Blade Runner

Ahí está la clave. No sólo hay que controlar la Inteligencia Artificial para que no suplante al ser humano; hay que humanizar a las personas para que no se conviertan en máquinas de producir, para que descubran la grandeza de saberse perecederos, de vivir la vida con intensidad, de amar y perdonar.

Estamos privando a la educación de contenidos humanísticos, filosóficos, religiosos y éticos; urgimos lo práctico, lo útil, lo que abre puertas al éxito. Si no educamos para la apertura a la interioridad, la compasión y el perdón, será nuestra propia humanidad la que se convertirá en absolutamente artificial.

JOSAN MONTULL

Un fotograma de la película ‘Pink Floyd The Wall’ (Parker, 1982)

GAZA

La situación que está viviendo Oriente Medio desde el 7 de Octubre se ha convertido en dantesca. Ese día los judíos estaban celebrando la tradicional fiesta de Sucot cuando grupos de milicianos de Hamás entraron en Israel provocando una masacre espantosa, festejando la muerte, asesinando a hombres, mujeres y niños mientras se llevaban hacia el interior de la franja de Gaza a más de 200 inocentes que se iban a convertir en rehenes para hipotéticas negociaciones.

Entre 1200 y 1400 judíos fueron asesinados ese día de forma provocativa y miserable.

La respuesta de Israel fue iniciar una guerra brutal contra Hamás que iba a convertir la franja de Gaza en un terreno bombardeado sin escrúpulo provocando la muerte de miles de inocentes que, aterrados, buscaban infructuosamente salvar sus vidas.

La comunidad internacional no ha podido mirar para otro lado y ha puesto sus ojos en las imágenes aterradoras que ofrecen los medios de comunicación.

Intereses económicos y geoestratégicos parece que sobrevuelan en esa zona de la Tierra donde el odio parece algo habitual para sentir la propia identidad.

En una tierra en la que hace 2000 años el mensaje del amor y el perdón fue predicado, hoy la violencia, el genocidio, y el exterminio vuelven a desangrar a los inocentes. Pensar en que la mayoría de las víctimas son niños y niñas es absolutamente estremecedor.

Estas imágenes me hacen reflexionar dos cosas muy sencillas sobre nuestra vida cotidiana:

· Dios está entre las víctimas, judías o palestinas. Matar al inocente es querer matar a Dios, para quien todos somos sus hijos y cuyo Hijo fue torturado y ejecutado hace 20 siglos.

· Urge la cultura de la paz en todos nuestros ambientes, en la Escuela, en el deporte, en la política, en la economía, en la prensa. El lenguaje agresivo, los insultos, descalificaciones y agresividad que se manifiestan en muchos sectores sociales nos convierte en colaboradores del mal.

Hace años en esa misma tierra sonó una voz que decía:

“Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”. (Mt 20,25-27).

Ha llegado la hora de rebajar nuestro tono en el lenguaje y de servir a los demás, sobre todo a los más inocente y excluidos. El lenguaje colérico e iracundo entre muchos, las actitudes egoístas que rechazan la inmigración, las descalificaciones entre políticos de distintos signos, los insultos y gritos que aderezan muchos programas televisivos … todo eso nos convierte, ni más ni menos, en cómplices del horror de Gaza.

JOSAN MONTULL

BERLANGA, AZCONA Y RUBIALES

Siempre me ha encantado el cine de Berlanga. Supo retratar como nadie el alma castiza española, esa controvertida personalidad que tenemos, con nuestras grandezas y sus miserias. Creo que su cine es inmortal, eterno. Sus películas, aun las más viejas, siguen teniendo una vigencia extraordinaria.

En sus películas aparecían canallas, pícaros, burgueses, aprovechados, chantajistas, políticos, curas, pobres, empresarios, guardias civiles, alcaldes, putas, suegras, devotas, enterradores, presos, verdugos, rojos, fachas… toda una colección de personajes que caricaturizaban a la perfección los avatares de este país nuestro, tan pasional, encantador, cainita y loco.

Sus argumentos, muchos coescritos con el genial Rafael Azcona, resultaban tan surrealistas como certeros: un pequeño pueblo recibe la noticia de la inminente visita de un comité del Plan Marshall y la novedad provoca un gran revuelo entre la gente, que se dispone a ofrecer a los americanos un recibimiento muy especial. (Bienvenido míster Marshall 1953); un científico atómico norteamericano se refugia en u un pueblo de la costa para limitarse a vivir y a tener amigos (Calabuch 1956); un pueblo quiere atraer el turismo inventando apariciones marianas (Los jueves, milagro. 1957), un joven empleado de una funeraria es obligado a casarse con la hija de un verdugo que quiere enseñarle su “oficio” (El verdugo. 1963); la boda de un provinciano que llega a la costa brava tiene que aplazarse durante un año porque muere la madre del novio y hay que guardar el luto (Vivan los novios 1970); a una cacería de la alta sociedad acude un industrial catalán con su amante para hacer negocios (La escopeta nacional. 1975); una corrida de toros en zona nacional en plena guerra civil quiere ser boicoteada por soldados republicanos (La vaquilla 1985); la celebración del Día Internacional del Preso de Conciencia en la cárcel de Valencia es aprovechada para que gentes de la política, la cultura y la farándula asistirán al acto para hacer lucrativos negocios. (Todos a la cárcel. 1993).

El esperpento, lo surrealista, el desvarío y la locura iban desfilando por la pantalla provocando la carcajada del espectador que sabía que, en el fondo, se estaba riendo de su idiosincrasia más atávica.

Puede que alguien piense que Berlanga y Azcona están trasnochados y que ahora se hace un cine más visual, frenético, duro y -eso sí- subvencionado. Pero lo retorcido de los argumentos berlanguianos siguen, por más que pasen los años, formando parte de nuestro ADN. Repasemos, sin ir más lejos, avatares patrios cercanos y muy lanzados a los cuatro vientos por los medios.

La selección nacional de futbol femenino gana el Mundial, ni más ni menos, el Mundial. Entre los exuberantes y desatados festejos, el presidente de la Real Federación Nacional de Fútbol de España, desde el palco –y ante la reina- se echa la mano a sus partes, como un macho desatado ante las cámaras de todo el mundo. Luego baja al césped, saluda a las protagonistas de la gesta y a una de ellas la agarra con fuera, la levanta y se cuelga de ella misma con sus piernas abiertas mientras la aferra de la cara y le planta un beso en los labios. Las jugadoras, desconcertadas por la acción, incluso hacen broma al principio, dándose cuenta luego de la gravedad del asunto.

El presidente, entrevistado por una emisora de radio, quita importancia al asunto y tacha de tontos del culo, idiotas, estúpidos, pringados y gilipollas…a todos los que se han quedado atónitos ante sus efusivas manifestaciones el terminar la Final. Ya en el viaje de vuelta pide unas tímidas disculpas, pero la deportista besada se niega a aparecer con él.

Llega la expedición a nuestro país y la gente se echa a la calle para vitorear a las protagonistas de la hazaña. Recuperada la cordura, el presidente es acusado de esa actitud chulesca y mal educada y la cosa se empieza a liar. Incluso se le interponen varias denuncias y los medios empiezan a vocear que es necesario que dimita por machirulo y mal educado. Pero el presidente, en cuestión, se revuelve, convoca la Asamblea de la Federación y dice que no dimite, que lo suyo ha sido un piquito sin importancia. La asamblea, puesta en pie enfervorizada, aplaude a rabiar al presidente en un acto casi emotivo.

A las pocas horas, y puesto que la opinión social empieza a ser unánime contra el presidente, los mismos que le aplaudían empiezan a retractarse y llegan incluso a denunciarle, sumándose así a las varias denuncias que van llegando. La cosa se complica. Las futbolistas dicen que o se marcha el presidente o se marchan ellas. Incuso algún futbolista de la selección nacional masculina anuncia que se niega a jugar en un partido internacional mientras el fútbol español esté presidio por el presidente en cuestión.

Pasan los días –pocos- y siguen las denuncias de las federaciones provinciales y de los equipos diversos. Prácticamente todos los que aplaudían en la Asamblea ahora braman contra el presidente al que quieren defenestrar. También se unen los políticos de todos los signos, que hasta entonces habían aplaudido la gestión del presidente, y exigen su dimisión mientras hablan de acoso, agresión y otras lindezas contra la jugadora besada.

La cosa no acaba aquí y aparece un nuevo personaje en escena, la madre del presidente. Defendiendo apasionadamente y con amor de madre a su hijo vilipendiado, se declara en una huelga de hambre indefinida que vivirá en una iglesia de su localidad mientras las cámaras rodean el templo buscando declaraciones. Es entonces cuando aparecen las primas. Las primas acompañan a la madre del presidente que se auto inmola en el interior de la iglesia poniendo en juego su salud. Las ofendidas primas denuncian ante los medios el acoso mediático al que se le somete a su primo del alma y enaltecen con preocupación la valentía de la huelga de hambre de su tía.

Al día siguiente entra en escena un nuevo personaje, el tío. El tío del susodicho presidente había sido jefe de gabinete de la Real Federación de Fútbol. Dice que el tío que su sobrino de alma había estado protegido por el mismísimo presidente del Gobierno y por otros miembros del ejecutivo. Afirma que es un machista redomado, un enfermo, derrochador de la pasta ajena, putero, maltratador y otras lindezas. Dice el tío que su sobrino necesita que se le reeduque para que modifique esas conductas tan poco edificantes.

Los colectivos feministas, por otra parte, salen a la calle exigiendo la cabeza del presidente por machista y abusador. “Se acabó”, gritan, mientras lanzan exabruptos contra él. Mientras esto ocurre en la calle, la madre del interfecto sufre un ataque de ansiedad y es ingresada de urgencia en un Hospital mientras abandona su corta huelga de hambre.

Los políticos, que se han mantenido discretos hasta el momento, en un ataque de responsabilidad pública, le retiran el coche oficial, la tarjeta y el móvil. Le suspenden de empleo y sueldo mientras los dos partidos en el gobierno se enfrentan entre sí lanzándose acusaciones por lo mal que lo han hecho en este caso, y la dejadez que, ante conductas tan reprobables, ha mantenido el partido en el poder.

Los programas televisivos hacen su Agosto (nunca mejor dicho) siguiendo minuto a minuto todos esto avatares, mientras no le dedican apenas tiempo, por ejemplo, a la devolución a Senegal de 180 inmigrantes a los que nuestras fuerzas de seguridad salvaron de morir ahogados.

Mientras tanto, la heroicidad de las futbolistas ha pasado a un segundo plano. No se habla del dineral inmundo que ha ganado desde hace mucho tiempo el presidente. Nadie había sacado a la luz sus chulerías, sus orgías con chicas jovencísimas, sus devaneos multimillonarios, sus viajes por asuntos personales tirando de la cuenta de la Federación. Nadie había protestado porque hubiera llevado nuestro fútbol a Arabia Saudita, uno de los países que menos respetan los derechos humanos y marginan insultantemente a la mujer. Poco protestaron porque el mundial masculino fuera en Qatar, un país tan rico como injusto. Nadie había dicho nada de los sueldos insultantes de los futbolistas, del dinero que mueve el mundo del futbol y de la ostentación, lujo y caprichos multimillonarios de sus dirigentes. Nadie había comentado que las leyes de extranjería son violentadas por el universo futbolístico que incluso tiene otra legislación para sí. Es un Estado dentro de otro Estado, un opio que es utilizado sabiamente por los poderes políticos y económicos para adormecer a la gente manipulando un deporte tan bello.

Las hemerotecas nos devuelven imágenes de nuestros mandatarios abrazándo con coleguismo familiar al presidente ahora acosado, entre risas y copas de cava, sumergidos en un ambiente de lujo y de exhibición de la riqueza. Muchos de los que ahora, sumándose a la mayoría, piden su dimisión, han brindado en ocasiones con él, dándose palmaditas en la espalda y apoyando hasta el final a este hombre.

¿Se dan cuenta? Es Berlanga en estado puro. Es el estrafalario esperpento de una sociedad que se arrastra por el dinero y busca sacar tajada de todo. El disparate que hasta intenta culpabilizar a las mujeres humilladas por un tipo como Rubiales que, en una actitud absolutamente primate, manifiesta una prepotencia machista de libro.

Es España, la nuestra, en la que el machismo sigue campando a sus anchas, en la que representantes públicos se apuntan siempre al carro de los vencedores, en la que las mujeres son menospreciadas –cuando no asesinadas-, en la que el dinero, la picaresca, la falta de escrúpulos y el todo vale para medrar se convierten en características patrias. “Todos somos Jenny” grita la calle, pero también es cierto que todos somos Rubiales. Es España, en la que lo vergonzoso se convierte en espectáculo y la heroicidad pasa a segundo plano.

La mirada irónica de Berlanga sigue hoy vigente. Este esperpento surrealista es el reflejo, ni más ni menos, de lo que somos. No me digan que esta historia no merece una buena película. Berlanga y Azcona ya tendrían inspiración para el guion de una serie de varias temporadas.

JOSAN MONTULL