EDUCADORES EN LA PANTALLA

Una de las aficiones que más ha marcado mi vida es el cine. Desde niño me sentía hechizado cada vez que me sentaba ante una pantalla y veía desfilar ante mis ojos universos de fascinación y sentido con los que aprendí a soñar, a reír y a disfrutar de la diversión, a la vez que reflexionaba sobre la grandeza y la miseria de la persona a través de las grandes historias, espectaculares o mínimas, en las que los seres humanos se convertían en auténticos protagonistas. El cine me ha ayudado a comprender más el misterio humano y a acercarme al Misterio de Dios. Para muestra de lo que digo, este blog es un ejemplo.

Ha habido tres películas recientes que tratan sobre educación y me han ayudado a reflexionar sobre mi vida y mi compromiso educativo. Son películas pequeñas, desiguales en calidad, pero interesantes las tres.

La primera es FAMILIA AL INSTANTE (de Sean Anders. USA 2018). El film cuenta la historia de Pete y Ellie, una joven pareja que no pueden tener hijos y deciden compartir su felicidad adoptando a Juan, Lita y Lizzy, tres niños de entre cuatro y catorce años) que son hermanos entre sí. Junto a la alegría y la satisfacción que comporta la acogida de los tres críos, también comienzan muchos berrinches, portazos, cenas accidentadas, responsabilidades desbordantes y … sobre todo, una gran familia. La hasta entonces vida sosegada y ordenada del matrimonio se convierte poco a poco en un caos.

Pero después de haber sorteado mil dificultades humanas, familiares y legales, y ante todos los que desaconsejan al joven matrimonio que se queden con los niños, el improvisado padre dice “Amar es difícil, pero merece la pena porque la recompensa es extraordinaria”.

La segunda peli es MALA HIERBA (dirigida por Kheiron, un artista libanés refugiado. Francia 2018). El film nos habla de un estafador de poca monta con un pasado difícil que hace pequeños robos con su madre adoptiva y, para esquivar una denuncia, tiene que hacerse cargo de un grupo de estudiantes problemáticos, con fracaso escolar y conductas asociales. Esa relación va a cambiar a todo, a los chicos y a sí mismo. El improvisado educador tendrá que utilizar sus ardides de embaucador y trilero para sobrevivir entre los jóvenes que se le han encomendado. Cuando el joven pícaro protesta por tener que encontrarse con jóvenes tan difíciles, el director del proyecto le diceUn chico problemático es un chico que tiene problemas”.

Y la tercera es ESPECIALES (de Olivier NakacheEric Toledano. Francia 2019). Ésta es la última que pude ver, antes de la pandemia, en una sala comercial. La película narra las vicisitudes de Bruno y Malik dos amigos, un judío y un musulmán, fieles cada uno a su propia concepción religiosa, que durante veinte años han vivido en un mundo diferente: el de los niños y adolescentes autistas. Ambos lideran dos organizaciones sin ánimo de lucro y forman a jóvenes con dificultades sociales para que sean cuidadores de casos extremos de autismo. Cada vez que a Bruno le presentan un caso imposible, el de algún joven trastornado, disruptivo, ensimismado en su autismo que lleva a la desesperación de su familia y de la Administración, se queda en silencio unos segundos mientras piensa y termina diciendo Encontraré una solución”.

Las tres películas abordan la temática de educación en casos límite y las tres cuentan historias reales. Los protagonistas auténticos aparecen al final, incluso en “Especiales”, varios de los actores son destinatarios de los proyectos.

En estos tiempos de pandemia, de distanciamiento social y de prevención ante la relación; en estos tiempos en los que los educadores nos replanteamos cómo volveremos a ser lo que somos, cómo podremos volver a las Escuelas, a los Centros Educativos para –respetando las normas sanitarias- educar para la relación, compartir la vida en grupo y afrontar el conflicto de la convivencia, en estos tiempos en los que la nueva normalidad se nos presenta con muchos interrogantes, estas películas me han ayudado a reflexionar sobre mi papel de educador que -además- es creyente.

Constatamos que la educación no es fácil, nunca lo ha sido. A veces no sabemos cómo avanzar con chicos y chicas difíciles que ponen a prueba nuestra paciencia y parece que nos abocan al fracaso. Nos es más fácil creer en Dios que creer en los jóvenes más desajustados y vulnerables que la Historia nos pone delante. Los cristianos, que festejamos la resurrección, no tenemos a veces una mirada tan llena de esperanza en la vida de algunos jóvenes.  Es ahí donde, afianzando nuestra convicción, podemos afirmar que, como se dice en el film MALA HIERBA, “Un chico problemático es un chico que tiene problemas”; creemos que, como afirma el padre de FAMILIA AL INSTANTE, Amar es difícil, pero merece la pena porque la recompensa es extraordinaria. Y cuando estamos a punto de tirar la toalla tenemos que hacer nuestra la frase “Encontraré una solución” de Bruno en ESPECIALES.

Ser, como en mi caso, un educador cristiano no es sólo creer en Cristo resucitado… es también creer que, en cada joven, por más desajustado que esté, hay más vida que muerte, más futuro que desastre. La educación no es sólo una estrategia pedagógica… es una cuestión de fe y, por tanto, una cuestión de amor.

Qué maravilloso es sentarte ante una pantalla y embelesarte ante historias humanas que nos animan a ser mejores personas. Las enseñanzas de las buenas películas nos pueden ayudar incluso a ser educadores de cine.

JOSAN MONTULL

A dos metros de ti

Prohibido tocar: A DOS METROS DE TI

Dirección: Justin Baldoni
Intérpretes: Haley Lu Richardson, Cole Sprouse, Moises Arias

Este drama romántico adolescente cuenta la historia de Stella, una joven de, debido a una fibrosis quística, ha pasado su vida en hospitales. Necesita un improbable trasplante de pulmones y su rutina consiste en mantener un orden, casi obsesivo, son sus cosas del día a día. Sus amigas le van enviando vídeos en los que muestran cómo se divierten y tienen aventuras propias de la edad.

Tan ordenada vida se descentra por completo cuando llega al Hospital un chico llamado Will, también con problemas pulmonares, rebelde, transgresor y desordenado. Ambos se enamoran de una forma limpia y sincera, pero tienen la gran dificultad de no poderse acerar a menos de dos metros para evitar cualquier contagio. El amor, obligados a vivir separados, sin ningún contacto físico, tiene que irse abriendo camino en ese difícil contexto.

El primer largometraje de Justin Baldoni tiene muy buenas intenciones. No es novedoso en el cine el tema de la vida de jóvenes en hospitales, pero sí lo es el planteamiento del film.

La película presenta cuestiones serias: el amor sin contacto físico, el sentido de la existencia, le debilidad y la enfermedad, el más allá después de la muerte, la ayuda mutua como medio para entenderse y quererse, el amor a la vida, la comunicación humana sin el tacto…todos estos temas están tratados con delicadeza y finura.

A pesar de que los personajes secundarios no están bien dibujados, de situaciones hospitalarias inverosímiles y de transitar terrenos conocidos que desembocan en la emoción del espectador, la película se ve muy bien y es más que correcta. 

Tal vez hoy, cuando un virus nos obliga a un difícil distanciamiento social por miedo a los contagios, “A dos metros de ti” cobra una inesperada actualidad y nos anima a reflexionar sobre las formas de expresar los afectos. El coronavirus ha convertido a esta película en una obra interesante que merece verse.

JOSAN MONTULL

FE EN MONSTRUOS

He dedicado toda mi vida a la educación de los adolescentes. Sigo haciéndolo en la actualidad con idéntica ilusión, pero con mucha experiencia acumulada. A pesar de que las Administraciones Educativas exijan una burocracia, cada vez más laboriosa, so pretexto de ser muy útil para los jóvenes; a pesar de que las Leyes de Educación siempre sean efímeras por cuestiones políticas y rara vez por cuestiones educativas, a pesar de todo eso…sigo compartiendo mi vida con chicos y chicas, adolescentes y jóvenes, intentando ser instrumento de su educación.

Si he aprendido algo a lo largo de estos años es que el educador debe tener una fe inquebrantable en cada chaval, por más desajustado que esté. Sólo creyendo en ellos puedo despertar lo que hay de bueno en cada uno. Sin fe en los jóvenes no puedo educarles.

A esta primera actitud se le une una segunda no menos importante, es necesario amarles…no hay fe sin amor. Creo que sin amor es imposible acercarse a ningún joven; es más, si yo no amo al chico o la chica que tengo delante, es una indecencia que tenga la osadía de entrar en el umbral sagrado de su Historia para ayudarle a descubrir cómo debe vivir para ser feliz.

Con estas dos premisas, me llegan dos noticias recientes protagonizadas por adolescentes, que son ciertamente estremecedoras.

La primera es la de las dos chicas de 14 años que esperaron a otra adolescente de la misma edad a la salida de la Escuela y, una vez allí, la apalearon llegando incluso a romperle la nariz ante la mirada impasible de muchos otros chavales mientras esto era grabado y colgado en las redes.

La segunda noticia es que un chaval de 16 años arrojó al río Besós el cuerpecito de su propio hijo al que acababa de alumbras su novia de 13 en la clandestinidad de un hotel hacía pocas horas. La policía encontró en cadáver del bebé días después.

Todos están en manos de la justicia y han sido llevado a Centros de Menores donde intentarán hacer algo con ellos.

Ambos sucesos, cercanos en el tiempo, son ciertamente espeluznantes. La falta de sensibilidad ante la vida, la incomprensión del dolor ajeno, la ausencia total de empatía con la persona agredida y la cosificación de las víctimas son actitudes horribles. Da la sensación que la compasión, la dignidad y el respeto a cada persona han desaparecido, se han borrado de la mente de muchos chavales. Nos dicen los expertos que las redes sociales se han convertido en un extraordinario vehículo de la violencia más despiadada y que las pantallas sangrientas han hecho que desaparezca en muchos casos el umbral del rechazo a la agresividad, banalizándola como si se tratara de una imagen virtual.

Esos adolescentes se han convertido en monstruos; monstruos sin piedad ni sentimientos; monstruos que se han decantado hacia el lado más abyecto de la condición humana y lo exhiben impúdicamente para infringir más dolor; monstruos que –como el dios Saturno- devoran a su propio hijo para eludir cualquier compromiso, incapaces de conmoverse ante el que es carne de tu carne. Monstruos.

Como cualquier persona siento una repugnancia visceral por estos hechos y deseo que los culpables estén apartados de la sociedad; no quiero que estas acciones queden impunes porque eso sería una traición a las esencias de cualquier sociedad civilizada…pero no quiero, quede claro, que estos jóvenes agresores -y hasta asesinos- queden estigmatizados de por vida. Me niego a creer que estos monstruos no tienen solución. Como jóvenes que son, sigo incluso creyendo que pueden ser educados y reinsertados para la sociedad. Aunque ahora experimente una nausea tremenda ante lo que han hecho, sigo creyendo que algo bueno hay en ellos, aunque ni ellos mismos lo hayan descubierto, y que deben ser amados (no melifluamente sino con exigencia y paciencia).

Creo en la prevención de los jóvenes como método educativo por excelencia, sé que luego es difícil cambiarles, pero sigo creyendo en la redención de los chavales delincuentes y pienso que la fe y el amor son instrumentos indispensables para que una persona vaya creciendo y madurando.

Por otra parte, creo que estos jóvenes monstruos son víctimas de un ambiente en el que los que deberían dar ejemplo de tolerancia y civismo se han convertido en intransigentes aprovechados, incapaces de llegar a acuerdos y consensos, apalancados en bloqueos e intransigencias; nuestros representantes se han convertido en profesionales del insulto y la descalificación, de la agresividad televisiva y la falta de respeto. En esta misma sociedad, la nuestra, los sinvergüenzas enriquecidos exhiben su impudicia e indecencia en programas del corazón y en los realitys, utilizando el púlpito televisivo para predicar sus miserias, su desprecio a la vida y su infidelidad entre carcajadas, aplausos y gritos… estos tipos adinerados, famoso y, las más de las veces, incultos, van engendrando pequeños monstruos que crecen sin referencias morales y mimetizan comportamientos similares en su mundo cotidiano.

Otra adolescente ha saltado a las noticias estos mismos días por motivos bien distintos, Greta Thunberg –activista contra el cambio climático, porque se ha dirigido en las Naciones Unidas a los políticos y, entre otras cosas, les decía:

“Todo esto está mal. Yo no debería estar aquí arriba. Debería estar de vuelta en la escuela, al otro lado del océano. Sin embargo, ¿ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza? ¿Cómo se atreven?.Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. … La gente está sufriendo … Y de lo único que pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?”

Greta Thunberg

Ya sé que estas palabras se refieren al cuidado del planeta, pero también hacen alusión a la falta de ética en personas que deberían ser responsables de la orientación moral de las sociedades. Por eso hago mías las palabras de Greta.

Siento repugnancia, es verdad, por los actos violentos de los adolescentes de los que les hablo; maldigo la mediocridad ética de muchos de nuestros dirigentes y famosos que son el peor de los ejemplos.

Pero sigo creyendo en la educación, en la confianza y en el amor. Sigo creyendo en los chavales…incluso en los que moralmente están destrozados.

Soy educador, qué le voy a hacer. Incluso sigo creyendo en los monstruos.  

JOSAN MONTULL

HABLANDO EN SERIE

Sorprende ver la cantidad ingente de producciones televisivas que, con mayor o menor calidad, tienen como protagonistas a adolescentes y chavales que van abriéndose paso en la vida en medio de los estudios en sus Institutos en los que se entrecruzan una multitud de historias y aventuras.

Y sin que sea casualidad, los adolescentes de las diversas series (españolas, estadounidenses, europeas…) tienen unas características muy comunes. Sin pretender ser exhaustivo, he encontrado las siguientes:

  • Son casi todos de un ambiente socioeconómico medio o alto.
  • Las familias son muy dispares. La figura de la familia tradicional ha desaparecido o, cuando aparece, se muestra como trasnochada y en crisis. Abundan las separaciones, la convivencia de dos padres, dos madres, madres solas, padre o madre en el que van pasando diversas parejas… todo esto se vive con normalidad.
  • Los profesores y profesoras son muy comprensivos y tolerantes. Coquetean a veces con la complicidad en algún momento turbio de la vida de los chavales. En otras ocasiones hay profesores intransigentes que rozan la caricatura grotesca. Pasarse con estos últimos profesores y humillarles es hasta justo.
  • -El móvil es el instrumento de comunicación permanente. Tienen una absoluta dependencia del mismo. Los mensajes por WhatsApp son continuos y aparece sobreimpreso en la escena televisiva. Con frecuencia los mensajes ocultos son muy agresivos y despiadados. Las redes sociales son ya un medio de comunicación tan normal como la palabra.
  • Las relaciones sexuales se convierten en una finalidad fácil en la que no hay atisbo de ternura. Es un objetivo permanente. Ocupa muchas de las conversaciones y de los minutos de cada capítulo. Las escenas son cada vez más explícitas y se presentan con una total normalidad, pretendiendo a veces la provocación al espectador. Se trata siempre de liarse con alguien y luego contarlo.
  • Suele haber difusión de fotografías de contenido erótico. Se las hacen a sí mismos o a compañeros.
  • La droga es habitual y absolutamente generalizada. Casi todos suelen consumir, otros venden. No hay crítica a la ética de los actos
  • Hay una gran tolerancia a las opciones y características de la diversidad de las personas: raza, orientación sexual, procedencia, aficiones…
  • La actividad que más tiempo les lleva en la series es la preparación y desarrollo de fiestas. Hay muchas fiestas, casi siempre en casa de algún amigo rico en ausencia de sus padres. En la fiesta corre la droga y el alcohol permanentemente y las habitaciones de la casa son usadas para las relaciones sexuales. La fiesta suele ser siempre escenario de algún conflicto. En estas casas suele haber una piscina que tiene su importancia en el guión.
  • Suele aparecer el problema del aborto. Éste es considerado como vinculado a la libertad. Las posturas antiabortistas son presentadas como fanáticas y superadas.
  • Hay una gran exaltación de la amistad, aparece como el valor supremo. Por el contrario es muy fácil que las amistades (como los enamoramientos) sean muy endebles y duren poco. Abundan también los rechazos y odios entre los que antes habían sido grandes amigos.
  • La violencia es algo habitual, se presenta como una consecuencia lógica de la vida. Los conflictos que llevan a la violencia suelen estar vinculados a historias sentimentales.
  • No hay censuras éticas a lo que está bien o está mal: al robo, a la infidelidad de otros, al consumo o venta de drogas…sólo importa lo que le hacen a uno mismo.

Sorprende, eso sí,  que hay temáticas que no aparecen nunca. La religión no se nombra, ni para bien ni para mal. La inquietud por el medio ambiente no existe; mucho menos la mirada crítica al mundo de la pobreza y la injusticia. Los jóvenes de las series no son solidarios, no tienen preocupación por el sufrimiento de los pobres…lo desconocen. Viven encerrados en su mundo ególatra.

Tampoco aparecen jóvenes comprometidos con realidades de exclusión, o trabajando generosamente en voluntariados al servicio de los demás. Tampoco hay esfuerzo por el futuro, simplemente no existe.

Yo me niego a creer que estos sean los jóvenes los únicos. Creo, eso sí, que son los jóvenes que los guionistas han pintado. Conozco a otros jóvenes, muchos. Chicos y chicas, con sus historias y sus contradicciones, con sus luces y sus sombras. Chavales que se toman la vida un poquito más en serio que esos protagonistas de series; conozco jóvenes que están en colectivos voluntarios, que se afanan por ser honrados, que hacen de la fiesta un rito permanente y son capaces de hablar en serio y hasta de echar una mano, que se esfuerzan por el futuro y se preparan para abordarlo. Conozco incluso, jóvenes que se esfuerzan en dar sentido a su vida desde la fe.

Son chavales majos, que intentan abrirse paso en la vida, con temblores y miedos, pero con bondad e ilusión.

Qué lástima que de ellos no se hable nunca en serio, de los otros se habla siempre en serie.

JOSAN MONTULL