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SER UN CURA EN MEDIO DE LOS CHAVALES (1)

SER UN CURA EN MEDIO DE LOS CHAVALES (1)

 

He querido recuperar un artículo de hace unos años. Varios habían expresado sus ganas de verlo publicado en el blog. Soy consciente de que es muy teológico y es muy largo. Tal vez alguien pueda darle alguna utilidad. Prometo (no sé cuándo) una segunda parte, reflexionando sobre mi vida con los chavales entre los cuales ando en estos momentos.

 

Un día cualquiera.

Suena el despertador y casi a tientas entro en la ducha. Voy luego a la meditación con mis hermanos y, a decir verdad, tengo que hacer esfuerzos para no dormirme en este día de invierno. Salgo a la calle y necesariamente me espabila el frío cuando camino deprisa para compartir la Eucaristía con una comunidad de religiosas. Intento concentrarme antes de la celebración: Santo Dios, el día que me espera –pienso-: clases, Teatro, volver a las tantas…menos mal que mañana es sábado.

Comienzo las clases de Religión con chavales de 3º de la ESO (ya no sé cuántos años hace que enseño religión… ¿25?…?. Los chavales siguen bien la clase, sobre todo cuando les cuento una historia. Ellos saben que es fácil engatusarme diciendo Cuéntanos una historia. Yo me dejo engatusar, tendré que apuntar luego la historia que les he contado y el grupo al que lo he hecho para no repetirme. Acaba la historia y digo Venga, coged el cuaderno que vamos a escribir un poco, comienzan las protestas cariñosas. Cuando voy a empezar a dictar una cría no ha sacado nada y está hablando y riendo con el vecino. Le llamo la atención y me contesta en seguida Mira, trata de entenderme, no te pongas así porque soy hiperactiva diagnosticada. Me río. No sé si será verdad, pero yo firmaría el diagnóstico.

De nuevo, otra clase. Más de lo mismo. Buen rollo y los últimos cinco minutos, nervios y miradas tiernas a los bocadillos que van asomando tímidos, como víctimas que serán sacrificadas en el patio. Suena el timbre. Al patio. Busco a Andrei, a Mohamed y a Juan Carlos. Están muy contentos, van a perder tres horas de clase. Cargamos los baúles del teatro en la furgoneta. Hay telas, hierros, cables…Dios quiera que no nos pare la Guardia Civil. Llegamos al pueblo. Casi no hay nadie. Vamos al bar donde se representará La niña que riega las albahacas. Vamos poniendo las cosas con una precisión matemática (ya lo han hecho muchas veces). Esta vez nos falta la cabra de goma espuma que hemos llevado otras veces. La Compañía que nos la dejó nos la reclamaba y la hemos devuelto. Era una cabra sonriente, preciosa, de tamaño natural y cara simpática.  El escenario está listo. Nos invitan a una coca cola y salimos de nuevo para la Escuela. No corras, me dicen, así nos picamos también la última hora. Les digo que yo tengo clase a última hora y manifiestan disgusto.

Son las cinco de la tarde. Van llegando coches de padres y algún profe. Somos 22 personas en total. La representación empieza a las 7 de la tarde; vamos allá. Llegamos al pueblo y vamos al bar en donde será la actuación. En un cuartito minúsculo las 22 personas se van preparando. Hay bullir de vestidos y maquillajes. La gente del pueblo va llegando poco a poco. En las sillas de delante se han sentado los críos.   Son las siete y tres minutos, el respetable no puede esperar, sería una descortesía; vamos allá. El público ríe el primer chiste; ya está, ya los tenemos en el bolsillo. Aplausos, risas. Al cabo de media hora entra pálido Rubén en las cortinas en las que nos agazapamos los traspuntes.

¿Y la cabra?, falta la cabra.

No hay cabra, le digo, la hemos tenido que devolver.

¿Pero cómo vamos a actuar sin la cabra en la escena en la que entra una cabra?

No sé, sal tú de cabra, tío, sal tú de cabra.

– ¿Qué? Si yo hago de escudero.  

Venga, pon cara de cabra.

Sale Rubén al escenario y pone una cara de cabra memorable. Va comiendo hierba del suelo y, estirando el cuello, la masca tranquilamente mirando al infinito. El público ríe divertido y aplaude frenéticamente. La nueva cabra es un éxito, por ahora a ella se le han dedicado las mejores ovaciones. La cabra de goma espuma ya no volverá a salir, su contrato ha sido rescindido por obra y gracia de Rubén y su careto.

 

Se cierra el telón. Nos dicen que tenemos la merienda preparada. Primero recogemos, luego merendamos. Así lo hacemos. Todo embaladito. Es más fácil recoger esta tarde. Hay más coches. Profes y padres colaboran. Subimos luego a merendar con la gente del pueblo. No falta de nada. Nos ponemos como el hijo del esquilador y nos echamos unas risas. Luego viene Roberto y me dice que quiere bajar con el primer coche, que le acaban de enviar un mensaje diciendo que a las 9 hay una pelea en una plaza solitaria. Que la María y la Laura se van a pegar. Al parecer Laura dijo que la otra era una tal y una cual; se ve que se han enviado anónimos por el Watssap y ahora se ha descubierto todo.  Así que se prepara una gorda. Van a ir los amigos de una y de la otra. Una es de 2º de la ESO, la otra es de 3º.

Intento poner cara de serenidad y, a pesar de que le miro con aparente tranquilidad, creo que me parezco a la cabra del espectáculo. ¿Cómo dices?, ¿Cómo dices?.  Al cabo de un rato sale el primer coche. En el coche va Roberto. Tal vez, si se da prisa el conductor, lleguen a ver la pelea.

 


 

En mi origen, los jóvenes.

Han cambiado mucho las cosas desde que entré en la Congregación Salesiana. Profesé hace casi 40 años y lo hice con una ilusión extraordinaria. Había hecho dos años de postulantado en la Residencia Provincial de Niños de Huesca y allí, viviendo codo a codo junto a 70 chavales con una situación familiar adversa, experimenté cómo Dios me hablaba al corazón y me animaba a seguirle siendo salesiano. Los dos años de vida en medio de aquellos chicos me hicieron caer en la cuenta de que el estilo educativo y espiritual de don Bosco eran un regalo de Dios para la Iglesia; y eran para mí una llamada a seguir a Jesús.

A pesar de los 300 kilómetros de distancia, un buen grupo de aquellos chavales de la Resi me acompañaron en Terrasa el día de mi profesión. Creo que les debo a esos chavales gran parte de mi vocación.

Cuando hace unos años fallecieron mis padres (primero mi padre y luego mi madre), fueron varios grupos de jóvenes los que entraron y sacaron los féretros de ambos de la Iglesia, ocupando así el tradicional puesto reservado a los familiares. Intuyeron que, al ser yo hijo único, eran ellos los que, por derecho propio, eran mi familia y tenían que portar el féretro.

Siempre, por tanto, he tenido la certeza de que los jóvenes han sido en mi vida una mediación de Dios extraordinaria, yo me atrevería a decir que la mediación más genuina. Los chicos y las chicas con las que he compartido y comparto mi vida se convierten en sacramento de la presencia de Jesús en mis historia; sacramento que, como ocurre con la Eucaristía, hay que amar, compartir y abrazar.

Cuando repaso cómo vivo mi fe en medio de los chavales, hay varias cuestiones que creo son para mí fundamentales:

 

Nuestra Historia actual es Sagrada. La Historia siempre lo es.

A veces, es cierto, en estos años en los que vamos a la intemperie de la fe, añoramos otros tiempos, nos gustaría que los jóvenes tuvieran un sentido de pertenencia de Iglesia mucho mayor; pero descubrimos con pena que la Iglesia se ha convertido para muchos en una institución irrelevante. No les dice nada.

Sin embargo estos son tiempos de Dios. No hay en la vida dos historias, una religiosa y otra profana; no se trata de que los religiosos nos sumerjamos en una supuesta historia religiosa y dejemos a un lado la que no lo es. Toda la historia es de Dios, también la actual. Éste es un tiempo de Dios, el mejor de los tiempos. Nuestro siglo XXI está haciendo Historia Sagrada.

Creo que a veces corremos el riesgo de decirnos Dediquémonos a lo específicamente catequético, a lo religioso, a lo que es nuestro. No sé, creo que todo es nuestro, que compartir la vida diaria con los chavales, manifestando mi fe en la entrega y en el afecto es necesariamente evangelizador. Para vivir mi fe no tengo que dedicarme al anuncio explícito del Evangelio, (también lo hago); son los chavales los que me recuerdan mi fe y me obligan a actualizarla.

Pienso en Don Bosco. Marcada su vida por un sentido de Dios permanente, compartía el juego, el trabajo, el afecto y la celebración de la fe con los jóvenes. Pero en todo vivía como cristiano, no sólo en lo celebrativo o en la catequesis.

 

El pueblo de Israel vivió una relación de amistad con Dios.

En la Sagrada Escritura nos encontramos con el misterio de un Dios que se manifiesta fundamentalmente en la relación histórica: elige a un pueblo para que lleve adelante un plan de libertad. Ese pueblo no es precisamente santo, ni tiene mérito alguno para ser elegido. Claro que la elección comporta un compromiso, no un privilegio. A pesar de que no siempre Israel lo vea así, Dios nunca le deja de su mano; siempre le acompañará en su devenir histórico.

Por otra parte, Dios compromete a personas concretas del pueblo para que sean artífices de su libertad. Así, Moisés, los profetas y otras personas son llamadas por Dios para que sean protagonistas de su Historia. Dios se manifiesta como Padre, no como paternalista que saca las castañas del fuego a sus hijos.

Dios, pues, se hace Historia; no es posible vivir la fe al margen de la misma.

 

La vida de Jesús no es solitaria, está llena de relaciones.

La vida toda de Jesús es la radicalización de ese estilo de Dios. Se hace Historia de tal manera que se encarna en la Historia, es uno más de su pueblo, se compromete con los sencillos y, siguiendo la pedagogía de Dios, compromete a otras personas para que le sigan y construyan el Reino.

Jesús nos enseña cómo relacionarse con Dios, cómo encontrarse con El.

  • mirando la vida con ojos nuevos (la viuda que echa dinero en el cepillo del Templo).
  • comiendo con los excluidos (las comidas con los publicanos).
  • acogiendo y perdonando sin preguntar (a la pecadora arrepentida).
  • gritando contra la injusticia (la expulsión de los vendedores del Templo).
  • alentando la vida (levántate y anda… hoy la salvación ha entrado en esta casa).
  • saltándose la Ley para liberar a las personas (tocando leprosos, curando en sábado, sanando endemoniados…)
  • rezando (desde la gratitud, la pena, la filiación, en la soledad o celebrando la fe con los amigos que luego le abandonaron)
  • muriendo como ellos en la muerte más pobre y despreciable.

 

Jesús vive su fe en la Historia, situándose en los márgenes de la misma. A Jesús no le aplaudió la institución religiosa del momento. Su fe le llevó a vivir en un conflicto permanente donde las instituciones no acababan de apoyar aquellos gestos tan profundamente humanos que necesariamente abrían a Dios.

 

Los jóvenes son un terreno para vivir la fe.

Por eso creo que entre los jóvenes uno puede encontrar un marco extraordinario para vivir la fe. Porque valoran los gestos humanos, porque están desprovistos de formalismos, porque necesitan quien se acerque a su Historia y les tome de la mano, aun con el riesgo de equivocarse, porque son víctimas de una sociedad que ensalza la juventud y, paradójicamente, les manipula, porque son incómodos para las instituciones… no me resulta extraño que don Bosco se encontrara bien con los chavales, así lo decía, y no fuera entendido por muchos sectores de la Iglesia. La relación con los jóvenes da la posibilidad extraordinaria de vivir la fe a la intemperie, sabiendo que la propia institución eclesial no acaba de entender muchas de las formas que viven los chavales.

Desde este margen de la Historia, me hago preguntas sobre cómo vivo yo mi fe. Los verbos con los que recordaba las acciones de Jesús son para mí motivo de interrogantes:

  • Mirando (¿cómo miro a los chavales?)
  • comiendo (¿dónde comparto mi vida con los jóvenes?)
  • acogiendo y perdonando (¿cómo recibo a los chavales?)
  • perdonando (¿cómo condena la sociedad?, ¿cómo perdono yo?)
  • gritando (¿dónde clamo contra la injusticia? ¿qué me juego yo por la vida?
  • alentando la vida (¿con cuántos chavales ya he tirado la toalla?… ¿soy capaz de animar a aquellos que dan la sensación de que no tienen solución?
  • saltando la ley (¿Soy tan formalista que no quiero abandonar el terreno en el que me siento seguro para acudir a su terreno si me permiten la entrada?)
  • rezando (¿dónde rezo, ¿doy gracias por los chavales y por su vida?, ¿rezo por los chavales que no rezan?)
  • muriendo (¿cuál es mi cruz, mí muerte de cada día?)

 

Una novedad, una esperanza.

Hay ahora una novedad: la distancia que la Iglesia ha vivido de los jóvenes durante años empieza a cambiar.

El pontificado de Francisco está resultando extraordinario. Es cierto que muchos sectores de la Iglesia están caducos y alejados de los chavales…pero algo está cambiando. Amo apasionadamente a la Iglesia, pero vero que tiene que cambiar muchos estilos y normas. Entiendo perfectamente esa irrelevancia de la que antes hablaba. Las formas, los ritos, los lenguajes, la moral, los estilos eclesiásticos son en nuestro momento histórico, cuando menos, desfasados.

Me apena que en la Iglesia vivamos esta situación. Por eso, vivir la fe en medio de los jóvenes me lleva a una doble situación; por un lado, quiero ser para los jóvenes un testimonio de un seguidor de Jesús, de un cristiano; creo que la Iglesia guarda para la Humanidad un mensaje de esperanza extraordinario y quiero transmitirlo.

Por otro lado, como salesiano que vivo con jóvenes, tengo la obligación de anunciar a la comunidad cristiana la existencia de una juventud que en el siglo XXI se manifiesta desorientada y alejada de la Iglesia y esto nos obliga a hacer un examen de conciencia y a corregir lo que sea menester para, como dice Francisco, ir a las periferias. Los jóvenes son una palabra de Dios para la Iglesia. Si hacemos tantos ritos en los sacramentos y cuidamos tanto los detalles de la liturgia, deberíamos tener para con los chavales una actitud de reverencia (no de condescendencia) y amarles profundamente.

Hay más novedades que me suscitan esperanza. Son los inmigrantes. La llegada a nuestro país de tantos jóvenes que llegan con otra cultura, otra religión y otras costumbres son para mí un motivo de renovación. Esos chicos y chicas tienen en común una cosa: son pobres; han salido de su tierra urgidos por la miseria que padecen. Su presencia en nuestros ambientes espolea mi fe y se convierte en acicate para acercarme de nuevo a los jóvenes dando lo mejor de mí mismo.

En esta Historia Sagrada de nuestros días, creo que la inmigración es una palabra de Dios que llega con mucha nitidez a nuestra vida. Muchos de ellos son creyentes…podremos compartir muchas cosas. Al fin y al cabo, la fe es un camino y compañeros de camino te los encuentras en cada recodo.

 


Vamos llegando cansados y contentos al Cole. Descargamos las cosas. Dentro de 15 días vamos a otro pueblo a actuar, luego haremos una cena para todos. El domingo varios actores vendrán a celebrar la Eucaristía -pocos-, luego jugaremos al futbolín y reiremos un rato. Cuando ya me voy a dormir, me llama Roberto: efectivamente, ha habido pelea. Ha ganado María, le ha llenado a Laura la cara de arañazos y la ha tirado al suelo varias veces. No ha podido ver mucho porque había un montón de gente.  Cuando ya se han ido las amigas de la que ha sido derrotada humillantemente, ha quedado un buen grupo de gente y se han liado unos canutos. A mi me han invitado pero yo no he querido, ya sabes que no fumo.

Me siento un rato ante la tele; no sé qué programa es. En la pantalla todos gritan, se insultan y se amenazan con denuncias.

Vuelvo a la capilla donde empecé soñoliento la jornada. Gracias por todo lo de hoy, gracias por la gente y por los chavales. Qué mal están algunos. Cuídalos Tú, Señor; cuídalos Tú. Al fin y al cabo no son mis hijos, son los tuyos.

“No es el vídeo de la representación de la que hablo en el texto, pero si es el mismo grupo y alguno de los mismos chavales”

Josan Montull

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Han Solo y Jurassik World

Cine para refrescarse: HAN SOLO y JURASSIK WORLD

 

‘HAN SOLO: UNA HISTORIA DE STAR WARS’

Director: Ron Howard

Reparto:

Alden Ehrenreich, Emilia Clarke,

Donald Glover, Woody Harrelson,

Thandie Newton


‘JURASSIC WORLD: EL REINO CAÍDO’

Director: J.A. Bayona

Reparto:

Chris Pratt, Bryce Dallas Howard,

James Cromwell, Rafe Spall y Toby Jones

 

En el mundo del cine llamamos blockbuster a un taquillazo, a aquella película que por sus características está destinada a la diversión del gran público. Son películas que no pretenden grandes reflexiones sino que hacen primar la diversión y la espectacularidad por encima de todo. Tras de ellas hay potentes industrias cinematográficas que se embolsan cantidades nada desdeñables por estos productos.

Dos son los blockbusters recientemente estrenados que son altamente recomendables para el verano: “Han Solo, una historia de Star Wars” (de Ron Howard) y “Jurassic World, el Reino caído” (De Juan Antonio Bayona).

Las dos son buenas películas, destinadas al entretenimiento y para un público juvenil o familiar.

Resulta curioso que las dos películas tienen elementos comunes que evidencia cómo funciona este tipo de cine. Veamos.

  • Las dos forman parte de una saga (“Star Wars” en el caso de Han Solo y “Jurassik Park” en la segunda)
  • En ambas nos encontramos con una narración fantástica que está contada bajo los códigos de otros géneros, así “Han Solo” parece un western en el espacio y “Jurassik…” deviene en un film de terror en un ambiente de aventuras.
  • La historia es absolutamente inverosímil y la olvidamos a los 20 minutos. Se trata de narraciones al servicio de los efectos especiales y la acción; esa narrativa tiene una factura técnica impecable que hace que el espectador se desentienda progresivamente del argumento siendo absorbido por la aventura pura y dura.
  • Los personajes protagonistas son en ambas chico y chica simpáticos, jóvenes, alocados, absolutamente imprudentes pero tocados por un importante sentido épico de la lealtad y la amistad.
  • En las explosiones, las batallas, los ataques de los monstruos…los que mueren son los malos malísimos. Si algún personaje moralmente bueno muere siempre es un hombre (no un monstruo ni una batalla impersonal) el que acaba con él.
  • Son films de una producción multimillonaria y que vienen precedidos por campañas de marketing en ropa, diseños, juguetes, material escolar…hay tras la producción una industria poderosísima.
  • Hay en ambas un concepto claro de la diversión por la diversión. Son films entretenidos, que seducen al espectador desde las primeras escenas. El entretenimiento está garantizado; además, la supuesta gravedad de la historia queda salpicada por pequeños gags humorísticos que distienden la tensión.

Por eso estas dos películas pueden ser más que aptas para el verano. Para todas las edades garantizan una sesión agradable. Son buenas películas que en algún momento puedan darnos la sensación de que ya las hemos visto mil veces, no encontramos en ellas ideas nuevas…pero hay ritmo y calidad. Son los blokbusters del verano…tremendamente refrescantes; qué más se puede pedir’

 

JOSAN MONTULL

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TERCERO A

TERCERO A

Tienen 15 años y la sonrisa en el rostro. Son revoltosos y cariñosos, tiernos y trastos. Hacen tercero de la ESO. Son el futuro -dicen- pero la verdad es que no les importa mucho. Día a día tienen que madrugar, e ir a clase. Tienen que vérselas con el inglés, las matemáticas, la religión, la lengua y mil cosas más. No todas son de su agrado, pero ahí están. No se llevan todos los libros a casa, dicen que si lo hicieran no podrían con el peso que les tocaría llevar. No les falta razón. La cultura pesa lo suyo. Son de la generación en que la informática se ha convertido en el instrumento educativo por excelencia.

Llegan con el móvil, el Smartphone o algún aparato electrónico. Están enganchados a esta tecnología y experimentan auténticos síndromes de abstinencia cuando no pueden usarla. Más que hablar,  wasapean; más que expresarse, tienen cuentas de Instagram y hasta de twitter; más que expresar sentimientos, anexan  emoticonos. Son los chavales de las marcas, de la red mediática, de las fotos que se cuelgan en el ordenador, del me kaes dpm wpxmo; son los hijos de las pantallas, los amigos de la realidad virtual, los que se evaden con la play imaginando otros mundos prefabricados. Se saben los programas de la tele, siguen con pasión la vida de algún fulano que gana una pasta con sus canciones y sus bailes y saben con certeza dónde llevan los tattoos los deportistas. Son la generación del chat, del móvil de última generación, de los mensajes escritos en una clave difícil.

Ya no hacen gimnasia sino Educación Física, No Trabajos Manuales sino Tecnología…Ya no trabajan aislados sino en cooperativo, aprenden vida e idiomas viajando, hacen aprendizaje basado en proyectos y en sus calificaciones mandan los estándares. Esperan en clase que toque el timbre para asomarse al pasillo a ver a algún amiguete al que llevan la friolera de una hora sin saludar.

Mientras las chicas se acarician sus cabellos lacios, los chicos calculan bien la distancia del pantalón bien ceñido dejando ver cuatro centímetro de tobillo. Son los reyes de la gomina y el espejo, de la sonrisa y el aparato de los dientes. Se enamoran y desenamoran con una rapidez encomiable y las redes sociales se convierten en amigos a los que se les confían secretos que pronto son ventilados por la nube.

Cuando llegas a clase te sonríen, te saludan, te dicen cosas cariñosas y, como una letanía perenne, te preguntan si hoy toca vídeo. Luego les calmas, consigues recomponer las geografía de la mesas del aula, se serenan y atienden, toman nota y hasta preguntan. Pero hay un momento mágico, casi de hipnosis se diría, en el que me buscan hábilmente para decirme  Cuéntanos una historia. Como si me costara un gran esfuerzo, cedo, me detengo y comienzo a relatar retazos de vida compartida con chavales difíciles a los que la historia les jugó malas pasadas y con los que pasé los mejores años de mi vida…entonces se quedan boquiabiertos, dejan los bolígrafos y empiezan a sumergirse en la historia incluso a algunos les brillan los ojos. Al terminar dicen “Hoy la clase sí que ha molao”. Es curioso, las experiencias pasadas siguen siendo las mejores maestras.

Aún me atrevo a ser profe de Religión, aún creo que estos amigos y amigas de 3º de la ESO tienen el derecho a que se les ayude a mirar a su interior y adentrase en el Misterio. Frente a sistemas sociales y políticos que se arrodillan ante el capital y rinden culto a la riqueza…remo a contracorriente hablándoles de Religiones y compartiendo con ellos textos del Evangelio, del Corán o de los Vedas. Hurtarles el derecho a la interioridad sería la manera más sutil de privarles de la libertad.

Estos adolescentes, entrañables y canallas, afectuosos y malvados, son –como antes lo fueron otros- los destinatarios de tantas leyes de educación, aprobadas y derogadas al albur de los tiempos y las siglas. Estos tipos de 3ºA siguen, como antaño lo hicieron otros, demandando a gritos límites y afecto. Ya sé que marcar límites, exigir y reprender es complicado; lo mejor sería dejar hacer, transigir, mirar para otro lado y pasar de todo…pero eso sería no quererles; estos chavales de 3ºA merecen el afecto maduro y constructivo de personas que han dedicado su vida a la educación.

Tienen distintas familias y distintas procedencias, algunos, distintos países y distintas religiones. Y conviven. Son buena gente, claro que sí, como los del B, los del C o los de la Z. Son chicos y chicas que, con sus historias personales y familiares, tienen ante sí el reto maravilloso de ir madurando para ser felices y hacer una sociedad más humana y libre.

Estoy a gusto entre ellos, es más, aprendo de ellos y les puedo asegurar que les quiero, Creo que han tenido una suerte inmensa al haber nacido en una época en la que las escuelas se esfuerzan en educar desde el cariño para la libertad y la convivencia. Me pidieron que escribiera sobre ellos y les di mi palabra de honor que lo haría.

Y es que todos, hace más o menos años, estuvimos en Tercero A…o tal vez fuera en Tercero B.

 

 

JOSAN MONTULL

 

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EL PRIMO SANTI

EL PRIMO SANTI.

Me senté tranquilamente con mi amiguete en el Restaurante. Vamos a llamarle Santi. Hacía casi un año que no lo veía. Le tocaba esta vez pagar a él. Como desde hace cinco años, y siguiendo un rito repetido cada dos meses, nos sentamos a comer y a charlar.

Santi tiene 24 años, le he acompañado desde que él tenía 14 y la vida, como a todos,  le iba poniendo dificultades. La adolescencia se le hizo cuesta arriba y todos los que le queríamos tuvimos que hacer acopio de paciencia para no despachar sus salidas de tono con un guantazo que le pusiera en su sitio y le recordara que tener 15 años no es una excusa para poderle levantar la voz en plan vacilón a quien más le quiere a uno.

Recuerdo que hace años un domingo apareció en mi casa sollozando sin poder hablar. Cuando recuperó el resuello, contó que se había escapado de casa después de haberse pasado tres pueblos con su padre. Esta vez no le levantó sólo la voz, sino que también le levantó la mano…su padre se quedó blanco y la cosa acabó con un fuerte empujón del chaval que echó por los suelos las esperanzas que aquellos padres tenían con su hijo. A Santi le dije aquel día que si se quería quedar en mi casa hasta que se serenara lo tenían que saber sus padres en el acto. Accedió y llamé a su familia. Respiraron tranquilos al saber donde estaba el chaval. Por la noche, volvió a casa.

Harto de suspensos, dejó de estudiar y se puso a currar. Con su primer sueldo me invitó a cenar…y así inauguramos una costumbre a la que hemos sido fieles hasta ahora. Una vez paga él, otra vez pago yo.

El trabajo le iba bien al chaval y parte de lo que ganaba lo daba en casa para ir colaborando en la manutención. Parecía que, por fin, la cosa se iba arreglando.

Pero un día, en la vida de Santi apareció un gualdrapa engominado de mucho cuidado y le animó a sacarse una pasta vendiendo el chocolate que ya consumía desde hacía unos años. Y el tontaina tiró la toalla de su vida y empezó a trapichear. Y con la venta, llegó el dinero, y la noche, y las juergas hasta las tantas, y el trabajo a hacer puñetas, y la venta de pastillas, y los coches, y los ligues, y la cocaína vendida y consumida, y los guiskis, y la ropa de marca, y las pirulas, y las amenazas a los que le debían dinero…y el dinero para los que le amenazaban.

Y mi primo Santi y el gualdrapa de marras del que no se despegaba nunca se convirtieron en los más enrollados de las discotecas. Y en la Disco y en los bares era mi Santi el rey del mambo; pásame una rayita, Santí, tronco, que te la pago la semana que viene; dame unas rulitas, colega, que mi chati está muy puesta y ya no aguanto más; Santi, tío, pásame una piedra de la buena y tómate algo.

Y una mañana, hace algo más de un año, mira tú por dónde, cuando Santi se había ido a dormir, le para la guardia civil a su coleguita del alma y le encuentra tanta farlopa como para colocar a una filarmónica. Y de pronto, lacagasteburtlancaster,  a pesar de la gomina y las gafas fashion, se le cambió el careto al tío y se quedó con la cara de lo que realmente era: un capullo.

Santi fue a ver al tipo a la cárcel al cabo de un mes. Y aquel día, en la prisión, tras un cristal, se reencontró con su compañero de correrías y pensó que fue cuestión de suerte no haber acabado con él en el talego. Y al verle la cara y al asomarse a su vida, le dio pena, mucha pena.

Aquel día mi amigo recogió la toalla que había tirado unos años antes…busco curro de nuevo y fue ordenando su vida. Conoció a una chavala encantadora y se puso a recomponer su historia. Fue pagando deudas mientras intentaba cambiar de ambientes y de fama.

Me lo contaba en el Restaurante, hace pocos meses, el día en que le tocaba pagar a él. Me lo decía muy serio. Recordaba la cara de su compañero en la cárcel…tiene para tiempo, me dijo. La cara de aquel tipo, con el que tantas fiestas se habían marcado, se le había metido muy dentro.

Yo recordaba otras caras… me venía a la memoria la de un chavalillo de 15 años, adicto al hachís y a las pastillas. Recordaba la cara de sus padres, a los que este chaval sí que les ha llegado a pegar. Yo había estado en su casa el día anterior y salí impresionado. Tal vez, imaginé, el chavalillo visitó alguna vez a Santi y a su colega enchironado para pillar alguna cosa. Le quise hablar a Santi de este otro chaval pero preferí callar. Eso…-pensé- se lo contaré en la próxima comida, en la que, por cierto, me tocará pagar a mí.

 

JOSAN MONTULL

 

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CARTA A DIOS ANTE EL AÑO NUEVO

Querido Señor Dios:

Espero que al recibo de ésta estés bien. Yo, bien, gracias a Ti. Tengo ante mí el calendario del año que concluye y el del año que comienza. Antes de terminar este 2017, te escribo estas líneas para darte las gracias por todo lo vivido.

Es cierto que en el año que agoniza hemos visto de todo. Probablemente no hayamos tenido muchos motivos para el optimismo; las divisiones políticas, las rencillas, la manipulación de los jóvenes, la violencia contra las mujeres, los enfrentamientos, la pobreza, las guerras…han ensombrecido el mundo maravilloso que has diseñado para nosotros. Pero también quiero decirte  que los años, que no pasan en balde, me animan a descubrirte diariamente en las cosas más sencillas de nuestra vida.

Cuando despierto, por ejemplo, intento tenerte presente y agradecerte el nuevo día…pero sobre todo en los días de invierno, el sueño es tan profundo que tardo una media hora, más o menos, en tomar conciencia de que estoy despierto. Entonces sí que oirás mi voz (no muy clara a esa hora) que te da las gracias por el amanecer,  por la lluvia, por el frío…y hasta por el sueño.

Como te decía, he aprendido a irte descubriendo en las cosas del vivir cotidiano y así te vislumbro en la fe de las personas mayores, en los ojos de los críos, en las lágrimas de los enfermos, en los que –desde otras confesiones religiosas- te llaman con otros nombres. También te descubro diariamente en la sincera búsqueda de los ateos y los que no te conocen. Te intuyo en la gente generosa que se desvive por los demás, en los profesionales que realizan su trabajo con esmero, en las familias… en la gente, vaya.

Es verdad, Padre, que la naturaleza habla de Ti, pero está tan manida por los deportes de aventura, el esquí, la vela y estas cosas, que tu presencia se me hace más diáfana y transparente en la historia de los hombres y mujeres. Me emociona ver las ganas de vivir que tienen las personas; me parece precioso que la gente sencilla, arrastrando a veces tantos problemas, se lave, se peine, se arregle antes de salir de casa para mostrarse ante los demás de la forma más agradable y presentable posible. Creo que el primer signo matutino de tu presencia es que la gente salga a la calle arreglada, manifestando así respeto hacia sí mismos y los demás y ganas de hacer la vida más grata para todos.

Te descubro en la baraja de los sencillos, en la música, en el teatro y el arte, en el buen vino compartido, en el dolor de la familia que pierde al ser querido, en la ternura del abuelo, en la voz del amigo preso, en las fantasías del que se siente solo, en el maravilloso mundo de la educación, en los amigos, en los hermanos.

También te he descubierto, y qué bien los sabes, en el cine. La pantalla me ha ayudado a lo largo de mi vida a conocerte a través de las historias, las pasiones y las aventuras de tantos seres humanos que se trascienden a sí mismos. Los clásicos me han hablado de ti: Ford, Hawks, Kazan,  Preminguer, Bergman, Wilder, Kubrick, Visconti, Fellini, De Sica Hitchcock han sido lámparas que iluminaban mi mundo en la oscuridad de las salas; también los actuales: Scott, Spielberg, Eastwood, Mann, Coppola, Allen, y tantos otros me han emocionado y divertido y ya forman parte de mi historia; también los nuestros Aranda, Garci, Camus, Almodóvar, Saura, Buñuel, Cuerda, Amenábar, Bollaín, Villaronga, Bayona y estos directores cercanos que nos presentan la grandiosa fragilidad del ser humano en la magia del séptimo arte.

Como salesiano, te descubro en los adolescentes y jóvenes, que andan comiéndose tanto la cabeza, peinándose con elegancia, con pantalones de pitillo y adicionados al móvil,  intentando impresionar, intentando descubrirse, afirmarse, aceptarse y quererse en un mundo en el que el futuro está rodeado de buitres que intentan saquearles su juventud. Aunque me cuesta adaptarme a las exigencias de las cambiantes administraciones educativas, no me cuesta nada descubrirte entre los jóvenes en el mundo de la educación.

Te intuyo en los inmigrantes, en aquellos hijos tuyos que, víctimas de un reparto injusto de la riqueza, han tenido que dejarlo todo para buscar un futuro más digno. Te descubro en los refugiados, en aquellas personas a las que nadie mira y llegan huyendo del horror que hemos creado nosotros mismos. En sus ojos veo los ojos de tu Hijo…en su Historia veo la historia del pequeño Jesús, huyendo de los poderes de su tiempo y siendo extranjero en Egipto. En su muerte veo la cruz.

También, Padre, te descubro en personas que, desde plataformas muy distintas se empeñan en construir un mundo más humano: obreros, voluntarios,  educadores, médicos, periodistas, curas, músicos…te intuyo en los maestros, en los padres y madres, en los abuelos, en todos aquellos que ayudan a hacer crecer la vida.

Y, naturalmente, te encuentro en la Sagrada Escritura, tan vilipendiada, tan olvidada por nuestra cultura reinante y tan apasionante y necesaria.

Te descubro en mis hermanos de comunidad, a los que amo a pesar de las diferencias y con quienes creo que es posible hacer que nuestra vida sea una profecía luminosa.

Celebro tu presencia en la Eucaristía y en los sacramentos por más que los que presidamos tengamos nuestros defectos y nuestras limitaciones como cualquier hijo de vecino.

Lo cierto es que no me es nada difícil creer en Ti. Casi me atrevería a decir que la fe, en mi caso, no tiene mucho mérito. Para mí, creer es como respirar, besar, reír, llorar…vivir.

Por eso en esta carta, antes de empezar el año nuevo, quiero darte las gracias por todas las personas que me han ayudado y me ayudan a amarte. Por mis padres y por tantas personas buenas que me han enseñado a ver el mundo desde el agradecimiento y el compromiso. De una manera especial, te doy las gracias por toda la gente que ha alimentado mi fe a lo largo del año que concluye.

Haz, Padre, a que en el año que ahora empieza sepa ser coherente con mi fe y con lo que escribo; ayúdame a que mis torpes letras se conviertan en testimonio de tu Hijo y clamor rabioso contra la injusticia que permite que a tantos hijos tuyos les arrebaten la dignidad. Ayúdame a esforzarme  para ser testigo de esperanza, de esfuerzo compartido por un futuro más humano y, por tanto, más Tuyo. Hazme coherente con lo que soy.

Espero volver a escribirte pronto. Tus noticias me llegan, como te he dicho, cada día.

Recibe un fuerte abrazo de tu hijo.

Josan Montull