Boyhood (Momentos de una vida)

La aventura de crecer: Boyhood (Momentos de una vida).


Título: Boyhood (Momentos de una vida).

Dirección y guion: Richard Linklater.

País: USA. Año: 2014. Duración: 165 min.

Género: Drama.

Interpretación: Patricia Arquette (Olivia),

Ellar Coltrane (Mason), Lorelei Linklater (Samantha),

Ethan Hawke (padre).

Producción: Richard Linklater y Cathleen Sutherland.

Fotografía: Lee Daniels y Shane Kelly.

Montaje: Sandra Adair.

Vestuario: Kari Perkins.

 

En 1995 el cineasta Richard Linklater rodó “Antes del amanecer”, film que iniciaba una trilogía sobre las relaciones de una pareja de enamorados. A ésta les siguieron “Antes del atardecer” (2004) y  “Antes  del anochecer” (2013), las tres fueron protagonizadas por los mismos actores. En estas películas pudimos descubrir a un cineasta con un firme pulso narrativo, capaz de contar historias cotidianas con una seriedad importante.

Algo parecido ha hecho con su última obra, “Boyhood” (momentos de una vida). Aquí se nos cuenta la historia de pequeño Mason, de su hermana Samantha y sus padres. La película comienza cuando Mason tiene seis años y termina 12 años después, cuando éste va a la Universidad.

A lo largo del extenso metraje vamos asistiendo al crecimiento de Mason. La amistad, el cambio de Colegio, las dificultades familiares, su cambio de imagen, el primer amor, la primera decepción, los juegos, las fiestas…pero la genialidad de la película es que el director ha utilizado 12 años para rodarla, de modo que todos los actores van cambiando y envejeciendo de una manera real. Después de doce años de trabajo y a razón de rodar unos tres días por año,  Linkater nos ofrece una película distinta, una auténtica genialidad en su sencillez.

En el crecimiento de Mason nos vamos viendo reflejados todos porque sus reacciones, su rostro, su físico, su forma de andar y de relacionarse, van evolucionando en la película de una manera fluida, con una naturalidad sorprendente.

El film es un elogio de lo cotidiano. Crecer –y todos lo hacemos- es una aventura apasionante en la que estamos sin darnos cuenta en un permanente cambio. Cambiamos por dentro y cambiamos por fuera. En el crecimiento real del niño (Ellar Coltrane) y los actores, entre los que destacan Ethan Hawke y Patricia Arquette, nos vemos nosotros mismos. ¿Cómo hemos cambiado –podemos preguntarnos- desde hace doce años hasta aquí?

En el film todos evolucionan. Al lógico cambio físico de Mason y su hermana, se une también el cambio que va experimentando la madre (Patricia Arquette) que lucha con coraje por sus hijos a pesar de ser tan desgraciada en el amor. También evoluciona el padre (Ethan Hawke) que pasa de ser un bohemio algo alocado a un hombre más maduro. Evoluciona también el país, con la herida de la guerra de Irak, que experimenta una transición hacia el gobierno de Obama. Evolucionan los coches, los móviles, los ordenadores…sólo el paisaje (bellísimo) se mantiene firme, apasionante e inmutable.

La elipsis va urdiendo esa trama sencilla en la que el tiempo hace mella en la vida de todos los actores y nos va trasladando de un año a otro con una naturalidad admirable.

Al final de la película, Mason –apasionado por la fotografía- va tomando instantáneas de objetos viejos: un semáforo roto, un farol oxidado, una toma de agua inutilizada…son los símbolos del paso del tiempo, del envejecimiento, de lo que ha sido y no será.

Sorprendente y ágil a pesar de su duración, Boyhood en una película hermosa y sencilla. Las excelentes interpretaciones de todo el plantel de actores, la fotografía y la música componen un puzzle bien ensamblado que nos hace descubrir que estamos ante una obra de arte tan poco común como extraordinaria.

Crecer es duro, nos dice el film, conlleva alejarse de lo amado (la madre, el hogar…) para poder ser uno mismo. Sólo el amor da sentido a esas idas y venidas físicas e interiores que conllevan los años. Sólo el amor es inmutable.

JOSAN MONTULL

Ben-Hur 2016

El perdón digital: BEN HUR 2016

Dirección: Timur Bekmambetov.

País: USA. Año:2016.

Duración: 116 min.

Reparto: Jack Huston, Morgan Freeman,

Toby Kebbell, Nazanin Boniadi,

Rodrigo Santoro, Sofia Black D’Elia,

Ayelet Zurer.

Guion: Keith Clarke y John Ridley;

basado en la novela de Lew Wallace

 

 

 

La hermosa historia de amistad, odio y reconciliación en la época de Jesús entre el noble judío Judah Ben Hur y su íntimo amigo romano Mesala había sido llevada seis veces al cine. Ahora el director kazajo Timur Bekmambetov acomete un nuevo remake (la séptima versión) y nos vuelve a presentar la clásica novela de Lewis Wallance amparándose en la tecnología digital para llegar al gran público.

 Judah Ben-Hur es un noble judío acusado de traición por su hermano adoptivo Messala, un oficial del ejército romano. Alejado de su familia, y condenado a galeras, Judah pasa cinco años alimentando el odio y la sed de venganza. Cuando regresa de incógnito a Jerusalén para cumplir sus oscuros deseos se encontrará con el mensaje de perdón de Jesús de Nazaret.

Este nuevo “Ben Hur” tiene aspectos que bien merecen su visionado. En primer lugar, la tecnología digital en la reconstrucción histórica y el realismo en los ambientes son magníficos. El espectador se ve sumido desde el principio en el siglo primero. La historia, hermosa, humana y atemporal está bien contada; cierto es que el guion tiene algún fallo narrativo y el relato se estanca en algún momento, pero la película se ve bien y entretiene.

El reproche fundamental que hay que hacer a este nuevo “Ben Hur” es la superficialidad en los personajes principales. Esto en una película de inspiración religiosa es ciertamente una laguna importante. Todos los sentimientos de amor y odio amasado en años de sufrimiento por una lado y de amistad y reconciliación por otro que tendrían que dar sentido a la historia no están bien resueltos; los personajes son absolutamente planos, más al servicio de la tecnología digital que de una interpretación que consiga emocionar al espectador. El trasfondo espiritual no aparece tan apenas. Ni Judá (Jack Huston), ni Mesala (Toby Kebbell) ni mucho menos el beduino protector de Judáh (un hueco Morgan Freeman) dotan de sentimiento a sus personajes que no consiguen conectar con el espectador en ningún momento.

Por el contrario la figura de Jesús (Rodrigo Santoro) es la mejor tratada en la película. En la versión de 1959, el personaje de Jesús tenía poquísimas apariciones y siempre de espaldas. En este film es sin duda el mejor personaje de la narración. Aparece en repetidas ocasiones, habla, tiene gestos contundentes y sus palabras saben a un Dios plenamente humano.

Será imposible no comparar esta película con la versión de William Wyller. En ella Charlton Heston y Stephen Boyd estaban ciertamente estupendos…En la versión del 59 la música de Miklós Rosza se convirtió en un clásico extraordinario que todos identificamos, en este remake la música es irrelevante.

Es curioso, una película con una tecnología avanzada va a tener siempre en contra el film de hace 57 años…Una y otra vez al ver este “Ben Hur” el espectador (aun los más jóvenes) recordarán la versión de Wyller…y compararán, irremediablemente compararán; en la comparación la versión antigua ganará por goleada a esta versión bienintencionada pero tal vez innecesaria.

Vayan a verla, eso sí, intenten no comparar y véanla como si ese argumento no lo hubieran conocido nunca. Entonces podrán disfrutar mucho de una historia de tolerancia religiosa, de amor, perdón y reconciliación bajo la sombra de la Cruz. Y contar una y otra vez esta aventura épica de amistad y redención sigue siendo necesario y plenamente actual.

JOSAN MONTULL

 

El viaje de Arlo

Dejando huella: EL VIAJE DE ARLO

Título original: The good dinosaur.

Dirección: Peter Sohn.

País: USA. Año: 2015.

Duración: 93 min.

Género: Animación, aventuras, comedia.

Guion: Meg LeFauve.

Música: Jeff Danna y Mychael Danna.

 

 

Tras el éxito de la excesivamente valorada “Del revés” llega a nuestras pantallas un nuevo filme de la factoría Dyney Pixar en la que los protagonistas vuelven a ser casi al cien por cien animales con personalidad humana.

La narración nos traslada a una peculiar prehistoria. En ella, los dinosaurios están muchos más avanzados que los humanos en la cadena evolutiva. Son granjeros y campesinos, tienen sentimientos muy hondos, cuidan aves y animales de granja y acumulan sus reservas de alimento en un silo de piedra donde los miembros de la familia dejan su huella impresa cuando han hecho alguna acción importante. El padre, la madre y dos hermanos dinosaurios ya han dejado su impronta en el silo, pero queda un miembro de la familia, Arlo, que todavía no ha podido hacerlo.

Arlo es timorato, introvertido, inocente; todo le sobrepasa, ante cualquier dificultad se acobarda y tiene una absoluta dependencia de sus padres, por más que el papá dinosaurio se esfuerza en hacer que su hijo madure, el pequeño Arlo no logra vencer sus dificultades para afrontar con valor la vida. Está condenado a no dejar huella.

Perdido en medio de la naturaleza y alejado de su familia, el pequeño dinosaurio tendrá que sobrevivir en un camino iniciático de superación personal y crecimiento acompañado de su nuevo amigo Spot, un niño humano que también ha perdido a su familia y que es salvaje y atrevido.

La relación entre Arlo y Spot pasa del recelo y desconfianza a la amistad y colaboración más profundas.

El film, construido a modo de western, nos va presentando todas las peripecias y aventuras de la singular pareja. Las dificultades les van a unir y juntos descubrirán que pueden superar el miedo y afrontar los problemas.

A lo largo del metraje este viaje de Arlo se convierte en una ruta moral.

Son muchas las cosas que el pequeño dinosaurio va descubriendo. Aprende que el miedo provoca la desconfianza y el desprecio; que afrontar los temores no es de cobardes sino algo necesario porque en la vida todos tememos algo. Arlo descubre que los gestos de amabilidad transforman la historia de las personas, comprueba que cada ser es distinto y que el mestizaje de razas y culturas es siempre enriquecedor. En su viaje va experimentando cómo en su interior hay muchos recursos que, bien llevados, le van a hacer madurar.

Pero si hay algo que en este viaje iniciático Arlo y Spot descubren es el valor de la amistad y el de la familia. Hay en el ser humano (representado paradójicamente por un dinosaurio) una necesidad de sentirse querido y vivir en familia. No basta con la amistad, no basta con tener paisajes comunes que den sentido a la propia historia, necesitamos la referencia de unos adultos que nos quieran, nos proteja y nos eduquen y para los que seamos muy importantes.

No faltarán los que tachen estos contenidos de conservadores y anticuados (todavía hay críticos que sienten un repelús cuando el cine reivindica estos valores) pero lo cierto es que ése el sustrato que recorre toda esta aventura.

THE GOOD DINOSAUR – Pictured (L-R): Arlo, Forrest Woodbush (aka: The Pet Collector). ©2015 Disney•Pixar. All Rights Reserved.

El relato se sigue estupendamente y el guión es ágil y mantiene permanentemente la atención del espectador. Los momentos cómicos salpican la historia sin rebajar la emoción. La realización técnica es absolutamente extraordinaria. Hay una belleza grandiosa que llena la pantalla con un paisaje luminoso y abierto que bien recuerda a los westerns clásicos de Ford o Haws; las nubes, la lluvia, la tormenta, el desierto, el río, las montañas están fotografiadas con una técnica excelente y se convierten en otros protagonistas del film. La música celta es una preciosidad y la textura de los personajes es sencillamente fascinante y trasmite toda una gama de sentimientos que tocan el corazón.

Al final, Arlo crecerá por fuera y por dentro, podrá vivir la grandeza moral de saberse dinosaurio y así dejar su huella en el silo.

Familiar, pedagógica, ética, divertida y tierna, “El viaje de Arlo” es una propuesta cinematográfica formidable. Al final de la película salimos de la sala con ganas de ser mejores personas y con la conciencia de que, a pesar de nuestras limitaciones, podemos dejar huella.

JOSAN MONTULL

El maestro del agua

La épica del perdón: EL MAESTRO DEL AGUA

Título original: The water diviner.

Dirección: Russell Crowe.

Países: Australia, USA y Turquía.

Año: 2014. Duración: 111 min.

Género: Drama.

Interpretación: Russell Crowe (Connor),

Olga Kurylenko (Ayshe), Yilmaz Erdogan (Hasan),

Cem Yilmaz (Cemal).

Guion: Andrew Knight y Andrew Anastasios.

Producción: Troy Lum, Andrew Mason y Keith Rodger.

Música: David Hirschfelder.

Fotografía: Andrew Lesnie.

Montaje: Matt Villa

A lo largo de la Historia del cine han sido muchos los actores y actrices que han decidido ponerse tras la cámara para convertirse en directores de films protagonizados o no por ellos mismos. Con más menos fortuna, artistas como Robert de Niro, Angelina Jolie, Kevin Kostner o nuestros Antonio Banderas y Ana Belén, por poner algunos ejemplos, han dirigido con mayor o menor talento. Otros, como en su día Orson Welles y en la actualidad el más que veterano Clint Eastwood han demostrado ser auténticos maestros tanto en la interpretación como en la dirección.

Le ha tocado el turno ahora a Russell Crowe, protagonista de grandes películas, que debuta en la dirección con “El maestro del agua”, una narración épica y hermosa, realizada con una factura muy clásica.

El maestro del agua cuenta la historia, con base real, de Joshua Connor, un granjero zahorí, que, poco después del final de la primera Guerra Mundial y tras el fallecimiento de su esposa, viaja a Turquía para localizar –y dar honrosa y justa sepultura- a los cuerpos de sus tres hijos caídos en la batalla de Gallipoli. La Turquía que conoce es un país marcado por la guerra en el que se encontrará con oficiales del ejército contra quien peleaban sus hijos. Será en ese país donde también conocerá a una mujer, Ayshe (Olga Kurylenko), que vive con su único hijo superando la muerte en guerra de su esposo. Además Connor se topa con el comandante Hassan (Yilmaz Erdogan), que mandaba la patrulla que luchó contra sus hijos desaparecidos. Todos estos personajes, marcados por la herida que la guerra les ha dejado, buscan afrontar el futuro con dignidad, superando la violencia y el odio del que han sido autores y víctimas.

Crowe afronta una historia que tiene una vocación épica importante. Tal vez un director más experimentado hubiera sacado más tajada de un film espectacular con momentos pensados para el lucimiento del actor-director. Pero lo cierto es que la película se ve con gusto a lo largo de sus dos horas de metraje y aborda temas que bien merecen ser destacados. El amor, la búsqueda de la paz, el sinsentido de la guerra, la amistad, el honor, la familia y –sobre todo- la posibilidad del perdón son temas que van apareciendo en el film casi de una forma didáctica y pedagógica. Hay miradas, abrazos, frases y guiños que subrayan valores humanos con los que Crowe va salpicando todo el metraje.

El esfuerzo titánico de Joshua Connor en busca de sus hijos es mucho más grande que el esfuerzo que comporta la búsqueda del agua. El experto zahorí, dotado de una profundidad psíquica que le lleva a descubrir agua fresca bajo la tierra parajes semidesérticos, se siente impotente para descubrir a sus hijos también bajo la tierra en medio del secarral estéril que deja la guerra.

Pero el amor y la amistad –ý está es la gran lección de la película- hacen posible la búsqueda compartida. Desde allí es más fácil encontrar y encontrarse. El encuentro de dos hombres, Connor y Hassan, en apariencia condenados a odiarse, les va trasformando a ambos y juntos experimentan la fuerza redentora del perdón. En el fondo, ambos personajes buscan y, cuando se unen, pueden reconstruir sus emociones descubriendo lo mejor de sí mismos, como quien encuentra agua fresca en el desierto.

Épica, entretenida, clásica y moral, “El maestro del agua” es una buena película de aventuras, que tal vez nos esté descubriendo a un buen director.

JOSAN MONTULL