Publicado en Críticas de cine

Habemus Papam

Fumata apagada: HABEMUS PAPAM

Título original: We Have a Pope

Italia 2011. 104 min.

DIRECTOR: Nanni Moretti

GUIÓN: Nanni Moretti,

Francesco Piccolo, Federica Pontremoli

MÚSICA REPARTO: Michel Piccoli,

Nanni Moretti, Margherita Buy,

El cineasta Nanni Moretti vuelve a tratar el tema espiritual como ya lo hiciera en “La misa ha terminado” en donde contaba la crisis vocacional de un sacerdote y en “La habitación del hijo” que narraba la desesperanza familiar que provoca la muerte de un hijo adolescente.

Las dos obras eran propuestas interesantes pero lastradas por un pesimismo y un halo de desesperanza que dificultaba su visión.

Regresa Moretti al tema religioso con “Habemus papam”. De entrada, la historia promete mucho: un recién elegido pontífice sufre un ataque de pánico justo antes de aparecer en el balcón de San Pedro en el Vaticano para saludar a los fieles, que han esperado pacientemente la decisión del cónclave. Sus consejeros, incapaces de convencerle de que es el hombre adecuado para el trabajo, buscan la ayuda de un reconocido psicoanalista que intenta animar al pobre Papa que se debate en una angustia vital que le imposibilita desempeñar el cargo para el que ha sido elegido. Angustiado por la responsabilidad, el nuevo papa huye del Vaticano buscando escapar de sí mismo.

El argumento promete, la historia es interesante. Ya otros cineastas habían narrado esa fuga papal de los muros vaticanos para encontrar sentido a su ministerio. Nos lo contó Michael Anderson en “Las sandalia del pescador” y ha aparecido también de un modo u otro en los reciente biopics de los últimos pontífices. Claro que en esos casos las andanzas extramuros de esos papas cinematográficos estaban marcadas por la fe, por la fidelidad al ministerio y a la voluntad de Dios, no por la huida.

 

Sin duda que la cinta tiene aciertos. En primer lugar, es de alabar un film en donde se reconoce la humanidad profunda de un hombre al que le supera el ministerio. El papa no es Dios ni un superhombre, es un ser humano cargado de fragilidad. Acierta también el director en presentarnos un grupo de cardenales muy humanos y sencillos. Cierto es que su humanidad resulta a veces algo infantil y superficial, pero desde luego no aparecen como personas soberbias y henchidas de poder como hubiera podido mostrar otro cineasta; son humanos: tienen ganas de que el papa acepte el cargo para irse a sus casas y terminar la reclusión vaticana; para entretenerse hacen puzzles, tienen bicicleta estática, fuman, juegan a las cartas…No hay entre ellos intrigas políticas de ninguna clase, sólo ganas de que haya un papa para poder regresar a sus casas.

Interesante es también el concepto que subyace en el film: ser un papa no es ninguna bicoca, ni ningún privilegio…es una responsabilidad que abruma (no en vano todos los cardenales en el cónclave rezan para no ser elegidos).

Acierta también Moretti al presentar una curia que no deja solo nunca al papa, el ambiente es cerrado, casi no hay ventanas…pero de cara a fuera hay que disimular. No pueden decir que el papa se ha escapado y hay que tejer una red de disimulo para evitar el escándalo. Menos feliz es aquello en lo que el director quiere dar un tono de comedia a la película: el sicoanalista ateo, la sicóloga separada, el actor loco, el partido de voleibol entre cardenales, el guardia suizo ocupando las habitaciones papales…resultan elementos que, con la intención de hacer una comedia simpática, desconciertan al espectador y le quitan seriedad a un film que promete mucho más de lo que da.

Y es que la película, tratada, eso sí, con gran respeto y corrección, se queda a medias entre una comedia, un drama, una reflexión…El arranque es interesante y seduce al espectador, pero a lo largo del metraje el hilo argumental va perdiendo interés, incluso da la sensación de que el guión está mal construido haacia la segunda mitad del film y el director no sabe muy bien cómo terminar la historia. Y es que el problema de fondo no aparece; hay un previo necesario para asomarse al tema de la película, ese previo es la fe, sin fe no se entiende el papado ni el compromiso por la vida consagrada. La fe es la gran ausente de la película. En ningún momento se aborda el drama interior que puede estar viviendo un ser humano que, por fe, acepta comprometer su vida aun siendo consciente de su fragilidad.

Resulta llamativo que en una película sobre el papa no se hable de Dios, sólo al final hay una sencilla declaración diciendo que todos necesitamos de Él.

A Moretti no le falta oficio…le falta fe. En el film encarna como actor al sicoanalista ateo. No sé si busca retratarse a sí mismo en el papel representado pero, ciertamente, no se puede entender el problema del buen cardenal metido a papa sin tener fe. No es de extrañar que el siccoanalista se dedique a organizar un partido de Beisbol entre cardenales que no se sabe muy bien a qué viene.

En fin, una película para tener en cuenta por el tema y por el respeto con que se trata una cuestión que serviría para la burla…pero una película vacía, a pesar de sus buenas intenciones.

No hay fumata blanca para el film de Moretti, ni fumata negra, ni gris…la película nace apagada, le falta el fuego de la fe.

JOSAN MONTULL

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Publicado en Reflexiones en voz alta

CARTA A UN CRETINO

CARTA A UN CRETINO

Querido cretino:

Nos conocemos bien, hemos tomado un trago muchas veces, hemos compartido mesa y hasta nos hemos reído juntos en alguna ocasión.

Perteneces a un importante colectivo de personas que tienen una pose moderna, o algo así, que se basa fundamentalmente en la crítica feroz a las personas e instituciones que entregan la vida generosamente por los demás.

Arguyes -entre sorbo y sorbo- que la Iglesia y las ONGs de cualquier signo están pasadas de moda, son instituciones  seniles y decadentes, que se basan en la transmisión de unas ideas anticuadas y utópicas que imponen desde el sentimentalismo a personas sencillas y de buena voluntad que carecen de cultura y de formación. Repites una y otra vez que el progreso y las libertades han acabado ya con el sometimiento a la Trascendencia y a una solidaridad meliflua que es inoperante.

Sigues con la cosa esa del opio del pueblo y movidas así. Hablas del caciquismo eclesial, de la involución y de las subvenciones turbias a las ONGs. Subrayas tu pensamiento, como no, con lo del dinero del Vaticano y con las declaraciones de los obispos.

Manifiestas también tu menosprecio por políticos, sindicalistas y currantes varios que se dejan el tiempo, el talento y la ilusión en el trabajo por los demás. Dices una y otra vez que son unos tipos interesados, que todos los políticos son iguales, que los sindicatos ya no son lo que eran y que las asociaciones están corrompidas. Te descojonas de risa cuando hablas de catequistas, monitores, voluntarios y pacifistas. Me has llegado a decir eso e incluso, mira que ya es morro, que cuando matan a un misionero es el Tercer Mundo es un accidente laboral.

Confieso que he llegado a entenderte. Pienso que en un mundo tan complejo como el nuestro, en donde parece que no queda nada sólido, tu opinión merece un respeto.  Formas parte de un importante ejército de personas acomodadas e indiferentes que pasan por la piedra a todos aquellos que intentan dar una respuesta a los interrogantes que se plantea el ser humano en este  milenio. En realidad, hay muchos como tú. Eres una piececita más en un engranaje maligno que produce nada y vacío.

A pesar de la amistad que nos une, hay un tema en ti que me molesta en ocasiones; es -ni más ni menos- tu incapacidad manifiesta para comprometerte en lo que vaya más allá de tu ombligo. Criticas al mundo, a las organizaciones solidarias y a toda la gente que piensa en los demás, mientras que tú sólo te preocupas de tus ingresos, tu estómago y tu línea. Te conoces de meoria los devaneos sentimentales de los famosos que exhiben incultura y cuernos en la tele, pero te resulta prácticamente imposible reconocer la generosidad de muchos grupos de personas; no sabes apreciar lo que hay de bueno, noble y generoso en tantos seres humanos que miran el mundo desde la compasión. Tu crítica, entonces, me parece vacía y carente de fuerza moral. Me aburren tus teorías sociales y tus análisis estructurales de la realidad. Repruebas, a veces con acierto, a los que quieren hacer algo por los demás mientras que tú, echándole un poco de razones y un mucho de jeta, eres incapaz de mover ni un dedo. Nos observas a todos por encima del hombro; nos miras como situado en una atalaya inaccesible desde la que sólo sabes censurar a la gente que se moja por los demás, vigilando, eso sí, que la cosa no te salpique.

En el fondo, te encanta ser un cretino. Por eso, y perdona que te lo diga, tu análisis estructural de la sociedad me importa un huevo. Es más, cada vez que abres el pico para denunciar alguna de las cosas que hacen tantos voluntarios en tantas ONGs, tengo la certeza de que nuestro trabajo no es tan estéril. Pienso -parafraseando a Cervantes- que ladras, luego cabalgamos.

Deseo de todo corazón que algún día bajes de la muralla que has edificado sobre tu soberbia. Deseo que pises el suelo, como nosotros intentamos hacerlo, y de ese modo comprendas lo resbaladizo y complejo que resulta el compromiso…lo arriesgado y apasionante que resulta jugarse el tipo por los demás. Espero que alguna vez le tiendas la mano a alguien, aun a riesgo de equivocarte, y experimentes entonces la fragilidad hermosa del amor.

Sólo así serás feliz ; sólo así podrás vivir y vivirte…sólo así podrás empezar, querido amigo, a dejar de ser lo que ahora eres, un triste e infeliz cretino.

JOSAN MONTULL