Publicado en Críticas de cine

Ha nacido una estrella

En la salud y en la enfermedad: Ha nacido una estrella

 

A star is born USA 2018

Reparto: Bradley Cooper: Jackson Maine

Lady Gaga: Ally

Andrew Dice Clay: Lorenzo

Dave Chapelle: Ceorge Noodles

Director: Bradley Cooper

  Por cuarta vez Hollywood devuelve a la pantalla una romántica historia de amor entre una joven promesa de la canción y un famoso y entrañable pero alcohólico músico. De entrada resulta sorprendente que un novel director (Bradley Cooper) se sitúe esta vez detrás de la cámara para dirigir una cinta cuyo argumento es bien conocido. También resulta sorprendente que la provocadora y estrafalaria Lady Gaga debute como actriz protagonizando el film dando vida a Ally, la aspirante a cantante. Y la sorpresa es doblemente grata porque el nuevo director y la nueva actriz están estupendos cada cual en su cometido. Asistimos, en realidad, al nacimiento de dos estrellas. Copper interpreta a Jackson Maine, un músico fuera de serie, una estrella consagrada de la música, un genio creativo y con un carisma extraordinario que esconde un pasado oscuro y cuya vida está destrozada por las drogas y el alcohol. Ally (Lady Gaga) es una artista que lucha por salir adelante en un ambiente cutre donde su talento no puede crecer. Justo cuando Ally está a punto de abandonar su sueño de convertirse en cantante, se encuentra con Jack que se enamora locamente de ella decide y ayudarla en su carrera hacia la fama. El camino, que comienza muy exitosamente, será más duro de lo que imaginan.     El enamoramiento del primer momento no es superficial ni bobalicón; es profundo y comprometido. Ambos, Jackson y Ally, se desviven el uno por el otro; la donación mutua es constante. No se trata de una aventura pasajera ni mucho menos, es un amor auténtico el que viven. Entienden su amor como un hacer medrar al otro, desvivirse por el otro. El sentirse amados les hace crecer como personas y como artistas; jamás entienden su talento musical prescindiendo del otro, el deseo de cada uno es hacer que el otro se una persona y un artista mejor. No hay rivalidad entre los dos, por más que Ally cada vez brille más y él vaya decreciendo. Juntos son más, mucho más, en el escenario y en la vida. Una boda exótica pero sentida subrayará ese amor. Pero las drogas están ahí. El alcoholismo de Jackson pasa factura; por más que él una y otra vez intenta alejarse de todo ese mundo, es un toxicómano. Como tal, miente, agrede, hace daño a los suyos, se destroza de tal modo que está a punto de destrozar la carrera de Ally. Pero ni aun así se distanciarán. Jackson se arrepiente y pide perdón, ella sigue perdonando y acogiendo. Siguen enamorados. Van a ser fieles en la salud y en la enfermedad. Aunque las drogas destrocen la vida…no consiguen destrozar el amor. La película está contada con brío y con un ritmo excelente. La banda sonora es sobresaliente; rock, baladas, blues, están interpretadas magistralmente. La historia sigue siendo actual. Cooper como actor está muy bien –ya nos tiene acostumbrados-. Lady Gaga, como actriz, está tan contenida y tan entregada que se mete en la piel del personaje de un modo antológico.     Tal vez no era necesario volver a llevar a la pantalla esta historia de amor y drogas…pero lo que sí es cierto es que este remake es mucho mejor que su predecesora y hace que olvidemos las anteriores.
 

“Ha nacido una estrella” es una dura y hermosa reflexión sobre el amor, el arte, las adicciones y la vida. Un bellísimo y profundo musical.

 

JOSAN MONTULL

 
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AMOR DE MADRE

Hace años que no tengo noticias de Luis. Cada vez que pienso en él no se me quita la cabeza lo de aquella mañana de primavera.

Lo que más me impresionó aquel día al entrar en la prisión fue el ruido. Ya había pateado otras cárceles viendo chavales amigos a los que la Historia les había dado un revés furioso, pero el ruido de aquella cárcel era sobrecogedor. Cada puerta que se cerraba, cada grito que se oía, cada timbre, cada persiana metálica que se abría…cada sonido se quedaba paseándose en el ambiente, resonando sin acabar de extinguirse nunca. Tal vez sea la hora, pensé, a las nueve de la mañana llegan los camiones con los suministros del día…a las nueve de la mañana no es una buena hora para ver a un preso. El capellán me había colado en una hora intempestiva para darle un abrazo a Luis, que a los 20 años había dado con sus huesos en una cárcel española en la que la población penitenciaria triplicaba la capacidad de la misma. Me impresionaba el desfile de personas que iban y venía por el patio central. Diferentes razas y edades, pero con el reflejo de la pena en el rostro.

Por fin apareció Luis. ¿Qué tal estás, amigo? y nos abrazamos. Estás más delgado, amigo… ¿cómo te tratan ?… ¿sabes algo de los colegas ?… ¿qué tal por ahí fuera ?…Y el tiempo que, poco a poco, íbamos consumiendo con los cigarrillos nos sabía a poco. No hablamos del palo, del robo a mano armada que le había llevado hasta la antigua Modelo, rodeado de ruidos canallas que resonaban eternamente. No quise preguntarle por ningún detalle del delito que le había llevado al talego. No le recriminé nada. No le aconsejé nada.  

Me estoy quitando, ¿sabes?, llevo un mes que no me meto nada…y me contaba el proceso que llevaba en prisión para superar la adicción al caballo.

¿Te has hecho un tatuaje en el brazo? Sí, tío, sí. Aquí lo llevamos todos: Amor de madre ¿sabes ?…y me lo enseñó detenidamente. Un corazón, con unas espinas que derramaban lágrimas y debajo la inscripción: “Amor de madre”. Nada que ver con esos tatuajes con pedigrí que hoy se ponen los famosos. Estaba hecho a sangre y fuego, nunca mejor dicho.

 

Mi madre es la que más ha sufrido, ya lo sabes. Desde que me empecé a meterme esa mierda, intentó con todas sus fuerzas sacarme. Y yo, cada vez peor. Al final sólo lloraba. Creo que en el último año no hizo otra cosa más que llorar…llorar por mí, tío, por mí que soy el peor hijo del mundo. Por eso me lo he tatuado; me dolió un montón…luego se me infectó y me dio hasta fiebre. Mejor, pensé, así te acordarás del dolor que pasa tu madre. Y es que no quiero que pase un sólo día de los que esté aquí sin acordarme de ella…porque ella se acuerda todo el día de mí, estoy seguro.

Sí, le dije, de eso puedes estar convencido.

En mi casa –contestó- mi vieja ha caído presa conmigo. Ni un sólo día, ¿sabes ?…ni un sólo día quiero pasar sin acordarme de ella –seguía diciéndome– . Cada vez que miro el tatuaje la tengo en mi corazón.

Seguían los ruidos.

¿Y tú que me das?, dijo sonriendo. Y me recordó su eterna cantinela en el Centro Juvenil, cuando venía desde niño pidiendo siempre algo, un caramelo, un globo, un cigarro, una broma…

Jo, tío, no has cambiado, le dije. Pues no tengo nada, además, a la entrada he tenido que vaciar los bolsillos…Ah, sí, tengo algo. Y echando mano a la cartera saqué una estampa de la Virgen. Toma, te la doy.

¿Ésta es la que estaba en una estatua en el Centro, verdad?

 Sí, le dije, María Auxiliadora… ¿te acuerdas de las fiestas que hacíamos ese día ?…

¡Cómo no me voy a acordar!

Cogió la estampa y respetuosamente la besó. Se le empañaron los ojos, tal recordando una infancia feliz y libre en aquel Centro Juvenil que diariamente abría sus puertas para plantar cara a la desesperanza en los años de la heroína. Aquellas manos, que habían empuñado un arma fatídica, sostenían temblorosas la estampa de la Virgen. Aquellos ojos que tantas veces habían reflejado rabia, se habían empañado de ternura.

Nos dimos un abrazo y ya vino el capellán a avisarme. Volví a mirar aquel brazo tan asaeteado por la jeringa, luciendo aquel hermoso tatuaje lleno de sentido.

Pensé en María de Nazaret…en el Amor de Madre…en el corazón con espinas grabado  con sangre y un punzón al rojo vivo para que no pase ningún día sin que me acuerde de ella.

Atrás quedaba Luis, con una estampa de María de Nazaret que iba a poner en su celda. Pensé en la Virgen, compartiendo lágrimas y esperanza con tantas madres rotas por la injusticia que sufren sus hijos crucificados. A través de aquella estampa María  de Nazaret animaba a la vida y auxiliaba a su pobre hijo Luis, aportando un rasgo de ternura es aquel universo de ruidos aterradores.

Amor de madre…me iba repitiendo a mí mismo. El sol en la cara me devolvía a la realidad al salir a la calle. Me extrañó que a aquella hora de la mañana empezara a hacer calor. Claro, me dije, estamos en Mayo.

JOSAN MONTULL

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¿QUIÉN NO SE HA METIDO UNA RAYITA?

¿Quién no se ha metido una rayita?

 

Me lo preguntaste hace unos meses, cuando cenábamos en Barcelona. ¿Quién no se ha metido alguna vez una rayita? Me lo dijiste mientras íbamos a pedir los cafés.  La verdad es que me dejaste entonces desconcertado. Estábamos tranquilamente tomando unas tapas. Tu compañera, que ya conocía tu historia, te miró entre escandalizada y sorprendida. Cuando te conteste, “Yo, por ejemplo. Yo no me he metido nunca nada, del Ducados no he pasado”, me contestaste que eso era distinto, que lo mío era otra cosa. Cambiamos de tema y pedimos los cafés.

No lo vas a creer, pero cosas que he vivido recientemente me han hecho volver a pensar en ti y en tu pregunta porque tengo la sensación de que esa pretendida normalidad con la que tú me hablabas, con tus más de 40 tacos, está pasando a muchos chavales que, con 14 o 15 años, dan la misma respuesta que tú cuando hablan de los porros y hasta de las rayitas o las pastillas. Y les veo así, tan sinceros y tan frágiles, que me da pánico pensar en lo que les pueda ocurrir.

Me parece que has olvidado, amigo, que muchos de tus compañeros, de los que veían normal el hachís y luego la rayita, se quedaron por el camino y pringaron de mala manera. Están ahora en el talego, o criando malvas o, en el mejor de los casos, en algún centro siquiátrico en donde les enseñan incluso a no mearse encima. Eran otros tiempos, es verdad y cierto es que ha habido gente que, como tú, consiguió salir de aquella mierda con toneladas de ayuda, de cariño y de exigencia…pero muchos, tío, quedaron atrás. Por eso entenderás que cuando miro a los chavales jugar en el filo de la navaja con todo esto, como educador que les quiere apasionadamente, me entre un cierto canguelo.

¿Te has olvidado de los cinco chavales de tu barrio que, colocados de vete tú a saber qué, murieron abrasados en un coche, en una noche de juerga y de fiesta?, ¿no recuerdas al que recibió una paliza delante de su hijo de 8 años porque le debía dinero a aquellos tipos con los que había estado esnifando hasta las cejas el día anterior en una fiesta alucinante? ¿Tampoco recuerdas a tu vecina, que se rompió la crisma tirándose de la ventana aquella noche en la que tuvo un subidón memorable, ¿No recuerdas los nombres de esos críos que iban colocados por la mañana porque decían que iba bien para relajarse en clase?, ¿Te has olvidado de Víctor, que lleva desde los 13 años enganchado y ahora sigue en la cárcel porque cada vez que sale se mete unas rayitas con lo que roba hasta que le pillan y vuelve a la trena?

Ya sé que han pasado los años desde que compartimos aquellas movidas y sé que hay que mirar al futuro, pero tengo la sensación de que hay mucha gente que lo que quiere ahora es mirar hacia otro lado, porque en España, querido amigo, el tema de la droga no interesa para nada a muchos políticos. ¿Les has oído hablar de este tema en los debates cuando se presentan a las elecciones? ¿Has visto cómo hablan de nacionalismos, de financiaciones, de crisis, de política exterior, de corrupción, del pasado franquista, de la inmigración…y no mencionan nunca el tema de las drogas?, y eso que saben que nuestro país es el primer consumidor de cocaína del mundo…y eso que saben que los inocentes porros son hoy 16 veces más fuertes que hace 15 años. A pesar de eso, siguen financiando festivales, macrodiscotecas gigantes y eventos supuestamente culturales en los que la droga es lo habitual.

No tío, no. Esa normalidad con este tema es lo que está desgraciando la vida de tantos chavales. Hay una tolerancia pusilánime en muchas familias para marcar límites a sus hijos. No hay una preocupación seria ni una opción decidida para combatir la droga porque es más fácil dominar a los chavales haciendo que su máxima preocupación sea el horario de cierre de los bares. ¿Te imaginas qué pasaría si se manifestaran para pedir puestos de trabajo? ¿Te imaginas que denunciaran la venta de armas a países con dictaduras o los excesos de muchos mandatarios de todos los signos dando pelotazos inmobiliarios? ¿Te imaginas que se manifestaran para denunciar los programas basura o los insultantes sueldos de los futbolistas? No, es preferible que se preocupen más por otros temas; por la movida del fin de semana, por pillar alguna piedrita para alegrarse un poco cada día o por sacarse una pasta vendiendo yerba.

Por eso, querido amigo, no me vengas diciendo que meterse algo es lo normal. Piensa en tu hijo, que ahora tiene siete años y es una ricura, piensa que te oye esa expresión cuando tenga 15, cuando tengas que negociar con él para hablar de dónde se pone el piercing, de si quiere hacerse un tatoo, de sus dispositivos electrónicos, de la hora de llegar a casa, de tantas y tantas cosas…¿Te imaginas que te oyera decir que eso de meterse una rayita es normal?

Pues qué quieres que te diga. Llámame  carroza, viejuno o lo que quieras, pero a mí no me parece normal que tantos chavales vayan siendo víctimas de los petas, las pastis, los tripis, la farlopa, la maría y tantos venenos.  Yo entiendo que ellos se defiendan, que mientan, que digan que ya controlan y todo eso…pero manda huevos que lo digas tú y lo diga tanta gente respetable…permisivos hasta el límite y mirando hacia otro lado cuando tantos chavales se dejan la vida por esos putos porritos.

 

JOSAN MONTULL

 

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EL PRIMO SANTI

EL PRIMO SANTI.

Me senté tranquilamente con mi amiguete en el Restaurante. Vamos a llamarle Santi. Hacía casi un año que no lo veía. Le tocaba esta vez pagar a él. Como desde hace cinco años, y siguiendo un rito repetido cada dos meses, nos sentamos a comer y a charlar.

Santi tiene 24 años, le he acompañado desde que él tenía 14 y la vida, como a todos,  le iba poniendo dificultades. La adolescencia se le hizo cuesta arriba y todos los que le queríamos tuvimos que hacer acopio de paciencia para no despachar sus salidas de tono con un guantazo que le pusiera en su sitio y le recordara que tener 15 años no es una excusa para poderle levantar la voz en plan vacilón a quien más le quiere a uno.

Recuerdo que hace años un domingo apareció en mi casa sollozando sin poder hablar. Cuando recuperó el resuello, contó que se había escapado de casa después de haberse pasado tres pueblos con su padre. Esta vez no le levantó sólo la voz, sino que también le levantó la mano…su padre se quedó blanco y la cosa acabó con un fuerte empujón del chaval que echó por los suelos las esperanzas que aquellos padres tenían con su hijo. A Santi le dije aquel día que si se quería quedar en mi casa hasta que se serenara lo tenían que saber sus padres en el acto. Accedió y llamé a su familia. Respiraron tranquilos al saber donde estaba el chaval. Por la noche, volvió a casa.

Harto de suspensos, dejó de estudiar y se puso a currar. Con su primer sueldo me invitó a cenar…y así inauguramos una costumbre a la que hemos sido fieles hasta ahora. Una vez paga él, otra vez pago yo.

El trabajo le iba bien al chaval y parte de lo que ganaba lo daba en casa para ir colaborando en la manutención. Parecía que, por fin, la cosa se iba arreglando.

Pero un día, en la vida de Santi apareció un gualdrapa engominado de mucho cuidado y le animó a sacarse una pasta vendiendo el chocolate que ya consumía desde hacía unos años. Y el tontaina tiró la toalla de su vida y empezó a trapichear. Y con la venta, llegó el dinero, y la noche, y las juergas hasta las tantas, y el trabajo a hacer puñetas, y la venta de pastillas, y los coches, y los ligues, y la cocaína vendida y consumida, y los guiskis, y la ropa de marca, y las pirulas, y las amenazas a los que le debían dinero…y el dinero para los que le amenazaban.

Y mi primo Santi y el gualdrapa de marras del que no se despegaba nunca se convirtieron en los más enrollados de las discotecas. Y en la Disco y en los bares era mi Santi el rey del mambo; pásame una rayita, Santí, tronco, que te la pago la semana que viene; dame unas rulitas, colega, que mi chati está muy puesta y ya no aguanto más; Santi, tío, pásame una piedra de la buena y tómate algo.

Y una mañana, hace algo más de un año, mira tú por dónde, cuando Santi se había ido a dormir, le para la guardia civil a su coleguita del alma y le encuentra tanta farlopa como para colocar a una filarmónica. Y de pronto, lacagasteburtlancaster,  a pesar de la gomina y las gafas fashion, se le cambió el careto al tío y se quedó con la cara de lo que realmente era: un capullo.

Santi fue a ver al tipo a la cárcel al cabo de un mes. Y aquel día, en la prisión, tras un cristal, se reencontró con su compañero de correrías y pensó que fue cuestión de suerte no haber acabado con él en el talego. Y al verle la cara y al asomarse a su vida, le dio pena, mucha pena.

Aquel día mi amigo recogió la toalla que había tirado unos años antes…busco curro de nuevo y fue ordenando su vida. Conoció a una chavala encantadora y se puso a recomponer su historia. Fue pagando deudas mientras intentaba cambiar de ambientes y de fama.

Me lo contaba en el Restaurante, hace pocos meses, el día en que le tocaba pagar a él. Me lo decía muy serio. Recordaba la cara de su compañero en la cárcel…tiene para tiempo, me dijo. La cara de aquel tipo, con el que tantas fiestas se habían marcado, se le había metido muy dentro.

Yo recordaba otras caras… me venía a la memoria la de un chavalillo de 15 años, adicto al hachís y a las pastillas. Recordaba la cara de sus padres, a los que este chaval sí que les ha llegado a pegar. Yo había estado en su casa el día anterior y salí impresionado. Tal vez, imaginé, el chavalillo visitó alguna vez a Santi y a su colega enchironado para pillar alguna cosa. Le quise hablar a Santi de este otro chaval pero preferí callar. Eso…-pensé- se lo contaré en la próxima comida, en la que, por cierto, me tocará pagar a mí.

 

JOSAN MONTULL

 

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NO ME SEAS PRINGAO

NO ME SEAS PRINGAO

Pues mira, que no he podido aguantarme. Que después de hablar contigo hace un rato, he decidido escribirte, aunque sea a través del blog, para que me puedas leer tú y tus amigos, que sé que alguna vez lo habéis hecho.

No me ha sorprendido nada, sabes, que a tus quince años y con una pivita que te gusta y a la que rondas, me digas que para ti lo más importante son los amigos, vale. Tampoco me sorprende que me digas que te fumas tus canutitos con los amiguetes el fin de semana y os lo pasáis así de puta madre. Ni me sorprende, créeme, que me digas que tú controlas y sabes lo que tienes que fumar y lo que te tienes que poner para estar a gustito, sin excederte, sin desvariar. Tampoco me sorprende, te lo juro, que me digas que tú nunca te pasarás como Fulanito, que está más pallí que paquí, o como Menganito, que se le ha ido la olla y al pavo se le ha quedado la cara de ido de por vida.

No me sorprende tío, que me digas que los canutos no hacen nada y que toda la peña los fuma. No me sorprende que me digas que hay gente de tu grupo que alguna vez pilla pastillas, pero que tú nunca lo has hecho…porque tú controlas.

A estas alturas de la vida, ya me he encontrado con muchos chavales como tú, que con quince tacos van fumando petardos, comiendo pirulas y poniéndose hasta el culo de calimocho. Ya he visto a muchos chavales más mayores, que también tuvieron quince años, y que ahora se meten de todo; que no les falta una piedra de costo en el bolsillo, y que le pegan a las setas, las pirulas, las anfetas, la coca y a toda esa basura que les está arruinando el futuro, destrozando a su familia y enriqueciendo a sinvergüenzas que ganan una pasta gansa a costa de destrozarles la vida.

A estas alturas ya no me extraña nada de lo que me digas.

Tampoco me extraña que, aunque no me lo digas, estés ahora poniéndote tierno con tus abuelos para que te den una propinilla y sisándole a tu madre unos cuantos euros para pillarle algo al chulito ése que no trabaja en todo el día, que no madruga nunca, y que se aprovecha del dinero fácil que chavales como tú le van consiguiendo para pasar un buen rato colocaditos. Todo eso ya lo sé.

Pero lo que más me cabrea, lo que me lleva a escribirte estas líneas es oírte decir tan tranquilo que tus padres  y tus profes son unos viejos que ya no entienden nada, que ya se les ha pasado el tiempo y que te dejen en paz.  Me dices eso…y te quedas tan tranquilo, como si la cosa no fuera contigo, mirándome a la cara en plan vacilón y valiente… Mira, eso sí que me cabrea.

Por eso, y porque te quiero un montón, so capullo, déjame decirte que nos escuches. Que a los mayores que apostamos por ti y esperamos lo mejor de ti, no nos des de lado. Que no pases de nosotros. Escúchanos, con atención, con respeto, con cariño. Yo, que conozco a tus padres y sé lo que te quieren y lo preocupados que están por ti, permíteme decirte que es injusto que pienses que no te entienden y quieren fastidiarte. Porque te quieren, hombre, tú eres lo mejor que les ha pasado, ¿o es que no te has dado cuenta?.

Y déjame decirte también que tus profes esperan mucho de ti y quieren lo mejor para ti. ¿No te has fijado, listillo? ¿No te das cuenta que el futuro de tu vida está en tus manos y empiezas a andar por la cuerda floja, rehuyendo el afecto de todos los que te queremos? ¿O es que ya no esperas nada de ti mismo?

¿Sabes lo que espera el que te pasa toda esa mierda? Tu dinero, sólo tu dinero. Cuanto más mejor. También conozco a los tipos así, ya sé de qué palo van. Pero eso es motivo de otra carta.

Anda, apuesta un poco por ti mismo, escucha a tus padres y a tus profes sin rebotarte y no dejes que otros te engañen como a un pringao.

JOSAN MONTULL