Roma

La grandeza de los humildes : Roma



Título: Roma

Año: 2018

Nacionalidad: México

Duración: 135 minutos

Género: Drama – Familia

Dirección: Alfonso Cuarón

Producción: Coproducción México-Estados Unidos

Guion: Alfonso Cuarón

Fotografía: Alfonso Cuarón, Galo Olivares (B&W)

Reparto: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Marco Graf,

Daniela Demesa, Latin Lover,

Enoc Leaño, Clementina Guadarrama

Después de la epopeya espacial “Gravity”, regresa Alfonso Cuarón a la pantalla con “Roma”, una bellísima película que tiene un tono totalmente distinto a su anterior film.

Cleo (Yalitza Aparicio) es la joven indígena sirvienta de una familia que vive en la Colonia Roma, barrio acomodo de Ciudad de México. A través de la mirada de Cleo, la vida, las pasiones y la agitación política del México de los 70 irán desfilando y siendo interiorizados por la sencillez de esta mujer maravillosa.

La familia, formada por la abuela, la madre, el padre y cuatro traviesos hijos, va superando las dificultades y luchando por la vida, que –a pesar de su bonanza económica- no es nada fácil.

Cleo, es de una sencillez extraordinaria y de un amor fuera de serie; el cuidado de los niños, la delicadeza con todos, el trabajo constante y la discreción personificada hacen de ella una mujer referencial en la vida de la familia.

Cuarón homenajea así a las mujeres de su infancia. Mientras los hombres son tan virulentos como superficiales, tan agresivos como vacíos, las mujeres son las que hacen avanzar la historia a impulsos de trabajo y amor.

Sorprende la naturalidad y la frescura de todos los actores y actrices; nadie está por encima de nadie, si bien, destaca la debutante Yalitza Aparicio, que da vida a una conmovedora Cleo, personaje en torno al que gira la película. Los niños están prodigiosos, en ningún momento se tiene la sensación de que actúan, simplemente se mueven en la pantalla con una naturalidad asombrosa.

La fotografía en blanco y negro es de una belleza abrumadora, los planos secuencia narran descriptiva y líricamente la vida de cada día; todo es tratado con poesía, desde la limpieza diaria de la casa hasta la matanza del Corpus Christi, desde el incendio en el bosque hasta el terrible parto en el Hospital.

No es una película fácil, aquí no hay efectos especiales deslumbrantes sin ningún tipo de pálpito; en Roma hay una cadencia pausada y serena que invita a la contemplación y a descubrir la maravilla de las cosas sencillas.

Estamos ante un film deslumbrante y excepcional. Cuarón ha realizado una obra que es cine en estado puro, un hermoso retrato de la grandeza de lo cotidiano y la heroicidad de lo sencillo.

Con una poética extraordinaria y una hondura humana que emociona, “Roma” es una indiscutible obra maestra.

JOSAN MONTULL

AMOR DE MADRE

Hace años que no tengo noticias de Luis. Cada vez que pienso en él no se me quita la cabeza lo de aquella mañana de primavera.

Lo que más me impresionó aquel día al entrar en la prisión fue el ruido. Ya había pateado otras cárceles viendo chavales amigos a los que la Historia les había dado un revés furioso, pero el ruido de aquella cárcel era sobrecogedor. Cada puerta que se cerraba, cada grito que se oía, cada timbre, cada persiana metálica que se abría…cada sonido se quedaba paseándose en el ambiente, resonando sin acabar de extinguirse nunca. Tal vez sea la hora, pensé, a las nueve de la mañana llegan los camiones con los suministros del día…a las nueve de la mañana no es una buena hora para ver a un preso. El capellán me había colado en una hora intempestiva para darle un abrazo a Luis, que a los 20 años había dado con sus huesos en una cárcel española en la que la población penitenciaria triplicaba la capacidad de la misma. Me impresionaba el desfile de personas que iban y venía por el patio central. Diferentes razas y edades, pero con el reflejo de la pena en el rostro.

Por fin apareció Luis. ¿Qué tal estás, amigo? y nos abrazamos. Estás más delgado, amigo… ¿cómo te tratan ?… ¿sabes algo de los colegas ?… ¿qué tal por ahí fuera ?…Y el tiempo que, poco a poco, íbamos consumiendo con los cigarrillos nos sabía a poco. No hablamos del palo, del robo a mano armada que le había llevado hasta la antigua Modelo, rodeado de ruidos canallas que resonaban eternamente. No quise preguntarle por ningún detalle del delito que le había llevado al talego. No le recriminé nada. No le aconsejé nada.  

Me estoy quitando, ¿sabes?, llevo un mes que no me meto nada…y me contaba el proceso que llevaba en prisión para superar la adicción al caballo.

¿Te has hecho un tatuaje en el brazo? Sí, tío, sí. Aquí lo llevamos todos: Amor de madre ¿sabes ?…y me lo enseñó detenidamente. Un corazón, con unas espinas que derramaban lágrimas y debajo la inscripción: “Amor de madre”. Nada que ver con esos tatuajes con pedigrí que hoy se ponen los famosos. Estaba hecho a sangre y fuego, nunca mejor dicho.

 

Mi madre es la que más ha sufrido, ya lo sabes. Desde que me empecé a meterme esa mierda, intentó con todas sus fuerzas sacarme. Y yo, cada vez peor. Al final sólo lloraba. Creo que en el último año no hizo otra cosa más que llorar…llorar por mí, tío, por mí que soy el peor hijo del mundo. Por eso me lo he tatuado; me dolió un montón…luego se me infectó y me dio hasta fiebre. Mejor, pensé, así te acordarás del dolor que pasa tu madre. Y es que no quiero que pase un sólo día de los que esté aquí sin acordarme de ella…porque ella se acuerda todo el día de mí, estoy seguro.

Sí, le dije, de eso puedes estar convencido.

En mi casa –contestó- mi vieja ha caído presa conmigo. Ni un sólo día, ¿sabes ?…ni un sólo día quiero pasar sin acordarme de ella –seguía diciéndome– . Cada vez que miro el tatuaje la tengo en mi corazón.

Seguían los ruidos.

¿Y tú que me das?, dijo sonriendo. Y me recordó su eterna cantinela en el Centro Juvenil, cuando venía desde niño pidiendo siempre algo, un caramelo, un globo, un cigarro, una broma…

Jo, tío, no has cambiado, le dije. Pues no tengo nada, además, a la entrada he tenido que vaciar los bolsillos…Ah, sí, tengo algo. Y echando mano a la cartera saqué una estampa de la Virgen. Toma, te la doy.

¿Ésta es la que estaba en una estatua en el Centro, verdad?

 Sí, le dije, María Auxiliadora… ¿te acuerdas de las fiestas que hacíamos ese día ?…

¡Cómo no me voy a acordar!

Cogió la estampa y respetuosamente la besó. Se le empañaron los ojos, tal recordando una infancia feliz y libre en aquel Centro Juvenil que diariamente abría sus puertas para plantar cara a la desesperanza en los años de la heroína. Aquellas manos, que habían empuñado un arma fatídica, sostenían temblorosas la estampa de la Virgen. Aquellos ojos que tantas veces habían reflejado rabia, se habían empañado de ternura.

Nos dimos un abrazo y ya vino el capellán a avisarme. Volví a mirar aquel brazo tan asaeteado por la jeringa, luciendo aquel hermoso tatuaje lleno de sentido.

Pensé en María de Nazaret…en el Amor de Madre…en el corazón con espinas grabado  con sangre y un punzón al rojo vivo para que no pase ningún día sin que me acuerde de ella.

Atrás quedaba Luis, con una estampa de María de Nazaret que iba a poner en su celda. Pensé en la Virgen, compartiendo lágrimas y esperanza con tantas madres rotas por la injusticia que sufren sus hijos crucificados. A través de aquella estampa María  de Nazaret animaba a la vida y auxiliaba a su pobre hijo Luis, aportando un rasgo de ternura es aquel universo de ruidos aterradores.

Amor de madre…me iba repitiendo a mí mismo. El sol en la cara me devolvía a la realidad al salir a la calle. Me extrañó que a aquella hora de la mañana empezara a hacer calor. Claro, me dije, estamos en Mayo.

JOSAN MONTULL

Thi Mai «rumbo a Vietnam»

Locas por acoger: THI MAI RUMBO A VIETNAM

 

 

España 2018

Dirección: Patricia Ferreira

Guion: Marta Sánchez

Música: Fernando Velázquez

Fotografía: Sergi Gallardo

Reparto: Carmen Machi, Adriana Ozores,

 Aitana Sánchez-Gijón, Dani Rovira,

Pedro Casablanc, Eric Nguyen.

Duración: 90 minutos

 

El tema de la adopción ha sido llevado a la pantalla en muchas ocasiones. Los difíciles engranajes para ensamblar las vidas de las familias adoptantes con los niños adoptados proporcionan una tensión dramática interesante para un buen guión.

Patricia Ferreira, que ya habló de la crisis de la familia en la estupenda “Los niños salvajes”, lleva ahora el tema de la adopción a la pantalla desde la perspectiva de la comedia con muy buen resultado.

La película nos cuenta la apasionada aventura de tres amigas. Después de perder a su hija en un accidente, Carmen (Carmen Machi) queda destrozada y su vida aparece vacía y sin sentido. Por más que sus dos mejores amigas, Elvira (Aitana Sánchez-Gijón) recién despedida de su trabajo y Rosa (Adriana Ozores), mujer víctima de un matrimonio penoso, intentan animarla, Carmen no levanta cabeza.

Un día recibe una inesperada carta de la agencia de adopción: a su hija le habían concedido una niña vietnamita que había pedido en adopción y cuyo nombre es Thi Mai. Ilusionada por tener una inesperada nieta, Carmen emprende un loco viaje a Vietnam acompañada de sus amigas para poder adoptar a Thi Mai. En Vietnam se encuentran con un funcionario rígido pero de buen corazón y con un joven español, Andrés (Dani Rovira) que les echará una mano en su aventura.

En medio de una cultura totalmente desconocida y de una maraña burocrática endiablada, este disparatado colectivo hará lo posible para que la adopción sea una realidad. Por otra parte la alocada personalidad del grupo de amigas llevará a unas aventuras absolutamente estrambóticas y divertidas.

La primera parte del film, de corte dramático, termina en cuanto se inicia el exótico viaje a Vietnam. A partir de ese momento, la narración se torna ágil, hasta precipitada, si bien a veces no muy bien concatenada. Las situaciones se nos antojan con frecuencia algo forzadas e inverosímiles; por otra parte, la sucesión de acontecimientos es excesivamente rápida para un espacio de tiempo que se supone corto. Da la sensación de que la película busca fundamentalmente hacer reír, no tanto hacer pensar.

Pero Patricia Ferreira sale muy airosa del envite, la película es amable y se ve con mucho agrado. Además el rodaje en Vietnam colabora ciertamente en la vistosidad de la obra.

No es éste un film que aborde seriamente la adopción pero sí es una película divertida cargada de buenas intenciones y que defiende la amistad, la generosidad y el amor por encima de todo.

Hay una llamada a la tolerancia (racial, sexual, religiosa), una reivindicación de la dignidad de las mujeres que viven menosprecios, una defensa desesperada de saltar las burocracias (también las religiosas) cuando se trata de acoger y amar, una exaltación de la figura de los abuelos en nuestras familias.

La comedia se ve con deleite desde el principio. Si bien las situaciones son muy disparatadas y difícilmente creíbles, la profesionalidad del equipo de actrices saca el metraje adelante y hace de Thi Mai una obra estimable.

Divertida, humana y alegre, “Thi Mai, rumbo a Vietnam” es un film ideal para reír y pasar una estupenda tarde de cine en familia.

Josan Montull

 

 

 

Wonder

El rostro de la bondad: WONDER

 

 

 

Dirección: Stephen Chbosky

Guion: Steve Conrad,

Jack Thorne (Novela: R.J. Palacio)

Música: Marcelo Zarvos

Fotografía: Don Burgess

Reparto: Jacob Tremblay,

Julia Roberts, Owen Wilson,

Izabela Vidovic, Noah Jupe.

 

El norteamericano Stephen Chomsky, director de la aclamada “Las ventajas de ser un marginado” vuelve a retomar en su nuevo film la temática de las dificultades relacionales de los jóvenes y adapta a novela “Las lecciones de August” de Raquel J. Palacio.

Auggie Pulltman es un niño de 10 años que nació con una malformación facial. Tras ser sometido a 27 intervenciones en su rostro, el niño vive recluido en su casa donde su madre le educa como la mejor de las maestras y el resto de la familia, su padre y su hermana, le cuidan con un cariño particular.

Auggie vive tranquilo y protegido en su ambiente y se encuentra libre y aceptado. Cuando sale de casa, luce y un casco espacial que le evita ser visto con su desgraciado rostro.

Finalmente Auggie tiene que vivir su gran prueba, debe ir al Colegio, tiene que huir de su palacio en el que se siente seguro y aceptar la inseguridad de la relación con los demás en un entorno que presupone va a rechazarle.

La película aparece desde el principio con una gran vocación didáctica. No huye de los estereotipos (los pobres son buenos y honrados, los ricos son malos muy malos, la familia es comprensiva siempre, los profesores son buenos y apoyan sin fisuras la fragilidad de los alumnos…No falta ni tan siquiera el perrito al que toda la familia adora y que cataliza muchos sufrimientos. En ese sentido mucho de los que vemos en “Wonder” es ciertamente previsible.

Pero, a pesar de todo esto, la película se ve muy bien, está muy bien contada, combina admirablemente la tragedia con el humor y, salvo al final, no se escora hacia el sentimentalismo fácil.

Las interpretaciones son ajustadas y contenidas (magnífica Julia Roberts y estupendo el joven protagonista, Jacob Tremblay) y el guion es ágil y atrapa al espectador desde un primer momento.

Claro que el que va a ver esta película sabe que se va a encontrar con una historia moralizante y pedagógica, pero hay una singularidad que me parece que la hace superior a otras películas semejantes. En el film no sólo se nos cuenta la superación de Auggie ante la nueva situación sino la maduración personal de cada una de las personas que se encuentran con el niño y por tanto tienen que afrontar una situación que también es nueva para ellos.

Así, la película va fijándose en los padres del niño, en la hermana, en varios amigos…La película en varios momentos deja de tener a Auggie como protagonista y cede el testigo a estos otros personajes cuya evolución se va mostrando a la par que la convivencia con el niño va creciendo. La hermana fingirá ser hija única para que no la relacionen con él, el mejor amigo de Auggie lo negará en una fiesta de Hallowen en la que todos van disfrazados, las niñas que le rechazan diciendo que tiene la peste se acercarán a comer con él y serán sus amigas…Todos se tienen que posicionar con la nueva relación y van a ir cambiando y creciendo como personas; en ese sentido no sólo se habla de la superación personal de Auggie sino de la maduración de adolescentes cuando acogen al otro tal como es, prescindiendo de sus limitaciones físicas.

No estamos ante un film edulcorado y banal, estamos ante una entrañable película que hace un homenaje a la amistad, la tolerancia, la educación, la familia, la acogida, y la amabilidad. Hoy hay un pudor cobarde a mostrar claramente valores humanos en el cine. Al director Stephen Chomsky esto le trae sin cuidado y nos presenta una película abiertamente moral.

Vivir nos asusta a todos porque las diferencias son a veces muy fuertes, pero tener buen corazón conquista a las personas más difíciles y la amabilidad facilita la convivencia entre los distintos.

“Wonder”, en definitiva, es un canto a la bondad del ser humano, el único ser que puede mirar en profundidad viendo más allá de lo que aparentemente se ve.

Josan Montull