La revolución de la ternura: EL BLUES DE BEALE STREET

DIRECTOR: Barry Jenkins
GUIÓN: Barry Jenkins
MÚSICA: Nicholas Britell
FOTOGRAFÍA: James Laxton
REPARTO: KiKi Layne, Stephan James, Diego Luna, Pedro Pascal, Teyonah Parris, Regina King, Colman Domingo.
PAIS: USA AÑO: 2018

Nominada a tres estatuillas “El blues de Beale Street” se alzaba con el premio más que merecido al óscar a la mejor actriz secundaria.
La película se ambienta en los norteamericanos años 70, una pareja afroamericana: Tish (KiKi Layne), de 19 años y Fonny (Stephan James), de 22 se enteran de que están esperando un hijo. Casi al mismo tiempo, él es encarcelado arbitrariamente acusado de la violación de una mujer blanca
A partir de ahí Tish y su familia comenzarán una lucha contra reloj por demostrar la inocencia de Fonny frente a un sistema racista que falseará pruebas y dificultará la solución del caso.
Lejos de ser una película sentimental y epidérmica, Barry Jenkins nos regala un film muy hermoso y profundo. Desde un primer momento el tono es pausado; los diálogos, lentos y hondos, quedan subrayados por la fotografía de los primeros planos que transmiten toda la angustia de unas almas ante una situación irracional que no conoce misericordia. Todo se convierte en un vaivén terrible de emociones contrapuestas. Frente a la ilusión de esperar un hijo, se experimenta la angustia de ver a su padre encarcelado. Pero negándose al cruzarse de brazos, las víctimas se implican valientemente en la búsqueda de la justicia.
El montaje en paralelo, que mezcla escenas del pasado con momentos del presente y hasta del futuro, va implicando al espectador en lo terrible del drama que poco a poco se da a conocer.

La cámara se mece de un personaje a otro mientras investiga los sentimientos que explican o se callan.
Frente a un incomprensible e inhumano sistema judicial, Fonny y Tish encarnan la pureza del amor, el ansia de fidelidad y de respeto por el otro. Las escenas de carácter erótico están tratadas con una finura encomiable. Pocas veces el cine actual ha dibujado la relación de una pareja joven con tanta delicadeza y respeto.
La familia de Tish y el padre de Fonny celebran inmediatamente el embarazo de la hija y luchan denodadamente para que la criatura pueda nacer y pueda criarse también con su padre.
La película, por otra parte, no culpa a la mala suerte por la desgracia de los protagonistas. El racismo más rastrero está detrás de la perversión judicial. En el film aparecen fotografía reales de la violencia policial contra los negros; es el odio racista que muestran esas imágenes lo que ocasiona la separación de los dos enamorados.

La lucha de Tish por recuperar a su amado es, en definitiva, la noble disputa de los oprimidos contra los opresores. En la tenacidad de la joven Tish se atisba la dignidad de la batalla pacífica por los derechos civiles y por la igualdad de todos. Es la lucha de David contra Goliat. Mientras que el todopoderoso Goliat tiene el control de todas las estructuras de la justicia, la frágil Tish es el David que se enfrenta con la única arma que posee: el amor. A estos amantes les podrán arrebatar la libertad pero el sistema no puede robarles el amor.
Su ritmo calmoso, casi contemplativo, su música inspirada, su fotografía intimista y unas interpretaciones más que inspiradas hacen de esta película una hermosísima historia de amor.
En la escena final resuenan las palabras de San Pablo a los Corintios “…el amor no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”.
“El blues de Baele Street” se convierte por todo esto en una estupenda película, un alegato, en definitiva, de la fuerza revolucionaria de la ternura.
JOSAN MONTULL




Título original: Un plan parfait.
El punto de partida es muy inverosimil: la familia Lefebvre sobrelleva dignamente una maldición, todos los primeros matrimonios resultan un fracaso que conduce inevitablemente al divorcio. Consciente de este problema, una hija de la familia, Isabelle, enamoradísima de su novio con el que convive desde años, busca desesperadamente a un hombre al que enamorar para casarse con él y divorciarse a las pocas horas para, así, poder contraer matrimonio con el hombre al que realmente ama. Pero todo el plan se viene abajo cuando entabla relación con Jean-Yves Berthier, redactor de la guía del mochilero.
La escena inicial (una desternillante cena de Nochebuena en la que la invitada solloza a gritos porque no se siente amada) es ya preludio de lo que vamos a ver: un film divertido, con unas situaciones disparatadas y locas; un film con un humor blanco apto para todas las edades, que no hay que tomar en serio porque no pretende más que hacer reír al espectador de una manera amable y sencilla. A lo largo de la película asistiremos a los encuentros y desencuentros de esta pareja peculiar: la manipuladora, tierna y hasta sádica Isabelle y el difícil, patoso y bueno Jean Ives. Esta relación, que comienza siendo cruel por parte de Isabelle terminará felizmente porque la bondad de Jean Ives será capaz de desarmar a su novia de ocasión y de manifestar que es posible la fidelidad en un primer amor.
“El chico” The Kid Estados Unidos (1921).
Una madre soltera, en un ataque de desesperación, abandona a su pequeño bebé en el interior de un coche. El coche es robado por dos delincuentes de poca monta que, al descubrir a la criatura, no dudan en abandonarla junto a unas cajas de basura. El vagabundo Charlot se encuentra casualmente con el niño y, movido por la compasión y sin ningún tipo de trámite legal, lo recoge, lo acoge en su casa y le educa lo mejor que puede. Ambos comparten la pobreza y el cariño y viven felices hasta que –cinco años después- las instituciones públicas quieren arrebatarle al niño por exigencias legales.
Charlot acoge sin más, se siente movido por la pena y no deja a esa criatura de pocas semanas sometida al abandono y posiblemente a la muerte. Casi no tiene nada, su casa está destartalada, sus amistades callejeras son poco recomendables, la policía le persigue permanentemente y cada día es una lucha brutal por la supervivencia. Pero ante la necesidad interpeladora de un bebé abandonado, todo queda atrás, lo que importa es ayudarle, no dejarle que se muera, compartir lo que se tiene, aunque sea muy poco, asumir los líos (otros más) que va a comportar acogerle. Y, desde luego, lo que más importa es quererle y hacer que se sienta querido. Cuando aparecen las instituciones, a las que Chaplin trata con ironía y dureza, los funcionarios anteponen la Ley al amor y el conflicto está servido.