El niño que domó el viento

Desafiando la fatalidad

EL NIÑO QUE DOMÓ EL VIENTO

(Reino Unido 2019)

Director: Chiwetel Ejiofor.

Reparto: Chiwetel Ejiofor, Maxwell Simba, Joseph Marcell

En la República de Malawi la familia de William, un adolescente espabilado, viven muy pobremente de la siembra y la recogida del maíz. Los padres de William desean darles a sus hijos lo que ellos no pudieron tener: educación, cultura. Pero la llegada de una sequía impresionante y la gestión despótica del gobierno desata una hambruna tremenda. El padre de familia cree que ya sólo queda rezar, la hija mayor piensa en la huida, pero William, que observa ávidamente la realidad, cree que puede construir una noria rudimentaria para tener agua aprovechando la fuerza del viento, siguiendo los pasos de un libro encontrado en la biblioteca de la escuela.

Inspirado en la historia real del joven William Kamkwamba, una de las “30 personas menores de 30 años que cambiaron el mundo” según la revista Time, el debutante director Chiwetel Ejiofor consigue una película didáctica y cargada de valores humanos. Con un ritmo ralentizado, Ejiofor retrata la pobreza de una forma excepcional, casi documental, y es precisamente ese retrato de miseria lo que conmueve al espectador desde el principio.

Hay, por otra parte, en la película un homenaje a la familia, a la fidelidad, al sacrificio personal que comporta el amor cuando debe desvivirse por proteger a los hijos. A pesar de las discusiones familiares en medio de la desesperación que provoca el hambre, prima siempre generosidad y la entrega por los demás.

El verdadero William Kamkwamba

Y hay también un elogio de las convicciones y prácticas religiosas. Éstas, en una comunidad plural como la que viven los protagonistas, son más profundas cuando son comunitarias y cuando personas de diferentes credos son capaces de rezar juntas. En los rótulos de crédito finales, y junto a fotografías de los auténticos protagonistas, aparece la frase “Dios es como el viento, lo toca todo” que, de alguna manera, explicita el sentimiento trascendente del film.

Un film humano, cargado de valores, técnicamente muy bien realizado, con una historia, en fin, que invita al espectador a ser mejor persona.

JOSAN MONTULL

MENAS

Desde hace un tiempo en nuestro país se está hablando cada vez más de los MENAS. Las menas son los menores extranjeros no acompañados, mayoritariamente varones, que han llegado hasta nosotros huyendo de la violencia, la miseria y el miedo que han vivido en su tierra.  Hay decenas de miles en nuestro país y ciertamente no es fácil darles acogida, acompañamiento y futuro. Las diversas administraciones públicas están desbordadas por el número creciente de estos chavales que requieren muchos cuidados.

Por otra parte, cuando se demuestra que tienen 18 años y, por tanto, son mayores de edad, la Administración deja der tutorarlos y la calle suele ser el destino más frecuente.

Hay, además, una dificultad permanente en encontrar profesionales de la educación que quieran hacerse cargo de este colectivo tan vulnerable como difícil. Los educadores y educadoras se ven, con frecuencia, sobrepasados y sin recursos para afrontar las dificultades.

Los delitos cometidos por algunos de estos chicos han provocado un creciente rechazo social, alimentado por grupos políticos que utilizan lenguajes agresivos y xenófobos cuando se refieren a estas personas. El lanzamiento de una granada de mano al interior del patio de un Centro de Acogida ha disparado las alarmas.

Es ciertamente fácil caer en demagogias y populismos en este tema. No hay respuestas ni soluciones fáciles. Así que, frente a todo esto y sin pretender hilar fino, me hago las siguientes reflexiones:

  • No hay que perder de vista que estos jóvenes son víctimas, personas que lo han perdido todo, incluso a sus seres queridos, sin patria, sin recursos, sin familia, sin nada…personas con una soledad despiadada, con heridas profundas en su infancia y, por tanto, emocionalmente muy frágiles.
  • La gran mayoría de estos jóvenes tienen un comportamiento correcto y cívico. Hacer alusión sólo a los delitos que cometen es estigmatizarlos tendenciosa e inhumanamente. Extender el discurso del odio lleva a la radicalización virulenta e injusta de algunos sectores sociales. Claro que hay que penalizar los delitos que puedan cometer…lo mismo que hay que castigar de la misma manera las acciones delictivas del resto de jóvenes nacionales.
  • Hay que agradecer a tantos educadores, educadoras y a tantas personas voluntarias el afecto, la dedicación y la entrega que tienen para con estos chavales, aun disponiendo de pocos recursos y supliendo con afecto lo que la Administración no les da. Son, por otra parte, muchos los colectivos que acogen a los menas cuando ya son mayores de edad y vuelven al desamparo de la calle. Esta acogida les pone a veces al borde de la ilegalidad a personas solidarias y buenas. 
  • Y, finalmente, creo que hay que poner la mirada en otros menas, en los menores españoles no acompañados; en aquellos niños y niñas que no son amados, que tienen cosas pero no tienen afecto, que vagan de actividad en actividad de Tiempo Libre pero que no disfrutan del tiempo de su familia; de aquellos que son paseados por los juzgados, convertidos en arma arrojadiza de padres irresponsables, de aquellos que no tienen referencia de adultos responsables. Entre los nacidos en nuestro país, en familias aparentemente normales, están apareciendo muchos menores no acompañados, ni seguidos…ni queridos.

No sé cuál es la solución, es verdad. Lo que sí sé es que los menas son la punta del iceberg que muestra las consecuencias de un mundo que prefiere el dinero al amor. Sólo aportando recursos y afecto, podremos mirar a los ojos a estos chicos sin sonrojarnos por la verguenza.

JOSAN MONTULL

Diecisiete

DIECISIETE: Amores perros

  • Título original: Diecisiete (España 2019)
  • Dirección: Daniel Sánchez Arévalo
  • Intérpretes: Biel Montoro, Nacho Sánchez, Lola Cordón, Kandido Uranga, Itsaso Arana
  • Guión: Daniel Sánchez Arévalo
  • Música: Julio de la Rosa
  • Fotografía: Sergi Vilanova

No es la primera vez que Daniel Sánchez Arévalo pone ante su cámara la adolescencia y la juventud. Pero nunca, como en esta vez, ha hilado tan fino llegando a retratar el alma de sus personajes con una mirada esperanzada.

Héctor es un chaval de 17 años que, tras varios hechos delictivos, vive confinado en un Reformatorio. Con un marcado síndrome de Asperger y un rencor contenido hacia su hermano, a quien culpa de todas sus desventuras, deja pasar las horas muerta junto a los compañeros de internamiento con los que no se relaciona. Su aislamiento es tan fuerte que, de vez en cuando, huye del Centro hasta que le detienen a los pocos minutos y le llevan a una celda de aislamiento. Allí Héctor, en su mundo aislado, se siente protegido y a salvo.

Cuando un día inicia una terapia con perros, mejora su actitud y su mirada ante la vida. Se encariña con un perro desvalido a quien llama “Oveja” y recupera las ganas de vivir y la sonrisa mientras alegra la vida del can. Pero un día “Oveja” no aparece, una familia lo ha apadrinado. Profundamente abatido y sin saber cómo reaccionar, Héctor se fuga del Reformatorio para encontrar a su perro. Va a buscar a su abuela, enferma terminal, y junto con su hermano Isma, con quien tan difícil le resulta la relación, se lanza por las carreteras de Cantabria en una furgoneta destartalada a recuperar a “Oveja”. Su viaje, el de los dos hermanos y la abuela, resulta toda una aventura.

Sánchez Arévalo consigue una obra hermosísima en la que los sentimientos van aflorando en ese extraño viaje. Los dos hermanos se reencuentran, se hablan, se discuten, se perdonan. En el trayecto, a los tres personajes se les une un perro al que le falta una pata. Los kilómetros recorridos juntos constituyen un viaje al interior de ellos mismos. Todos son seres frágiles, urgidos de relación; los dos hermanos necesitan pedirse perdón, están heridos. Isma bebe en exceso y se ha dejado con su novia porque ha quedado embarazada y él no está dispuesto a ser padre; Héctor necesita un hermano que se haga cargo de él, que le espere, que le quiera. La abuela necesita cuidados médicos pero sobre todo ternura y compañía. Hasta el perro urge acogida respeto.

Todos son seres necesitados pero, y ahí está lo hermoso del film, sólo se reencuentran a sí mismos cuando son capaces de darse, de compartir, de salir de sí mismos y ayudar al otro. La película nos muestra inteligentemente que sólo la donación redime y que todos, por más desajustados que estemos, podemos aportar algo a los demás.

El guión agilísimo y los diálogos frescos, ingeniosos y chispeantes, hacen que “Diecisiete” se vea con deleite y con una sonrisa permanente.

Temas como la familia, la fraternidad, el cuidado de los animales, la responsabilidad y la honestidad son tratados con una ternura extraordinaria. Los dos noveles actores protagonistas se complementan estupendamente y dotan de una verosimilitud extraordinaria a sus personales.

Ideal para jóvenes y educadores. Viéndola, se hace realidad la bellísima canción de Silvio Rodríguez “Sólo el amor engendra la maravilla, sólo el amor consigue encender lo muerte”.

Una pequeña joya, un derroche de talento y de ternura.

JOSAN MONTULL

El odio que das

El arma de la verdad: EL ODIO QUE DAS

Título original: The Hate U Give

Director: George Tillman Jr.

Guión: Audrey Wells (Novela: Angie Thomas)

Música: Dustin O’Halloran

Fotografía: Mihai Malaimare Jr.

Reparto: Amandla Stenberg, Russell Hornsby, 

Lamar Johnson, Issa Rae, K.J. Apa,Regina Hall

Hay muchas películas que hablan del dolor y la injusticia. Unas se limitan a mostrar con crudeza la violencia y la desgracia, casi regodeándose morbosamente, con el único fin de impactar al espectador; otras tienen tal cantidad de moralina y reflexión que acaban convirtiéndose en lecciones frías que provocan el aburrimiento en el espectador. Pero existen otras películas que narran  interesantes intrigas de personas que sufren la injusticia y lo hace de tal manera que esas historias personales se convierten en universales e invitan a la reflexión aún mucho tiempo después de ser vistas. Este es el caso de “El odio de das”.

Basada en una novela del mismo título, el film cuenta la historia de Starr Carter, una adolescente negra que viven en un barrio pobre afroamericano pero que estudia con sus hermanos en un instituto acomodado en el que la mayoría son blancos.

Los padres de Starr quieren que sus hijos estudien en un Instituto que estimule todo lo que hay de bueno en ellos y les permita ver un mundo más amplio que el de su barrio, en donde las bandas y las drogas son habituales. Precisamente el padre de Starr vivió en su juventud el desastre de estar una banda y de ir a la cárcel. Por nada del mundo quiere que sus hijos repitan esa experiencia.

Con un gran sentido religioso y con arraigados valores de perdón y amor, la familia vive unida, consciente del racismo que hay en muchos ambientes y aprendiendo a acomodarse al racismo sin ponerse en peligro.

Un día Khalil, amigo de Starr es asesinado delante de ella por un policía. La joven se debatirá en un mar de contradicciones: acusar al policía blanco…decir en sus Instituto la verdad…denunciar las redes mafiosas de bandas que hicieron de Khalil un vendedor de droga…Cualquier opción supone un peligro en la vida de Starr y de su familia. Tendrá que decidir.

Nos encontramos con un film que afronta temas muy serios sin ningún maniqueísmo: la violencia racial, la familia, la dificultad para ser veraz, la opción por la no violencia, el racismo cotidiano… todos estos temas son presentado de un modo magnífico. La historia concreta de Starr se universaliza pronto para hacer que el espectador se pregunte si hay que decir la verdad aunque a uno le cueste la libertad o si hay que apostar por los pequeños valores para transformar el mundo.

Amandla Stemberg encarna a la joven Starr en una actuación absolutamente memorable. Su mirada se come literalmente la pantalla; la expresividad de su rostro, de sus ojos, fascina al espectador que se identifica pronto con el conflicto moral de la protagonista. Cada escena está resuelta con un dramatismo excelente, cada encuadre fascina, todo el montaje atrapa al espectador desde el principio y no lo suelta hasta el final.

Este pedagógico y hermoso film reflexiona sobre la inutilidad del odio. El que odia dice el film -queda encadenado a la persona odiada-. Sembrar odio y sentimientos de venganza nos pone en una espiral de la que no hay salida. Hace falta que alguien rompa esa espiral para poder sobrevivir. Y es precisamente reconocer la dignidad humana de cada persona, por encima de su raza y condición, la base para poder desarmarse de la propia violencia personal.

Excelente para educadores y jóvenes, “El odio que das” es una obra conmovedora, profunda y valiente que aporta un mensaje humanizador. Sin truculencias…sin moralinas…con profesionalidad. Estupenda.

JOSAN MONTULL