Maktub

Ángeles rapados: Maktub

  • Dirección y guion: Paco Arango.
  • País: España.
  • Año: 2011.
  • Duración: 115 min.
  • Interpretación: Diego Peretti (Manolo), Aitana Sánchez-Gijón (Beatriz), Goya Toledo (Mari Luz), Andoni Hernández San José (Antonio), Rosa María Sardà (Guadalupe), Amparo Baró (Merche), Mariví Bilbao (Puri), Enrique Villén (Raimundo), Jorge Garcia (Carlos).

Apoyando a la fundación Aladina, que busca mejorar el nivel de vida de los niños enfermos de cáncer, os recomiendo Maktub, film que tiene ya unos años,  inspirada en un hecho real y que está transida por una dimensión espiritual más que encomiable

Manolo (Diego Peretti) se encuentra en plena crisis. La rutina del trabajo, la desilusionada relación con su esposa Beatriz (Aitana Sánchez-Gijón) y su distancia de la vida de sus hijos provocan un estado de depresión y angustia que le hace ver visiones y acabar en un hospital para hacerse un escáner. Allí se encuentra con Antonio (Andoni Hernández), un chaval enfermo de cáncer pero con una enormes ganas de vivir y una capacidad de animar la vida más que contagiosa. Entre estos dos personajes surge una relación de amistad que acabará implicando a todos los que se cruzan en su camino que terminarán formando una familia peculiar reunida para celebrar la Nochebuena. Esa cena hará que los personajes se encaren con sus historias y apuesten por creer en la vida.

“Maktub” es una palabra árabe que cita Paulo Cohello en su obra “El Alquimista». Maktub significa “estaba escrito”. Pero no apunta a que el ser humano sea una víctima del destino, sino que va más allá. Maktub es aquello que te conecta con lo que Dios ha pensado para ti. ¿Estaba escrito el encuentro de Manolo con Antonio?, tal vez sea casual, pero la forma de afrontar este encuentro es un acto sincero de búsqueda de felicidad y de sentido.

Antonio, desde su fragilidad y su amor a la vida, animará a ver lo profundo de cada persona. “La vida está para vivirla a tope. Pero puedes cambiarla; no pierdas a Beatriz” le dirá a Diego; “Cómete el mundo, pero no te comas la cabeza” aconsejará al joven adolescente de quien se ha hecho amigo. Así el chaval ayuda a que cada cual vaya descubriendo la grandeza de las personas y la necesidad de cuidarlas: “Cómprale flores a tu mujer” o “Tu suegra es una buena persona”. Poco a poco, y con el testimonio vital del joven, todos se irán perdonando a sí mismos e iniciarán un camino de reconocimiento de la propia culpa y de reconciliación con los demás.

Por otra parte, Antonio invita a creer en Dios, manifiesta que Dios es su jefe y que está aquí en una misión secreta, por eso no teme a la muerte y dice que va a un mundo mejor. La última cena de todos en el Burguer King cuando Antonio marcha a su encuentro con la muerte es altamente evocadora. También lo son  el plano inicial y el final en los que aparecen las estrellas apuntando un sentido trascendente de la vida.

Estamos rodeados de ángeles, vendrá a decir el film, el problema es que no los sabemos reconocer. Aquí está la gran lección de la película. Hay que mirar a las personas con ojos nuevos, descubriendo todo lo que hay de bondad en sus vidas, y procurando que nos ayude a ser mejores y nos remita a Dios. El film es, pues, un canto a la vida cargado de esperanza. No es que no haya bondad en el mundo, lo que nos falla es que, aunque pasa a nuestro lado, no sabemos reconocerla

El realizador, Paco Arango, no cae en ningún momento en lo lacrimógeno y melodramático como cabría esperar por la historia. La bellísima canción del film invita a mirar la muerte desde la esperanza. Y además el sentido del humor impregna la película alcanzando momento verdaderamente divertidos. Estamos, por otra parte, ante una película de actores. Junto a una historia poderosamente humana hay un trabajo actoral magnífico. Diego Peretti está estupendo interpretando al permanentemente asombrado Manolo; el joven debutante Andoni Hernández, que se metió por completo en el papel del joven canario Antonio González Valerón, fallecido a los 16 años, tiene una actuación más que convincente;  así como Goya Toledo y Aitana Sánchez Gijón con sus interpretaciones apasionadas a la vez que contenidas. Todos los secundarios tienen una fuerza extraordinaria y consiguen llenar cada escena. Mención aparte merecen Rosa María Sardá, en su papel de enfermera malhumorada, y la octogenaria Marivi Bilbao, que arranca más de una carcajada

Cine sencillo y humano, como el mejor Capra, cine que emociona y aplaude a la vida, cine de actores y de historia creíble. Alejada de efectos especiales espectaculares, de historias sin sentido, de montajes sincopados y vacíos así como de personajes inverosímiles, Maktub es una historia tan hermosa que reconcilia con el cine.

Maktub (VE) – Tráiler

Josan Montull

CARTA A DIOS ANTE EL AÑO NUEVO

Querido Señor Dios:

Espero que al recibo de ésta estés bien. Yo, bien, gracias a Ti. Tengo ante mí el calendario del año que concluye y el del año que comienza. Antes de terminar este 2017, te escribo estas líneas para darte las gracias por todo lo vivido.

Es cierto que en el año que agoniza hemos visto de todo. Probablemente no hayamos tenido muchos motivos para el optimismo; las divisiones políticas, las rencillas, la manipulación de los jóvenes, la violencia contra las mujeres, los enfrentamientos, la pobreza, las guerras…han ensombrecido el mundo maravilloso que has diseñado para nosotros. Pero también quiero decirte  que los años, que no pasan en balde, me animan a descubrirte diariamente en las cosas más sencillas de nuestra vida.

Cuando despierto, por ejemplo, intento tenerte presente y agradecerte el nuevo día…pero sobre todo en los días de invierno, el sueño es tan profundo que tardo una media hora, más o menos, en tomar conciencia de que estoy despierto. Entonces sí que oirás mi voz (no muy clara a esa hora) que te da las gracias por el amanecer,  por la lluvia, por el frío…y hasta por el sueño.

Como te decía, he aprendido a irte descubriendo en las cosas del vivir cotidiano y así te vislumbro en la fe de las personas mayores, en los ojos de los críos, en las lágrimas de los enfermos, en los que –desde otras confesiones religiosas- te llaman con otros nombres. También te descubro diariamente en la sincera búsqueda de los ateos y los que no te conocen. Te intuyo en la gente generosa que se desvive por los demás, en los profesionales que realizan su trabajo con esmero, en las familias… en la gente, vaya.

Es verdad, Padre, que la naturaleza habla de Ti, pero está tan manida por los deportes de aventura, el esquí, la vela y estas cosas, que tu presencia se me hace más diáfana y transparente en la historia de los hombres y mujeres. Me emociona ver las ganas de vivir que tienen las personas; me parece precioso que la gente sencilla, arrastrando a veces tantos problemas, se lave, se peine, se arregle antes de salir de casa para mostrarse ante los demás de la forma más agradable y presentable posible. Creo que el primer signo matutino de tu presencia es que la gente salga a la calle arreglada, manifestando así respeto hacia sí mismos y los demás y ganas de hacer la vida más grata para todos.

Te descubro en la baraja de los sencillos, en la música, en el teatro y el arte, en el buen vino compartido, en el dolor de la familia que pierde al ser querido, en la ternura del abuelo, en la voz del amigo preso, en las fantasías del que se siente solo, en el maravilloso mundo de la educación, en los amigos, en los hermanos.

También te he descubierto, y qué bien los sabes, en el cine. La pantalla me ha ayudado a lo largo de mi vida a conocerte a través de las historias, las pasiones y las aventuras de tantos seres humanos que se trascienden a sí mismos. Los clásicos me han hablado de ti: Ford, Hawks, Kazan,  Preminguer, Bergman, Wilder, Kubrick, Visconti, Fellini, De Sica Hitchcock han sido lámparas que iluminaban mi mundo en la oscuridad de las salas; también los actuales: Scott, Spielberg, Eastwood, Mann, Coppola, Allen, y tantos otros me han emocionado y divertido y ya forman parte de mi historia; también los nuestros Aranda, Garci, Camus, Almodóvar, Saura, Buñuel, Cuerda, Amenábar, Bollaín, Villaronga, Bayona y estos directores cercanos que nos presentan la grandiosa fragilidad del ser humano en la magia del séptimo arte.

Como salesiano, te descubro en los adolescentes y jóvenes, que andan comiéndose tanto la cabeza, peinándose con elegancia, con pantalones de pitillo y adicionados al móvil,  intentando impresionar, intentando descubrirse, afirmarse, aceptarse y quererse en un mundo en el que el futuro está rodeado de buitres que intentan saquearles su juventud. Aunque me cuesta adaptarme a las exigencias de las cambiantes administraciones educativas, no me cuesta nada descubrirte entre los jóvenes en el mundo de la educación.

Te intuyo en los inmigrantes, en aquellos hijos tuyos que, víctimas de un reparto injusto de la riqueza, han tenido que dejarlo todo para buscar un futuro más digno. Te descubro en los refugiados, en aquellas personas a las que nadie mira y llegan huyendo del horror que hemos creado nosotros mismos. En sus ojos veo los ojos de tu Hijo…en su Historia veo la historia del pequeño Jesús, huyendo de los poderes de su tiempo y siendo extranjero en Egipto. En su muerte veo la cruz.

También, Padre, te descubro en personas que, desde plataformas muy distintas se empeñan en construir un mundo más humano: obreros, voluntarios,  educadores, médicos, periodistas, curas, músicos…te intuyo en los maestros, en los padres y madres, en los abuelos, en todos aquellos que ayudan a hacer crecer la vida.

Y, naturalmente, te encuentro en la Sagrada Escritura, tan vilipendiada, tan olvidada por nuestra cultura reinante y tan apasionante y necesaria.

Te descubro en mis hermanos de comunidad, a los que amo a pesar de las diferencias y con quienes creo que es posible hacer que nuestra vida sea una profecía luminosa.

Celebro tu presencia en la Eucaristía y en los sacramentos por más que los que presidamos tengamos nuestros defectos y nuestras limitaciones como cualquier hijo de vecino.

Lo cierto es que no me es nada difícil creer en Ti. Casi me atrevería a decir que la fe, en mi caso, no tiene mucho mérito. Para mí, creer es como respirar, besar, reír, llorar…vivir.

Por eso en esta carta, antes de empezar el año nuevo, quiero darte las gracias por todas las personas que me han ayudado y me ayudan a amarte. Por mis padres y por tantas personas buenas que me han enseñado a ver el mundo desde el agradecimiento y el compromiso. De una manera especial, te doy las gracias por toda la gente que ha alimentado mi fe a lo largo del año que concluye.

Haz, Padre, a que en el año que ahora empieza sepa ser coherente con mi fe y con lo que escribo; ayúdame a que mis torpes letras se conviertan en testimonio de tu Hijo y clamor rabioso contra la injusticia que permite que a tantos hijos tuyos les arrebaten la dignidad. Ayúdame a esforzarme  para ser testigo de esperanza, de esfuerzo compartido por un futuro más humano y, por tanto, más Tuyo. Hazme coherente con lo que soy.

Espero volver a escribirte pronto. Tus noticias me llegan, como te he dicho, cada día.

Recibe un fuerte abrazo de tu hijo.

Josan Montull

ELOGIO DE LO HUMANO

ELOGIO DE LO HUMANO

En medio de las luces, las algarabías y la fiebre consumista que a todos nos arrastra, los cristianos nos disponemos a celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús en medio de nosotros.

De un tiempo a esta parte da la sensación de que se ha desprovisto a la fiesta navideña de todo simbolismo religioso. Abundan las lucecitas, las cestas millonarias, los regalos de Papa Noel, los muñequitos de nieve, los trineos y los desfiles multicolores. La parte emotiva del asunto se reserva a la lotería del 22 de Diciembre que cuida primorosamente sus anuncios y los disfraza de mensajes familiares y tiernos. Y en medio de todo esto, casi ninguna alusión al nacimiento de Jesús, casi ninguna referencia religiosa; la Navidad se nos ha convertido en una suerte de Disneylandia en la que Jesús de Nazaret ha desaparecido.

Es cierto que el cristianismo adaptó la antigua fiesta pagana del Dies Natalis (el nacimiento del Sol) y la transformó en una festividad religiosa en la que se festejaba el nacimiento del que en el Evangelio aparece como la Luz del Mundo. Desde antiguo en nuestra cultura la Navidad se ha asociado a un hecho religioso, una fiesta en la que hacemos memoria del acontecimiento que ha revolucionado la humanidad: el corazón de Dios late en un recién nacido. Este hecho, se quiera o no, rebasa una lógica puramente humana y nos adentra necesariamente en el Misterio.img_0072

Así vista, la Navidad es políticamente incorrecta, siempre incorrecta. El hecho de que entre los más pobres irrumpa un Dios que se aleja de los palacios y los oropeles y se acerca a los márgenes sociales es un acontecimiento altamente subversivo. Cuando con frecuencia no se quiere poner el Belén en muchos lugares públicos esgrimiendo la laicidad del ambiente, se comprende perfectamente. El Belén es inquietante, insurrecto. Dos mil años después el nacimiento del Mesías, se quiere relegar a las afueras de la vida.

Muchos, es cierto, miran el Belén con curiosidad o indiferencia porque no son creyentes. Otros miran el Belén con miedo porque, si lo entienden, su significado es altamente rebelde: los pobres de la tierra son aupados en el Nacimiento mientras que los ricos, henchidos de sí mismos, aparecen en toda su mediocridad lejos del Portal.

No obstante, la Navidad cristiana es un acontecimiento abierto a todos los hombres y mujeres de buen corazón. En la Navidad hay un elogio de la ternura, de la delicadeza, de la amabilidad. Dios no se endiosa, se humaniza condenando así todos los endiosamientos humanos que devienen en amargura e infelicidad.

La Navidad nos invita, pues, a vivir intensamente todo lo que nos hace más humanos. Es tiempo de escuchar, de saludar, de sonreír, de ser solidarios. Es tiempo de abrazar, de regalar y regalarnos, de reír juntos y parar el reloj para saborear la amistad; es tiempo de la buena educación, de los buenos modos, de desterrar el insulto y la calumnia, de superar diferencias políticas y buscar lo que nos une, de no negar el saludo a nadie ni darlo por perdido, es tiempo de hablar.

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Es tiempo de buscar en las periferias de nuestra historia retazos de Misterio, atisbos de Luz entre los pobres, los refugiados, los desahuciados, los excluidos…los protagonistas, junto con el Niño, del permanente Belén de la Historia.

Es tiempo, en fin, de creer, de creer profundamente en el ser humano, con todas consecuencias, con sus grandezas y miserias, sus convicciones y sus dudas, urge creer en lo humano…sólo así podremos asomarnos a la fe en el Dios que ha huido del más allá para hacerse carne en el más acá.

Feliz Navidad, feliz humanidad.

JOSAN MONTULL