EL NUMERITO DE LA VIRGEN DEL ROCÍO

Hace unos años visité la ermita del Rocío. Me impresionó la belleza del paisaje, la magnificencia del templo alfombrado por la arena de la playa en el suelo que traían los pies de los peregrinos y de los que se acercaban al interior del Templo.

Me senté a rezar un poco. Al cabo de unos minutos entraron una veintena de chicos y chicas de unos 20 años. Dos de ellos llevaban guitarras y otro, una caja flamenca modo e mochila. Se colocaron delante de la reja de la Virgen y empezaron a cantar y tocar -de una manera magnifica- la Salve Rociera. Todos estábamos impresionados. Al terminar prorrumpieron en aplausos y se abrazaron entre lágrimas.

También yo me emocioné. A pesar de no conocerles de nada, me acerqué a los chavales y me contaron que la madre de uno de ellos había sido operada con éxito y todos sus amigos, le acompañaban para darle gracias a Dios a través de la Virgen por la recuperación de la salud de la madre del compañero.

Me pareció una maravilla que apoyaran, desde una fe popular y sencilla, al amigo para bendecir a Dios por la vida de la madre enferma. No sé si eran jóvenes practicantes, muy religiosos o no, pero de lo que no cabía duda es que era chavales sencillos, buenos amigos que bendecían al Dios de la vida, con una profundidad y un sentimiento extraordinarios.

Siempre es así. La madre de Jesús extiende sus brazos maternales a millones y millones de personas que la invocan en la dificultad y la alaban en la alegría.

Hace unos días en un pretendido programa cómico de una televisión pública se hizo un sketch que protagonizaba la Virgen del Rocío. El numerito, sin ninguna gracia y con un mal gusto de libro, era un conjunto de obscenidades chabacanas, groseras y bastas, en las que se insultaba a María de Nazaret y se hacía burla y escarnio manifiestos a los cristianos que amamos a la Virgen.

Recordé enseguida el impacto que produjeron en mí aquellos jóvenes que, años antes, en el Rocío, estrechaban sus lazos de amistad antes la Virgen. Tuve la sensación que, desde la televisión, les estaban ofendiendo entre risotadas.

Esgrimían los… ¿cómicos? que la libertad de expresión era eso, poder decir lo que uno quiera en donde quiera. Pues no, disiento totalmente. Cuando, amparándose en la libertad de expresión, se insulta a la gente sencilla y se lanzan burlas, desde una superioridad mediática, a los más humildes, esa pretendida libertad se convierte en un grosero ejercicio de dictadura. Es como si se nos dijera que los ricos pueden burlarse de los pobres cuando les apetezca porque existe la libertad de expresión.

Claro que lo que a mí más me ofende y escandaliza es que se pisoteen los derechos de los hijos más pobres de la Virgen: de los refugiados, los sin techo, las víctimas, los menas, todos los que sufren … pero también me desagrada esa parodia televisiva porque esos pretendidos chistes, de una zafiedad impresentable, no tienen nada de ironía, son –simplemente- un desprecio a los más humildes (sean de las convicciones que sean), gracias vomitivas que engendran división, rencor y repugnancia… porque se ataca a los sentimientos más profundos de gentes sencillas.

Sólo los tiranos pisotean las convicciones de las clases populares. Así es como yo veo el numerito televisivo de la Virgen del Rocío: como un acto de tiranía chulesca contra los humildes; un acto de tiranía ejercido por señoritos burgueses bien pagados desde sus cortijos televisivos.

JOSAN MONTULL

DIARIO DE ALMERÍA La Hermandad del Rocío prepara su XXVIII Camino Joven a la aldea 28/08/2019

HASÉL, ECHENIQUE Y MEDINA

Pertenezco a una generación que luchó por la libertad de expresión. Nuestra vida universitaria estaba alterada con frecuencia por manifestaciones, comunicados, huelgas y otras luchas que reivindicaban muchas cosas…entre otras, la libertad de expresión.

Eran tiempos extraños. Había que ver las películas comprometidas (si eran autorizadas por la censura) en versión original –en los llamados cines de arte y ensayo-; así por ejemplo pudimos ver “El gran dictador” de Chaplin 40 años después de su estreno. Los que hacíamos teatro éramos obligados a enviar los textos de las obras al Gobierno Civil, que siempre recortaba frases o las modificaba, obligando a las compañías a hacer auténticos malabarismos para que no se perdiera el sentido original de los libretos.

Teníamos muchas cosas que decir…y no nos dejaban. Pero, poco a poco y con la lucha pacífica de todos, llegaron las libertades, también la de expresión, regresaron artistas exiliados y la palabra libre volvió a hacerse presente en nuestra sociedad. Fue el triunfo de la cultura por encima de la brutalidad.

Ahora veo estupefacto que se reivindica la libertad de expresión total, incluso para aquellos que no creen en ella. La surrealista defensa que de Pablo Hasél hacen muchos grupos me resulta incomprensible. ¿Cómo se puede defender como libertad de expresión la apología de la violencia y el odio, las amenazas de muerte a personas concretas con nombres y apellidos? ¿Cómo se puede pensar que es libertad de expresión defender la vuelta de ETA, de los Grapo, del tiro en la nunca, de las bombas lapa en un país que, como el nuestro, ha sufrido el horror del terrorismo? ¿Cómo se puede utilizar como bandera de libertad en nuestro país a un tipo que, en sus … ¿canciones?… canta a la violación y a la violencia machista? Es absolutamente surrealista; es como si las gallinas defendieran que, para ser más libres, debían tener al zorro conviviendo entre ellas.

Por otra parte, la defensa legítima de este pretendido artista ha sido acompañada de actos de pillaje, vandalismo y violencia absolutamente escandalosos de los que la organización de la protesta ha querido desligarse.

En medio de este caos, un representante político, Pablo Echenique, afirmaba que “Todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles”. Pero ni el autor de este tuit ni nadie de su partido, que -paradójicamente- está gobernando, ha salido a condenar enérgicamente los destrozos y la violencia en las manifestaciones ni a defender a las fuerzas del orden, que se ven permanentemente asediadas por chavales, amparados por la irresponsabilidad de muchos políticos que, con sueldos millonarios, han hecho del populismo un permanente y cansino discurso.

Días antes del encarcelamiento de Hasél, otra joven, Isabel Medina, decía en una manifestación madrileña “El enemigo siempre va a ser el mismo, aunque con distintas máscaras: el judío. Porque nada hay más certero que esta afirmación: el judío es el culpable”. Se dice esa barbaridad amenazante, xenófoba y llena de un odio incomprensible, y no pasa nada, absolutamente nada, ahí queda. Es cierto que en esta concentración no hubo disturbios, pero las palabras de la joven eran una mentira nazi para echarse a temblar.

Yo creo firmemente en los jóvenes, en su capacidad de bondad, en su capacidad de ser buenos y solidarios. Sé que su futuro es difícil y que se les están robando muchas posibilidades. Creo que se les manipula sin rubor aprovechando su frustración. Creo, y ahora más que nunca, en la libertad de expresión, en la capacidad de manifestar los sentimientos e ideas, sean cuales sean, desde el respeto y la tolerancia. Y creo en la cultura como antídoto a la intransigencia, como instrumento de libertad, de capacidad crítica, de resistencia a las imposiciones de los fuertes, de posibilidad de expresión racional.

Por eso, como educador de jóvenes y apasionado de la cultura, ante este marasmo de situaciones me hago muchas preguntas. ¿Hemos perdido el sentido común?, ¿todo vale?, ¿no hay ningún tipo de límite? ¿Se puede consentir la amenaza pública?, ¿Esto es la libertad de expresión?, … mucho me temo que esto es el germen de la tiranía, una tiranía en la que -poco a poco- solo los fuertes se podrán expresar haciendo callar a base de patadas, pedradas, barricadas y tuits, las voces de los más vulnerables.

Tal vez sea que Hasél, Echenique y Medina sean distintas caras de una misma moneda. Una moneda falsa.

JOSAN MONTULL