EL SUEÑO DE LA RAZÓN

Hace pocos días una noticia nos conmocionó: Belén Cortés, de 35 años, educadora de un Centro de Menores de Badajoz, había sido presuntamente asesinada por tres adolescentes, a los que cuidaba, que se dieron posteriormente a la fuga con el coche de la propia educadora.

Sin ninguna duda, el suceso es escalofriante; una persona dedicada a la educación ha sido asesinada por aquellos mismos chavales a los que protege y cuida. Lógicamente, la familia de Belén y sus compañeros de trabajo están destrozados.

Todo esto, creo, pone de relieve varias cuestiones que no se nos pueden pasar por alto.

Los Centros de menores existen. Tan apenas se habla de ellos, pero existen. Hay en torno a unos 1500 en nuestro país. En los Centros se acoge a chicos y chicas vulnerables, con problemáticas bien diferenciadas: chicos y chicas sin familia, chavales con problemas de drogadicción, menores extranjeros y sin documentos, niños y jóvenes con problemas mentales, menores toxicómanos… una amalgama de situaciones personales que hacen de esos adolescentes personas extremadamente vulnerables y necesitadas de contención, afecto, límites y cercanía.

Lógicamente, el trabajo que los educadores tienen que hacer con este colectivo es extremadamente complicado. A la pluralidad de marginaciones con las que tienen que trabajar, los recursos que tienen son muy limitados. Es, por otra parte, muy difícil, pretender que los mismos recursos (pisos tutelados, por ejemplo) puedan acoger a jóvenes con situaciones y patología tan diferentes.

Es normal que los educadores y educadoras se sientan desprotegidos. Lo cierto es que la Administración no hace demasiado por ellos. El problema de estos chavales es muy grave, cada vez son más numerosos, pero los medios para cuidarlos son escasos y los trabajadores de estos centros se sienten solos y sin protección en muchas ocasiones. Esos trabajadores son héroes de la educación; personas entregadas en situaciones muy difíciles, personas de las que no hay noticias y de las que casi nunca se habla.

Una educadora presuntamente asesinada por adolescentes a los que está cuidando es un toque de atención para todos.

Esos chavales a los que se acusa de asesinato y que han provocado tanto dolor son también víctimas, fundamentalmente, de la falta de amor. Tras de ellos hay familias rotas, drogadicciones, redes sociales canallas y un entorno agresivo que les empuja a la marginalidad y a la soledad. Todos sabemos lo difícil que es la educación, el cuidado y acompañamiento de los adolescentes. Hace falta que familias, escuelas y centros vayan a una… y, aun así, a veces las situaciones parece que nos superan. Cuánto desamparo pueden sufrir adolescentes que han visto el odio en sus padres, la droga en los suyos y el descuido y falta de seguimiento en quienes deberían cuidarles.

Esto es un toque de atención para todos Uno tiene que preguntarse qué estamos haciendo con la educación. 

  • ¡Cuántas leyes educativas (¡9 en la democracia!) … cuántos desajustes… cuánto enfrentamiento provocado entre escuelas concertadas y públicas, religiosas o laicas…! Cuánto afán por desterrar de la educación asignaturas que abren a la Trascendencia: la ética, la religión, la filosofía… cuánto miedo a educar en valores a nuestros chavales; cuánta burocracia diabólica se han instaurado en los centros educativos quitando tiempo y creatividad de los educadores que ven dificultados los momentos para acercarse al corazón de los jóvenes.
  • ¡Cuánto miedo a los menas, a los chicos y chicas abandonados, a los que ponen en tesituras complicadas que pueden dar credibilidad a sistemas políticos de pretendido carácter humanista!
  • ¡Cuánto enfrentamiento estéril en la clase política, cuanta agresividad, insultos, descalificaciones y malos modos entre políticos de signos contrarios que deberían ser ejemplo de tolerancia y convivencia entre distintos! ¡cuántos casos de corrupción, cuánto robo usando los privilegios de los puestos que la Administración les otorga a algunos, cuántos ladrones y mentirosos que han tenido sus púlpitos televisivos y se han enriquecido con prevaricaciones y trucos! Cuántos referentes políticos religiosos, deportivos, artísticos no dan ningún ejemplo educativo a nuestros jóvenes.
  • ¡Cuántos líderes de audiencias televisivas que hacen broma con las drogas, con la infidelidad, con la falta de amor de los entrevistados y famosos!
  • ¡Cuánta sinrazón!

En un tiempo convulso de la historia de España Goya dibujo un grabado en la serie “Los caprichos”, lo tituló “El sueño de la razón produce monstruos”.

Y así es, hemos puesto a dormir a la razón, la hemos relegado de nuestras relaciones y ha quedado en un estado soporífero. Los monstruos van apareciendo por doquier, no son fruto de la casualidad, son producidos por nuestro letargo.

La educadora Belén ha sido víctima del sueño de la razón, de la locura de chavales que a su vez son víctimas de una sociedad que ensalza el odio y la riqueza mientras se despreocupa de la educación y la ternura.

Descansa en paz, Belén. Que tu muerte nos anime a todos a seguir apostando por la educación y a apoyar a los educadores y educadoras que, como tú, trabajan en condiciones muy precarias para aportar luz en las oscuras vidas de chavales a los que se les ha robado el amor.

JOSAN MONTULL

La sociedad de la nieve

LA SOCIEDAD DE LA NIEVE: Dar la vida por los amigos

España. USA. 2023.

Dirección: Juan Antonio Bayona

Guión: J.A. Bayona. Bernat Vilaplana.

Música: Michael Giacchino.

Fotografía: Pedro Luque.

Reparto: Enzo Vogrincic, Matías Recalt, Agustín Pardella…

En 1972, el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, fletado para llevar a un equipo de rugby a Chile, se estrelló en un glaciar en el corazón de los Andes. Sólo 29 de sus 45 pasajeros sobrevivieron al accidente. Atrapados en uno de los entornos más inaccesibles y hostiles del planeta, se vieron obligados a recurrir a medidas extremas para mantenerse con vida.

El terrible suceso había sido llevado ya con anterioridad a la pantalla con desigual acierto. Esta vez el español J.A. Bayona, especialista en tratar temas vitales con mucha profundidad, nos ha ofrecido un film tan duro como fascinante, tan apasionante como hermoso.

La película empieza con las risas, las bromas y la exhibición deportiva de unos jóvenes cargados de vida que, días después estarán agonizando. La voz en off no cuenta lo que ocurrió, sino que invita al espectador a hacerse preguntas sobre el sentido de la propia existencia en la actualidad.  Bayona no hace una película meramente histórica en la que recrea un hecho acontecido hace décadas, ni mucho menos ofrece un film de aventuras sin más; el director propone al espectador un actual viaje espiritual para reflexionar sobre fina línea entre la vida y la muerte, la fragilidad, la salud, la supervivencia, la amistad, la familia, el sentido de la vida, las decisiones morales y la fe en Dios.

Las escenas más escabrosas están tratadas con una delicadeza encomiable, se prescinde de lo macabro y se sugieren, sin mostrarlos, los aspectos más terribles del drama.

Estamos ante una película muy física. El director nos mete dentro de la historia, nos introduce en el fuselaje del avión siniestrado y nos hace compartir la angustia de los protagonistas que tendrán que compartir espacio con los cadáveres de familiares y amigos mientras reflexionan en voz alta, rezan y se animan los unos a los otros incluso citando pasajes del evangelio.

Técnicamente impecable. La fotografía y el montaje atrapan al espectador en ese inmenso ataúd que es el avión y el paisaje abierto y grandioso.

Hacia el final de nuevo voz en off es profundamente significativa e invita a que, en este mundo superficial, materialista y vacío, sigamos haciendo un viaje interior para descubrirnos día a día. Esa voz en off nos da a conocer que vivos y muertos comparten la historia.

Estamos ante una obra gigantesca, mística, sobrecogedora; una película que enseña que la vida sólo tiene sentido cuando se da.

Magistral.

Josan Montull

LOS MUERTOS

Se aproximan fechas que nuestro calendario vincula con la muerte y el más allá.

La muerte es una realidad que todo ser humano debe afrontar pero en nuestra cultura, paradójicamente, está vetada. Mientras nuestros chavales se familiarizan con la informática y el aprendizaje de idiomas, se les hurta la realidad de la enfermedad y la vejez. Mientras lo normal es que viajen por Europa y se paseen por Dysney World, no se les acerca a los hospitales por miedo a que la visión de los abuelos moribundos les traumatice. Mientras juegan a matar personitas virtuales con la Play y llenan las pantallas de sangre y vísceras electrónicas, nuestros adolescentes no han visto una persona muerta porque sus mayores no les educan para la visión de un cadáver.

Hoy la muerte se ha convertido en un tabú.

Pero, eso sí, juegan a los muertos. Llega Halloween y se disfrazan de cadáveres terribles, zombis perversos y muertos vivientes que aterrorizan a la peña. Los muertos están de moda y las grandes multinacionales de la diversión hacen sofisticados túneles del terror, pasajes angustiosos y disfraces truculentos para animar entre risas un miedo de diseño que sea una experiencia sensorial estupenda y divertida.

También los mayores hablan estos días de los muertos. La conveniencia o inconveniencia, por ejemplo, de sacar a un dictador de su tumba en una especie de pirámide por él construida ha dado mucho que hablar últimamente y se ha convertido en un espectáculo televisivo de gran audiencia.

También se habla de los muertos de guerras fratricidas, de los que están en las cunetas, de los que fueron arrojados en fosas comunes, de los que fueron enterrados con la misma ignominia con la que les asesinaron en paredones canallas o en improvisados patíbulos. Creo que hay que ser tremendamente respetuosos con la dignidad de estos hombres y mujeres cuyos cadáveres han sido vilipendiados. Creo que, mientras sus restos estén desaparecidos, no acabara de haber una paz serena para los que vivieron en sus familias la tragedia de estos desaparecidos. Sólo exhumando, identificando e inhumando con dignidad a estos asesinados se podrá enterrar –eso sí- el hacha de todas las guerras.

Pero también hay otros muertos muy cercanos y a los que hacemos menos caso. Tampoco están identificados. El mar se convirtió en su tumba. Me refiero a aquellos cuyos cadáveres han llegado vomitados por el mar hasta nosotros y que hoy están enterrados sin nombre, sin edad, sin patria…un número identifica las tumbas de esos nadies. Y lo cierto es que cada uno de ellos tuvo una historia, una familia, unos amigos, unos seres queridos, unas experiencias hermosas… y también tuvieron hambre, miedo y un horror que, lejos de paralizarles, les llevó a emprender la aventura de acercarse a una tierra de excesos que, a través de las antenas parabólicas, los móviles y las redes sociales, se mostraba en los países de esos muertos bajo la apariencia de maravillosos paraísos.

Desde 2018 han sido más de 3000 los muertos de todas las edades, hombres y mujeres, que han sido sepultados por un Mediterráneo que, lejos de ser un mar de paz, se ha convertido en un cementerio anónimo. Algunos cadáveres han llegado hasta nosotros flotando inertes, sin nombre, sin papeles, sin vida. Les hemos enterrado en nichos numerados sin que conociéramos ni tan siquiera sus nombres.

Creo que, junto a la Memoria Histórica de hace décadas, hay que recuperar la memoria histórica de la actualidad, reflexionar sobre qué nos está pasando, dar nombre a estos muertos que se lanzaron a buscar paz y sólo han tenido olvido.

El Mediterráneo, que ha sido un mar de transmisión de cultura, se ha convertido en un nuevo paredón con miles de inocentes ejecutados mientras la indiferencia de unos y otros aprieta el gatillo.

Tal vez en nuestra vida querríamos que con estos muertos pudiéramos hacer un Halloween, un túnel del terror o una fiesta truculenta y graciosa.  Lo cierto es que, si no miramos cara a cara a esta realidad tan cercana, seguiremos esquivando mirar cara a cara a nuestra propia vida.

Entonces sí que pareceremos unos muertos vivientes.

JOSAN MONTULL