Publicado en Reflexiones en voz alta

EL PRIMO SANTI

EL PRIMO SANTI.

Me senté tranquilamente con mi amiguete en el Restaurante. Vamos a llamarle Santi. Hacía casi un año que no lo veía. Le tocaba esta vez pagar a él. Como desde hace cinco años, y siguiendo un rito repetido cada dos meses, nos sentamos a comer y a charlar.

Santi tiene 24 años, le he acompañado desde que él tenía 14 y la vida, como a todos,  le iba poniendo dificultades. La adolescencia se le hizo cuesta arriba y todos los que le queríamos tuvimos que hacer acopio de paciencia para no despachar sus salidas de tono con un guantazo que le pusiera en su sitio y le recordara que tener 15 años no es una excusa para poderle levantar la voz en plan vacilón a quien más le quiere a uno.

Recuerdo que hace años un domingo apareció en mi casa sollozando sin poder hablar. Cuando recuperó el resuello, contó que se había escapado de casa después de haberse pasado tres pueblos con su padre. Esta vez no le levantó sólo la voz, sino que también le levantó la mano…su padre se quedó blanco y la cosa acabó con un fuerte empujón del chaval que echó por los suelos las esperanzas que aquellos padres tenían con su hijo. A Santi le dije aquel día que si se quería quedar en mi casa hasta que se serenara lo tenían que saber sus padres en el acto. Accedió y llamé a su familia. Respiraron tranquilos al saber donde estaba el chaval. Por la noche, volvió a casa.

Harto de suspensos, dejó de estudiar y se puso a currar. Con su primer sueldo me invitó a cenar…y así inauguramos una costumbre a la que hemos sido fieles hasta ahora. Una vez paga él, otra vez pago yo.

El trabajo le iba bien al chaval y parte de lo que ganaba lo daba en casa para ir colaborando en la manutención. Parecía que, por fin, la cosa se iba arreglando.

Pero un día, en la vida de Santi apareció un gualdrapa engominado de mucho cuidado y le animó a sacarse una pasta vendiendo el chocolate que ya consumía desde hacía unos años. Y el tontaina tiró la toalla de su vida y empezó a trapichear. Y con la venta, llegó el dinero, y la noche, y las juergas hasta las tantas, y el trabajo a hacer puñetas, y la venta de pastillas, y los coches, y los ligues, y la cocaína vendida y consumida, y los guiskis, y la ropa de marca, y las pirulas, y las amenazas a los que le debían dinero…y el dinero para los que le amenazaban.

Y mi primo Santi y el gualdrapa de marras del que no se despegaba nunca se convirtieron en los más enrollados de las discotecas. Y en la Disco y en los bares era mi Santi el rey del mambo; pásame una rayita, Santí, tronco, que te la pago la semana que viene; dame unas rulitas, colega, que mi chati está muy puesta y ya no aguanto más; Santi, tío, pásame una piedra de la buena y tómate algo.

Y una mañana, hace algo más de un año, mira tú por dónde, cuando Santi se había ido a dormir, le para la guardia civil a su coleguita del alma y le encuentra tanta farlopa como para colocar a una filarmónica. Y de pronto, lacagasteburtlancaster,  a pesar de la gomina y las gafas fashion, se le cambió el careto al tío y se quedó con la cara de lo que realmente era: un capullo.

Santi fue a ver al tipo a la cárcel al cabo de un mes. Y aquel día, en la prisión, tras un cristal, se reencontró con su compañero de correrías y pensó que fue cuestión de suerte no haber acabado con él en el talego. Y al verle la cara y al asomarse a su vida, le dio pena, mucha pena.

Aquel día mi amigo recogió la toalla que había tirado unos años antes…busco curro de nuevo y fue ordenando su vida. Conoció a una chavala encantadora y se puso a recomponer su historia. Fue pagando deudas mientras intentaba cambiar de ambientes y de fama.

Me lo contaba en el Restaurante, hace pocos meses, el día en que le tocaba pagar a él. Me lo decía muy serio. Recordaba la cara de su compañero en la cárcel…tiene para tiempo, me dijo. La cara de aquel tipo, con el que tantas fiestas se habían marcado, se le había metido muy dentro.

Yo recordaba otras caras… me venía a la memoria la de un chavalillo de 15 años, adicto al hachís y a las pastillas. Recordaba la cara de sus padres, a los que este chaval sí que les ha llegado a pegar. Yo había estado en su casa el día anterior y salí impresionado. Tal vez, imaginé, el chavalillo visitó alguna vez a Santi y a su colega enchironado para pillar alguna cosa. Le quise hablar a Santi de este otro chaval pero preferí callar. Eso…-pensé- se lo contaré en la próxima comida, en la que, por cierto, me tocará pagar a mí.

 

JOSAN MONTULL

 

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PÚGILES DOMÉSTICOS

PÚGILES DOMÉSTICOS

La reciente batalla campal entre unos padres espectadores de un partido de fútbol alevín en Mallorca ha disparado todas las alarmas. Las imágenes han llenado de estupor a los que las han visto y de sonrojo a los directivos de esos equipos.

Ciertamente es inconcebible que en un partido de niños sus padres, en lugar de animar a sus retoños, se aticen mandobles como bestias y provoquen el horror en las criaturas.

Las imágenes se han convertido en virales pero no han hecho más que poner de relieve una realidad profunda que nos recorre el alma y está en nuestro RH. Somos violentos, agresivos, despiadados y canallas. Hacemos del odio un signo de identidad y en nuestra historia más atávica llevamos el estigma del rencor en nuestro corazón.

En los campos de fútbol se grita, se insulta, señores de bien lanzan descalificaciones brutales y burradas pretendidamente graciosas para los amiguetes. Entre sorbo y sorbo, entre bocado y bocado, el grito, el aullido y la virulencia se convierten en normales.

Los deportistas famosos se enfadan en el terreno de juego, chocan las testuces amenazantes ante un público que grita y jalea a los nuevos gladiadores bien pagados que cobran una pasta por calentar a la peña.

Mientras tanto, en otro terreno de juego, en las bancadas políticas se insulta, se utilizan malos modos y se hace de la descalificación sin ideas todo un estilo.

La prohibición de la retransmisión dominical de la eucaristía se usa como pretendida bandera de libertad; los rabos de los perros se convierten en tema de agrios debates, la persecución -cansina y ancestral- de la escuela concertada vuelve otra vez a la palestra; los cargos electos rompen órdenes judiciales delante de los ayuntamientos jaleados por algunos y escandalizados por otros que quieren romper las multas de aparcamiento con la misma vehemencia e impunidad; los amantes de los toros (pienso en Lorca, en Miguel Hernández, en Picasso) son llamados asesinos; la sede de algún partido es ocupada –válgame el cielo- por parlamentarios adinerados; el tufillo antirreligioso de algunos se convierte en un elogio de la incultura; los escándalos de corrupción se han convertido en un culebrón televisivo permanente. Mientras, emigrantes, pobres, mendigos, y excluidos asisten atónitos al espectáculo de un mundo que se chilla y se descalifica mientras diviniza a los ases de fútbol.

Así las cosas, no me extraña que padres descerebrados se líen a mandobles ante la mirada aterrada de aquellos hijos a los que deben querer y educar. No son más que el reflejo vergonzante de un país desnortado y cainita en donde los valores humanos quedan con frecuencia despreciados y tachados de rancios.

A este paso no me extrañaría que Jorge Javier Vázquez se convierta en portavoz del Gobierno y la mismísima Belén Esteban en Ministra de Cultura.

JOSAN MONTULL

(artículo publicado en El Cruzado Aragonés, Barbastro)