16 AÑOS YA…

Casi se me pasa. El 10 de Febrero de 2004 falleció mi madre. Han pasado 16 años. El entierro de mi madre, como antes había sido el de mi padre, fue para mí –sacerdote- un acontecimiento muy especial. A la vez que sentía la punzada del dolor, sentía también la cercanía y la amistad de muchas personas, muchas de ellas, jóvenes.

Soy hijo único. Mi padre y mi madre vivieron casi tres años conmigo en mi comunidad. En 2001 falleció mi padre. Siguió con nosotros mi madre, que vivió sus últimos años rodeada del amor de mis hermanos salesianos que la trataron como si fuera su madre y de muchos jóvenes, que la quisieron como a una abuela buena.

No suelo escribir las homilías. Ese día lo hice; era lógico, no quería que la emoción me traicionara, en caso de que no pueda seguir, pensé, le doy el papel a otro cura y que siga leyendo.

Pero pude. Con la voz entrecortada y emocionándome en algún momento, pude.

Muchas personas, todavía ahora, recuerdan aquel momento y aquella homilía. Hoy la releo 16 años después y no cambiaría ni una palabra.

Ahí va.

ESTE ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO…ESTA ES MI SANGRE, QUE SERÁ DERRAMADA

Queridos hermanos y hermanas:

El viernes día 30 de Mayo del año pasado, tras un invierno y una primavera muy malas en la salud de mi madre, la subí al coche y marchamos a Urgencias al Hospital San Jorge.

Allí, como siempre, mi buena prima Mamen me dijo desde un primer momento, que el problema de salud que tenía mi madre era grave. Mi amigo el doctor Miguel Marigil me hizo saber que tenía una enfermedad pulmonar intersticial y que, en la mayoría de los casos eran fatales. Empecé entonces, junto a mi madre un Vía Crucis de días y de noches en los que la ilusión, el miedo, la incertidumbre, la pena infinita y la fe han andado a trompicones por mi vida.

La situación clínica pareció mejorar los primeros días, pero pronto nos dimos cuenta de que era un espejismo y que el mal seguía haciendo daño a la ya maltrecha salud de mi madre.

Tuvimos que desplazarnos en ambulancia hasta Zaragoza. Allí pasamos cinco días duros en los que la esperanza empezó a derretirse como se derretía la ciudad bajo el sol implacable de aquellas jornadas. Todos estos padecimientos mi madre los llevó con una dignidad admirable. A mediados de Julio y con el resultado de la biopsia delante, me comunicaron que el final estaba muy próximo.

Durante un mes esperamos la muerte en la habitación 510 de San Jorge. Para desconcierto de todos, la situación fue superada y el día 14 de Agosto le dieron el alta con el seguimiento cercano de la Unidad de Cuidados Paliativos. Fue entonces a vivir al Centro Socio Sanitario de Chimillas, donde siguió con la estabilización de su salud y una aparente mejoría. En Octubre ingresó en el Hospital Provincial, donde permaneció más de dos meses intentando una rehabilitación que fue sólo parcialmente posible. El 17 de Diciembre volvió a la Residencia de Chimillas. El día de Navidad vino a comer a nuestra Casa Salesiana…su casa lo continuó haciendo los otros domingos y días de fiesta. También el día de Reyes…ese día los Reyes Magos subieron a la comunidad a hacerle obsequios. El domingo día 25 de Enero se puso muy enferma en la comunidad, tuvimos que llevarla a Chimillas de nuevo. Al día siguiente ingresó en el Hospital San Jorge.

El final de esta lucha rabiosa y resignada ya lo conocéis.

Durante este tiempo, los Hospitales han sido una época de cruz y de resurrección. Dios ha puesto en estos casi nueve meses a mi madre y a mí unas situaciones que hemos vivido juntos desde la compañía y el amor.

Nos hemos sentido cercanos de la hospitalización de José Luis, Pablo, Gregorio y otros amigos… hemos recibido un sinfín de detalles de muchas enfermeras amigas y de mucho personal que se ha hecho presente en las diversas habitaciones en las que hemos estado, nos hemos sentido acompañados por el servicio religioso del Hospital. He conocido a la familia de Carlos, que a los 17 años está viviendo un cáncer, a la de Miguel, que a sus 16 a los ha vivido un trasplante de corazón. Nos hemos sentido admirados de la profesionalidad y la paciencia del personal de la planta. Hay nombres que me sonarán durante mucho tiempo: Pepita, Reyes, Toni, Sheila, Trini. Hemos recibido un acompañamiento técnico y profundamente humano de los médicos que han estado con mi madre.

También en este tiempo, de cruz hemos estado cerca de otras cruces, la de mi amigo Guillermo, con el que compartimos una semana de Hospital en la que me preparó algún bocadillo y en la que murió su madre, María José, después de tantos años de enfermedad, la de Mercedes Miravé, madre de las salesianas Pilar y Blanca Polo, la de mi tío Julio que se nos iba después de tantos años de enfermedad, la de nuestra querida señora Vicenta, madre de Lourdes y del salesiano Luis Aineto, la del abuelo de Jorge Estudillo, la de la madre de Nieves y el padre de Raquel, que fallecerían a lo largo de estos días, la de P. R., con quien estuvimos en el Hospital los días de San Lorenzo, la de la abuela de Jesús Pardo, y de una manera particular, la de la señora V., de Sabiñánigo, con la que durante tres semanas fuimos compañeros de habitación. Con su familia estrechamos lazos de cercanía, sus hijas se convirtieron en excelentes enfermeras para con mi madre. V. murió en Julio el mismo día en que nos trasladaban a Zaragoza.

En todas estas situaciones hemos compartido el dolor, la esperanza y la fe. Doy gracias a Dios por este tiempo largo de Hospitales, doy gracias por haber estado con ella, haberla acariciado, besado, limpiado, acompañado al baño, cogido en brazos, empujado en su silla de ruedas, animado… Mi madre tomó conciencia pronto de su situación, la fue asumiendo y su final ha sido admirable. Doy gracias por haber vivido los últimos 8 años de mi vida con mi madre y con mi padre. Doy gracias a Dios porque la Congregación Salesiana me ha permitido acompañarla muy cercanamente en los últimos momentos de su vida como hace dos años y medio lo hice con mi padre.

Como cristiano, Creo profundamente que Dios se hace cuerpo y sangre, pan y vino… es decir, historia humana, con sus avatares y sus múltiples situaciones. Por eso me es inevitable recordar retazos de la Historia de mi madre con la certeza de que es para mí auténtica Historia Sagrada como la que aprendíamos de niños.

Necesariamente recuerdo trozos de historia de mi madre

La pena que tenía por no haber podido tener más hijos

Su ilusión el día de mi primera comunión

Su delantal cubriendo mi cabeza empapada en sangre cuando siendo niño me dispararon con una carabina de aire comprimido

Su cuidado a mis abuelos hasta que les llegó la enfermedad y la muerte

Su amor reverencial a mi padre

Su preparación del corazón de mi padre antes de que llegara la noche en que le dije que quería ser cura

la primera vez que vino a la Residencia Provincial de Niños y vio el amor y la pobreza con que vivían los salesianos

Su ilusión desbordante el día de mi ordenación sacerdotal y de mi primera misa en el pueblo

Su paso, junto con mi padre por las comunidades salesianas en las que he vivido

Su acompañamiento y su entereza en la muerte de mi padre

Su vida en nuestra comunidad de Huesca

Su amor a la vida y a las cosas sencillas (los recuerdos que hay en casa)

Su fidelidad a la familia y a los amigos

Su rosario diario (antes con mi padre)

Su extraordinaria generosidad, daba todo, siempre hacía cosas para los demás, cuadros de hilo, conservas de tomate, melocotones, espárragos… regalos a todos los sobrinos que comulgaban (también cuando ya no vivía mi padre)

Su capacidad de hacer de la mesa y la comida un auténtico sacramento

Su acogida en Casa a todos: salesianos… amigos… chavales… toxicómanos, pobres, pequeños delincuentes con los que yo compartí mi vida…

En los días de Hospital me preguntaba por todos y cada uno… Felicitó a Anselmo por su próximo cumpleaños cuando ya pensábamos que iba perdiendo la conciencia y se interesó por las raspaduras que tenía en el brazo. Cuidó los detalles hasta el final. Sonreía a las enfermeras y les agradecía las curaciones que le iban haciendo, sonreía incluso cuando se estaba muriendo… agradecía todos los detalles, manifestó dulzura hasta el final.

Cierra las ventanas, que le molestan a esta señora

Aféitate

Vete a pagar el cuadro a la tienda… se extrañará de que no vaya

Aunque la frase que más decía era ¿Cuándo volveré a Casa? (refiriéndose a la Casa salesiana)

Recuerdo su último cumpleaños vivido en el Hospital rodeada de la comunidad.

Hemos proclamado dos lecturas de la Palabra de Dios que me remiten a la vida de mi madre. En el Evangelio hemos escuchado el relato de la Institución de la Eucaristía. Jesús dice este pan es mi cuerpo, que será entregado, este vino es mi sangre, que será derramada. Y en la primera lectura hemos leído un texto de los Hechos de los Apóstoles en el que se nos cuenta cómo en la primitiva comunidad cristiana había una mujer, la Virgen, que era madre y estaba en medio de los apóstoles.

Sobre estas dos lecturas me hago dos preguntas. Para la primera no tengo respuesta, para la segunda, sí.  ¿Qué sentiría mi madre cuando participaba de las Eucaristías que yo presidía? ¿Qué debía sentir ella que me había engendrado, amamantado, criado… cuando me oía decir este es mi cuerpo… esta es mi sangre?? ¿Qué debe sentir la madre de un sacerdote cuando escucha a su hijo decir “este es mi cuerpo… ésta es mi sangre” refiriéndose al cuerpo y la sangre de Cristo? … No tengo respuesta; Supongo que, como a mí, esas palabras le desbordaban.

Con respecto a la primera lectura ¿Qué debe sentir la madre de un religioso hijo único cuando ésta vive con la comunidad de su hijo?… Ah, a esto sí que tengo respuesta: se siente madre de más hijos.

Pero estas dos lecturas nos hacen referencia sobre todo a Jesucristo, el Hijo de Dios, resucitado, vivo, presente entre nosotros. Él nos ha dado a conocer que Dios es tan extraordinariamente humano que se hace presente en medio de nuestra vida… aunque lo estemos pasando mal.

Cuando llego hasta aquí, presidiendo la Eucaristía del entierro de mi madre, y movido por la lectura de la palabra de Dios, sabiendo que soy animador de la fe y de la vida de una parroquia salesiana, quiero públicamente reafirmar la fe que recibí de mis padres. Por eso sólo quiero decir una palabra: CREO.

Creo en Dios, Padre y Madre. Creo que es tan grande que se manifiesta en las cosas más pequeñas, en la ternura, en el beso… en el amor de una madre.

Creo en Jesucristo, su Hijo, nacido de María de Nazaret. Creo que pasó por el mundo haciendo el bien, lo mataron en una cruz y resucitó. Creo que en su vida sencilla y comprometida Dios se nos ha dado a conocer. Fueron mi madre y mi padre quienes me enseñaron a quererle a través de sus palabras y de su vida.

Creo en el Espíritu Santo. Lo descubrí presente en mi madre, en su sencillez, en su sonrisa, en sus guisos, en sus besos, en las conservas de melocotón, tomate y espárragos, en los cuadros que hacía, en su afán por sembrar alegría en donde estaba, en la bendición que su sonrisa aportaba en nuestra comunidad.

Creo en la Iglesia. Es la comunidad de seguidores de Jesús. Mi padre y mi madre me hicieron cristiano y nunca lo agradeceré bastante. Creo que la Iglesia, aunque a veces vieja y lenta, es la gran familia de los hijos de Dios. Creo que alienta la vida de la gente y acoge a quienes nadie quiere acoger. Creo en una Iglesia que apuesta por los pobres, por las formas débiles, por los chavales, por los emigrantes, por los toxicómanos, por las prostitutas, por los oprimidos, por los sencillos, por los enfermos, por los excluidos… por los que no cuentan.

Creo en las personas. Creo que, por más que en los medios de comunicación se acentúen las desgracias, la violencia y el sinsentido de vivir sin amor, los seres humanos son buenos. A través de las personas Dios se nos da. Creo que tía Carmencita, Rocío, Tere, Mamen, Blanquita, Angelines, Pepita, Lourdes, Pilar, Gloria, Carmen, la hermana Victoria, José Manuel y Maite, las enfermeras, los doctores Verdún, Marigil, Egido, Marco… y toda la gente que han estado cercanos en este tiempo son personas muy buenas como lo son la mayoría de los seres humanos.

Creo en la Cruz. Creo que el sufrimiento es causa de liberación. Creo que los seres humanos incapaces de asumir el sufrimiento se sumen en la cobardía y la poquedad. Creo que en la Cruz hay más vida que muerte. Creo en los crucificados, en los pobres, en las víctimas, en los drogadictos, en los inmigrantes, en lo refugiados, en los enfermos, en los mutilados, en aquellos que necesitan de los demás para poder sobrevivir.

Creo en la familia, en los padres, en los hijos, en los abuelos, en los hermanos, los tíos, los primos… Creo que en la familia se experimenta lo que es la Iglesia. Creo que apoyar a las familias es apoyar el Reino de Dios en nuestra Historia.

Creo en los amigos, en la gente a la que gratuitamente queremos. Creo que en la amistad descubrimos al Dios amigo que nos lo da todo gratis. Creo en los amigos que se sacrifican por los demás, por los que son capaces de reír y de llorar con uno.

Creo en la Familia Salesiana, creo profundamente que los hijos de don Bosco son un regalo que Dios ha hecho a su Iglesia. Creo en los Antiguos Alumnos, en la Asociación de María Auxiliadora, en la Asociación de padres, en los grupos que practican deporte, en los profesores, en los monitores, en los catequistas… Creo en toda la familia salesiana.

Creo en mi comunidad salesiana, de la que formaron parte mi padre y mi madre. Creo que está formada por hombres buenos, por religiosos que, como don Bosco, aman profundamente a los jóvenes. Creo que, antes que nada, es una comunidad de hermanos donde nos queremos y donde acogemos. Creo que Cristo está presente en nuestra comunidad y en cada uno de los hermanos.

Creo en los jóvenes. Sólo ellos son la semilla de una sociedad nueva y de una Iglesia distinta. En ellos estalla la alegría y el afán por vivir en la honestidad y en la amistad. Creo en los jóvenes porque mi madre y mi padre me enseñaron a creer en ellos a través de sus gestos de acogida y de misericordia y de regalarme a la Iglesia para que sirviera a los jóvenes.

Creo en los pobres, en los marginados, en los transeúntes, en los que no cuentan…en todos aquellos a los que mi madre les puso un plato en la mesa. Creo que no podemos entender a Dios sin atender a los que habitualmente excluimos de nuestra vida. Creo que la Iglesia sólo se encontrará a sí misma si se encuentra brutal y apasionadamente con los pobres.

Creo en los que buscan la justicia, en los revolucionarios. Creo en los que dicen No a cualquier guerra y a cualquier injusticia. Creo en la vida. En la gente sencilla que disfruta del café, del vino y de la amistad abrazando a quien lo pasa mal. Creo en quienes se rebelan… en quienes se escandalizan ante una sociedad que sigue la telebasura y ensalza a los ricos en lugar de apiadarse por los enfermos y por los que sufren. Creo en el modelo de vida y en el amor que mis padres vivieron y me enseñaron.

Creo que mi madre vive. Creo que está disfrutando del amor de Jesucristo. Creo que está con don Bosco, con María Auxiliadora… con mamá Margarita… con todos los santos. Creo que mi madre está con mi padre, con su Jaime. Dios se ha tomado tan en serio la vida de las personas que necesariamente nos tiene que unir en la vida eterna. Por eso, y así se lo dije a ella, creo que mi madre vive en Dios y creo que a ella las puertas del cielo se las ha abierto su marido, Jaime, mi padre.

(Huesca, 11 de Febrero de 2004)

Entrada al Santuario de la parroquía Mª Auxiliadora en Huesca (Salesianos Huesca)

Los dos papas

Tú eres Pedro: LOS DOS PAPAS

EE.UU. / Reino Unido / Italia / Argentina, 2019.

Actores: Jonathan Pryce, Anthony Hopkins, Juan Minujín.

Guion :Anthony McCarten

Música: Bryce Dessner

Fotografía: César Charlone

Director: Fernando Meirelles

La vida de los papas ha sido una gran fuente de inspiración cinematográfica. La figura del papa sigue teniendo una importancia extraordinaria en la Historia y, por tanto, una gran fuerza mediática.

Por eso el relato de estas biografías recientes se ha llevado a la pantalla en muchas ocasiones con mayor o menor acierto Qué duda cabe que no nos es posible entender nuestra historia actual prescindiendo de los pontificados de Pío XII o de Juan Pablo II, por ejemplo.

Ha habido, eso sí, en todas ellas una característica común: se han hecho films de los pontífices cuando ya estos habían muerto, nunca durante su vida.

Todo esto ha sido roto por el carácter rompedor y provocativo del papa Francisco. Su vida apasionante ya ha sido llevada a la pantalla en filmes, series, documentales y hasta a cortos de animación. El director Fernando Meirelles (“Ciudad de Dios”, “El jardinero fiel”) lo hace en esta ocasión con una intuición y un buen hacer extraordinarios.

Hacía cientos de años que no coincidían dos papas en la cristiandad. “Los dos papas” imagina una conversación extraordinaria entre los dos actuales sucesores de Pedro. Ambos se reúnen días antes de la dimisión de Benedicto XVI. Este es el punto de partida de esta película ciertamente sorprendente. No se habla de un papa sino de dos y los dos vivos en la actualidad.

El encuentro es fascinante. Dos personalidades diametralmente opuestas, dos formas de entender la Iglesia, dos amigos de Cristo se encuentran cara a cara para intuir la voluntad de un Dios que se antoja silencioso en medio de tiempos turbulentos que urgen respuestas.

En la conversación van desfilando cuestiones difíciles: la pederastia de algunos sacerdotes, el afán de poder de la curia, la moralidad de situaciones novedosas, la denuncia de las dictaduras…temas abruptos en los que la Iglesia tiene que posicionarse y orientar, no desde la teoría sino desde dentro.

La enorme talla de estos gigantes de la Historia aparece transida por una humanidad sencilla… Los Beatles, el tango, la pizza, la Fanta, el fútbol, el vino…los pequeños placeres mundanos son acogidos por estos hombres que, en su encuentro con el otro, son animados a encontrarse consigo mismos. La fragilidad de estos hombres de Dios (uno que ha aprendido todo en los libros y otro en las calles) necesitará de la penitencia y la misericordia para crecer y desplegarse.

Con un ritmo pausado y correcto y unos flashbacks necesarios y ajustados, la película cautiva desde el principio. Las interpretaciones son absolutamente magistrales. Anthony Hopkins borda a Benedicto XVI y Jonathan Pryce es una copia de Francisco, en su imagen, su gestualidad y su mirada. El duelo interpretativo de estos dos actores es deslumbrante, magistral y conmovedor.

Con una ambientación excelente (impresionante la recreación de la Capilla Sixtina) , el film es una oda a la amistad, a la fe, al amor a la Iglesia, a la grandeza de la fragilidad cuando la misión encomendada traspasa las posibilidades de la persona.

El Dios encarnado se mete en la piel de estos hombres distintos seducidos por Jesucristo, conscientes de sus pecados y de la enormidad de la misión encomendada.

Simplemente maravillosa.

JOSAN MONTULL

El papa Francisco, un hombre de palabra

La palabra se hizo cine:

EL PAPA FRANCISCO, UN HOMBRE DE PALABRA

 

 

PAIS:

Italia, Suiza,Francia, Alemania

AÑO: 2018

GÉNERO:

 Documental

DIRECCIÓN Y GUIÓN:

 Wim Wenders

 

Resulta sorprendente que la figura del papa Francisco haya sido llevada al cine en varias ocasiones. Desde una película argumental pasando por una serie televisiva hasta incluso un film de animación, los cinco años de pontificado del papa cinematográficamente están dando mucho de sí. Es tal la fuerza carismática del papa actual que son muchos los artistas e intelectuales que, creyentes o no, se han fijado en él.

El prestigioso director alemán Wim Wenders se ha atrevido a acoger una petición hecha por el Vaticano y ha rodado un documental apasionante.

Wenders destacó en su día por films de ficción absolutamente extraordinarios como “Paris, Texas” o “Tan lejos, tan cerca”; se convirtió para muchos en un director de culto capaz de retratar las pasiones humanas desde la interioridad con una fuerza sobrecogedora. Últimamente se ha decantado por el documental y ha rodado obras tan interesantes como “Pina” o “La sal de la tierra”.

En “El papa Francisco, un hombre de palabra”, el prestigioso director parte de una entrevista al santo Padre en que éste habla, con sencillez y sin tapujos, de todo. Desde la defensa de la Tierra, a los problemas de la curia eclesiástica, pasando por el ignominioso tráfico de armas, la cultura del descarte, la familia la juventud…Francisco no elude ningún tema por más que espinoso que sea; así, carga con una dureza extraordinaria contra el carrerismo en la Iglesia y contra la pederastica de algunos sacerdotes y se emociona cuando habla de los enfermos.

La entrevista está hábilmente salpicada en un montaje excelente con imágenes rodadas en los diversos ambiente y países en los que se ha movido el papa: suburbios, la sede de las Naciones Unidas, las favelas de Brasil, cárceles de menores, mezquitas, Jerusalén, Palestina, Austwich, Filipinas, la República Centroafricana, la isla de Lesbos…Por otra parte Francisco se encuentra con intelectuales (Stephen Hopkins), políticos (Obama, Trump, Putin, Mújica, …) enfermos, presos, niños, religiosas, refugiados…y en todos los ambientes tiene una palabra invitando a la esperanza y a la paz.

Insiste el director en relacionar el pontificado de Francisco con la misión de San Francisco de Asís, santo del que el papa tomó su nombre pontificio. Esa vocación de restauración de la Iglesia del santo la vive el papa en su ministerio.

En la película hay pocas celebraciones religiosas (varias, eso sí, ecuménicas) pero muchos gestos de misericordia que avalan las palabras de la entrevista. Llama la atención este papa que habla poco de liturgia y de sacramentos pero que sin embargo no deja de hablar del amor y de los problemas sociales de nuestro tiempo.

Si en los evangelios las palabras y los gestos de Jesús van a la par, en la vida del Papa se aprecia a un gran seguidor de Jesús, sus gestos no hacen más que subrayar la validez de sus palabras y sus palabras adquieren relevancia por la calidad humana de sus gestos. Entre palabras y gestos hay una extraordinaria coherencia.

Wenders ha hecho un documental emocionante, profundo y hermoso. La figura de Francisco queda agigantada en esta película dotada de un montaje excelente; una película que invita a descubrir a un hombre bueno, un líder espiritual y religioso, un filósofo, un servidor del evangelio…un hombre, en fin, de palabra.

JOSAN MONTULL