TESTIGO DE LA FUENTE

El reciente éxito en el Mundial de Fútbol en el que nuestro país se ha convertido en campeón ha puesto de manifiesto la vida y el talante del hombre que ha estado detrás de la victoria desde hace años, el seleccionador, Luis de la Fuente.

De la Fuente ha dejado unas enseñanzas extraordinarias caracterizadas por un tono siempre sencillo y amable. Dice que no ha hecho una selección, sino un equipo donde todos son necesarios y deben tener dos valores en los que todo se sustenta: el respeto y la familia. Y éste es un equipo plural, mestizo, variado, plurireligioso, que representa a un país que, afortunadamente, es diverso y tiene vocación fraterna por más que haya mediocridades políticas pretendan separar y excluir.

Catalanes, andaluces, vascos, madrileños, navarros, valencianos, canarios… y futbolistas cuyas familias llegaron a España en medio de mucha precariedad y miedo. Los padres de los hermanos Williams saltaron la valla de Melilla y fueron acogidos y acompañados por Caritas. La abuela de Lamine Yamal consiguió traer a sus hijos a España viviendo situaciones de mucha dificultad para reunir a la familia. Todo ese colectivo ha sido acompañado y guiado por De la Fuente.

Pero, además, este hombre nos ha dado un testimonio de fe cristiana extraordinario. Como creyente sin complejos, ha manifestado que para él la fe no es un añadido más, sino un pilar vital de su vida: «Rezo todos los días -dice- pero no porque esté en un Mundial ni pretendo sacar un resultado», «Doy gracias todos los días, cada mañana que me levanto, de que estoy bien… es otro día más que puedo disfrutar de la vida».

Como creyente, lógicamente destierra de su vida la superstición; no reza para ganar partidos. «Creo que sería injusto pedirle ayuda a Dios para que me ayude a mí y no al rival. Pido salud, especialmente, y que me dé opciones para seguir peleando».

Su vida espiritual le ayuda a relativizar los éxitos deportivos y a recordar lo verdaderamente importante: la salud, el respeto, los valores humanos y la familia.

Para él la fe no es el medio al que aferrarse cuando quedan pocos minutos de juego y el gol no llega; la fe le otorga una manera de entender la vida y tratar al vestuario. Antes de cada partido, Luis hace piña con el equipo y tienen un momento de silencio y de interiorización espiritual desde el credo de cada cual (cristianos, musulmanes, indiferentes…) «La fe me da seguridad, tranquilidad y me ayuda a ver a los jugadores primero como personas y luego como futbolistas. Todos somos iguales ante Dios

De la Fuente ha hecho de este equipo una parábola apasionada del Reino: una familia en la que todos somos importantes, en la que se experimenta el sentido de familia y no se busca el brillo de individualidades, una familia de deportistas alegres, educados y limpios…

Luis de la Fuente, un creyente, un testigo…un campeón.

JOSAN MONTULL

LA EXPULSIÓN DE KANT

Desde hace muchos años soy profesor de Religión. Lo he sido en la antigua FP, en la vieja EGB, en el Bachillerato antiguo, y actualmente en la ESO, en el Bachillerato y en la Facultad con alumnos que escogen hacer unas asignaturas de carácter teológico.

En varias ocasiones ha habido alumnos que me dicen que no escogen religión porque no es útil. Otros me comentan para qué sirve la Religión. A estos últimos les suelo contestar que, para nada, que la Religión no tiene utilidad. Lo mismo que no tiene utilidad dar dos besos a la familia, estrecharse en un abrazo con alguien que sufre, o escuchar a un enfermo; francamente, no son estas actividades útiles o prácticas. Claro que tampoco tiene gran utilidad el complemento directo o la oración transitiva, por ejemplo. Tampoco lo es emocionarse en una película, admirarse por una pintura, fascinarse por un poema o conmoverse con una sinfonía. En ese sentido, nada más inútil e inservible que el arte, la interioridad o la filosofía, por poner un ejemplo.

Durante estos años, además, he enseñado Ciudadanía, Ética, Filosofía y Valores éticos, además de Lengua española y la Historia. Y, excepto la Lengua y la Historia, esas otras asignaturas siempre -independientemente del Gobierno de turno- han estado cuestionadas, cuando no atacadas, argumentando mil y una justificaciones en aras de una pretendida libertad que priva a los chavales la posibilidad de reflexionar por miedo a que sean manipulados.

Ahora le ha tocado el turno a la Filosofía. Al parecer, la nueva Ley de Educación va a prescindir de esta materia en la Educación Secundaria.

¡Qué quieren que les diga! Que probablemente haya detrás una sutil manera de concebir la Escuela con fines oscuros para que –por mucho que digan- los alumnos no piensen demasiado y sean fácilmente manipulables. Privar de la espiritualidad, la profundidad, el pensamiento, la moral o de la belleza de lo inútil a nuestros jóvenes no deja de ser tremendamente sospechoso. Si a algo nos ayuda la Filosofía es a hacernos preguntas, a dudar, a buscar respuestas, a bucear en la propia vida para darle sentido, a ensanchar la libertad. Creo que, tras de esta enésima modificación de los planes de estudio, se esconde un afán por fabricar ciudadanos prácticos, eficientes materialistas … y obedientes.

Si ya es una vergüenza que, a estas alturas de la democracia, no se haya conseguido un pacto educativo, perseguir sistemáticamente esas asignaturas es un auténtico escándalo.

Buda, Platón, Jesús, Kant y otras figuras referenciales de nuestra Historia están siendo expulsadas de la Escuela. Ya no interesan.

Ahora importan otras cosas. Lo que importa es producir.

JOSAN MONTULL

La vida por delante

Crecer acompañando: LA VIDA POR DELANTE

Dirección: Edoardo Ponti

Italia 2020

Guion: Ugo Chiti, Edoardo Ponti, Fabio Natale (Libro: Romain Gary)

Música: Gabriel Yared

Fotografía: Angus Hudson

Reparto: Sophia Loren, Ibrahima Gueye, Renato Carpentieri, Abril Zamora, Babak Karimi, Massimiliano Rossi, Francesco Cassano

Parece increíble, la gran Sophia Loren, un auténtico mito de la Historia del Cine, ha vuelto a la pantalla. Y ha vuelto con 86 años y de la mano de su hijo, Edoardo Ponti, que la dirige con soltura en este pequeño film.

En una ciudad costera italiana, la anciana madame Rose, antigua prostituta judía superviviente del holocausto nazi, acoge y protege a hijos de prostitutas que los confían a su capacidad de acogida. Un día un viejo doctor amigo suyo le lleva a un niño senegalés refugiado, Momo, de unos12 años, que curiosamente había robado a Madame Rose pocos días antes. La anciana mujer acoge a regañadientes a Momo, que manifiesta un carácter díscolo y rebelde desde el primer momento. Entre ambos -el niño y la prostituta- va surgiendo una amistad que los llevará a reencontrarse con su doloroso pasado y a ayudarse mutuamente para afrontar felizmente su futuro. Un anciano musulmán ayudará a Rose a educar al pequeño Momo. 

La historia, profundamente humana, está marcada por el duelo interpretativo entre la Loren, que está inmensa, y el joven Ibrahima Geye, cuya presencia es absolutamente fascinante. Sorprende este recital interpretativo entre la gran Sophia Loren y el debutante senegalés. Ambos fascinan y seducen en la pantalla de una manera extraordinaria.

La narración es sencilla y eficaz. La película se ve con agrado desde el comienzo y uno tiene la convicción desde los primeros planos de que va a ver un film con una clara vocación humanista.

Y, efectivamente, así es. El film aborda con naturalidad muchos temas humanos: la grandeza de la convivencia de las religiones, el sentirse amado como motor del cambio personal, la confianza en cada persona como condición indispensable para la educación, el perdón como fuente de redención personal, la fidelidad a la palabra como exigencia moral…

“La vida por delante” es una película de actores; es un gozo verlos pasearse por la pantalla destilando una convicción excelente en sus personajes. Son esos actores los que hacen posible que estemos ante un film sencillo, hermoso y profundamente humano.

JOSAN MONTULL

CONCERTADA DESCONCERTADA

Otra vez. Como un mantra reiterado y sempiterno, la Escuela Concertada ha vuelto a salir a la palestra. Había estado dormido el tema durante la pandemia, pero, en cuanto se ha tratado de repartir dinero para que las escuelas puedan reabrir con garantías sanitarias, a la Concertada la han dejado al margen, orillada e ignorada. Y de nuevo se ha desenterrado el hacha de la descalificación y la mentira para justificar lo que es difícilmente comprensible. Y ha vuelto el desconcierto.

Se lo intento explicar a Clara, refugiada colombiana, cuyos hijos van a un centro concertado, ella también a un proyecto social animado por la misma entidad, y no entiende nada. También me lo pregunta Carlos, cristiano militante sindical cuyo hijo asiste a una escuela concertada y a un Centro Juvenil que depende de la misma Congregación. Y Farah, que huyó del miedo de la guerra y quiere que sus dos hijos crezcan como buenos musulmanes en un Centro Católico en el que se habla de Dios con respeto y se enseña la tolerancia religiosa. Lo hablo con Pepe, que –como cristiano- quiere que sus tres hijos se eduquen en una escuela cristiana. Y lo comento con militantes de todos los colores políticos –de todos- que han descubierto en la Concertada un ambiente educativo en el que quieren que crezcan sus hijos e hijas.

También me preguntan qué es lo que pasa para que varias familias cuyos hijos no han podido acceder a una Escuela Concertada se hayan quedado fuera porque ya no hay plazas.

La libertad para escoger un Centro educativo es una consecuencia lógica de un Estado que apuesta por las libertades y la tolerancia; la imposición de un único sistema escolar me parece propio de países que vulneran derechos elementales.

Veo el enorme esfuerzo de tantos profesionales de la Enseñanza que día a día se dejan la piel en Escuelas Concertadas y no acabo de entender este persistente menosprecio de algunas autoridades al trabajo de estos colectivos. Miro con esperanza posiciones políticas como la del Gobierno de Aragón, aún minoritarias, que incluyen a la escuela concertada en la dotación de recursos, el diálogo, el trabajo conjunto por la salud de todos y en especial por la de los más vulnerables.

En una sociedad como la nuestra, que constata la desorientación de tantos jóvenes, en lugar de alentar la unidad de todos los que trabajamos en el ámbito educativo, desde muchas Administraciones se fomenta la división y el desencuentro y se busca la contraposición y hasta el enfrentamiento entre la Escuela Pública y la Concertada.

Desearía un poquito de respeto, un cese radical de las mentiras y los prejuicios. Desearía que dejen de enfrentarnos con la Escuela Pública, en donde hay experiencias estupendas y profesionales fabulosos; desearía que, cuando se hable de la Concertada, se dejara de hablar de tópicos como el adoctrinamiento, la derecha, el clasismo y otras milongas propias de quienes, sin tener ni idea de educación, quieren controlar la Escuela y sienten un repelús innato a todo lo que suponga espiritualidad y libertad.

Porque estamos hartos, de verdad, hartos de la palabrería permanente de algunos políticos que, en lugar de agradecer lo que esta opción de Escuela hace por la sociedad, se esfuerzan en querer arrinconarla cada vez un poco más. Estamos hartos de tener que justificarnos por hacer el bien y trabajar con ilusión.

Pasen, por favor, a ver estos Centros y Escuelas. Vean su estilo educativo, los valores que mueven la docencia, los proyectos sociales que se llevan a cabo, la prolongación en el Tiempo Libre de las horas lectivas, la tolerancia a todos los credos, el estilo educativo con el que se trabaja, el voluntariado que generan estas experiencias, los valores que se trasmiten…Vayan a verlo y luego redacten leyes y distribuyan el dinero de todos, pero háganlo mirando a los ojos a personas que -como Clara, Farah, Carlos, Pepe y tantos otros- confían lo mejor de sus vidas, sus hijos, a unas instituciones concertadas en cuya bondad creen y cuya confianza han otorgado.

JOSAN MONTULL

Aquí una reflexión con fecha de Abril de 2017 https://josanmontull.com/2017/04/05/libertad/