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El papa Francisco, un hombre de palabra

La palabra se hizo cine:

EL PAPA FRANCISCO, UN HOMBRE DE PALABRA

 

 

PAIS:

Italia, Suiza,Francia, Alemania

AÑO: 2018

GÉNERO:

 Documental

DIRECCIÓN Y GUIÓN:

 Wim Wenders

 

Resulta sorprendente que la figura del papa Francisco haya sido llevada al cine en varias ocasiones. Desde una película argumental pasando por una serie televisiva hasta incluso un film de animación, los cinco años de pontificado del papa cinematográficamente están dando mucho de sí. Es tal la fuerza carismática del papa actual que son muchos los artistas e intelectuales que, creyentes o no, se han fijado en él.

El prestigioso director alemán Wim Wenders se ha atrevido a acoger una petición hecha por el Vaticano y ha rodado un documental apasionante.

Wenders destacó en su día por films de ficción absolutamente extraordinarios como “Paris, Texas” o “Tan lejos, tan cerca”; se convirtió para muchos en un director de culto capaz de retratar las pasiones humanas desde la interioridad con una fuerza sobrecogedora. Últimamente se ha decantado por el documental y ha rodado obras tan interesantes como “Pina” o “La sal de la tierra”.

En “El papa Francisco, un hombre de palabra”, el prestigioso director parte de una entrevista al santo Padre en que éste habla, con sencillez y sin tapujos, de todo. Desde la defensa de la Tierra, a los problemas de la curia eclesiástica, pasando por el ignominioso tráfico de armas, la cultura del descarte, la familia la juventud…Francisco no elude ningún tema por más que espinoso que sea; así, carga con una dureza extraordinaria contra el carrerismo en la Iglesia y contra la pederastica de algunos sacerdotes y se emociona cuando habla de los enfermos.

La entrevista está hábilmente salpicada en un montaje excelente con imágenes rodadas en los diversos ambiente y países en los que se ha movido el papa: suburbios, la sede de las Naciones Unidas, las favelas de Brasil, cárceles de menores, mezquitas, Jerusalén, Palestina, Austwich, Filipinas, la República Centroafricana, la isla de Lesbos…Por otra parte Francisco se encuentra con intelectuales (Stephen Hopkins), políticos (Obama, Trump, Putin, Mújica, …) enfermos, presos, niños, religiosas, refugiados…y en todos los ambientes tiene una palabra invitando a la esperanza y a la paz.

Insiste el director en relacionar el pontificado de Francisco con la misión de San Francisco de Asís, santo del que el papa tomó su nombre pontificio. Esa vocación de restauración de la Iglesia del santo la vive el papa en su ministerio.

En la película hay pocas celebraciones religiosas (varias, eso sí, ecuménicas) pero muchos gestos de misericordia que avalan las palabras de la entrevista. Llama la atención este papa que habla poco de liturgia y de sacramentos pero que sin embargo no deja de hablar del amor y de los problemas sociales de nuestro tiempo.

Si en los evangelios las palabras y los gestos de Jesús van a la par, en la vida del Papa se aprecia a un gran seguidor de Jesús, sus gestos no hacen más que subrayar la validez de sus palabras y sus palabras adquieren relevancia por la calidad humana de sus gestos. Entre palabras y gestos hay una extraordinaria coherencia.

Wenders ha hecho un documental emocionante, profundo y hermoso. La figura de Francisco queda agigantada en esta película dotada de un montaje excelente; una película que invita a descubrir a un hombre bueno, un líder espiritual y religioso, un filósofo, un servidor del evangelio…un hombre, en fin, de palabra.

JOSAN MONTULL

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LA VIEJA POLÉMICA DE LA RELIGIÓN EN LA ESCUELA

LA VIEJA POLÉMICA DE LA RELIGIÓN EN LA ESCUELA

Hace unos años fui invitado a dar una charla en la Universidad de Zaragoza para los alumnos de Historia del Arte. Estaban hablando del arte islámico y, al parecer, tenían dudas sobre la fe islámica y sobre cómo los musulmanes conciben las manifestaciones artísticas. Acudí a la clase con un Corán y una Biblia. Dejé que comenzaran haciéndome preguntas que fui escribiendo en la pizarra para abordarlas posteriormente.

 

Se interrogaban por el motivo que lleva a los musulmanes a no poner imágenes en las mezquitas; también se extrañaban que Juan Bautista, el arcángel San Gabriel, la Virgen y el mismísimo Jesús aparecieran en el Corán. A partir de este punto surgieron preguntas sobre conceptos como Mesías, Encarnación, Trinidad…

No entendían –manifestaban- por qué los musulmanes entran en las mezquitas descalzos o por qué los judíos se cubren la cabeza en la sinagoga mientras que los cristianos no hacen ni una cosa ni otra en sus templos. De allí derivaron al mito bíblico de la Creación. Preguntaban si era posible ser cristiano y creer que el mundo hubiera sido hecho en siete días y que descendiéramos de una pareja llamada Adán y Eva. Les dije que eso no era así, que se trataba de un mito de los orígenes, que es algo común en todas las religiones de la época como la de Egipto y Babilonia, que Adán significa “hombre” y Eva significa “madre”. También les dije que no se podía ser una persona religiosa e ir en contra de los descubrimientos científicos.

Hablaron entonces de la virginidad de la Virgen y, con mucho respeto, me dijeron que cómo podía creer yo eso. Les comenté que en la Biblia aparecen otros nacimientos de mujeres vírgenes y estériles y que este fenómeno de nacimientos extraordinarios se da también en otras tradiciones religiosas; en los textos budistas, por ejemplo, se explica que la madre de Buda fue fecundada por un elefante. Se trata, les dije, de un concepto teológico, no físico, Tuve que explicar entonces qué era la teología y les conté cómo en la facultad donde la estudié tenía compañeros católicos, musulmanes, protestantes, agnósticos y hasta no creyentes.

Volvimos a aterrizar en el concepto del arte y les expliqué que sólo el cristianismo se atreve a dibujar a Jesús, al que se considera Hijo de Dios, porque precisamente los cristianos descubren a Dios en Jesús, en su encarnación y su vida humana. Al igual que los islámicos, tampoco los judíos dibujan a Dios por respeto; incluso en lengua semita, no hay una palabra que signifique concretamente “Dios”, precisamente para imposibilitar lingüísticamente que se mancille su nombre.

La charla fue animada y las preguntas se multiplicaban mientras los estudiantes iban tomando nota de todo aquello, que se les antojaba absolutamente nuevo. Cuando al cabo de dos horas sonó el timbre fueron varios los alumnos que se acercaron para darme las gracias por aquel encuentro.

Constaté que la mayoría de aquellos universitarios -preparados, bilingües todos y expertos informáticos- tenía una formación teológica que, a lo sumo, no pasaba de la de cualquier niño de primera comunión.

Me ha venido a la memoria aquella charla en la Universidad cuando en estos días la clase de Religión se pone de nuevo en el candelero y se convierte en un arma arrojadiza para posicionarse políticamente. La he recordado ahora, cuando han extraditado a los militares sospechosos del asesinato de Ignacio Ellacuría y sus compañeros, mártires en El Salvador por haber denunciado la injusticia.

Quien quiera Religión, decía hace pocos días un político, que vaya a su parroquia, la Religión es algo que se puede mover únicamente en el ámbito de lo personal.

Y es ahí donde creo que está el error, considerar la religión como algo personal. La religión es un hecho público, lo personal es la fe. La religión impregna el arte, la cultura y la vida de muchas personas, también de los no creyentes.

Pensaba yo qué le hubiera ocurrido a Ellacuría y a sus hermanos jesuitas si en El Salvador se hubieran movido en el ámbito de lo puramente personal; seguramente no les hubieran matado; sin embargo su fe personal les llevó a la opción por los pobres y a denunciar –y eso sí que es público- la injusticia de la dictadura.  Su sangre fue fermento de vida. Hoy no se puede entender la historia de América Latina, ya sin dictaduras militares, sin saber el papel de la Teología de la Liberación y de la vida de monseñor Romero, por ejemplo y la de tantos mártires cristianos. Como no se puede entender el problema del Tibet sin conocer para nada del pensamiento budista que, por cierto se practica en un monasterio de nuestra propia provincia. Tampoco acabaremos de entender el ateísmo del cine de Woody Allen o el judaísmo militante de Spielberg si no sabemos nada de estas formas de pensamiento. Ni comprenderemos e de vida de los musulmanes que han venido a España si desconocemos todo sobre el Islam. Ni comprenderemos y disfrutaremos el “Réquiem” de Mozart si ignoramos los principios básicos del cristianismo. Es más, no podremos atisbar qué expresa nuestra Semana Santa ni nuestras devociones a las diversas advocaciones de la Virgen si desconocemos el Evangelio de Jesús. Por no hablar del arte, las tradiciones, la cronología, la cultura, y de tantas y tantas cosas que dan forma a nuestra vida y que no podremos comprender si prescindimos del hecho religioso.

Tampoco podremos ser críticos con las barbaridades que en nombre de Dios y de la Religión ha hecho el ser humano en la Historia, cuando ha antepuesto la Ley religiosa a la dignidad humana. El mismo Jesús de Nazaret fue una víctima de ese fanatismo religioso.

No, la Religión no es un hecho privado, es social. Lo personal es la fe. La fe no se puede imponer; pero el hecho religioso se debe aprender y esto comporta estudio para entenderlo. El menosprecio del hecho religioso, el apartarlo del mundo de la Escuela, de la reflexión cultural y quererlo relegar a las sacristías, o a las mezquitas o a las sinagogas o pagodas lleva al fanatismo, a la intransigencia, a la incultura y a la intolerancia. No se trata de enseñar catecismo, como querrían algunos, ni de prescindir de cuajo de lo religioso, como quieren otros; se trata de aprender con respeto el hecho religioso desde la cultura y desde la profundidad.

Por eso, y sé que es un sueño, soy partidario de la Clase de Cultura Religiosa en la escuela, una clase hecha por todos y para todos, como la Historia o la Filosofía, con un programa diseñado por especialistas y pedagogos, impartida por licenciados en Teología que a la escuela pública accedan con oposiciones, no con nombramientos hechos desde la Iglesia.

Ni catequesis, ni desaparición de la religión en la Escuela. La opción, creo yo, debe ser la Cultura Religiosa o la Historia de las Religiones. Esta asignatura debería, entiendo yo, ser cursada por todos.

En un mundo como el nuestro, mestizo, plural, intercultural, prescindir del hecho religioso (fíjense bien que no les digo Religión Católica), es condenar a que nuestros chavales nunca puedan entender el arte, la cultura y lo significativo de vidas como la de Monseñor Romero, por ejemplo. Prescindiendo de la religión en el ámbito de la educación se corre otro riesgo: crear un fanatismo laicista que suele ser tan grave y rancio como el fanatismo religioso.

España es el único país de la Comunidad Europea en el que la Teología queda al margen de las universidades del Estado. De seguir así, la relación de la Religión con la cultura será como la de la saga “Torrente” con el cine.

 

JOSAN MONTULL

 

Monseñor Óscar Romero

 

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LA RELIGIÓN, LA ESCUELA Y UN CAFÉ.

Hace unos años tuve la oportunidad de estar en un café tertulia con Jon Sobrino. Éramos unos 15 privilegiados los que durante un par de horas estuvimos hablando de teología, de política, de la Iglesia, del futuro y de mil cosas mientras escuchábamos absortos el testimonio de Sobrino, que se refería permanentemente al mundo de los pobres.

Jon Sobrino es un jesuita vasco que desde hace muchos años está haciendo y enseñando Teología en El Salvador. Su reflexión la enmarca en la Teología de la Liberación, corriente de pensamiento teológico que tiene como referencia permanente la opción por los pobres. El 16 de noviembre de 1989, se encontraba en Tailandia pronunciando una conferencia. Allí se enteró de que un comando paramilitar había entrado en su casa de El Salvador y había asesinado a toda su comunidad. Murieron Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Ignacio Martín Baró, Amando López, Joaquín López, una mujer (Elba Ramos) con su hija Celina, menor de edad. El cuerpo de Ellacuría fue arrastrado desde su cuarto hasta el jardín dejando un terrible reguero de sangre. En ese jardín hoy está enterrado.

Aquella comunidad de intelectuales enraizados entre los pobres salvadoreños denunciaba, desde la Teología, los abusos de los sectores financieros y económicos que, en connivencia con el ejército y bajo la tutela del gobierno norteamericano, asesinaban a los más desvalidos y tenían el país como una finca propia. Estos hombres eran mediadores de paz, debido a su talla intelectual y humana, y estaban contribuyendo a pacificar el país.

Los mataron por denunciar la injusticia y por ponerse al lado de los más humildes. Tiempo atrás en El Salvador habían asesinado a monseñor Óscar Romero, que defendió el derecho de los pobres a vivir con la dignidad de hijos de Dios.

En esta ocasión Sobrino se salvó de milagro. A miles de kilómetros de distancia se enteró de la muerte de todos sus hermanos con la certeza de que si él hubiera estado allí, hubiera sido también asesinado.

El café con Jon Sobrino fue, como podrán imaginar, un privilegio. Me vino a la memoria el otro día cuando leía unas declaraciones de un político que, hablando de educación, manifestaba la necesidad urgente de que la Cultura Religiosa quedara fuera de la Escuela; él mismo se congratulaba de que se restringían los espacios horarios académicos para la Cultura religiosa. Quien quiera Religión, decía, que vaya a su parroquia, la Religión es algo que se puede mover únicamente en el ámbito de lo personal.

Pensaba yo qué le hubiera ocurrido a monseñor Romero o a Ellacuría si se hubieran movido únicamente en el ámbito de lo puramente personal; seguramente no les hubieran asesinado, sin embargo la implicación de su Teología les llevó a incomodar a sectores privilegiados que pagaron a los que apretaron el gatillo. Su sangre fue fermento de vida. Hoy no se puede entender la historia de América Latina sin saber el papel de la Teología de la Liberación y de la vida de estos hombres. Como no se puede entender la compleja relación de China y Tibet sin conocer para nada del pensamiento budista que, por cierto se practica en un monasterio de nuestra propia provincia. Ni podremos entender por qué los misioneros europeos de las comunidades religiosas de Siria no quieren abandonar a su crucificado pueblo aunque tienen la oportunidad de irse o por qué Juan José Aguirre, cordobés obispo de Bangassú en Centro África, está en campos de refugiados como uno más protegiendo la vida de cristianos y musulmanes. Ni entenderemos las motivaciones profundas del Padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, que a sus 80 años sigue abriendo las puertas de sus iglesias a los refugiados y desposeídos.

Tampoco acabaremos de entender el ateísmo lúcido del cine de Woody Allen o el judaísmo militante de Spielberg si no sabemos nada de estas formas de pensamiento. Ni comprenderemos la diferencia entre islam y fanatismo islámico. Ni entenderemos las formas de vida de los musulmanes que han venido a España si desconocemos todo sobre el islam. Ni siquiera podremos descubrir el réquiem de Mozart si ignoramos los principios básicos del cristianismo. Tendremos dificultades para interpretar nuestra historia del Arte y los cuadros en los que aparezcan escenas de la vida de Cristo difícilmente serán valorados. Es más, no entenderemos nuestra cronología, nuestra Semana Santa, ni nuestras devociones a las diversas advocaciones de la Virgen si desconocemos el Evangelio. Por no hablar de las artes, las tradiciones, la cultura, y tantas y tantas cosas que dan forma a nuestra vida y que se pueden convertir en extrañas si prescindimos del hecho religioso.

Tampoco podremos entender las barbaridades que en nombre de Dios y de la Religión ha hecho y hace el ser humano en la Historia, cuando ha antepuesto la Ley religiosa a la dignidad humana. El mismo Jesús de Nazaret fue una víctima del fanatismo religioso.

Esa ignorancia religiosa llevará a confundir la ouija con los Salmos, o la superstición con la esperanza.

No, señor político, la Religión no es un hecho privado, es social. Lo personal es la fe. La fe no se puede imponer; pero el hecho religioso se debe aprender y esto comporta estudio para entenderlo. El menosprecio del hecho religioso, el apartarlo del mundo de la Escuela, de la reflexión cultural y quererlo relegar a las sacristías, o a las mezquitas o a las sinagogas o pagodas lleva al fanatismo, a la intransigencia, a la incultura y a la intolerancia. No se trata de enseñar catecismo, como querrían algunos, ni de prescindir de cuajo de lo religioso, como quieren otros; se trata de aprender con respeto el hecho religioso desde la cultura y desde la profundidad.

En un mundo como el nuestro, mestizo, plural, conectado, intercultural, es necesario saber idiomas y saberse mover para entenderse. Prescindir del hecho religioso (fíjense bien que no les digo Religión Católica), es condenar a que nuestros chavales nunca puedan entender lo significativo de vidas como la del Dalai Lama, el papa Francisco o la de Jon Sobrino, por ejemplo.

España es el único país de la Comunidad Europea en el que la Teología queda al margen de las universidades del Estado. Esas opiniones tan solemnes de algunos políticos no son más que fruto de una atávica intransigencia difícilmente compatible con una actitud de apertura intelectual.

Tengo la sensación de que las declaraciones sobre este tema que hacen alegremente algunas autoridades políticas son más propias de tertulianos de la telebasura que de representantes de la Administración Educativa.

Programa sobre la teología de la Liberación en el que hablaban entre otros Jon Sobrino y D. Javier Osés en TVE 1993

Programa: la tabla redonda

Dirección y presentación: Francisco de Oleza Le Senne
Invitados: Norberto Alcover, Benjamin Forcano, Julio Lois, Monseñor Javier Oses (Obispo de Huesca), Jon Sobrino, Ignacio Ellacuria, Helder Cámara, Gustavo Gutierrez, Pedro Casaldáliga y Franciso Estrada

Josan Montull

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El francotirador

La leyenda y el carnicero: EL FRANCOTIRADOR

Película: El francotirador.

Título original: American sniper.

Dirección: Clint Eastwood.

País: USA. 2014.  Duración: 134 min.

Género: Biopic, Drama, bélico.

Interpretación: Bradley Cooper (Chris Kyle),

Sienna Miller (Taya Kyle), Jake McDorman,

Luke Grimes, Navid Negahban, Keir O’Donnell.

Guion: Jason Dean Hall; basado en el libro de Chris Kyle.

Producción: Bradley Cooper, Clint Eastwood,

Fotografía: Tom Stern.

Música: Clint Eastwood, Ennio Morricone

Montaje: Gary D. Roach.

La prolífica producción de buen cine a la que nos tiene acostumbrados el lúcido Clint Eastwood no deja de sorprendernos cada año. Tras haber ganado dos veces el óscar a la mejor película con “Sin perdón” (1992) y con “Million dolars baby” (2004), nos ha regalado un puñado de películas estupendas que abordan el género bélico (“Banderas de nuestros padres”), el drama (“Gran Torino”), o el musical (“Jersey boys”), por poner varios ejemplos.

Con “El francotirador” Eastwood vuelve al cine bélico centrando su narración en la reciente guerra de Irak. Durante más de dos horas nos narra la historia de Chris Kyle, el francotirador más letal en Irak. Su única misión es proteger a sus compañeros de ejército de los combatientes enemigos. Con una precisión excelente en sus disparos consigue salvar la vida de muchos compañeros y amigos en el campo de batalla. Por otra parte, mientras él combate en Irak custodiando la vida de los soldados, su esposa y sus hijos ansían que vuelva a casa y sienten una absoluta falta de protección.

Las cuatro misiones en Irak harán que Chris se gane el apodo de “Leyenda” por la valentía y la fidelidad a la misión de no dejar a nadie atrás. Mientras tanto tendrá que enfrentarse con otro francotirador iraquí, Mustafá, al que apodan “El carnicero” y que resulta tan mortífero como Chris.

Los Estados Unidos siempre han revisado su historia haciendo películas. En su afán por repasar la historia reciente, Eastwood lanza una mirada a la terrible guerra de Irak en las que las tropelías de unos y otros fueron filmadas y recogidas por miles de cámaras. La crudeza de las escenas de guerra, el realismo y la agilidad y tensión con las que están descritas son sencillamente extraordinarias. Eastwood deja clavado en la butaca al espectador que se siente en la primera línea de batalla. El ritmo va cambiando cuando la acción se sitúa en los Estados Unidos y presenta a un Chris Kyle cada vez más abatido y desorientado. La guerra va haciendo mella en él y le va deteriorando; el que es un excelente francotirador en Irak es un mal padre y un insípido esposo en su casa; el que tiene una vista excelente para apuntar objetivos desde dos kilómetros con el arma es incapaz de ver con nitidez las consecuencias que su ausencia va dejando en su familia.

La película, en una primera visión, puede ser acusada de panfleto proamericano. Si se ve con una mirada despojada de prejuicios, podemos descubrir una obra excelente que reflexiona sobre la guerra y sobre la despersonalización que ésta lleva en soldados y víctimas, en ganadores y perdedores. Chris en encuentra cada vez más perdido en su universo moral y ético; su fe se tambalea mientras cada vez el pulso le tiembla menos para disparar y es capaz de poner en peligro una misión cuando se ciega por el odio.

El espectador se va preguntando si “Las leyenda” es un héroe o un tipo sin sentimientos; en el fondo, es semejante a Mustafá, el francotirador irakí, que actúa con la misma rapidez y la misma crueldad impersonal.

Eastwood muestra el sinsentido de la guerra al descubrimos que los afanes de Chris para rehacer su vida ayudando a víctima americanas de la guerra de Irak se ven truncados cuando un antiguo soldado, al que está ayudando, le mata fríamente. Así son las cosas, nos dirá el veterano director, nadie sale indemne de la guerra, todos son víctimas. El que dispara a un hombre siempre es otro hombre. No hay buenos y malos, no hay ganadores.

Excelente película, excelente trabajo de Bradley Cooper, dando vida a un, vacilante Chris Kyle, titubeante en la vida y preciso con el gatillo.  Brillante Clint Eastwood, que va a cumplir 85 años y domina la técnica cinematográfica de un modo fascinante.

Película dura, cruda e intensa, “El francotirador” nos muestra con un realismo sobrecogedor que en la guerra, en todas las guerras, no hay héroes, todos son leyenda y carniceros. Todo depende de si uno se sitúa delante o detrás de la mirilla telescópica.

JOSAN MONTULL

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DIÁLOGO DE SORDOS

DIÁLOGO DE SORDOS

Encorbatados y pertrechados de revistas, cartera y Biblias, aparecieron en la puerta de casa dos personas que me dijeron ¿le preocupa a usted la enfermedad?…¿ha pensado en su salvación?

Les dije con mucha educación que no perdieran mucho el tiempo, que les agradecía su preocupación por mi salvación pero que no tenía interés en hablar sobre eso a esas horas.

Pero me insistieron con preguntas hasta que uno de ellos, que parecía mayor y más bregado en la predicación, me espetó ¿Qué es para usted el Reino de Dios?

Yo no podía creer que a aquellas horas de la mañana pudieran hacerme una pregunta de tal calado con tanta seriedad.

Oigan, les dije, ¿ustedes creen que ahora tengo que explicarle qué es el Reino de Dios?, ¿Creen que es el mejor momento?, ¿No creen que es una pregunta tan seria que intentar contestarla aquí, en este rellano, sería desvirtuarla?

Pero ellos, erre que erre, el Reino de Dios por aquí, el demonio por allá, Adán y Eva que se cuelan en la conversación, el desprecio que Dios sufre hoy en nuestra sociedad… y yo, sin perder la calma, intentando responder educadamente.

Su problema, les dije, es el literalismo. No se puede leer literalmente el texto bíblico dando por verdad histórica lo que son géneros literarios; cuando esto se hace así, surge el fanatismo religioso y esto es muy peligroso. Miren, todo texto sacado de contexto se convierte en un pretexto. Vigilen ustedes, pues están en un tris de andar por esos derroteros.

Y entonces, el joven, que parecía más prudente hasta entonces, comienza a decir lo mal que está la Iglesia, que es intrínsecamente perversa, que se enriquece a costa de la Biblia y que manipula a los jóvenes. Y me habla de la Inquisición, y de la maldad de la juventud a la que el demonio, como dice el versículo no sé cuántos del libro del Apocalipsis, es una pandilla de drogados y de violadores, y que más vale que se vayan convirtiendo, que -si no- el Dios bíblico se las va a hacer pasar canutas; y que Jesucristo dice que el que no respete el nombre de Dios se va a condenar y que -al parecer- yo tengo boletos comprados en esa rifa…y…

Por fin, cuando recuperé el resuello, les contesté Señores, hasta aquí hemos llegado. Creo que la juventud es una maravilla que suele ser víctima de las tropelías de tipejos diabólicos a los que el Apocalipsis denuncia y, por cierto, el Apocalipsis no es un libro de profecías parecidas al horóscopo, sino un texto de resistencia escrito en los primeros años de cristianismo bajo la persecución de Diocleciano. Creo que Jesús de Nazaret da a conocer el nombre de Dios por excelencia: Abbá, papa, por eso cada vez que nos acercamos desde la misericordia a los más pobres y excluidos estamos honrando el nombre de Dios como aparece en el capítulo 25 de San Mateo, y  -continúo- quiero decirles que la Iglesia, a la que los primeros cristianos llamaban la casta prostituta porque era santa y pecadora, lleva 2000 años dejándose la piel y la vida para anunciar el Reino de Dios y yo  la amo entrañablemente. Por eso, les animo sinceramente a estudiar para que utilizar los libros bíblicos para alentar la vida y no para meter miedo a la gente en nombre de Dios, que eso no es precisamente muy religioso.

Pensé luego en aquellas dos personas. Pensé en lo importante de estudiar técnicamente el mundo de las Religiones. En momentos de la historia en los que hay un batiburrillo ideológico tan desconcertante, los fundamentalismos suelen hacer acto de presencia.

Ahora es muy necesario el diálogo interreligioso. Cuando el diálogo esté bien hecho, la otra religión me hará descubrir cosas buenas de la mía. Pero hoy es también necesario no poner todo en el mismo rasero. No todo es religión, hay mucha ideología sectaria y sin fundamento que se disfraza de seriedad.

Ojala que vaya creciendo el convencimiento de la necesidad de formarnos en este terreno. Podremos así apostar por un futuro más humano donde las sectas perniciosas queden al descubierto y donde las religiones, lejos de ser instrumento de división, sean de relación y de fraternidad asentadas en la convicción de sabernos hijos de un mismo Dios.

JOSAN MONTULL