Publicado en Críticas de cine

Mi querida cofradía

Mantillas y torrijas: MI QUERIDA COFRADÍA

 

Dirección: Marta Díaz De Lope Díaz (España Año: 2018)

Reparto: Gloria Muñoz, Pepa Aniorte,

Juan Gea, Joaquín Núñez,

Manuel Morón, Rosario Pardo,

Rocío Molina y Alejandro Albarracín

Género: Comedia

Guion: Zebina Guerra y

Marta Díaz De Lope Díaz

Fotografía: Vanesa Sola

Música: Javier Rodero

 

La ópera prima de Marta Díaz tuvo una gran acogida del público en el último festival de Málaga.

Ambientada en la Semana Santa de una localidad andaluza, la película nos cuenta la historia de Carmen, una mujer con un señorío portentoso.  Desde hace más de 30 años lleva trabajando sin descanso por su querida Cofradía. En ella, Carmen lo es todo; anima, controla, corrige y se desvive. Su sueño es convertirse en hermana mayor de la misma pero el mundo machista de la tradición religiosa se lo impide por completo. Tras una votación con pocas garantías Ignacio, un vivales prepotente y nada religioso, es elegido hermano mayor. Tras una discusión pública y grabada en vídeo de los dos rivales, Carmen urde un plan para quedarse con el puesto del recién nombrado hermano mayor…pero el plan se le va de las manos y envenena en su propia casa a Ignacio. De pronto la casa de Carmen empieza a recibir visitas: su hija que a punto de separarse, una vecina obsesionada por hacer bien las torrijas, la nieta que viene a comunicarles una noticia trascendente, el alcalde (un trepa sin chispa) y un guardaespaldas muy cretino. Todos desfilan por la casa de Carmen mientras el cuerpo inerte de Ignacio va siendo trasladado de un lado a otro. Entre tanto, todo está preparado para que salga la procesión desde la Iglesia…pero ésta no puede salir hasta que no aparezca el hermano mayor.

La película rezuma alegría y una frescura admirables desde el primer momento. Los diálogo chispeantes y las situaciones rocambolescas van le dan a la obra un ritmo excelente. Sorprende muy gratamente el trabajo de las actrices, todas están estupendas; la Carmen a la que da vida Gloria Múñoz es un personaje entrañable: dura, resolutiva, piadosa y valiente.

Todo el film está construido como una gran comedia de enredo que funciona a las mil maravillas. El espectador ríe con ganas al ver las peripecias de estas mujeres envueltas en un lio monumental intentando salir airosas con una aparente calma de las situaciones más inverosímiles.

Es, por otra parte particularmente significativo, que el film reivindique el empoderamiento de las mujeres en el mundo exclusivista y masculino de algunas tradiciones religiosas. Hay una toma de conciencia feminista de esas mujeres que viven y sufren situaciones tan difíciles provocadas por la mala gestión de los hombres, que, amparados en costumbres caducas, utilizan su masculinidad para imponer su voluntad por más que ésta sea ridícula. Incluso Carmen está a punto de perpetuar estas arbitrariedades masculinas cuando tiene poder.

Y en estas idas y venidas, la Semana Santa está tratada con un respeto extraordinario. La veneración de las imágenes, la música, los trajes, la ornamentación floral, las mantillas…todo es tratado por Marta Díaz con un gran cariño. La comedia ironiza sobre el machismo tradicional pero en ningún momento lo hace con la tradición religiosa. Es particularmente significativo el momento en el que Carmen, subida a la peana de la Virgen, le dice “Si no fuera por mujeres como tú y como yo, no sé qué iba a ser de todo esto”. Es uno de los piropos marianos más hermosos vistos en la pantalla.

En fin, estamos ante una comedia excelente, irónica, amable y fresca. Ver a estas mujeres tan auténticas saliendo de todos los apuros derrochando ingenio es una auténtica gozada.

Y todo esto sin dejar de hacer torrijas.

 

JOSAN MONTULL

 

 

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Publicado en Reflexiones en voz alta

DECÁLOGO DEL COFRADE

DECÁLOGO DEL COFRADE

Desde hace unos años me llama poderosamente la atención el auge que han ido teniendo las cofradías, los distintivos religiosos, los pasos que recorren nuestras calles, los tambores atronadores, las procesiones y todos esos elementos que en su día entraron en desuso y que ahora han recobrado un extraordinario protagonismo en la Semana Santa.

Llama la atención ver cómo incluso personajes públicos que manifiestan abiertamente su escepticismo religioso, participan de actos de Semana Santa con un fervor llamativo. Pero lo que más me llama la atención es ver el gran número de jóvenes, muchos de ellos alejados de las prácticas religiosas habituales, que salen en las procesiones, preparándolas con esfuerzo durante tiempo y tomándoselas muy en serio.

Las personas manifestamos los sentimientos más profundos a través de signos y símbolos, no desde el lenguaje de la razón. Una procesión es un signo.

Por eso, lejos de mí enjuiciar el interior de cada una de las personas que interviene en una procesión. Me atrevo, eso sí, a hacer un Decálogo para todo aquel a quien le pueda iluminar. Ahí va.

  1. Una procesión es como una manifestación, pero de fe. Cada cofrade es un hombre o una mujer que va gritando, a pesar de su silencio, “A mí me importa Jesucristo”. La procesión dura sólo unas horas, la amistad con Jesús de Nazaret dura siempre.
  2. Los pasos a los que acompañan las cofradías no son meras obras de arte, recuerdan la historia de amor más revolucionaria que ha vivido la humanidad, la de Jesús de Nazaret, que vino a dar la Buena Noticia de que en el Reino de Dios cabemos todos.
  3. Algunas cosas convierten una procesión en una manifestación de fe: seriedad y silencio, ir rezando, ir revisando la propia vida, acatar el respeto a la identidad de los estatutos de la Cofradía, y un largo étcetera…
  4. Ser un cofrade es una cosa muy seria. Es hacer un gesto simbólico de acompañar a Jesús de Nazaret, un inocente que sufre…No hay que olvidar que en su camino al Gólgota, fueron muy pocos los que le acompañaron hasta el final, su Madre y un grupo muy reducido.
  5. En este mundo nuestro donde importa mucho la apariencia, vestirse de cofrade es manifestar que ante Dios todos somos iguales, no hay unos más importantes que otros.
  6. El capirote no deja ver la cara del que va dentro. Y es mejor, porque algunos tienen “mucha cara” saliendo de cofrades sin preocuparse de llevar una vida en la que el estilo de vida de Jesús tenga algo que ver.
  7. La palabra Cofradía significa Hermandad. Un cofrade es un hermano. En un mundo roto e insolidario, el cofrade es un signo de la lucha por un mundo más justo, donde no haya explotadores y oprimidos, donde la fraternidad reine alrededor.
  8. Ser cofrade implica valorar lo que nuestros mayores (que también eran cofrades); es recoger su testigo. Por eso ser cofrade no se reduce a salir en la procesión, sino a tener una conducta que honre a los que nos han precedido.
  9. Los tambores deben ser reflejo de los latidos del corazón; no se trata de hacer exhibiciones virtuosas sino de latir con el corazón de Jesús de Nazaret, que entendió la vida desde el amor y la entrega a los demás.
  10. Es mejor ser cofrade que salir de cofrade. Ser cofrade dura siempre. A los crucificados nos los encontraremos por nuestras calles y ambientes durante todo el año. Habrá entonces que manifestar, a cara descubierta, lo que simbólicamente se expresa en las procesiones. Y es que la verdadera procesión empieza cuando acaba el viernes santo.

JOSAN MONTULL