CURRO, BOB Y LA EXPLORADORA

CURRO, BOB Y LA EXPLORADORA

He vuelto a recordar a Curro cayendo al mar. De aquello han pasado más de 20 años; se iban a inaugurar la Olimpiada de Barcelona y la Expo de Sevilla. Todo olía a éxitos, a país moderno y maravilloso, a un lugar encantador lleno de triunfos deportivos y urbanísticos. La construcción no paraba y los políticos inauguraban lo que fuera luciendo sus mejores galas mientras degustaban vinos, tapitas y exquisiteces varias posando sonrientes ante los objetivos.

En Sevilla, meses antes de la inauguración de la Expo, se iba a proceder a la botadura de la Nao Victoria, una réplica de la primera nave que dio la vuelta al mundo. Los técnicos habían recomendado que el barco no se hiciera a la mar hasta que subiera más la marea pero, ansiosos de foto y fama, mandatarios diversos lo prepararon todo para empezar cuanto antes: los trajes, la sonrisa y la botella de cava con la que iban a botar la nave. Había que darse prisa…la televisión ya había llegado.

En cubierta, dando saltitos de alegría y júbilo, la mascota de la Expo, el pájaro Curro, se exhibía entre aplausos y vivas simulando que iniciaba el vuelo haciendo las gracias del respetable. Entonces, mientras sonaba una música triunfal, se procedió a la botadura de la nave tras la liturgia de lanzar la botella de cava. Pero he aquí que a los pocos metros de surcar las aguas, la nave empezó a inclinarse hacia un lado volcando por completo. La tripulación, hasta entonces jubilosa, se echó al mar para salvar la vida, mientras las lanchas de la policía acudían al rescate mezclando el ruido de sus sirenas con el de la música clamorosa que no dejaba de sonar. Entre los que se lanzaron estaba el aterrorizado Curro. Pueden imaginar que muchos sevillanos jalearon entre risas al pájaro en cuestión que, pico arriba, alas abajo, dando vueltas como una peonza y flotando mal que bien en el agua, era maniobrado por un pobre hombre que, mientras el público se moría de la risa, sudaba tinta para salir de aquel disfraz que casi le lleva a ahogarse.

Hubo muchos chistes. La mascota Curro, destinada a ser la simpática embajadora infantil de la Expo ante los niños, se convertía en el hazmerreír de la gente tras haber sufrido una situación que bien pudo acabar en tragedia por la precipitación irresponsable de quienes se morían de ganas por salir en una foto exitosa.

Pero tras el pajarraco que intentaba zafarse del disfraz, había un ser humano con el agua al cuello. Tras aquella caricatura simpática, una persona que quería trabajar.

He vuelto a recordar a Curro porque hace pocos días otros dos muñecos infantiles protagonizaron una curiosa escena en Madrid. Fue en la concurrida Plaza Mayor. Allí de vez en cuando aparecen personas disfrazadas de muñecos televisivos para que la chiquillería se fotografíe junto a ellos.  Muchas familias pagan a los muñecos cuando sus criaturas se inmortalizan junto a los populares dibujos de la tele. No sé cuánto deben sacar cada día, pero ciertamente la Plaza Mayor es una buena plaza para exhibirse y son varias las mafias que quieren hincar el diente en este negocio.

Por allí aparecieron recientemente dos simpáticos muñecos: Dora la Exploradora y el animoso Bob Esponja. Los niños les saludaban con ilusión pero he aquí que ambos muñecos empezaron a discutir por la posesión de aquel puesto en la plaza. Que si yo he llegado primero, que si en este sitio siempre estoy yo, que si te vas a tragar esas palabras, esponja asquerosa, que si te voy a meter una paliza que vas a explorar a tu madre…La cosa fue subiendo de tono. Las familias no sabían si estaban siendo víctimas de una broma televisiva y, antes de que reaccionaran, la valerosa Dora le pegó un empujón tremendo a Bob que dio con sus esponjosos huesos en el suelo. Éste, con grandes esfuerzos se levantó, y arremetió contra la valiente exploradora. Los muñecos se enzarzaron en una pelea tragicómica en la que querían partirse la cara. Pero sus golpes eran imprecisos por aquel disfraz tan gracioso para la fiesta como incómodo para una actividad pugilística. La cosa iba muy en serio, los muñecos se empujaban, caían, lanzaban los puños al aire y con sus patitas intentaban llegar al contrincante en medio de un mar de insultos soeces.  Los padres rescataban a sus hijos llevándoselos horrorizados para que no vieran cómo sus simpáticos héroes televisivos se habían convertido en dos capullos chulescos que se portaban como auténticos chorizos de baja ralea.

Mientras no faltaban quienes reían ante el triste espectáculo, había niños que lloraban y se refugiaban en sus papas asustados por aquellos dos grandísimos canallas que se estaban zurrando.

He recordado estas escenas, la de Curro sin salvavidas y la de los dos muñecos karatekas. Lo he hecho ahora, cuando quedan atrás los éxitos de las Expo de Zaragoza, de los triunfos deportivos en Sudáfrica y en Europa, cuando todo se derrumba y la sonrisa de los niños parece ensombrecerse. Lo he recordado ahora, cuando Unicef nos recuerda que la pobreza creciente en España tiene rostro de niño, cuando más de dos millones de menores están en situación de pobreza, cuando en más de 80 por cien de las familias desahuciadas de sus casas viven niños.

 

En tiempos de pobreza los romanos ponían en práctica su máxima “Pan y circo”, cuanto menos pan, más circo. A nosotros siempre nos quedará el fútbol para entretener al respetable y disfrazar la miseria. Estos deportistas son los que hoy saltan al nuevo circo avalados por los mismos que botan barcos aunque se hundan, por los que construyen fantasías aunque se derrumben. A este paso volverán las luchas en la arena, aunque en vez de gladiadores peleen los teleñecos.

JOSAN MONTULL

(Vídeo archivo Canal Sur)

Criadas y señoras

La verdad os hará libres: CRIADAS Y SEÑORAS

Director: Tate Taylor

Intérpretes: Viola Davis, Bryce Dallas Howard,

Octavia Spencer, Emma Stone

Título en VO: The Help

País: USA Año: 2011.

Fecha de estreno: 28-10-2011

Duración: 146 min

El tema del racismo frente a las personas negras ha sido muchas veces llevado al cine. El director Tate Taylor ha adaptado una novela homónima de Kathryn Stockett para hacer una película sobre el apartheid de forma humana, optimista y esperanzada. Lo verdaderamente original tanto del film como, obviamente de la novela, es que la historia es casi exclusivamente femenina; todo el drama del segregacionismo va a ser protagonizado por unas mujeres con un carácter y una humanidad muy marcadas.

La película, enmarcado al sur de Missisipi en los años 60, cuenta la historia de tres de estas mujeres. Skeeter, una joven que ha regresado a casa tras al terminar la Universidad. Comienza a trabajar en un periódico mediocre escuchando cada día los reproches de su madre que quiere verla pronto casada. Asibilen, una criada negra, sabia y buena que ha criado a diecisiete niños blancos. Además arrastra la tragedia de haber perdido un hijo por una negligencia ocasionada por el racismo. Minny, excelente cocinera, con un carácter indómito. Pierde los empleos debido a un carácter fuerte y acaba de ser contratada por una extravagante señora tan necesitada de una buena cocinera como de una buena amiga.Las tres mujeres unirán sus vidas para llevar adelante un proyecto literario secreto lleno de peligros: escribir las historias de vejación y humillación permanente que viven las criadas negras al servicio de familias blancas.

La escritura clandestina de un libro se convierte entonces en el eje narrativo en el que se van articulando las distintas historias. De una forma un tanto maniquea, el film presenta el contraste entre dos tipos de vidas: las mujeres blancas, que fuman permanentemente, se dan aires de grandeza, organizan cenas benéficas y son incapaces de dedicarse a sus hijos…y las mujeres negras: que son luchadoras, buenas, trabajadoras, sufridas y con una extraordinaria capacidad de amor a los niños. A éstas todo les da la espalda: la ley, la policía, sus amas…incluso viven la tragedia de criar a los hijos de otras, sin tiempo para cuidar a los suyos, aun sabiendo que esos niños blancos a los que cuidan y quieren, se convertirán el día de mañana en racistas que prolongarán ese estilo de vida que les condena.

Pero entre los contrastes entre blancas y negras, el más interesante sin duda, es el de su concepción de Dios. Las blancas utilizan a Dios para justificar su estilo de vida cómodo y, más aún, para justificar el racismo: “Dios no da caridad a los ineptos” dirá una ama blanca a su criada negra que necesita dinero para la educación de su hijo. Pero para las mujeres negras Dios es su compañero en la pena, el consuelo en el dolor (“Dios me ayudó a superar la pérdida de mi hijo”) y el acicate para la lucha por la dignidad. Será precisamente en la Iglesia cuando Aibileen supere el miedo y se decida a contar la verdad de sus sufrimientos para que sea desvelada en un libro. El pastor les dice “El valor no es sólo ser valientes, es hacer lo correcto a pesar de las dificultades. Dios nos dice, nos manda, nos insta a amar. Amad. Amad al estilo de Cristo. Está dispuesto siempre a comprometerte por tus amigos. Y ama a tus enemigos, porque si les amas, ya tienes la victoria”.

Y es ahí donde está el motor de la revuelta: en decir la verdad con valor, a pesar de las dificultades; decir la verdad, no sólo por uno mismo sino también por los amigos. Las vidas de las tres mujeres cambiarán: Aibileen será despedida en un acto de dignidad libérrimo, Mini se sentará a la mesa con los señores y Skeeter, que ha perdido amigas por decir la verdad, se reconciliará con su madre que afirmará “El valor a veces se salta una generación. Gracias por volverlo a traer a nuestra familia”.

Película entrañable, hermosa, profundamente humana y espiritual. Su extenso metraje (casi dos horas y media) se disfruta con comodidad apoyado por un tratamiento de comedia dramática y sobre todo por unas actrices excepcionales. “Criadas y señoras” nos habla del valor de la verdad, de la dignidad humana y de la fuerza de la bondad. ¿Se puede pedir más?

JOSAN MONTULL

De mayor quiero ser soldado

“Quien esté libre de pecado…”, DE MAYOR QUIERO SER SOLDADO

Dirección: Christian Molina.

Países: España e Italia.

Año: 2011. Duración: 89 min

Interpretación: Fergus Riordan,

Ben Temple,

Valeria Marini, Danny Glover,

Robert Englund, Andrew Tarbet,

Jo Kelly.

Distribuidora: Canónigo Films.

Uno de los temas que más están preocupando a todos los sectores sociales es el de la violencia infantil. Los medios de comunicación traen con frecuencia casos espeluznantes de acoso, bulling y extorsiones entre menores. A veces estos actos son grabados por los agresores de modo que las víctimas viven además la humillación de que su agresión es vista por muchas personas una y otra vez.

¿Por qué? nos preguntamos sin dar crédito a lo que vemos. ¿Cómo es posible que haya ese sadismo inexplicable en tantos niños y adolescentes?

El catalán Cristian Molina nos ofrece en DE MAYOR QUIERO SER SOLDADO una reflexión sobre este tema.

La película cuenta la historia de Álex, un niño de diez años hijo único en una familia acomodada. Cuando su madre da a luz gemelos, Álex empieza a sentirse solo y desatendido, eclipsado por la llegada de sus hermanos. Traicionado y herido, consigue que su padre le recompense con algo que siempre había deseado: una televisión en su cuarto.

A través de la televisión, Álex descubrirá un nuevo mundo, se sentirá fascinado por lo que ve y experimentará una creciente obsesión por las imágenes de guerra y destrucción.

El film tiene una clara vocación didáctica. Las secuencias idílicas que son grabadas por el padre al principio muestran una familia modélica, feliz, en la que Alex es el rey, coronado y agasajado. Esas imágenes contrastan con las que luego muestra el director y que se corresponden con las que ve Alex en la pantalla: secuencias de violencia brutal en las que con habilidad se mezclan fragmentos de films agresivos con imágenes de violencia real mezcladas a una velocidad tal que nos va haciendo partícipes, incluso físicamente, del desajuste que empieza a vivir Alex y que le llevará a ejercer la violencia con sus padres, sus compañeros y sus hermanos.

El director introduce dos personajes interesantes: el Capitán Harry, valiente y abnegado astronauta, y el sargento Cluster, entrenador militar despiadado que enseña conductas racistas y de menosprecio a la vida. Ambos personajes, interpretados por el mismo actor, Ben Temple, son imaginarios, amigos inventados por la imaginación de Alex y que representan la bondad y la maldad innatas en cada ser humano. Los diálogos de Alex con sus amigos ficticios manifiestan el conflicto moral que vive el niño y que desemboca en una auténtica esquizofrenia.

¿Dónde está la culpa de esta conducta? ¿Es la tele la que provoca ese desajuste mental? La película no da una respuesta maniquea. Hay muchos sospechosos de culpabilidad: la televisión en el cuarto, sí, pero también un padre obsesionado por el trabajo, una infidelidad conyugal, unos educadores que no conocen a sus chavales… y, sobre todo, un estilo de entender la educación en el que todo vale, no hay normas, no se estimula para superar la frustración y los niños deben ser consentidos en todo.

Pero hay algo más, en el film no hay ninguna mención a la visión trascendente de la persona. Los educadores son profesionales de la psicología y el psicoanálisis…pero lo cierto es que Alex tiene, una educación técnica pero absolutamente in-trascendente.

Con un ritmo sostenido y tenso, DE MAYOR QUIERO SER SOLDADO es un film de visión imprescindible para educadores de todo tipo. A pesar de sus defectos formales, que los tiene, la película puede ser un buen instrumento para debatir sobre el tema de la violencia juvenil. Particular mención merece la estupenda guía didáctica que en la Web http://iwanttobeasoldier.com/ (ACTUALMENTE NO DISPONIBLE) puso a disposición la distribuidora. Su visión no deja indiferente. El debate está servido.

JOSAN MONTULL

DECÁLOGO DEL COFRADE

DECÁLOGO DEL COFRADE

Desde hace unos años me llama poderosamente la atención el auge que han ido teniendo las cofradías, los distintivos religiosos, los pasos que recorren nuestras calles, los tambores atronadores, las procesiones y todos esos elementos que en su día entraron en desuso y que ahora han recobrado un extraordinario protagonismo en la Semana Santa.

Llama la atención ver cómo incluso personajes públicos que manifiestan abiertamente su escepticismo religioso, participan de actos de Semana Santa con un fervor llamativo. Pero lo que más me llama la atención es ver el gran número de jóvenes, muchos de ellos alejados de las prácticas religiosas habituales, que salen en las procesiones, preparándolas con esfuerzo durante tiempo y tomándoselas muy en serio.

Las personas manifestamos los sentimientos más profundos a través de signos y símbolos, no desde el lenguaje de la razón. Una procesión es un signo.

Por eso, lejos de mí enjuiciar el interior de cada una de las personas que interviene en una procesión. Me atrevo, eso sí, a hacer un Decálogo para todo aquel a quien le pueda iluminar. Ahí va.

  1. Una procesión es como una manifestación, pero de fe. Cada cofrade es un hombre o una mujer que va gritando, a pesar de su silencio, “A mí me importa Jesucristo”. La procesión dura sólo unas horas, la amistad con Jesús de Nazaret dura siempre.
  2. Los pasos a los que acompañan las cofradías no son meras obras de arte, recuerdan la historia de amor más revolucionaria que ha vivido la humanidad, la de Jesús de Nazaret, que vino a dar la Buena Noticia de que en el Reino de Dios cabemos todos.
  3. Algunas cosas convierten una procesión en una manifestación de fe: seriedad y silencio, ir rezando, ir revisando la propia vida, acatar el respeto a la identidad de los estatutos de la Cofradía, y un largo étcetera…
  4. Ser un cofrade es una cosa muy seria. Es hacer un gesto simbólico de acompañar a Jesús de Nazaret, un inocente que sufre…No hay que olvidar que en su camino al Gólgota, fueron muy pocos los que le acompañaron hasta el final, su Madre y un grupo muy reducido.
  5. En este mundo nuestro donde importa mucho la apariencia, vestirse de cofrade es manifestar que ante Dios todos somos iguales, no hay unos más importantes que otros.
  6. El capirote no deja ver la cara del que va dentro. Y es mejor, porque algunos tienen “mucha cara” saliendo de cofrades sin preocuparse de llevar una vida en la que el estilo de vida de Jesús tenga algo que ver.
  7. La palabra Cofradía significa Hermandad. Un cofrade es un hermano. En un mundo roto e insolidario, el cofrade es un signo de la lucha por un mundo más justo, donde no haya explotadores y oprimidos, donde la fraternidad reine alrededor.
  8. Ser cofrade implica valorar lo que nuestros mayores (que también eran cofrades); es recoger su testigo. Por eso ser cofrade no se reduce a salir en la procesión, sino a tener una conducta que honre a los que nos han precedido.
  9. Los tambores deben ser reflejo de los latidos del corazón; no se trata de hacer exhibiciones virtuosas sino de latir con el corazón de Jesús de Nazaret, que entendió la vida desde el amor y la entrega a los demás.
  10. Es mejor ser cofrade que salir de cofrade. Ser cofrade dura siempre. A los crucificados nos los encontraremos por nuestras calles y ambientes durante todo el año. Habrá entonces que manifestar, a cara descubierta, lo que simbólicamente se expresa en las procesiones. Y es que la verdadera procesión empieza cuando acaba el viernes santo.

JOSAN MONTULL