Maixabel

Mirarse a los ojos: MAIXABEL

Dirección: Icíar Bollaín (España 2021)  

Reparto: Blanca Portillo, Luis Tosar, Urko Olazabal, María Cerezuela, Bruno Sevilla 

Guión: Icíar Bollaín, Isa Campo

Fotografía: Javier Aguirre Erauso

El terrorismo de ETA ha sido llevado a la pantalla con más o menos acierto. Esta vez, con MAIXABEL, Iciar Bollaín hace una obra comprometida que supone un valiente alegato por la paz.

Maixabel Lasa pierde en el año 2000 a su marido, Juan María Jaúregui, asesinado por ETA. Once años más tarde, recibe una petición insólita: uno de los asesinos ha pedido entrevistarse con ella en la cárcel de Nanclares de la Oca /Álava), en la que cumple condena tras haber roto sus lazos con la banda terrorista. A pesar de las dudas y del inmenso dolor, Maixabel accede a encontrarse cara a cara con las personas que acabaron a sangre fría con la vida de quien había sido su compañero desde los dieciséis años.

El film está narrado con una sobriedad exquisita. Retrata con profundidad la vida y el alma de las víctimas y de los agresores. Ahonda en el sinsentido de la violencia y reivindica el arrepentimiento y el perdón como fórmulas para restañar heridas.

Bollain maneja la cámara y el montaje de un modo extraordinario. Hay secuencias memorables como la de la vuelta en coche de un terrorista recorriendo los parajes donde atentó mientras escucha subjetivamente los ruidos de las bombas, los disparos, los gritos y el llanto que provocaron sus acciones.

Nada de esto sería posible sin unos actores que hacen una composición magistral de sus personajes. Blanca portillo está inmensa, consigue transmitir el dolor de una forma contagiosa que lleva al espectador a conmoverse y a situarse en la piel de las víctimas. Luis Tosar y Urko Olazábal sobrecogen dando vida a unos arrepentidos, confuso, temblorosos, conscientes del mal que han hecho y necesitados de perdonarse a sí mismo y encontrar una patria distinta a aquella por la que han matado.

Cualquier opción ideológica que lleve a atentar contra la vida de un ser humano es absolutamente abominable, nunca construye nada.

Estamos ante una película de valores absolutamente cristianos. Una apología del perdón, del reconocimiento de la propia culpa y del arrepentimiento para mirar a los ojos el dolor producido. Al final, verdugos y víctimas son todos engullidos por el fatalismo de la violencia que nunca construye nada.

La mejor película de Iciar Bollaín.

MAIXABEL es una maravilla imprescindible.

JOSAN MONTULL

Hijos del sol

Vulnerables hijos de Dios: HIJOS DEL SOL 

Irán 2020. 

Dirección: Majid Majidi 

Guion: Nima Javidi, Majid Majidi 

Música: Ramin Kousha 

Fotografía: Houman Behmanesh 

Reparto: Roohollah Zamani, Shamila Shirzad, Ali Nassirian, Mohammad Javad Ezzati, Tannaz Tabatabayi, Safar Mohammadi, Ali Ghabeshi, Abolfazl Shirzad.

   

Hay en el cineasta iraní Majid Majidi un especial talento para contar historias de niños y niñas que son víctimas de situaciones injustas provocadas por los adultos. Son películas sencillas y hermosas que hacen pensar y que tratan con un respeto infinito las vidas de los más vulnerables. 

Tal es la historia que presenta en su film “Hijos del sol”. Alí, un niño de 12 años, y sus tres amigos, trabajan para sobrevivir y ayudar a sus familias haciendo trabajos en un garaje y cometiendo pequeños delitos para conseguir dinero rápido. Estos niños viven unidos por la amistad y la pobreza: un refugiado afgano, dos hijos de toxicómanos, un huérfano que perdió a su padre víctima de la droga, todos se mueven como pez en el agua en un ambiente de ilegalidad, marginación y amistad. En un milagroso giro de los acontecimientos, Alí recibe el encargo de encontrar un tesoro oculto bajo tierra. Para ello recluta a sus amigos, pero antes de empezar la misión deben matricularse en la Escuela del Sol, una institución caritativa que intenta educar a niños sin hogar y que está ubicada cerca de donde se halla el tesoro.  

A partir de ese momento, y con una fotografía excelente, el film transita tres escenarios: los angustiosos subterráneos por los que van escavando y avanzando las criaturas, la escuela en la que se les intenta educar en medio de muchas dificultades y en donde encuentran la amistad y comprensión de algún docente, y las calles y ambientes miserables en donde deben sobrevivir. 

La aventura está servida y la película interesa al espectador desde un primer momento mientras dosifica sabiamente escenas de acción, de reflexión y de drama. Es absolutamente admirable la dirección de actores. Los niños protagonistas se mueven con una formidable soltura en la pantalla y son capaces de manifestar con naturalidad, el miedo, la violencia, el cariño y la fidelidad en medio de la miseria. 

La película comienza con un crédito que recuerda que hay más de ciento cincuenta millones de menores obligados a trabajar ilegalmente en el mundo. Tras un fundido en negro en la pantalla aparece una invocación: “En el nombre de Dios”. Así, de esa manera tan clara, el director denuncia la explotación infantil y manifiesta su fidelidad a Dios, en nombre del que realiza su film. Es, pues, una obra de denuncia hecha desde la fe. El final es realmente sorprendente y Majidi cierra la película con un abierto mensaje simbólico que invita a la reflexión. 

Dura y hermosa, apasionante y dolorosa, “Hijos del sol” es una estupenda película para todos aquellos que sean sensibles a la esclavitud infantil y amen la educación. 

JOSAN MONTULL

 

Trash, ladrones de esperanza

La dignidad del basurero: TRASH, LADRONES DE ESPERANZA

Película: Trash: Ladrones de esperanza.

Dirección: Stephen Daldry.

País: Reino Unido. Año: 2014.

Duración: 114 min. Género: Drama, thriller.

Interpretación: Rickson Tevez, Eduardo Luis, Gabriel Weinstein, Rooney Mara, Martin Sheen, Wagner Moura, Selton Mello.

Guion: Richard Curtis; basado en la novela de Andy Mulligan.

Producción: Tim Bevan, Eric Fellner y Kris Thykier.

Fotografía: Adriano Goldman

En el año 2000 el inglés Stephen Daldry estrenó una película, “Billy Elliot”, en la que narraba la historia de un niño que, en una sociedad abiertamente machista, prefería el baile al fútbol y se involucraba en una gran hazaña para ser bailarín a pesar de la oposición de su familia y su ambiente.

Con “Billy Elliot” descubrimos que Stephen Dalkdry tenía una talento extraordinario para trabajar con niños en la pantalla. Años después rodó “Tan fuerte, tan cerca” que narraba los acontecimientos de 11S tras la mirada de un niño. Con “Trash, ladrones de esperanza”, Daldry riza el rizo y vuelve a contar una historia protagonizada por niños brasileños que viven en la máxima pobreza.

Dos chavales de 14 años, Rafael y Gardo,  viven en las favelas de Río de Janeiro y trabajan en un basurero escarbando entre la inmundicia para encontrar alguna cosa de valor. Un día encuentran entre los residuos una cartera con unos documentos que desvelan una trama de corrupción política escandalosa. Cuando la policía local aparece para ofrecerles una generosa recompensa por la cartera, los dos chavales desconfían y recurren a su amigo Rata, que vive en las alcantarillas, para descubrir el secreto que se esconde en la cartera. La policía, comprada por el poder corrupto, inicia una persecución inhumana contra los tres chavales. Llegarán las huidas, las humillaciones, las torturas y las serias amenazas de muerte. Sólo un cura comprometido, (Martin Sheen) y Olivia, una cooperante europea (Rooney Mara), ayudarán a los adolescentes en su empeño de hacer que la verdad se descubra.

Nos encontramos ante una película ágil, interesante y moral. La narración es trepidante; el montaje, la fotografía y la vigorosa música de Antonio Pinto hacen que nos sintamos sumergidos en la historia desde sus primeras imágenes, “Trash” cautiva al espectador con un ritmo frenético y una realización magnífica. A los cinco minutos de film el espectador ya ha sido atrapado por la historia.

Por otra parte, tiene el film –junto a la aventura y la acción- una reflexión moral importante, hay que hacer lo que es correcto, aunque comporte riesgos y dificultades. Los chavales lo tienen muy claro, no hay que ceder a chantajes, ni al miedo (como hacen tantos en el mundo de la corrupción), hay que conseguir que el propietario de la cartera vea su suelo cumplido. Y esto hay que hacerlo porque “es lo correcto”. Desde el basurero de Río estos meninos da rúa dan una lección de integridad moral digna de encomio.

Sorprende, además, muy gratamente el tratamiento religioso del film, los chavales son creyentes, rezan, dan gracias a Dios, piden no sólo por ellos sino también por los que están sufriendo los atropellos policiales. “Dios nos escucha”  dice Gardo a sus amigos en los momentos de debilidad. La Iglesia se muestra en la película tremendamente humana y acogedora. A pesar de las debilidades con el alcohol del padre Juilliard y de la aparente fragilidad de Olivia, será en estas personas en donde los chavales busquen y encuentren refugio, protección y amor.

La fe en Dios aparece como exigencia ética para vivir la solidaridad y la justicia. Dios impulsa a hacer lo correcto y en Él encuentran los protagonistas el sentido último de la vida. No es una fe remilgada ni desubicada del contexto, la relación con Dios se ve con una normalidad apabullante; en la capilla se encuentran como en casa, duermen (incluso sobre el altar), se protegen y hasta bailan.

Al final, como no podía ser de otra manera, triunfa el amor, la amistad y la justicia. Hacer lo correcto siempre lleva a buen puerto. Hay que dice que “Trash” es demasiado esperanzadora y edulcorada. Creo, más bien, que estamos ante una película excelente que reivindica valores como la amistad, la generosidad y la solidaridad con una desenvoltura notable. El hecho de que los profetas de la justicia sean unos chavales sacados de un basurero aumenta el valor moral de esta historia.

Claro que esta película no hubiera sido lo mismo sin el trío protagonista. Ninguno de ellos había sido actor, es más, nunca habían entrado en un cine. La habilidad del director para sacar lo mejor de estos chavales hace que la película tenga una frescura encomiable desde el principio. Los chavales ríen, corren, saltan, lloran, se abrazan, se discuten, se quieren; combinan la inocencia y la picaresca con una naturalidad maravillosa. Su presencia llena la pantalla y le da a la historia y una ternura  que sin ellos hubiera sido imposible; A la vez que su aventura se va convirtiendo en más peligrosa, descubrirán el valor de una amistad creciente.

Y es que estos ladrones de esperanza consiguen robarnos el corazón.

JOSAN MONTULL

Anton, su amigo y la revolución rusa

Tú eres mi hermano : ANTON, SU AMIGO Y LA REVOLUCIÓN RUSA 

Dirección: Zaza Urushadze 

Guion: Dale Eisler, Zaza Urushadze, Vadym Yermolenko 

Música: Patrick Cannell 

Fotografía: Mikhail Petrenko 

Reparto: Natalia Ryumina, Regimantas Adomaitis, Vaiva Mainelyte, Juozas Budraitis.

En 2014 el cineasta georgiano Zaza Urushadze presentó una película magnífica, “Mandarinas” que a punto estuvo de obtener el óscar a la mejor película de habla no inglesa. En “Mandarinas” el cineasta abordaba el tema de la guerra de los Balcanes con una extraordinaria humanidad. 

Esa misma humanidad es la que transita en su obra póstuma “Antón, su amigo y la revolución rusa”, que cuenta la historia inspirada en hechos reales de dos niños, uno cristiano, Antón, y otro judío, Jakob, cuya amistad logra sobrevivir por encima de los prejuicios, el odio y el paso del tiempo.  

En un pueblecito de Ucrania viven familias dispares entre la pobreza y la amistad. Antón y Jakob son muy amigos; juegan, saltan, conversan, se ayudan, se esconden de los adultos y cultivan una inquebrantable fidelidad. Pero esta relación idílica está marcada por la revolución rusa que, con frecuencia, les acerca a unos despiadados bolcheviques que roban, matan y provocan el horror en medio de mítines revolucionarios demagógicos. 

Los dos niños no son conscientes de este sufrimiento. La guerra incluso les trae la muerte de familiares (la madre de Jakob y el padre y hermano de Antón), pero son incapaces de comprender lo que pasa. 

La mirada de los niños es de una ternura excepcional. La violencia que les rodea corrompe todo el mundo de los adultos, incluso el del sacerdote, que encontrarán en la violencia y la venganza el único sentido de la vida. Pese a que el resentimiento y el odio están presentes en todos los adultos del pueblo, aún se dan gestos de generosidad y amor entre los vecinos, mezclados con otros de agresión y muerte. No hay duda, la guerra todo lo pudre.  

La comunidad rural consigue asestar un golpe terrible a un comando bolchevique y secuestrar al mismo Trotsky, autor ideológico de las masacres. Pero los niños se encontrarán con el secuestrado y el resultado será impredecible.  

Las conversaciones de los niños son de una ternura y una profundidad que contrastan con el universo de los adultos. Llegan a decir que no entienden un paraíso sin amigos, que el de los judíos y de los cristianos es el mismo. Mientras ellos, mirando las nubes, imaginan un Cielo plurireligioso, los mayores, mirando la tierra construyen un infierno sin Dios. “La vida es injusta”, dicen los adultos, “Ahora tú eres mi hermano” dicen los niños. 

La película apuesta por un ritmo lento y pausado y, pese a narrar una historia violenta, no se regodea en la violencia, sino más bien la sugiere. Los paisajes, abiertos y luminosos, son el contraste brutal con la cerrazón y oscuridad provocada por los acontecimientos bélicos. 

El reparto es coral y son muchos los personajes que aparecen en la pantalla, algunos con pocos minutos, pero con una fuerza inquietante (como la sádica camarada Dora y el canalla Trotski). Quienes más aparecen, eso sí, son los niños. En su mirada y en sus juegos se intuye un universo más humano y divino.  

La película no tiene un final vacío desesperanzado sino positivo y abierto a la esperanza; aunque la buena voluntad pueda provocar desgracias, la inocencia de los niños no será corrompida por la guerra de los adultos. La amistad estará por encima de las perversiones bélicas.  

Fotografiar el Cielo será posible, construirlo en la tierra, pese a todo, será factible. 

JOSAN MONTULL