Especiales

Elogio de la bondad: ESPECIALES

Dirección: Olivier Nakache, Eric Toledano

Francia 2019
Reparto: Vincent Cassel, Reda Kateb,

Aloïse Sauvage, Benjamin Lesieur
Guion: Olivier Nakache, Eric Toledano 

Fotografía: Antoine Sanier

Música: Grandbrothers

Desde hace tiempo Oliver Nakache y Eric Toledano vienen ofreciéndonos un cine amable y humano, capaz de hacer sonreír mientras se reflexiona sobre temas marginales. “C´est la vie”, “Samba” y –sobre todo- “Intocable” han dado a esta pareja de amigos cineastas un gran prestigio internacional. Su cine presenta con delicadeza realidades que nuestro mundo se esfuerza por ocultar (la enfermedad, lea inmigración ilegal…).

En “Especiales” vuelven a trabajar el tema de la exclusión social. En este caso el autismo y la inadaptación social se convierten en el centro de interés de este hermoso film.

La película está inspirada en la historia real de dos voluntarios extraordinarios. Daoud Tatou y Stephane Benhamou. Cada uno de ellos fundó por separado una Asociación para atender a niños y adolescentes autistas o en riesgo de exclusión. Los dos amigos unieron sus esfuerzos y están desarrollando desde hace años un proyecto maravilloso: jóvenes con alguna conducta asocial se comprometen en el cuidado de jóvenes autistas. Esta historia de generosidad y servicio es lo que presenta “Especiales” con una finura encomiable.

Sorprende que los dos voluntarios, en la realidad y en la película, pertenecen a confesiones religiosas distintas y consideradas antagónicas por muchos: un judío convencido y un musulmán practicante. Esa concepción religiosa no es obstáculo, antes, al contrario, para ponerse del lado de los débiles constantemente sin tirar nunca la toalla con ellos.

A la vez que desarrollan esa generosa labor humanitaria, la Administración les audita una y otra vez exigiendo de forma inmisericorde documentación y papeleo para dar crédito oficial a la bondad de los voluntarios.

Los veteranos actores Vincent Cassel y Reda Kateb dan vida a estos dos hombres buenos que han hecho de la entrega desinteresada la constante de su vida. Ambos están estupendos en sus interpretaciones. Su trabajo es absolutamente convincente.

Junto a estos dos actores, hay un plural elenco de noveles artistas, que son chicos y chicas que se interpretan a sí mismos. Voluntarios y jóvenes autistas desfilan por la pantalla con una naturalidad y una frescura sorprendentes. Destaca de modo extraordinario el joven autista Benjamin Lesieur, candidato al mejor actor revelación en los César por su papel de Joseph.

La película se ve con agrado y emoción desde el comienzo. Hay a lo largo de todo el metraje una permanente llamada a la esperanza y a la solidaridad. La inclasificable música de Grandbrothers está ajustada a momentos muy concretos invitando delicadamente a la reflexión y a la mirada profunda ante lo que ocurre en la narración.

El tono del film es tan emotivo como realista, tan dramático cono tierno. El espectador consigue emocionarse, no porque sea una película sensiblera (que no lo es), sino porque descubre en la pantalla la fuerza de la bondad y, de una o de otra manera, se siente llamado a ser mejor persona.

Hay en el film de Nakaché y Toledano un sinfín de valores que se muestran con una profunda humanidad: el valor de la vida -de cada vida-, la grandeza de las familias con hijos enfermos, la confianza en los jóvenes asociales para ser buenos a través de la solidaridad, la fe inquebrantable en los jóvenes autistas, la tolerancia religiosa y la colaboración entre las diversas confesiones, el perdón de los errores, la ternura como motor para transformar la historia, la búsqueda de soluciones ante las burocracias sin alma, la alegría y la fiesta como forma para estrechar la amistad y celebrar la solidaridad…son tantas las bondades de la película que ésta se convierte en una obra destinada a ser vista por personas dedicadas al voluntariado.

El final es hermosísimo. En una performance teatral, chicos chicas –voluntarios y autistas- se unen para hacer un bello espectáculo. Por otra parte, juntos a los rótulos de crédito finales aparecen las imágenes reales del trabajo diario que estas asociaciones siguen haciendo con estos jóvenes.

Las lágrimas de Cassel en los últimos planos, cuando ve interactuar a todos los chavales, se convierten en el emocionado reconocimiento de la fuerza transformadora del amor y en la denuncia a sistemas administrativos que, a fuerza de burocracia, quieren ahogar la generosidad.

Cine para el corazón.

Un canto a la bondad.

Una oda al voluntariado.

JOSAN MONTULL

FE EN MONSTRUOS

He dedicado toda mi vida a la educación de los adolescentes. Sigo haciéndolo en la actualidad con idéntica ilusión, pero con mucha experiencia acumulada. A pesar de que las Administraciones Educativas exijan una burocracia, cada vez más laboriosa, so pretexto de ser muy útil para los jóvenes; a pesar de que las Leyes de Educación siempre sean efímeras por cuestiones políticas y rara vez por cuestiones educativas, a pesar de todo eso…sigo compartiendo mi vida con chicos y chicas, adolescentes y jóvenes, intentando ser instrumento de su educación.

Si he aprendido algo a lo largo de estos años es que el educador debe tener una fe inquebrantable en cada chaval, por más desajustado que esté. Sólo creyendo en ellos puedo despertar lo que hay de bueno en cada uno. Sin fe en los jóvenes no puedo educarles.

A esta primera actitud se le une una segunda no menos importante, es necesario amarles…no hay fe sin amor. Creo que sin amor es imposible acercarse a ningún joven; es más, si yo no amo al chico o la chica que tengo delante, es una indecencia que tenga la osadía de entrar en el umbral sagrado de su Historia para ayudarle a descubrir cómo debe vivir para ser feliz.

Con estas dos premisas, me llegan dos noticias recientes protagonizadas por adolescentes, que son ciertamente estremecedoras.

La primera es la de las dos chicas de 14 años que esperaron a otra adolescente de la misma edad a la salida de la Escuela y, una vez allí, la apalearon llegando incluso a romperle la nariz ante la mirada impasible de muchos otros chavales mientras esto era grabado y colgado en las redes.

La segunda noticia es que un chaval de 16 años arrojó al río Besós el cuerpecito de su propio hijo al que acababa de alumbras su novia de 13 en la clandestinidad de un hotel hacía pocas horas. La policía encontró en cadáver del bebé días después.

Todos están en manos de la justicia y han sido llevado a Centros de Menores donde intentarán hacer algo con ellos.

Ambos sucesos, cercanos en el tiempo, son ciertamente espeluznantes. La falta de sensibilidad ante la vida, la incomprensión del dolor ajeno, la ausencia total de empatía con la persona agredida y la cosificación de las víctimas son actitudes horribles. Da la sensación que la compasión, la dignidad y el respeto a cada persona han desaparecido, se han borrado de la mente de muchos chavales. Nos dicen los expertos que las redes sociales se han convertido en un extraordinario vehículo de la violencia más despiadada y que las pantallas sangrientas han hecho que desaparezca en muchos casos el umbral del rechazo a la agresividad, banalizándola como si se tratara de una imagen virtual.

Esos adolescentes se han convertido en monstruos; monstruos sin piedad ni sentimientos; monstruos que se han decantado hacia el lado más abyecto de la condición humana y lo exhiben impúdicamente para infringir más dolor; monstruos que –como el dios Saturno- devoran a su propio hijo para eludir cualquier compromiso, incapaces de conmoverse ante el que es carne de tu carne. Monstruos.

Como cualquier persona siento una repugnancia visceral por estos hechos y deseo que los culpables estén apartados de la sociedad; no quiero que estas acciones queden impunes porque eso sería una traición a las esencias de cualquier sociedad civilizada…pero no quiero, quede claro, que estos jóvenes agresores -y hasta asesinos- queden estigmatizados de por vida. Me niego a creer que estos monstruos no tienen solución. Como jóvenes que son, sigo incluso creyendo que pueden ser educados y reinsertados para la sociedad. Aunque ahora experimente una nausea tremenda ante lo que han hecho, sigo creyendo que algo bueno hay en ellos, aunque ni ellos mismos lo hayan descubierto, y que deben ser amados (no melifluamente sino con exigencia y paciencia).

Creo en la prevención de los jóvenes como método educativo por excelencia, sé que luego es difícil cambiarles, pero sigo creyendo en la redención de los chavales delincuentes y pienso que la fe y el amor son instrumentos indispensables para que una persona vaya creciendo y madurando.

Por otra parte, creo que estos jóvenes monstruos son víctimas de un ambiente en el que los que deberían dar ejemplo de tolerancia y civismo se han convertido en intransigentes aprovechados, incapaces de llegar a acuerdos y consensos, apalancados en bloqueos e intransigencias; nuestros representantes se han convertido en profesionales del insulto y la descalificación, de la agresividad televisiva y la falta de respeto. En esta misma sociedad, la nuestra, los sinvergüenzas enriquecidos exhiben su impudicia e indecencia en programas del corazón y en los realitys, utilizando el púlpito televisivo para predicar sus miserias, su desprecio a la vida y su infidelidad entre carcajadas, aplausos y gritos… estos tipos adinerados, famoso y, las más de las veces, incultos, van engendrando pequeños monstruos que crecen sin referencias morales y mimetizan comportamientos similares en su mundo cotidiano.

Otra adolescente ha saltado a las noticias estos mismos días por motivos bien distintos, Greta Thunberg –activista contra el cambio climático, porque se ha dirigido en las Naciones Unidas a los políticos y, entre otras cosas, les decía:

“Todo esto está mal. Yo no debería estar aquí arriba. Debería estar de vuelta en la escuela, al otro lado del océano. Sin embargo, ¿ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza? ¿Cómo se atreven?.Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. … La gente está sufriendo … Y de lo único que pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?”

Greta Thunberg

Ya sé que estas palabras se refieren al cuidado del planeta, pero también hacen alusión a la falta de ética en personas que deberían ser responsables de la orientación moral de las sociedades. Por eso hago mías las palabras de Greta.

Siento repugnancia, es verdad, por los actos violentos de los adolescentes de los que les hablo; maldigo la mediocridad ética de muchos de nuestros dirigentes y famosos que son el peor de los ejemplos.

Pero sigo creyendo en la educación, en la confianza y en el amor. Sigo creyendo en los chavales…incluso en los que moralmente están destrozados.

Soy educador, qué le voy a hacer. Incluso sigo creyendo en los monstruos.  

JOSAN MONTULL

El blues de Beale Street

La revolución de la ternura: EL BLUES DE BEALE STREET

DIRECTOR: Barry Jenkins

GUIÓN: Barry Jenkins

MÚSICA: Nicholas Britell

FOTOGRAFÍA: James Laxton

REPARTO: KiKi Layne, Stephan James, Diego Luna, Pedro Pascal, Teyonah Parris, Regina King, Colman Domingo.

PAIS: USA AÑO: 2018


Nominada a tres estatuillas “El blues de Beale Street” se alzaba con el premio más que merecido al óscar a la mejor actriz secundaria.

La película se ambienta en los norteamericanos años 70, una pareja afroamericana: Tish (KiKi Layne), de 19 años y Fonny (Stephan James), de 22 se enteran de que están esperando un hijo. Casi al mismo tiempo, él es encarcelado arbitrariamente acusado de la violación de una mujer blanca

A partir de ahí Tish y su familia comenzarán una lucha contra reloj por demostrar la inocencia de Fonny frente a un sistema racista que falseará pruebas y dificultará la solución del caso.

Lejos de ser una película sentimental y epidérmica, Barry Jenkins nos regala un film muy hermoso y profundo. Desde un primer momento el tono es pausado; los diálogos, lentos y hondos, quedan subrayados por la fotografía de los primeros planos que transmiten toda la angustia de unas almas ante una situación irracional que no conoce misericordia. Todo se convierte en un vaivén terrible de emociones contrapuestas. Frente a la ilusión de esperar un hijo, se experimenta la angustia de ver a su padre encarcelado. Pero negándose al cruzarse de brazos, las víctimas se implican valientemente en la búsqueda de la justicia.

El montaje en paralelo, que mezcla escenas del pasado con momentos del presente y hasta del futuro, va implicando al espectador en lo terrible del drama que poco a poco se da a conocer.

La cámara se mece de un personaje a otro mientras investiga los sentimientos que explican o se callan.

Frente a un incomprensible e inhumano sistema judicial, Fonny y Tish encarnan la pureza del amor, el ansia de fidelidad y de respeto por el otro. Las escenas de carácter erótico están tratadas con una finura encomiable. Pocas veces el cine actual ha dibujado la relación de una pareja joven con tanta delicadeza y respeto.

La familia de Tish y el padre de Fonny celebran inmediatamente el embarazo de la hija y luchan denodadamente para que la criatura pueda nacer y pueda criarse también con su padre.

La película, por otra parte, no culpa a la mala suerte por la desgracia de los protagonistas. El racismo más rastrero está detrás de la perversión judicial. En el film aparecen fotografía reales de la violencia policial contra los negros; es el odio racista que muestran esas imágenes lo que ocasiona la separación de los dos enamorados.

La lucha de Tish por recuperar a su amado es, en definitiva, la noble disputa de los oprimidos contra los opresores. En la tenacidad de la joven Tish se atisba la dignidad de la batalla pacífica por los derechos civiles y por la igualdad de todos. Es la lucha de David contra Goliat. Mientras que el todopoderoso Goliat tiene el control de todas las estructuras de la justicia, la frágil Tish es el David que se enfrenta con la única arma que posee: el amor. A estos amantes les podrán arrebatar la libertad pero el sistema no puede robarles el amor.

Su ritmo calmoso, casi contemplativo, su música inspirada, su fotografía intimista y unas interpretaciones más que inspiradas hacen de esta película una hermosísima historia de amor.

En la escena final resuenan las palabras de San Pablo a los Corintios “…el amor no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”.

“El blues de Baele Street” se convierte por todo esto en una estupenda película, un alegato, en definitiva, de la fuerza revolucionaria de la ternura.

JOSAN MONTULL