El día de la revelación

La verdad os hará libres: EL DÍA DE LA REVELACIÓN.

Dirección: Steven Spielberg (USA 2017)

Reparto: Emily Blunt, Josh O´Connor, Colin Firth, Eve Hewson.

Música: John Williams.

Fotografía: Janusz Kaminski.

El maestro Spielberg ha vuelto a mirar al firmamento para regalarnos una obra madura que reflexiona sobre la posibilidad de que seres extraterrestres vivan en el Universo y no estemos solos. Como hizo en “Encuentros en la tercera fase” (1977), la mirada del cineasta a este tema vuelve a impregnarse de carácter casi espiritual.

Daniel es un especialista en ciberseguridad que trabaja para Wardex Corporation, un brazo secreto del gobierno de los EE.UU. que custodia restos alienígenas y oculta contactos ocurridos hace años. Siendo consciente de que no puede guardar unos secretos tan importantes para la humanidad, roba un artefacto y archivos confidenciales para destapar la verdad, convirtiéndose así en el enemigo número uno del director de la corporación. En su huida se encuentra con Margaret, una meteoróloga que empieza a hablar una lengua desconocida que resulta ser de origen extraterrestre. Ambos inician una vertiginosa huida para contar la verdad al mundo.

La película se presenta, así, como un thriller clásico en el que la persecución es el motor argumental principal. El ritmo va siendo cada vez más acelerado y el espectador participa, gracias a un estupendo movimiento de la cámara y a una planificación excelente, de esta angustia presente en la línea argumental. La música de su habitual John Williams crea esa dinámica de tensión cada vez más tensa. La fotografía es magnífica…con frecuencia tras las imágenes hay una luz que apunta directamente al espectador y que resulta tremendamente sugerente. Hay escenas memorables: la persecución en la que el coche la pareja protagonista es arrojado a un tren es antológica, en un manejo de la cámara y del montaje digno del mejor Hichcock.

La película tiene la osadía de acercarse respetuosamente al tema religioso; la protagonista había sido novicia de una orden religiosa y se refugia, con su acompañante en el convento en plena huida.

Por otra parte, la película plantea temas éticos importantes: ¿hay que decir la verdad cuando esta suponga una crisis para la humanidad? ¿Dónde queda la fe en Dios ante la posibilidad de vida extraterrestre? ¿hasta qué punto es moral la censura?

No es el mejor Spielberg, pero hay una maestría en esta obra que pone de manifiesto la grandeza de un cineasta que nunca deja indiferente. El final está abierto a mil preguntas: ¿Qué querrán decir a la humanidad los alienígenas? ¿No será que nuestra humanidad ha decidido vivir de modo poco humano y por eso rechaza todo lo que viene de fuera? ¿No será la empatía la clave para dar sentido a nuestra vida?

Tal vez lo que el director nos propone es que, en lugar de mirar a las estrellas, miremos a nuestro interior: ahí está el Universo más misterioso.

JOSAN MONTULL

SIETE LETRAS

Como quien no quiere la cosa, nos hemos adentrado en el Adviento, este tiempo de esperanza que nos anima a preparar la Navidad. Me atrevo, por tanto, a hacerles una sencilla propuesta. Vayan a un buscador de Internet y pongan la palabra “Navidad” y busquen imágenes. Se encontrarán con dibujos y fotografías de regalos, árboles engalanados, elfos, papá Noel, trineos, renos, luces, muñecos de nieve sonrientes, hogares adornados, calles luminosas, turrones, polvorones, roscones, cava, cestas de comida, diademas con cuernecitos de reno, nieve sintética, gorros, jerséis, estrellas luminosas, plantas y árboles caseros, bastoncitos de caramelo, guantes rojos y blancos, campanillas, bolas brillantes, piñas, muérdago, plantas con flor de Pascua, guirnaldas, billetes de lotería, anuncios de cenas de empresa… pero, sorprendentemente, habrá una ausencia. Hay que buscar muchas imágenes para encontrar al Niño Jesús. Hagan ustedes la prueba.

Están bien todas esas tradiciones… pero sin el pequeño Jesús, todo se nos antoja en pura VANIDAD sin NAVIDAD.

Los cristianos celebramos la irrupción de Dios en la historia, un Dios que se hace humano; por eso todo lo auténticamente humano es de Dios, porque Dios se ha hecho un recién nacido. Esa es la gran NOVEDAD. Para nosotros, todas esas fiestas sin Jesús, son vacías.

Eso tiene para nosotros una descomunal consecuencia: si Dios se hace humano…tenemos que descubrir a Dios en todo lo humano, y de manera particular, en todo lo frágil. Es decir, que en la solidaridad, el amor, el perdón, la fiesta y la ternura, independientemente de cuál sea el credo que lo firme, nos encontramos con el Misterio de un Dios que –para darse a entender- se ha hecho, ser humano.

El brillo de tanta luz y tanto festejo puede hacer que no veamos que cerca de nosotros hay seres humanos que, como el pequeño Jesús, se refugian en los márgenes de la sociedad buscando una vida digna. Son los pobres, los excluidos, los marginados. Así como el pequeño Jesús nació en un establo, sólo podemos descubrir el Misterio de Dios poniendo nuestros ojos en los que malviven a nuestro lado, privados de los lujos navideños. No por casualidad, también allí nos encontramos a hombres y mujeres que, lejos de la superficial VANIDAD, DAN VIDA desde la solidaridad a los que sufren.

Y es que, sólo dando vida nos encontraremos con el pálpito de un recién nacido en los márgenes de la Historia que viene a nuestro encuentro para darnos una luz profunda y auténtica.

Son sólo siete letras. Reordenémoslas para vivir con autenticidad y fiesta el nacimiento de Jesús, el gran ausente de la Navidad.

Ánimo, maldita VANIDAD

acompañemos a los que DAN VIDA.

FELIZ NOVEDAD.

FELIZ NAVIDAD.

Josan Montull

La cicatriz de Belén” de Banksy en Cisjordania: el pesebre navideño amurallado

ASCUAS DE PASCUAS

Una de las más hermosas realidades de la Pastoral Juvenil ha sido la celebración de pascuas en las que, de modos muy diversos, grupos de jóvenes se reúnen para celebrar la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Las Pascuas Juveniles se han ido adaptando a diversos contextos temporales, culturales y sociales. Todos esos encuentros han dejado una huella en la mayor parte de sus participantes.

Hoy no es difícil encontrar a militantes cristianos adultos que hablan de su experiencia en las pascuas que vivieron hace años y reconocen que fueron claves en su vida de fe y les dejaron una marca profunda. Para muchos adultos, sus experiencias en las Pascuas supusieron un impulso juvenil a su fe, en la que la creatividad, la comunicación, la profundidad y la alegría eran características.

Esta Semana Santa he tenido la suerte de vivir una Pascua Juvenil, una más. Jóvenes de Centros Juveniles Salesianos de Huesca, Monzón y Zaragoza se han unido para vivir un triduo pascual profundo y hermoso.

No ha faltado una celebración penitencial sincera y sencilla, un Vía Crucis lleno signos que invitaban a la interiorización y el agradecimiento, unos testimonios que animaban a vivir la fe desde la alegría y a superar las dificultades que trae la vida.

Si todas las Pascuas tienen sus peculiaridades, señalo dos que, en este caso, me han parecido especialmente reseñables. 

  • En primer lugar, que la organización y el desarrollo ha sido animado por los propios jóvenes; los curas han acompañado sin imposiciones ni manipulaciones clericales.
  • En segundo lugar, que las grandes celebraciones litúrgicas no se han vivido aisladamente -solos los jóvenes- sino con las comunidades cristianas de los salesianos de Monzón y Huesca. La riqueza de compartir juvenilmente la fe con personas de todas las edades es una experiencia extraordinaria para jóvenes y mayores. Muchas personas mayores se despedían entre lágrimas de los jóvenes con los que habían compartido la fe.

Hay que dar gracias a personas que, como Selma, Nieves, Agus, Alma, Campitos, Jesús y a tantos jóvenes de nuestros ambientes que preparan con esmero estas celebraciones que les acercan en comunidad al misterio de Jesús.

De esos encuentros, sin duda, quedan ascuas incandescentes que calientan la fe, como el rescoldo del brasero, de tantos adultos que en su día participaron de sus Pascuas.

Son las ascuas de la Pascua, ascuas que se convierten en profecía de una Iglesia fraterna y viva…una Iglesia que sólo se entiende a sí misma cuando vive la experiencia de comunidad y comunicación en torno al Señor crucificado y resucitado.

JOSAN MONTULL

La sociedad de la nieve

LA SOCIEDAD DE LA NIEVE: Dar la vida por los amigos

España. USA. 2023.

Dirección: Juan Antonio Bayona

Guión: J.A. Bayona. Bernat Vilaplana.

Música: Michael Giacchino.

Fotografía: Pedro Luque.

Reparto: Enzo Vogrincic, Matías Recalt, Agustín Pardella…

En 1972, el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, fletado para llevar a un equipo de rugby a Chile, se estrelló en un glaciar en el corazón de los Andes. Sólo 29 de sus 45 pasajeros sobrevivieron al accidente. Atrapados en uno de los entornos más inaccesibles y hostiles del planeta, se vieron obligados a recurrir a medidas extremas para mantenerse con vida.

El terrible suceso había sido llevado ya con anterioridad a la pantalla con desigual acierto. Esta vez el español J.A. Bayona, especialista en tratar temas vitales con mucha profundidad, nos ha ofrecido un film tan duro como fascinante, tan apasionante como hermoso.

La película empieza con las risas, las bromas y la exhibición deportiva de unos jóvenes cargados de vida que, días después estarán agonizando. La voz en off no cuenta lo que ocurrió, sino que invita al espectador a hacerse preguntas sobre el sentido de la propia existencia en la actualidad.  Bayona no hace una película meramente histórica en la que recrea un hecho acontecido hace décadas, ni mucho menos ofrece un film de aventuras sin más; el director propone al espectador un actual viaje espiritual para reflexionar sobre fina línea entre la vida y la muerte, la fragilidad, la salud, la supervivencia, la amistad, la familia, el sentido de la vida, las decisiones morales y la fe en Dios.

Las escenas más escabrosas están tratadas con una delicadeza encomiable, se prescinde de lo macabro y se sugieren, sin mostrarlos, los aspectos más terribles del drama.

Estamos ante una película muy física. El director nos mete dentro de la historia, nos introduce en el fuselaje del avión siniestrado y nos hace compartir la angustia de los protagonistas que tendrán que compartir espacio con los cadáveres de familiares y amigos mientras reflexionan en voz alta, rezan y se animan los unos a los otros incluso citando pasajes del evangelio.

Técnicamente impecable. La fotografía y el montaje atrapan al espectador en ese inmenso ataúd que es el avión y el paisaje abierto y grandioso.

Hacia el final de nuevo voz en off es profundamente significativa e invita a que, en este mundo superficial, materialista y vacío, sigamos haciendo un viaje interior para descubrirnos día a día. Esa voz en off nos da a conocer que vivos y muertos comparten la historia.

Estamos ante una obra gigantesca, mística, sobrecogedora; una película que enseña que la vida sólo tiene sentido cuando se da.

Magistral.

Josan Montull