Salesiano, cura, profesor, licenciado en teología, twittero, educador, cinéfilo, teatrero, tertuliano, remo a contracorriente y apuesto a perder, uso el micro en la radio, el show en las tablas, la pizarra en el aula, el juego en el patio, la broma en la calle, la pluma en la prensa y todo lo que sea menester para acercar a Jesús a los chavales y construir una Iglesia sencilla y profunda donde todos puedan sentirse queridos y en casa.
Mi amiga Amina tiene una mirada limpia y trasparente. Con sus 14 años, abre los ojos como dos ventanas de par en par para ver el mundo con admiración, mientras dibuja una sonrisa permanente en su rostro negro como el carbón. Su familia llegó a España hace varios años desde un país subsahariano buscando la dignidad que en su tierra les era hurtada.
Amina es alegre y simpática, con frecuencia ríe con ganas estallando en carcajadas contagiosas. En clase se esfuerza con diligencia y le gusta sacar partido del tiempo. Es una buena compañera, no hay duda. Siempre me dice que sus padres le animan a aprovechar la escuela, a aprender y a buscar superarse; para eso han dejado todo y han venido a este país.
Acababa de empezar el Ramadán y le deseé a ella y a todos sus compañeros islámicos un tiempo propicio y santo.
Al día siguiente llegó Amina, sonriente como siempre, me miró a los ojos y me dijo “Esta noche he rezado a Allah y le he pedido que te bendiga para que seas un buen cura”. Me quedé sorprendido y emocionado y le contesté: “Esta noche le voy a rezar a Dios para que te bendiga y seas una buena musulmana”.
He recordado muchas veces esta conversación tan sencilla y tan hermosa a lo largo del verano. La he recordado cuando hemos sido testigos de sucesos vergonzosos contra la población islámica en rincones de nuestra tierra. Llamamientos a la “caza del moro”, alguna mezquita quemada y discursos incendiarios y vergonzosos, rebosando odio en nombre de no sé qué pureza étnica y de no sé qué patrias.
He sentido vergüenza y espanto con esas soflamas xenófobas y violentas. He pensado que nos hemos vuelto locos, que no hemos aprendido nada.
Ojalá esos fanáticos hubieran conocido a esa niña que hace unos meses fue para mí un sacramento de la ternura de Dios.
Lo que se han perdido esos tipos. No han tenido la suerte de encontrarse con la bendita sonrisa de Amina.
Cuando esta película cierra en negro y concluye, en la pantalla aparecen unas frases: Desde 2014 hasta Agosto de 2023, más de 27.000 personas han perdido la vida o han desaparecido intentando cruzar e mediterráneo. Sin embargo, se calcula que hasta 2050 se necesitarán unos sesenta millones de inmigrantespara rejuvenecer la población de Europa.
A continuación, los rótulos finales dedican el film A quienes murieron en el viaje, a los que llegaron, a quienes los recibieron con los brazos abiertos. Esto es “El salto”, un homenaje duro y respetuoso a los protagonistas de la aventura de cruzar el Mediterráneo para llegar a nuestro continente.
Benito Zambrano es, sin duda, uno de los directores españoles con una mayor sensibilidad social en sus trabajos. Su cine, directo y valiente, denuncia las causas que provocan la pobreza y muestra las consecuencias de la misma en unos seres humanos con nombres y apellidos, tratados con una gran delicadeza.
Películas como “Solas”, “Intemperie”, “Padre coraje”, “La voz dormida”, … retratan con notable profundidad las vidas de personas marcadas por situaciones sociales injustas.
“El salto” mira de frente a una de las realidades más crudas y ocultadas de nuestro mundo occidental: la inmigración ilegal que llega a Europa a través de la valla de Melilla.
Ibrahim es un guineano inmigrado ilegalmente a España, en donde vive y trabaja sin papeles con la ilusión de poder tener una documentación que le permita llegar a Francia. Su mujer está esperando un hijo y, aunque no están casados, tienen una ilusión y un amor extraordinarios. Trabaja ilegalmente en la construcción y su jefe está muy contento de su responsabilidad. Un día es detenido por la policía y es conducido a un CIES. Al poco tiempo es deportado de nuevo a África A partir de ese momento, su único objetivo será regresar a España. Tras recorrer África, se instala en un campo de refugiados en Marruecos. Allí conoce a Aminata, una chica decidida a saltar la valla y entrar en España. Sin embargo, se trata de una hazaña física que no todo el mundo es capaz de lograr.
La película va retratando dramáticamente toda la peripecia vital de estas personas que miran a Europa con la ilusión de salir de la violencia y la miseria que padecen. En la pantalla van desfilando todos los elementos que aparecen en estas vidas: la policía, los CIES, los abogados, las mafias, los campos de refugiados, las comunidades religiosas que ayudan, la población que rechaza a estos seres humanos, los que se mueven por la compasión, los que se ensañan con crueldad…
No es una película cómoda de ver, pero es una película necesaria, que hay que ver. Es un espejo que nos devuelve una imagen de nosotros mismos, de nuestra sociedad, y nos interpela sobre qué tipo de mundo queremos construir.
Todos los protagonistas tienen una autenticidad y verosimilitud extraordinarias. Es difícil olvidar la mirada de Moussa Sylla, llena de tristeza y de esperanza. Sus ojos miran al espectador, que se siente molestamente interpelado por una realidad tan dura y cercana.
Con frecuencia da la sensación de que estamos ante un documental porque la cámara se interna en el alma de cada personaje y de cada ambiente opresivo y brutal.
En medio de tanta miseria, muchas de estas personas tienen una dosis de humanidad y solidaridad que conmueve y contrasta con la virulencia de los explotadores; esa solidaridad está animada por la profunda religiosidad que viven todos, musulmanes y cristianos, extraordinariamente reflejada en la oración interreligiosa que hacen horas antes de iniciar el salto de valla.
Conmovedora, profunda e incómoda “El salto” es una película que hay que ver. Sencillamente.
PARA TRABAJAR EN EL GRUPO
Repasa la oración interreligiosa que hacen dos inmigrantes… puedes hacerla tuya. ¿Qué te sugiere?
Hermanos míos: los que van delante deben ser los más fuertes de corazón, serán los primeros en recibir los golpes de los guardias; el que tenga miedo que no ocupe el primer lugar y los que se quedan atrás no piensen que no lo conseguirán; sólo Dios conoce el nombre de los que llegarán…
… Ahora hermanos míos recemos cada uno a su Dios para que sea nuestro guía y protector en el camino hacia Europa. Invitamos a nuestro hermano Oussam a decir unas palabras para nuestros hermanos cristianos
Pedimos a Alá por intercesión de su hijo Mohamed que nos proteja de los guardias y de las cuchillas que nos hieren y mutilan
Pedimos a Jesús el humilde el perseguido que nos ayude a cruzar sin ser detenidos y devueltos como animales y delincuentes
Pedimos a Alá, por intermediación de Mohamed, el liberador, que proteja a los que no lo consideran
Pedimos a Jesús, el crucificado, el martirizado, que el sufrimiento de cada hermano sea la luz y la esperanza para los que vengan detrás
¿Cómo se muestra la soledad de los personajes en la película? ¿Qué papel juega la camaradería y la comunidad entre los migrantes? ¿Cómo aparecen tratados los distintos estamentos: la burocracia, la policía, la Iglesia, …
¿Cómo se equilibran los sentimientos de esperanza y desesperación en la película? ¿Hay algún momento en el que la esperanza se impone a la desesperación, o viceversa?
Comenta esta foto de José Palazón publicada en 2014 en OK Diario tomada en la valla de Melilla. ¿qué te sugiere?
A principios de verano una cómica vasca hizo un monólogo en la iglesia de Arberatze. Este espectáculo comenzaba con la salida de la artista desde la sacristía y, de un salto, se ponía sobre el altar. Allí simuló una masturbación en la que usó un crucifijo que luego tiró mientras era tímidamente jaleada por los espectadores. En su red social X escribía “Ayer di un gran monólogo en el festi Euskal Herria Zuzenean. En una iglesia sin desacralizar 200 personas hicimos tambalear los cimientos del catolicismo a carcajada limpia. Mancillamos, blasfemamos y denunciamos los abusos sexuales de la iglesia.”
Días después, tras la cruel paliza de un magrebí a un hombre de Torre Pacheco, se desató una persecución brutal y violenta contra todos los emigrantes de esta localidad murciana. Jaleado por colectivos políticos extremistas, se impuso la caza al “moro” y los discursos racistas, encendidos de odio, animaron esta villanía horrenda. Adolescentes y niños magrebíes huían de la ferocidad racista de cientos de agresores venidos de otros rincones de España y Europa.
Entre las personas que vivieron el miedo a salir a la calle fueron las monjas Reparadoras del Sagrado Corazón, una comunidad religiosa dedicada a enseñar español a inmigrantes y a gestionar un economato creado por ellas mismas en el que, …a precios muy bajos, personas en situación de vulnerabilidad, en su mayoría familias con menores a cargo, puede comprar bienes de primera necesidad. La calidad humana de estas hermanas es más que reconocida y son queridas entrañablemente por la población autóctona e inmigrada.
Por otra parte, en la noche del 12 de Julio unos desconocidos prendieron fuego a la mezquita de Piera que iba a ser inaugurada pocas horas después. Las llamas acabaron con aquel centro de culto destinado a ser usado por la población islámica en sus encuentros y oraciones.
La parroquia de la localidad manifestó su repulsa total ante este hecho racista y manifestó la solidaridad con sus vecinos musulmanes. El obispo Xabier Gómez denunció estos actos xenófobos y ha reafirmó el compromiso de la Iglesia para trabajar en favor de “la cultura del encuentro y la paz y se pone al servicio de la comunidad musulmana de Piera para lo que pueda necesitar en estos momentos tras estos ataques que repudiamos”.
Días después la única parroquia católica que resistía en Gaza fue bombardeada y tiroteada por el ejército israelí. En el ataque murieron tres personas; además el párroco, el argentino Gabriel Romanelli, fue herido en una pierna. La parroquia era lugar de refugio físico y espiritual de cientos de gazatíes. Desde que empezó la guerra, el padre Romanelli se negó a abandonar Gaza y reafirmó su compromiso de vivir fraternalmente junto a los habitantes de la Franja. Cada día a las ocho de la tarde le hacía una vídeo llamada su compatriota, el papa Francisco, que se interesaba por su misión y su salud.
Todos estos acontecimientos ocurrían en los últimos 30 días. Por eso permítanme que exprese mi sorpresa por la actuación de la ¿cómica? en su monólogo obsceno sobre un altar en la iglesia de Arberatze. Su monólogo es, como las soflamas racistas de algunos de algunos colectivos, un discurso de odio, una incitación al desprecio y la agresividad. Profanar groseramente un templo, poniendo como excusa la pederastia de algunos eclesiásticos, es una generalización tan mezquina como acusar a todos los inmigrantes de dar palizas a los ancianos. No es arte, no es provocación, no es una performance inteligente, es el odio puro y duro, disfrazado de política o de espectáculo pretenciosamente rompedor. Lejos de ser un gesto revolucionario e innovador, es una ofensa grave a los pobres y oprimidos, es de nuevo el discurso de odio. Es el mismo odio que impide reconocer la bondad de una iglesia que apuesta por los pobres, los inmigrados, los vulnerables y los indefensos, independientemente de cuál sea su credo o su raza. Una iglesia que celebra en la eucaristía la muerte en cruz del inocente Jesús, víctima del discurso del odio religioso. Una iglesia que encuentra su fuerza y su sentido en la eucaristía, que alienta el compromiso por los pobres de las religiosas de Torre Pacheco, de la comunidad cristiana de Piera, del padre Romanelli en la desangrada Gaza. Una iglesia, en fin, que celebra este acontecimiento … en un altar.
El P. Romanelli, en las inmediaciones de su parroquia ADN Celam