EL TANATORIO SOLITARIO

EL TANATORIO SOLITARIO

Casi sin quererlo me ha venido a la memoria la impresión que me produjo aquella capilla casi vacía del inmenso tanatorio de una gran ciudad en el que tenía que oficiar un funeral.

Disponíamos de 20 minutos justos para rezar unas oraciones encomendando a Dios al hombre al que íbamos a enterrar. Toda la familia y los amigos del finado nos encontrábamos en la puerta de la capilla esperando que la celebración anterior concluyera. Puntualmente se abrió la puerta y de la Iglesia salieron un hombre y una mujer jóvenes que se unieron a otra pareja que estaba fuera y se marcharon. No salía nadie más. Impaciente por la demora, asomé la cabeza por la puerta de la capilla y no había ya nadie. Entré y en la sacristía el cura que acababa de hacer aquel funeral me dijo que podíamos empezar el nuestro.

La gente empezó a entrar y las 150 sillas del local fueron ocupadas con creces, quedando bastantes personas de pie.

Al terminar le pregunté al cura del Tanatorio qué es lo que había pasado en el funeral anterior puesto que me había sorprendido que no hubiera más que dos personas.

 

Aquí se ven muchas cosas, me dijo. Incluso en alguna ocasión he rezado por un difunto que tenía ante mí y no ha habido nadie, absolutamente nadie en la capilla. Hoy había dos personas, creo que era una hija y su compañero. ¿Sabes? –prosiguió- este difunto había sido un hombre muy rico, un empresario que se había abierto camino en la vida y ha tenido mucho dinero. Al parecer la relación con la familia no le fue bien y hoy, ya has visto, dos personas en su entierro. Sí, aquí se ven muchas cosas.

Haz click en la imagen para leer el resumen de la homilía del 21-11-2014

He recordado esta conversación cuando estos días estamos asistiendo al bochornoso espectáculo de la corrupción en nuestro país. En el mundo de la política, en todo su abanico de opciones, derechas, izquierdas, independentistas…el mundo del deporte, el de las artes, el de las administraciones locales, el de los medios de comunicación…en todos ellos aparecen hombres y mujeres que, utilizando las prebendas del lugar en el que estaban, han estafado cantidades astronómicas para enriquecerse más y más.

Me sorprendió sobremanera la figura del director de una entidad cultural al que se le ha pillado con una estafa de entre dos y tres millones de euros. Se trata de un anciano; no es un hombre joven, no; un anciano. Aparecían en las fotografías aplastado, con la mirada perdida y triste, rodeado de objetivos que retrataban en su rostro la derrota y la vergüenza. Quien antes había sido un prócer de la cultura, quien se había rodeado de los más influyentes intelectuales y políticos, quien había recorrido el mundo dando conferencias codeándose con mandatarios internacionales…aparecía hundido y roto ante las mismas cámaras que antaño habían retratado sus éxitos y las reverencias que todos le hacían.

Qué necesidad, pienso yo, tenía un anciano de seguir robando más y más a sus años (hablan de 20 millones de euros). Qué necesidad de tener la mediocridad de pagar hasta las bodas de sus hijas con dinero robado. Qué necesidad tenía de seguir teniendo más y más.

Ya hubo quien dijo hace más de 2000 años, que no se puede servir a Dios y al dinero. Es verdad, nos estamos acostumbrando a una sociedad en la que el dinero no sirve a las personas sino que las personas sirven como esclavos al dinero.

Así nos luce el pelo; detrás de todas las injusticias y barbaridades que hay en nuestra historia está esa adición repugnante al dinero. Drogas, guerras, desastres familiares, chavales desorientados, hambrunas terribles…son, ni más ni menos, fruto de ese culto a los millones; un culto insaciable que, como los ídolos antiguos, cada vez exige más y más sacrificios humanos para poder asir su sed imparable.

Pobres desgraciados los que se han enganchado a esta esclavitud. Líbrenos Dios de no caer en esta telaraña que acaba engullendo al que entra de puntillas en ella mirando hacia los lados, esperando que no le vean. Pobres de aquellos que emponzoñan la política, la religión, el deporte, el arte, la cultura y cosas bien hermosas por buscar aprovecharse de ellas en busca del beneficio propio.

Ha sido pensando en estas cosas cuando he recordado el entierro solitario del cadáver millonario.

Estos nuevos chorizos engominados, estos tipos risueños que roban entre aplausos y se han pasado la decencia y la honradez por el forro, han olvidado que su destino va a ser la soledad, aunque eso sí, acabarán siendo los más ricos del cementerio.

JOSAN MONTULL

EL LEGALIZADOR

EL LEGALIZADOR

De pasta de boniato se me quedó el careto hace unos días. No podía creerlo. Un político con responsabilidades en un gobierno autonómico decía en una entrevista que él legalizaría la droga. Así, como suena. Si ambages ni correcciones.

Joan Saura defiende legalizar ‘todas las drogas’

Hace unos años, ¿recuerdan?, cuando se hablaba de este tema las ideas iban en el difícil equilibrio de las drogas duras y las blandas. Los partidarios de la legalización decían entonces que lo que había que legalizar están las drogas blandas; las duras, no, faltaría más, pues los yonkis y los colgados de aquel momento, la peña tiradilla de los barrios periféricos, andaban arrastrados en las aceras mientras la jeringuillas jugaban malas pasadas. Eran los tiempos en los que la droga, llamada entonces dura, era patrimonio exclusivo de los pobres. Entonces se veía claro que aquello era un mal rollo y una degeneración. Llegaba también el SIDA e iban cayendo los pobrecillos desgraciados que era una pena verlos, oiga usted. Lo otro, lo de los porritos inocentes y la maría de buen rollo era como muy normal, decían…todo el mundo lo hace.

NOTICIA A LA QUE HACE REFERENCIA EL ARTÍCULO (artículo de Febrero 2007)

Tuvieron que tener el SIDA varios millonarios (actores, deportistas y gente del espectáculo que de pobres no tenían nada) para hacer caer en la cuenta de que los malos rollos no eran sólo patrimonio de los humildes sino que podían tocar las mismísimas tripas de la jet set pata negra. Y cambiaron las tornas…y la moral…y la concepción de la droga y de las enfermedades. Y con tanta separación dura-blanda, blanda-dura, ya no quedaba muy claro lo que era normal y lo que era malo.

Y los tiempos siguen corriendo. Y de pronto llegan las pastillas, las pastis, las pirulas, llámelas usted como quiera, y resulta que, aunque están a la orden del día en ambientes discotequeros, tienen muy malas bromas. Y provocan accidentes, y peleas de aquí te espero, y vandalismo brutal, y lesiones cerebrales irreversibles. Y, por si fuera poco, matan.

¿Qué nos queda pues, señor consejero?, ¿la coca?, tan moderna que los artistas y famosotes se la meten con frecuencia, ¿sabe usted, señor consejero, que la cocaína tiene un poder aditivo brutal que está destrozando la vida de muchas familias y que en nuestra vecina Lleida, por ejemplo ha tenido en los menores de edad una subida del 100 por 100 de consumo en los último dos años?.

Hombre, legalizar por legalizar, siempre nos quedará el cannabis, total, un porrito no hace mal a nadie. ¿Sabe usted, señor consejero, que hoy el cannabis que se consume en España es 15 veces más potente que el que se consumía hace 15 años?, ¿sabe usted que las posibilidades de desarrollar una esquizofrenia en un chaval son del 6% antes de consumir cannabis y de 60% si se consume habitualmente?, ¿sabe usted, señor consejero, que muchísimos de los problemas de fracaso escolar tiene su origen en el uso de estupefacientes por parte de los menores (y no olvide que somos el primer país con fracaso escolar de la CEE).

Sorprende que en un país como el nuestro, que ha implantado una ley antitabaco tan seria, se permita usted estas declaraciones. O son fruto de la ignorancia o de un populismo desmedido, pero en todo caso constituyen una grave irresponsabilidad y una falta de respeto a tantas familias que viven el problema de la droga en su casa y a tantos educadores que nos afanamos en trabajar con los chavales para prevenir y ayudar ante esta amenaza que pende sobre sus cabezas.

¿Sabe usted que en países vecinos los chavales no pueden entrar en las escuelas con camisetas en las que haya hojas de marihuana o anagramas que frivolicen el tema porque ya están hablando de tolerancia cero?, ¿Sabe usted que en nuestro país todos esos objetos que hacen bromitas y guiños estéticos sobre las drogas se pueden adquirir en cualquier comercio

En fin, creo que tiene que medir sus palabras ya que no estamos hablando de chiquilladas ni tontaditas. No es un tema de seguridad ciudadana, sino de ética. Es como si quisiera usted liberalizar la venta de armas a una persona con tendencias suicidas.

En fin, Pilarín, lo que nos toca oír. Oyéndole a usted me atrevo a parafrasear el trabalenguas y decir: la droga está ilegalizada, ¿quién la legalizará?, el legalizador que la legalice buen manipulador será.

JOSAN MONTULL

Los descendientes

Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden: LOS DESCENDIENTES

Dirección: Alexander Payne.

País: USA. Año: 2011. Duración: 110 min.

Género: Drama, comedia.

Interpretación: George Clooney (Matt King),

Judy Greer (Julie Speer), Matthew Lillard (Brian Speer),

Beau Bridges (primo Hugh), Shailene Woodley (Alexandra),

Robert Forster (Scott Thorson), Nick Krause (Sid),

Patricia Hastie (Elizabeth King),

Amara Miller (Scottie King),

Mary Birdsong (Kai Mitchell), Rob Huebel (Mark Mitchell).

Guion: Alexander Payne

Después de ver “Los descendientes” uno sale con la impresión de haber visto una película que aborda muchos temas serios de una forma tan contenida que invita a sonreír y a empatizar con las difíciles situaciones que tiene que afrontar sus personajes.

En la paradisíaca isla de Haway el millonario Matt King (George Clooney) tiene que afrontar de un día para otro un sinfín de problemas. Su esposa Elizabeth está en coma tras haber sufrido un accidente y urge desconectarla para que pueda morir en paz. Sus dos hijas (de 10 y 17 años) viven un momento muy difícil, agravado por la fatalidad del próximo final de su madre; la hija pequeña, Scottie, es complicada y deslenguada, y la mayor, Alex, ha comenzado a jugar con el alcohol, las drogas y el sexo. Por otra parte, Matt tiene que vender unas grandes propiedades de zonas vírgenes que su familia ha heredado, esta venta supondría un importante ingreso económico pero degradaría medioambientalmente el paraíso en que está situada.

 

Así las cosas, Alex le desvelará a su padre que la agonizante Elizabeth le era infiel y tenía relaciones con un poderoso magnate que está tras la operación de venta de tierras que tiene que hacer.

En esa isla, paraíso de paz, Matt y sus hijas vivirán una tormenta terrible. Todos se dan cuenta de que han sido engañados. Con la inminencia muerte de la esposa y madre, inician un viaje al encuentro del amante de Elizabeth que se convertirá en un viaje hacía el interior de una familia que debe ser reconstruida. En este viaje se les unirá el novio de Alex, un impresentable adolescente que también arrastra un drama familiar.

Con todo este material, que bien se prestaría a una comedia cruel o a un drama lacrimógeno, el director, Alexander Payne, autor de films tan humanos como “Entre copas” o “A propósito de Smith”, nos regala una película hermosa y sencilla que invita a reflexionar con una sonrisa cómplice sobre los errores que cometemos. Con una música pausada de ritmos hawaianos, el film va narrando una historia profundamente humana. Se trata de una película de personajes. Cada imagen, cada mirada, cada sonrisa, cada gesto adquieren un valor extraordinario.

A lo largo del metraje; Payne va reflexionando sobre el valor de las opciones que tomamos en la vida. Preferir el trabajo a pasar el tiempo con las hijas lleva a una situación familiar insostenible. Optar por ganar dinero sin escrúpulos conduce a una existencia vacía y sin sentido. Ser infiel a la familia y mantener relaciones adúlteras hace que los hijos sean víctimas y esas relaciones arrastren un dolor incalculable.

No hay duda, tras una existencia aparentemente cómoda, o se dedica tiempo a las personas a las que se ama o el fracaso y el infierno están a la vuelta de la esquina.

Y ante esto no hay más que una solución: pedir perdón; reconocer los propios errores y manifestarlo públicamente intentando reparar el mal hecho. Matt pedirá perdón a sus hijas, éstas abrazarán a su padre en un signo de reconciliación; la esposa del amante de Elizabeth acudirá a despedir a la que ha destrozado su propio matrimonio y dará la cara porque su esposo no se atreve a hacerlo.

No hay que temer a la vida ni huir de ella. Matt le hablará cara a cara al amante de su mujer y le hará sabedor de cómo la infidelidad destroza familias. Dará también la cara ante su familia negándose a vender el terreno que les haría más ricos a todos; su familia le menospreciará, pero él saldrá moralmente vencedor.

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Los últimos planos son magníficos, una auténtica lección de buen cine. Matt perdona a su esposa poco antes de la muerte y, con lágrimas en los ojos, le confesará su amor. También los harán las hijas. Luego, tras la muerte, y en una secuencia llena de luz y poesía, lanzarán sus cenizas al mar, al mismo mar que le arrebató la vida en el accidente. Y finalmente, aparecerán los tres supervivientes de la aventura familiar: el padre y sus dos hijas, viendo la televisión, tapados con la misma manta y compartiendo dos helados. El plano fijo, nos habla de la necesidad de pasar el tiempo con los seres queridos, compartiendo la vida que va pasando, saboreándola como un helado.

La vida, la muerte, la familia, el perdón, la autenticidad…son temas hermosos que “Los herederos” nos muestra de una forma extraordinaria con unos actores magníficos y con un Georges Clooney luminoso e inspiradísimo.

Somos poca cosa, sí, cenizas que son lanzadas al mar ante la mirada emocionada de los seres queridos. Pero somos humanos, capaces de lo más vil y de lo más noble. Capaces de pedirnos perdón y de decirnos “te quiero” mientras nuestras vidas se trascienden a sí mismas.

Josan Montull

Ignacio de Loyola

Militante en la brecha: IGNACIO DE LOYOLA

Dirección: Paolo Dy y Cathi Azanza

Música: Ryan Cayabyab

Fotografía: Lee Meily

Reparto: Andreas Muñoz, Javier Godino,

Julio Perillán, Gonzalo Trujillo,

Isabel García Lorca, Lucas Fuica,

Mario de la Rosa,

Producción: Jesuit Communications Foundation

Filipinas 2017

 

El género hagiográfico sobre los santos ha gozado de gran popularidad incluso en estos tiempos. Muchos de estos films han sido seguidos por miles de fieles cristianos que han saboreado la grandeza de la vida de creyentes que les han precedido. También personas sin fe en la Trascendencia han experimentado en estas películas el placer del acercamiento a vidas de una grandeza ética extraordinaria. Cineastas clásicos como Dreyer o Rosellini, cineastas actuales como Joffe o Cavani han abordado desde perspectivas muy distintas la vida de estos grandes personajes de la Historia.

Con frecuencia muchos de estos films han sido utilizados en ámbitos escolares o parroquiales con más fines catequísticos que artísticos.

Este “Ignacio de Loyola” se presenta como una película difícil y profunda, más para ser degustada por espectadores iniciados en lo religioso o filosófico que para niños o jóvenes catecúmenos.

La película comienza con la infancia de Íñigo, marcada por un padre exigente y por la muerte de su madre y de un hermano. El afán de nobleza y de aventuras lleva al joven Loyola a una vida militar licenciosa, lejos de Dios y con una importante ausencia de moral. El honor, las batallas, los placeres banales y la victoria sobre el enemigo son los únicos motores de su vida.

Cuando en la batalla de Pamplona el joven es herido gravemente en una pierna, su vida se sume en el sinsentido y el vacío. Postrado en una cama y sintiéndose tullido, los supuestos valores sobre los que había edificado su vida se le antojan vacíos e insensatos. La reflexión del pasado, el remordimiento y el arrepentimiento marcarán un itinerario moral que le llevará a la búsqueda de una vida auténtica y a un compromiso con el Evangelio que por coherencia le hará afrontar los calabozos de la misma Inquisición.

Los filipinos Paolo Dy y Cathy Azanza codirigen este ‘biopic’ protagonizado por actores españoles a cuya cabeza está Andreas Muñoz que interpreta convincentemente a un Ignacio atormentado y buscador.

Hay en el film dos partes bien diferenciadas; en la primera, el joven militar vive aventuras bélicas y seductoras con una rapidez vertiginosa. Cuando los cañones franceses abren una brecha en las murallas de Pamplona, el joven e idealista soldado se pone en medio de la brecha para intentar frenar al enemigo. Está parte del metraje está marcada por una evidente falta de presupuesto que deja escenas como la batalla de Pamplona con una gran pobreza visual. Quiere aquí ser una película de aventuras que no acaba de enganchar y ser creíble por una producción muy escasa.

La segunda parte narra el periplo existencial de la conversión de Ignacio. En esta parte el film gana mucho y resulta ser mucho más convincente. Los directores nos dan a conocer que acoger el misterio de Dios en la propia vida es una batalla mucho más difícil que las que se libran con la espada y las armas de fuego. Tener que combatir contra uno mismo y contra la misma Iglesia a la que se ama no es sencillo.

Las voces en off del propio Ignacio, las reflexiones filosóficas y teológicas en voz alta, el juicio al que es sometido y que termina haciendo que los propios jueces se sientan juzgados…todo este itinerario moral y religioso está relatado con interés e inteligencia. Las imágenes recurren a la metáfora y a una plástica con efectos especiales bien construidos.

Ignacio irá descubriendo que ser cristiano es formar parte de otra milicia. La redención por la fe no se obtiene por una obcecación personal…pasa por la Iglesia, por más que ésta viva mil contradicciones. “No somos enemigos, estamos en el mismo bando” le dice Ignacio a uno de los inquisidores.

Interesante y más que correcta esta propuesta cinematográfica en torno a la vida de San Ignacio. No es una película de estampita…no es una hagiografía al uso; es el retrato de la conversión tormentosa de un hombre que fue capaz de revolucionar la vida de la Iglesia desde un amor crítico y desde una propuesta espiritual valiente y comprometida.

La brecha que en esa época se abría en la Iglesia era mucho más grande que la que había en la destruida muralla de Pamplona. En esa brecha, como en la de la capital navarra, se planta Ignacio para hacer frente con su vida a un estilo cristiano intolerante y prepotente que amenazaba la identidad de la comunidad cristiana.

Aquí sí acierta el film presentándonos a un Ignacio, herido pero erguido, cansado pero en pie, militante en la brecha para defender la vida de la Iglesia con las armas de la inteligencia, de la espiritualidad y del amor.

JOSAN MONTULL

Para más información podéis visitar la web de la pelicula :  http://www.peliculaignacioloyola.es/

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