En busca del tiempo perdido: ISMAEL
Titulo original: Ismael.
Dirección: Marcelo Piñeyro.
País: España. Año: 2013.
Duración: 111 min. Género: Drama.
Interpretación: Mario Casas (Félix Ambrós),
Belén Rueda (Nora),
Juan Diego Botto (Eduardo),
Sergi López (Jordi),
Larsson do Amaral (Ismael), Ella Kweku (Alika).
Guion: Marcelo Piñeyro, Verónica Fernández
y Marcelo Figueras.
Producción: Francisco Ramos y Mercedes Gamero.
Música: Javier Limón.
Fotografía: Xavi Giménez.
Montaje: Irene Blecua.
Dirección artística: Balter Gallart
En los últimos años han sido varios los filmes españoles que han buceado en el difícil momento de la adolescencia y la búsqueda de la identidad personal de chavales que se abren a la vida con incertidumbres y temores dando tumbos mientras intentan descubrirse. Ahí tenemos “Los niños salvajes” (de Patricia Ferreira, 2012), “Hijo de Caín” (de Jesús Monllaó, 2013) o “15 años y un día” (de Gracia Querejeta”, 2013). En todas ellas el protagonista es un adolescente cargado de preguntas en medio de una situación familiar confusa.
El argentino Marcelo Piñeyro (“Kamchatka”, “El método”, “Plata quemada”…) nos regala una película de producción totalmente española con un planteamiento similar: la búsqueda de la propia identidad.
Ismael (Larsson do Amaral), un niño negro de 10 años, toma un tren en Atocha sin ningún acompañante y se baja en a Barcelona. Teniendo como referencia el remite de una carta dirigida a su madre, Alika (Ella Kweku), se planta en la puerta de una casa. Allí se encuentra con Nora (Belén Rueda) que, para sorpresa suya, resulta ser su abuela. Los dos se dirigen a un pequeño pueblo de la costa gerundense donde vive el presunto padre del chaval, Felix Ambrós (Mario Casas) que trabaja como educador de chavales en situación de riesgo social y vive solo, únicamente visitado por su buen amigo Jordi (Sergi López) que regenta un hotel. A la vez Alika y su actual compañero Luis (Juan Diego Botto) emprenden el viaje desde Madrid a Girona para recoger al crío fugado.
Si en las películas anteriormente citadas, el argumento giraba en torno a la búsqueda de la identidad de un adolescente, aquí esa inocente escapada de Ismael se va a convertir en el detonante para que todos los personajes tengan que reflexionar sobre sus vidas y buscar sus propias señas de identidad.
La presencia del niño entre los adultos hace que estos se vean obligados a bucear en su pasado y descubran cómo la dificultad para amar y el miedo al compromiso no sólo marcaron la propia vida sino que dejaron heridas en las personas a las que más amaban.
La aparición de Ismael, que ha nacido por la tenacidad valiente de su madre soltera, obliga a que los adultos tengan que enfrentarse con sus propios fantasmas y no puedan seguir huyendo de sí mismos.
La película afronta con seriedad y con un tierno sentido del humor temas tan serios como el de la familia, la soledad, el perdón, el aborto, la posibilidad de redimirse, la amistad…
No estamos ante una película edulcorada y con afán de buscar la lágrima fácil, “Ismael” es una película seria, bien trabaja, con un guión sólido y con un recital interpretativo extraordinario. Los actores adultos están absolutamente fantásticos. No desentona en absoluto la novel Ella Kweku; el pequeño Larsson do Amaral manifiesta una frescura envidiable ante la cámara y su mirada se convierte en una pieza clave del film.
La estupenda fotografía de Xavi Giménez y la música amable de Javier Limón, subrayan los sentimientos que manifiestan los actores y nos acercan al alma de los mismos haciéndonos pensar en cuánto de ellos hay en nosotros mismos.
“Ismael” es una película pedagógica, con una valentía ética encomiable. Nos enseña a ver lo difícil de la fidelidad en el amor y la amistad, nos da a conocer que el miedo y la falta de compromiso dejan heridas en el camino, en la propia vida y en la de inocentes que, como Ismael, están reclamando a gritos ser tenidos en cuenta y ser amados sin suponer una carga.
JOSAN MONTULL

Nos encontramos ante una película importante. Jackson consigue crear un clima mágico extraordinario a través de decorados, ambientes y paisajes que tan pronto retratan belleza como desolación o magia. Hay una perfección técnica magnífica. La fotografía, rodada a 48 imágenes por segundo (en lugar de las habituales 24), tiene una calidad y nitidez espectaculares. Su formato digital dota a toda la obra de una perfección técnica absolutamente deslumbrante.
Junto al peligroso viaje de los enanos, se van abriendo tramas menores que tienen su interés. Así conoceremos la historia de los elfos Legolas (Orlando Bloom) a quien ya vinos en “El señor de los anillos” y su tímido romance con Tauriel (Evangeline Lylli); también seguiremos la búsqueda del nigromante que hace Gandalf en medio de peligros.
A la historia no le faltan valores éticos: el sacrifico por el bien común, el grupo como lugar comunitario en donde uno se apoya y se conoce a sí mismo, la grandeza que nos aporta la entrega a los demás, la importancia del trabajo en equipo, la alegría de ser responsable, la generosidad y la búsqueda incansable de la libertad. Nuestros héroes, por más que pertenezcan a especies mágicas y fantásticas, retratan lo mejor de los humanos y su comportamiento moral es una constante en medio de tantas dificultades.
Título original: Amour.
Georges y Anne son dos profesores de música clásica jubilados. Ambos poseen una gran cultura y viven cómodamente su vejez entregados en común al disfrute de la música y a la entrega mutua. Su hija también se dedica a la música y vive fuera de Francia con su familia. Un día, Anne sufre un infarto. Tiene que ser operada y la operación sale mal. Al volver del hospital, un lado de su cuerpo está paralizado. El amor que ha unido a la pareja durante tantos años se verá puesto a prueba.
Si el cine de Haneke, como antes decía, tiene una gran capacidad turbadora, en “Amor” hay una comunión con el público absoluta. Y es que los personajes del film son de un realismo abrumador. A todos nos ha tocado o nos va a tocar abordar el tema del deterioro físico y mental que conlleva la vejez. Probablemente nos tocará acompañar la ancianidad de los seres queridos. Haneke, que siempre en sus películas obliga al espectador a mirar donde no quiere mirar, muestra esta vez una realidad totalmente próxima pero con frecuencia oculta. Cambiar los pañales, acostar a la esposa inválida, dar de comer con paciencia, acariciar a la persona en apariencia insensible, bañar a un enfermo… se convierten en escenas que hay que contemplar con calma porque retratan la grandeza moral que se puede vivir en medio del desvalimiento.
Por eso el film es tan incómodo como tierno, tan duro como emocionante, porque en las figuras del matrimonio, de la hija, delos vecinos, de las enfermeras y de los pocos personajes que aparecen todos nos sentimos reflejados e interrogados.
Director: Zhang Yimou.
Entre sus obras hay espléndidas películas de acción (“La casa de las dagas voladoras”, y “Hero”, por ejemplo) y otras que constituyen hermosas historias sencillas y humanas (“El camino a casa”, “Ni uno menos”…).
El ritmo, cadencioso y contemplativo, la música sencilla y evocadora, el montaje puntuado con unos suavísimos fundidos en negro, sumergen en una historia que invita a contemplar la grandeza del amor que siempre espera y se da.