Un lugar para soñar

Una nueva arca de Noé: UN LUGAR PARA SOÑAR

Dirección: Cameron Crowe.

País: USA. Año: 2011.

Duración: 124 min.

Interpretación: Matt Damon (Benjamin Mee),

Scarlett Johansson (Kelly Foster),

Elle Fanning (Lily Miska),

Thomas Haden Church (Duncan Mee),

Patrick Fugit (Robin Jones),

Angus Macfadyen (Peter),

John Michael Higgins (Walter Ferris),

Stephanie Szostak (Katherine).

Guion: Aline Brosh McKenna

y Cameron Crowe;

basado en las memorias de Benjamin Mee.

Producción: Julie Yorn,

Rick Yorn y Cameron Crowe.

Música: Jon Thor Birgisson.

Fotografía: Rodrigo Prieto.

 

 

En la primera parte de “Un lugar para soñar”, Kelly Foster (Scarlett Johansson), jefa de los guardas de un viejo zoológico agonizante, pregunta a Benjamín Mee (Matt Damon) cómo es posible que haya decidido comprar el zoológico y trasladarse a vivir allí. Benjamín, tras mirarla detenidamente, le contesta ¿Por qué no? Esa respuesta vuelve a aparecer al final del film dando sentido a todo el proyecto de vida de Benjamin. La película, basada en hechos reales, nos cuenta la historia de este hombre.

Familia real en la que se basan los hechos de la película

Benjamín Mee es un reputado periodista que ha hecho de su vida una auténtica aventura en busca de reportajes exóticos y difíciles que le han llevado incluso a poner en peligro su vida. Tras enviudar de la mujer a la que mucho amaba, tiene que cuidar a sus dos hijos: la dulce  Rose (Maggie Elisabeth Jones), que una y otra vez recuerda a su madre y el indolente Dylan (Colin Ford), un chaval en plena adolescencia que expresa su rechazo a la vida haciendo unos dibujos tenebrosos en los que se ve reflejada su tristeza. El día en que Dylan es expulsado de la Escuela por robar, Benjamin decide emprender la aventura de su vida: vende su casa y, con todos sus ahorros, compra un viejo zoológico que languidece en el olvido y en el que, junto a los animales, viven un grupo de personas que se niegan a que el zoo tenga que cerrar y albergan la esperanza de que se encuentre una solución para sacarlo a flote.

El grupo de “esperanzados” cuidadores del zoo recibe con un cierto escepticismo a Benjamin pero la actitud de éste, su tenacidad y su lucha, cohesionará al grupo y hará que todos den lo mejor de sí mismos para que el zoo pueda volver a abrirse.

Pero la aventura más difícil a la que se enfrenta Benjamin es la de recuperar el cariño y el respeto de su hijo. Ahí, a mi modo de ver, está lo más interesante del film. Benjamín repite varias veces que en la vida son necesarios 20 segundos de coraje, sólo 20 segundos, para decir las cosas que de verdad sentimos: expresar el cariño, la duda, el perdón…esos 20 segundos, que suponen la decisión de vencer el propio orgullo, tienen unos beneficios extraordinarios para toda la vida. Serán 20 segundos los que padre e hijo necesiten para reconciliarse y acercarse.

Fueron también 20 segundos los que utilizó Benjamin para declararse a la que iba a ser su mujer. “¿Podría la chica más guapa que he visto en mi vida hablar conmigo?”…”¿Por qué no?”, le contesta ella. Se lo cuenta a sus hijos en una escena cargada de profundidad. “Aquí empezasteis vosotros –les dice en el bar en el que se declaró a su la que iba a ser su esposa- aquí, aunque no habíais nacido, empezasteis a existir”.

Estamos ante una película sencilla y familiar, pero no superficial y ramplona. Su director, Cameron Crowe, nos regala una obra bienintencionada que pretende ser un canto a la superación personal, a la grandeza de la familia y a la capacidad de pedir perdón.

Temas como la elaboración del duelo, la trascendencia del amor, la grandeza de la amistad y posibilidad de multiplicar el trabajo cuando se hace en grupo aparecen tratados de una forma simpática pero no vacía.

Las interpretaciones magníficas de Matt Damon (alejado de los papeles violentos en los que se ha especializado) y de Scarlett Johansson son estupendamente acompañadas por todos los secundarios si bien hay que resaltar la actuación de la pequeña Maggie Elisabeth Jones, cuya mirada y frescura llenan la pantalla.

A la música de Jon Thor Birgisson, le acompañan un puñado de canciones, en las que no falta Cat Stevens, y que colaboran en dar un sabor dulce y humano a todo el film.

En resumen: una película sencilla y hermosa, con muchas posibilidades de lecturas esperanzadas y que hace salir al espectador con un buen sabor de boca. “Un lugar para soñar” se convierte en una nueva arca de Noé en la que el esfuerzo por salvar a unos animales, hace más humanas a las personas. Y es que, como dirá una de las actrices: “Prefiero las personas a los animales”.

 

JOSAN MONTULL

CON LOS BRAZOS EN CRUZ

CON LOS BRAZOS EN CRUZ

Los datos de los recientes informes PISA no nos dejan muy bien. Al parecer, la educación de nuestro país ha suspendido clamorosamente y nuestros jóvenes se sitúan a la cola en la UE. Finlandia parece ser el paraíso de la pedagogía y se lo invoca reiteradamente para cantarnos sus excelencias y producirnos sonrojo. No falta quien reivindica la escuela de antes, seria, disciplinada y en la que reinaba siempre el orden. Yo, qué quieren que les diga, no la añoro ni en broma. Hay experiencias para todo, pero la mía no fue muy feliz.

A la escuela de mi infancia les debo bastantes cosas. Una de ellas es la grima y el repelús que me produce una cierta manera de educar, precisamente la manera que viví en la Escuela.

Recuerdo mis años de infancia en la Escuela desde la tristeza, la represión y la falta de amor. No podré olvidar nunca a don Francisco, el profesor de Educación Física (Gimnasia, entonces) y de Política (Formación del Espíritu Nacional, entonces).Don Francisco era uno de aquellos tipos arribista y trepa, cuya militancia política en la dictadura de la época le había llevado a tener un trabajo en un instituto. No tiene ni el bachillerato, decían algunos; nunca lo supimos; don Francisco, que siempre nos trataba de usted, era tan impenetrable, serio y borde que creaba una distancia fría y seca con todo el alumnado.

No he olvidado sus clases. Salíamos los niños con pantalón corto de lona y camiseta de imperio y comenzábamos a correr para el calentamiento. Dos niños le iban a buscar a don Francisco un sillón de madera en el que se sentaba en el centro del patio. Vestido elegantemente con traje, corbata y gafas de sol muy tintadas, don Francisco parecía un príncipe caprichoso que, inmóvil e impertérrito, daba órdenes sin vacilar: más rápido, cambien, palmada en el aire… Filas!. Cuando decía ¡filas! corríamos todos frente a él y nos formábamos cuatro filas largas para hacer la tabla. Firmes, cubrirse, descanso… Justo en aquel momento, cuando los niños estábamos en aquellas filas, se oía seca y fuerte la voz: Piernas abiertas en salto y brazos en cruz, ¡uuuhmp! Aquel ¡uuuhmp!, aquella especie de gemido viril e ininteligible era la clave para hacer el ejercicio. Era un ¡uuhmmmp! marcial, militar y contundente. El ejercicio debía hacerse en aquel preciso momento, todos de vez, al unísono, dando el saltito de marras y levantando los brazos como crucificados. No faltaba quien se adelantaba dando un brinco a destiempo. Todos conteníamos entonces la respiración. Don Francisco le llamaba, el pobre niño avanzaba temeroso hacia él; el profesor, como una esfinge se incorporaba esta vez y le soltaba un guantazo que resonaba sin que nadie dijera una palabra. Si el niño lloraba, don Francisco se reía diciéndole que los hombres no lloran, que la lágrima no es varonil, que llorar es de nenas.

El invierno era mejor. Cuando la niebla y el hielo se hacían presentes en el campo de tierra, don Francisco no salía, se quedaba protegido del frío en un pasillo tras unos cristales que daban al patio mirándonos fijamente, sentado, eso sí, en el sillón de madera. De vez en cuando limpiaba el vaho con los guantes. Los niños corríamos más para no congelarnos y mentábamos en voz baja a los antecesores de aquel hombre, que debían pertenecer a alguna rama de mamíferos con una cornamenta espectacular.

Pero también en mi niñez, además de un cura extraordinario y de unas religiosas entrañables, tuve un maestro que me cautivó, don José. Era un hombre afable, paciente y bueno. Tenaz pedagogo, era también un excelente narrador de leyendas y de Historia Sagrada con las que nos tenía boquiabiertos. Nos llevaba de excursión y el día de su santo nos invitaba a su casa. Si alguno caía enfermo, don José iba a verlo acompañado de algún niño de la clase.

Nunca nos pegó. Nunca nos humilló; nos escuchaba y nos sonreía.

Han pasado muchos años y los tiempos, gracias a Dios han cambiado. Los profesores y profesoras hoy tienen otro sentido de la educación que en nada tiene que ver con los desmanes de don Francisco; la humillación ha sido desterrada de las aulas y las técnicas pedagógicas son hoy revolucionarias. La Educación Física tiene unos contenidos muy serios y la informática y los idiomas han entrado al abordaje de la educación y de la vida. Ya no hay actitudes semejantes a las de aquel canalla.

Hoy atisbo, eso sí, otro peligro; es tal el cambio de leyes, el inmisericorde papeleo, la burocracia desmedida que acosa a los enseñantes que puede que en la Escuela se corra el riesgo de no implicarse, puede que el cansancio agote a muchos profesionales, puede que la distancia de los chavales sea hoy una tentación en muchos educadores; tentación que ahora se manifieste en la inhibición o en centrarse exclusivamente en el programa y los papeles. La pedagogía de don José estaba fundada en el respeto, la exigencia, la cercanía y el afecto.

Hay, por otra parte, una relegación de las asignaturas humanísticas y filosóficas; intuyo un cierto utilitarismo en lo que se enseña. En el asunto de la trasmisión de valores existe un miedo que lleva a escurrir el bulto y a delegar en otras instancias la responsabilidad de la transmisión de la ética y la apertura a la trascendencia.

Creo que en esta sociedad nuestra los chavales reivindican hoy de sus educadores un amor claro y concreto, que sea referente y sincero. Ese amor no tiene que ser en absoluto paternalista ni facilón; con frecuencia les hemos dado muchas cosas a los jóvenes para hacerles callar y no hemos tenido tiempo para escucharles, marcarles límites y ayudarles a corregirse.

Ya sé que los informes PISA no son muy halagüeños, ya sé que no es nada fácil estar en la escuela y aguantar el tipo…pero, pese a todo, prefiero estos tiempos, abiertos, innovadores, cooperativos, imaginativos; y créanme, cuando oigo a algún educador que dice que con los jóvenes ya no se puede hacer nada, recuerdo a don Francisco gritándonos: ¡piernas abiertas en salto…! animándose a sí mismo a comenzar la ronda de las humillaciones.

Por eso cuando veo a muchos educadores volcándose en la educación de los jóvenes, creyendo en su futuro, en su bondad y su talento…me admiro por su esfuerzo y recuerdo el cariño y el respeto de Don José que, en tiempos difíciles, nos quiso y se desvivió por nosotros como alguien que hace 2000 años entrego su vida… con los brazos en cruz.

 

JOSAN MONTULL

 

Texto publicado el 3 de Noviembre de 2017 en el Diario del Altoaragón en la sección «TRIBUNA ALTOARAGONESA» Opinión.

NO ME SEAS PRINGAO

NO ME SEAS PRINGAO

Pues mira, que no he podido aguantarme. Que después de hablar contigo hace un rato, he decidido escribirte, aunque sea a través del blog, para que me puedas leer tú y tus amigos, que sé que alguna vez lo habéis hecho.

No me ha sorprendido nada, sabes, que a tus quince años y con una pivita que te gusta y a la que rondas, me digas que para ti lo más importante son los amigos, vale. Tampoco me sorprende que me digas que te fumas tus canutitos con los amiguetes el fin de semana y os lo pasáis así de puta madre. Ni me sorprende, créeme, que me digas que tú controlas y sabes lo que tienes que fumar y lo que te tienes que poner para estar a gustito, sin excederte, sin desvariar. Tampoco me sorprende, te lo juro, que me digas que tú nunca te pasarás como Fulanito, que está más pallí que paquí, o como Menganito, que se le ha ido la olla y al pavo se le ha quedado la cara de ido de por vida.

No me sorprende tío, que me digas que los canutos no hacen nada y que toda la peña los fuma. No me sorprende que me digas que hay gente de tu grupo que alguna vez pilla pastillas, pero que tú nunca lo has hecho…porque tú controlas.

A estas alturas de la vida, ya me he encontrado con muchos chavales como tú, que con quince tacos van fumando petardos, comiendo pirulas y poniéndose hasta el culo de calimocho. Ya he visto a muchos chavales más mayores, que también tuvieron quince años, y que ahora se meten de todo; que no les falta una piedra de costo en el bolsillo, y que le pegan a las setas, las pirulas, las anfetas, la coca y a toda esa basura que les está arruinando el futuro, destrozando a su familia y enriqueciendo a sinvergüenzas que ganan una pasta gansa a costa de destrozarles la vida.

A estas alturas ya no me extraña nada de lo que me digas.

Tampoco me extraña que, aunque no me lo digas, estés ahora poniéndote tierno con tus abuelos para que te den una propinilla y sisándole a tu madre unos cuantos euros para pillarle algo al chulito ése que no trabaja en todo el día, que no madruga nunca, y que se aprovecha del dinero fácil que chavales como tú le van consiguiendo para pasar un buen rato colocaditos. Todo eso ya lo sé.

Pero lo que más me cabrea, lo que me lleva a escribirte estas líneas es oírte decir tan tranquilo que tus padres  y tus profes son unos viejos que ya no entienden nada, que ya se les ha pasado el tiempo y que te dejen en paz.  Me dices eso…y te quedas tan tranquilo, como si la cosa no fuera contigo, mirándome a la cara en plan vacilón y valiente… Mira, eso sí que me cabrea.

Por eso, y porque te quiero un montón, so capullo, déjame decirte que nos escuches. Que a los mayores que apostamos por ti y esperamos lo mejor de ti, no nos des de lado. Que no pases de nosotros. Escúchanos, con atención, con respeto, con cariño. Yo, que conozco a tus padres y sé lo que te quieren y lo preocupados que están por ti, permíteme decirte que es injusto que pienses que no te entienden y quieren fastidiarte. Porque te quieren, hombre, tú eres lo mejor que les ha pasado, ¿o es que no te has dado cuenta?.

Y déjame decirte también que tus profes esperan mucho de ti y quieren lo mejor para ti. ¿No te has fijado, listillo? ¿No te das cuenta que el futuro de tu vida está en tus manos y empiezas a andar por la cuerda floja, rehuyendo el afecto de todos los que te queremos? ¿O es que ya no esperas nada de ti mismo?

¿Sabes lo que espera el que te pasa toda esa mierda? Tu dinero, sólo tu dinero. Cuanto más mejor. También conozco a los tipos así, ya sé de qué palo van. Pero eso es motivo de otra carta.

Anda, apuesta un poco por ti mismo, escucha a tus padres y a tus profes sin rebotarte y no dejes que otros te engañen como a un pringao.

JOSAN MONTULL

Los niños salvajes

15 años de soledad : LOS NIÑOS SALVAJES

Dirección: Patricia Ferreira.

Países: España y Francia. Año: 2012.

Duración: 97 min.

Género: Drama.

Interpretación: Marina Comas (Oki), Albert Baró (Gabi), Àlex Monner (Àlex),

Aina Clotet (Julia), Clara Segura (Laura),

Guion: Patricia Ferreira y Virginia Yagüe.

Música: Pablo Cervantes.

Fotografía: Sergi Gallardo.

Han sido muchos los directores que han hechos películas sobre el tema de la adolescencia. Aunque abordan la cuestión desde distintas ópticas, hay una coincidencia en ver la adolescencia como un momento tan difícil que lleva a desajustes emocionales importantes. Es decir, son muchas más las películas que presentan adolescentes conflictivos que las presentan esta época de la vida con un cierto sosiego y normalidad.

Viendo “Los niños salvajes” uno recuerda “Los cuatrocientos golpes” de Truffaut, “Siete vírgenes” de Alberto Rodríguez o “Barrio” de Fernando León de Aranoa, por poner unos ejemplos.

Sin embargo, y aun presentando la vida de unos adolescentes cuyas vidas son conflictivas, la mirada de Patricia
Ferreira logra atraparnos desde el principio y nos va invitando a reflexionar sobre qué le está pasando a una generación que parece vivir sin referencias éticas a la vez que va demandando permanentemente atención y afecto.

Álex, Gabi y Oki son tres adolescentes que asisten a un Instituto de un gran núcleo urbano catalán. Poco a poco vamos conociendo su historia, sus familias, sus amores, aficiones, profesores, amistades y problemas. Conforme la narración avanza van dejando descubrir que una tragedia se va a abatir sobre sus vidas. La tenacidad de una orientadora del Instituto intentará frenar lo que parece inevitable.

La película tiene un arranque excelente. Por separado, los tres adolescentes son interrogados sobre lo que parece ha sido una desgracia. Los primeros planos de los interrogados impiden saber quiénes son los que les interrogan y dónde se encuentran. A partir de los interrogatorios y en sucesivos flash backs, el film se va adentrando en las vidas de estos chavales, en apariencia normales, que están siendo condenados al fracaso y la destrucción.

Con un manejo excelente de la cámara en mano y una interpretación memorable de sus tres protagonistas, la película se presenta como una llamada de atención a las necesidades de estos (y todos) los adolescentes.. ¿Dónde encuentran el sentido de la vida tantos chavales? Son los hijos de la electrónica, de la comunicación digital, del botellón, de la noche y el ligue fácil. Sus vidas se mueven en tres frentes: la familia, la escuela y la calle y en ninguno de los tres encuentran valores consistentes que les hagan entenderse a sí mismos.

Sus familias no les prestan la atención que requieren: los padres de Alex están arruinados, manifiestan entre ellos una violencia contenida y no se ponen de acuerdo para tratar a su hijo; el padre de Gabi sueña con que su hijo se una campeón de King boxing y le menosprecia cuando éste no responde a las expectativas paternas, Gabi agredirá a su hermano pequeño proyectando toda la ira que vive en la familia; los padres de Oki son ricos y están preocupados por la apariencia y el confort, no sabrán marcar ningún límite a la hija y le regalarán un moto para paliar su enfado tras un castigo.

La escuela es incapaz de motivar a chicos con unas heridas tan profundas. Los educadores no son presentados como malos e intransigentes, sino como superados por una realidad que excede a lo que desde el marco escolar puede hacerse. No van a bastar las buenas intenciones de la orientadora para redimir a unos jóvenes tan castigados e ignorados.

Los amigos son compañeros de peleas, drogas y ligues. No hay entre ellos una relación de amistad profunda y sincera. Simplemente con ellos se pasa la vida en la calle y se aguanta el tedio de la monotonía.

Patricia Ferreira sostiene el ritmo hasta e final. El espectador va asistiendo a un drama de proporciones inimaginables llevado a cabo –y esto es lo que más asusta- por chavales normales.

En los grafitis  multicolores de Alex hay un grito desgarrador de quien quiere ser acompañado y querido. “Todos necesitamos una familia” es la última frase del film. La pronuncia Oki en su interrogatorio mientras se queda mirando a la cámara. Es cierto, todos necesitamos afecto, tiempo, ternura y límites. Todos necesitamos ser acompañados por personas que se conviertan en referentes morales. Cuando esto no se da, la soledad llena de sinsentido la vida.

El film de Patricia Ferreira no deja indiferente a nadie. De una factura técnica más que apreciable, “Los niños salvajes” se convierte en una película tan dura como interesante, tan incómoda como necesaria.

JOSAN MONTULL

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