Tierra prometida

Honestos entre usureros: TIERRA PROMETIDA

Película: Tierra prometida. Título original: Promised land.

Dirección: Gus Van Sant. País: USA. Año: 2013.

Duración: 107 min. Género: Drama.

Interpretación: Matt Damon (Steve Butler),

John Krasinski (Dustin Noble),

Frances McDormand (Sue Thomason),

Rosemarie DeWitt (Alice),

Scoot McNairy (Jeff Dennon),

Titus Welliver (Rob), Hal Holbrook (Frank Yates).

Guion: Matt Damon y John Krasinski;

basado en un argumento de Dave Eggers.

Producción: Matt Damon, John Krasinski y Chris Moore.

Música: Danny Elfman. Fotografía: Linus Sandgren.

Montaje: Billy Rich.

El director estadounidense Gus van Sant suele rodar películas tortuosas con frecuencia relacionados con la adolescencia: la droga, el sinsentido de la violencia, la marginación de la homosexualidad, la orfandad…Por eso ha sorprendido a los espectadores con su última película: una historia sobre el encuentro de un hombre con su propia conciencia cuando ésta le dice que está obrando mal.

Steve Butler es trabajador de la compañía multinacional Global, que se dedica a perforar la tierra para extraer gas natural. Con su compañera Sue llega a un sencillo pueblo agrícola golpeado por la crisis desde hace tiempo con la intención de comprar las tierras y las granjas de los lugareños a precios que parece desorbitados. De entrada los habitantes del pueblo le otorgan a Steve toda su confianza; alimentan la ilusión de que esas tierras sin futuro produzcan dinero fácil. Todo funciona a las mil maravillas para Steve y Sue hasta que un anciano profesor se atreve a llevarles públicamente la contraria advirtiendo a los convecinos de lo peligros contaminantes de esas perforaciones. Para colmo un ecologista se hace presente en el pueblo con pruebas irrefutables de la desgracia ecológica que acompaña a todo lo que toca la multinacional Global.

“Tierra prometida” es, de entrada, una película sencilla, casi con una estructura de telefilm. La realización de Van Sant es cuidada y precisa, casi caligráfica. Lejos quedan obras suyas con una estética cinematográfica provocadora y audaz. El montaje, la fotografía y la realización no tienen estridencias y hacen que la fuerza de la película esté totalmente en la historia que se nos cuenta.

Es cierto que “Tierra prometida” tiene una clara vocación didáctica: denunciar la falta de escrúpulos de las multinacionales para obtener beneficios a cualquier coste. En ese sentido nos encontramos con una trama ecologista que se empeña en demostrar pedagógicamente que la tierra tiene un valor simbólico y vital que está por encima de los intereses de la economía. Formamos parte de la tierra, la tierra en la que hemos crecido ha ido conformando nuestra vida y está íntimamente ligada a nuestras familias y a los que somos.

Pero la historia va más allá y aborda un tema que es, a mi modo de ver, más sugerente: la actuación de la conciencia en el ser humano, la toma de decisiones personales cuando lo que uno cree entra en desacuerdo con lo que uno vive. A lo largo del film vamos descubriendo cómo Steve se deja interrogar por la gente sencilla a la que ha venido a vender un producto. La autenticidad de esas gentes entra en contradicción con los intereses económicos de su empresa. El dinero fácil, los sobres bajo mano, el embaucamiento y el engaño, que va descubriendo Steve en la multinacional Global hacen que entre en un dilema moral en el que tendrá que optar entre el dinero y la mentira o la autenticidad y el paro.

Las gentes del pueblo le irán haciendo encontrarse consigo mismo hasta que descubra que incluso él ha sido utilizado y engañado por la misma multinacional a la que sirve.

 

Matt Damon, en otras ocasiones interpretando a violentos espías, es eficaz en su papel de hombre bueno y sincero, que duda y se busca a sí mismo. También Frances McDormand interpreta con gran frescura y simpatía a su compañera Sue, curtida en el arte del engaño y de la eficacia a toda costa.

Con un ritmo pausado y con situaciones previsibles, “Tierra prometida” es una película sencilla y moral, humilde y profundamente ética; una película, en definitiva, que muestra cómo la honestidad y la bondad de los seres humanos siguen siendo posibles en un mundo que se ha puesto de rodillas ante en dios dinero.

JOSAN MONTULL

Loving

Yo cuidaré de ti: LOVING

Dirección: Jeff Nichols

Reparto: Joel Edgerton, Ruth Negga,

Michael Shannon, Marton Csokas,

Nick Kroll, Jon Bass ,

Bill Camp y David Jensen

Nacionalidades: USA Año: 2016

Fecha de estreno: 20-01-2017

Duración: 123 min. Género: Drama

Guion: Jeff Nichols

Fotografía: Adam Stone

Música: David Wingo

 

Hace unos años el joven Jeff Nichols dirigió una película extraordinaria, “Mud”, en la que narraba la absorbente fascinación de unos niños ante un fugitivo de la ley que, a pesar de las apariencias, poseía una escodida generosidad. La película confirmaba el talento de un joven director capaz de tratar temas humanos con profundidad, clase y sencillez.

En su última obra “Loving”, Nichols deja una buena muestra de ello narrando una historia real con una eficacia excelente.

Mildred y Richard Loving son una pareja muy enamorada. Esperan un hijo y contraen matrimonio en Virginia en 1958.

Su matrimonio es interracial, Richard es blanco y Mildred, negra; por eso son arrestados, encarcelados y obligados a salir del estado durante 25 años para eludir la cárcel.

En ese exilio incomprensible se ven obligados a vivir en unas condiciones muy precarias ayudados por la solidaridad de personas buenas. Tienen dos hijos más y su matrimonio, a pesar de incomprensibles persecuciones por una ley injusta, cada día es más fuerte.

En medio de esta inexplicable y triste situación, unos jóvenes abogados blancos y varios amigos, blancos y negros, les ayudan a ganar la batalla legal que permita el amor entre dos personas que se quieren de verdad.

Rebosa el film de Nichols buenas intenciones, pero rebosa a su vez buen cine. En manos de otro director, la obra hubiera corrido el peligro de convertirse en una epopeya antirracista con blancos malísimos, negros muy buenos y un kukuxklán amenazante.

Nichols opta por la sobriedad, la sutileza y la contención para contar una historia repleta de valores humanos, apoyada en unos actores capaces de transmitir sentimientos sin ninguna estridencia.

Narrada con un ritmo sosegado, por más que la historia es desasosegante, hay en la película un elogio de la familia, del amor fiel capaz de entregarse generosamente y sin condiciones, cuidando el uno del otro; hay una defensa de la bondad humana, que se encuentra escondida en el corazón de los seres humanos, blancos o negros. Encontramos también una apología de la solidaridad y la no violencia (no en vano hay alguna imagen de Lutker King en el film) como instrumentos para conseguir cambios sociales profundos.

 

Hay una condena tranquila de la utilización de lo religioso para perpetuar el racismo…sorprende, pues, ver una colección de valores humanos explicados sin ningún rubor en tiempos en los que parece que esa defensa está trasnochada.

Y todo esto tratado con un estilo clásico, sereno, sin clichés, sin efectos especiales, nada estridente. Nichols nos invita a mirar la pantalla con la mirada comprensiva y esperanzada de la esposa (una Ruth Negga, excepcional).

Familia real, en la que se basa la película

Cuando el joven abogado le pregunta al esposo qué quiere que diga en su defensa al Tribunal Supremo, Richard (extraordinario Joel Edgerton) responde “Dígale al juez que amo a mi esposa”. No hay más, no hay una respuesta más grande, hermosa y sabia ante una sociedad empeñada en censurar el amor, un amor sencillo que se manifiesta en gestos cotidianos como abrazarse, besarse, darse la mano y estar juntos, expresando, así, el compromiso de cuidarse mutuamente.

El film recuerda al cine de John Ford, un cine tan vibrante como sereno que cantaba a la bondad del ser humano y a la familia como eje vertebrador de la vida.

Heredera de los grandes clásicos, en “Loving” nos encontramos ante una película delicada, sencilla, humilde, humana…y nos encontramos con un muy, pero que muy buen cine.

JOSAN MONTULL

Publicada en el diario del Altoaragón el domingo 4/6/2017

ELOGIO DE LA H

ELOGIO DE LA H

Dicen los intelectuales que en estos tiempos se escribe más que nunca. Al parecer, el lenguaje informático ha propiciado que la escritura se multiplique, se envíe, se coordine y se extienda por todo el mundo. Da la sensación de que la gente quiere escribir, decir cosas…gritar y ser escuchada. Así las frases, las palabras, las letras se multiplican por todo el universo informático haciendo del mundo, como decía McLuhan, una aldea global.

De pronto las letras, cada letra, se han convertido en paradigmas históricos con una fuerza incontenible para mover los hilos de la historia. Cada letra se enseñorea de serlo y se pasea por las pantallas y las páginas con todos los respetos, manteniendo una identidad propia, un pedigrí a prueba de bomba y una elegancia pata negra.

Me da la sensación -tal vez porque ya ande muy mal de la azotea- que cada letra es signo de cada persona y que cada sonido refleja a un tipo de ser humano de los que también aparecen en las pantallas o, sencillamente, en las aceras.

Pongamos por ejemplo la B. Es el prototipo de la peña que nunca se juega el físico, de todos aquellos que necesitan de una buena V para aparecer en situaciones comprometidas. Los hombres “B” son aquellos que necesitan extras, los que siempre precisan de alguien que les guarde las espaldas… Cuando aparece una situación comprometida envían la gente “V” , otros tipos que hacen los mismo y dan el pego.

También aparecen los hombres “C”. Son ambiguos, polivalentes, da la sensación de que van al sol que más calienta; su sonido es el mismo que el de los hombre “Q” , no se diferencias en nada, sólo en las formas. Incluso los hombres “K” son los pretendidamente radicales…¿o radiKales ? Parecen muy valientes los tíos…pero en el fondo tienen el mismo sonido que los “C”…que, en su ambigüedad, se cambian la camisa y pueden sonar igual de melifluos que los hombres “Z”.

¿Y qué decir del los “G”, tan pronto Je y tan pronto “Gue”, soberbios, falsos…siempre adaptándose a la situación que más les satisface para aparecer cambiando de sonido…al sol que más calienta.

Y ahí están la gente “R” que en ocasiones, cuando van los primero en la palabra suenan magníficos…con una errrre de aquí de espero…y cuando son uno más, en medio de una palabra necesitan de otro igual para sonar como erre y ya no como ere. Falsos…sólo saben ir delante…necesitan de los iguales cuando están entre iguales…sin ir en los primero puestos ni destacar por nada.

También aparece la Ñ, polémica y rebelde, famosa últimamente, porque la informática -diosa madre de nuestra cultura- la pone en tela de juicio. Ya ves tú, nadie hablaba de la Ñ…siempre vulgar y ahora enseña de reivindicaciones electrónicas.

La “X” es la que no tiene personalidad…no tiene tan siquiera sonido propio…se suplanta a sí misma adoptando ora sonido S…ora sonido KS. Cobarde, falsa, tramposa…impersonal…

Y en medio de esta movida gráfica surge la “H”. La aparentemente inútil, la irrelevante…la que no suena…aquella a la que ni siquiera se nombra.La “H”…que a pesar de parecer que no tiene nada que decir, ahí está, dando la cara, sin sonar…apoyando el sonido de otras letras, construyendo con aHinco el aHondar de cada día.

Es la H como tantos hombres y mujeres que construyen un mundo más lúcido y sonoro sin levantar la voz, pasando disimuladamente por la historia pero dando la cara cuando hace falta. Nadie habla de ellos…pero ahí están. Están en medio de nosotros…pero no quieren aparecer con ninguna solemnidad. Suenan mucho menos que otros…pero siempre están cuando se les necesita.

Gente H

La gente que ama la vida y quiere echar una mano a las causas justas se encontrará que hay por ahí muchas personas “B”, cobardes que necesitan extras; hay personas “C”, ambiguas y falsas; hay personas “G”, soberbias y mentirosas; hay personas “R”, inconsistentes de las que nunca se puede uno fiar ; hay personas “Ñ”, que suscitan polémicas de lo inútil ; hay personas “X”, sin identidad propia, que cambian con las compañías…

Pero también, gracias a Dios, hay gente “H”, discreta, sencilla, aparentemente ignorada, que no levantan la voz…gente que apoya a otros desde la discreción más fina…

Son gente “H”. Sus vidas están escritas con “H”…con la H de Hombre, de Hermano, de Hijo…con la H de Humano.

Que Mª Auxiliadora nos guíe y nos ayude a ser más H #humanos #hermanos … FELIZ DÍA DE Mª AUXILIADORA A TODOS

JOSAN MONTULL

El chico (Chaplin)

Misericordia muda : EL CHICO

“El chico” The Kid Estados Unidos (1921).

Director Chales Chaplin.

Intérpretes: Charles Chaplin, Jackie Coogan,

Edna Purviance, Carl Miller,

Tom Wilson, Henry Bergman,

Lita Grey.

Fotografía: Rollie Totherot.

Música en la versión restaurada. Charles Chaplin.

Hace unos años dos obras sorprendieron a la crítica y al público “The artist” (de Michel Hazanavicius) y la española Blancanieves (de Pablo Berger). La primera ganó, entre otros, el óscar a la mejor película; la segunda fue la gran triunfadora de los premios Goya que la consideraron también mejor película. Ambas tenía algo sorprendentemente en común: eran dos películas en blanco y negro y, además, eran mudas. Los dos films –bellísimos, por cierto- eran un homenaje al cine mudo y conquistaron al público unánimemente. Las dos obras daban así a conocer que el cine mudo puede seguir teniendo en la actualidad capacidad de sugestión.

Efectivamente, existen joyas del cine mudo que tienen una vigencia extraordinaria. Son películas que, bien presentadas y trabajadas, se convierte en un instrumento educativo de primer orden y en un deleite para los cinéfilos. Si toda la obra de Charles Chaplin es atemporal y tiene un permanente valor El chico, sobresale de una manera notable para ser revisionada antes del año de la Misericordia cuya apertura está próxima.

Una madre soltera, en un ataque de desesperación, abandona a su pequeño bebé en el interior de un coche. El coche es robado por dos delincuentes de poca monta que, al descubrir a la criatura, no dudan en abandonarla junto a unas cajas de basura. El vagabundo Charlot se encuentra casualmente con el niño y, movido por la compasión y sin ningún tipo de trámite legal, lo recoge, lo acoge en su casa y le educa lo mejor que puede. Ambos comparten la pobreza y el cariño y viven felices hasta que –cinco años después- las instituciones públicas quieren arrebatarle al niño por exigencias legales.

“El chico” fue el primer largometraje dirigido por Chaplin. Su primer título era “Una película con una sonrisa y quizás una lágrima”, expresión que suponía una justificación elocuente de lo que se iba a ver. A pesar de haber cambiado el título, Chaplin conservó esa frase.

Y efectivamente, el film armoniza magníficamente ambas emociones. Ya desde el principio aparece una silueta de Cristo camino de la cruz con lo que se presenta lo que se va a ver: un Vía Crucis lleno de resurrección. Con una frescura excelente, Chaplin combina los momentos cómicos con los momentos dramáticos y consigue implicar emocionalmente al espectador desde los primeros fotogramas.

El film no es únicamente una comedia, busca algo más, Chaplin quería hacer una llamada de atención ante la pobreza creciente en los Estados Unidos, la

represión policial y la falta de eficacia de las instituciones. Eran consecuencia de la recién terminada primera Gran Guerra; las víctimas más indefensas de los conflictos de los mayores, incluso en tiempos de paz, eran (como hoy) los niños.

Charlot acoge sin más, se siente movido por la pena y no deja a esa criatura de pocas semanas sometida al abandono y posiblemente a la muerte. Casi no tiene nada, su casa está destartalada, sus amistades callejeras son poco recomendables, la policía le persigue permanentemente y cada día es una lucha brutal por la supervivencia. Pero ante la necesidad interpeladora de un bebé abandonado, todo queda atrás, lo que importa es ayudarle, no dejarle que se muera, compartir lo que se tiene, aunque sea muy poco, asumir los líos (otros más) que va a comportar acogerle. Y, desde luego, lo que más importa es quererle y hacer que se sienta querido. Cuando aparecen las instituciones, a las que Chaplin trata con ironía y dureza, los funcionarios anteponen la Ley al amor y el conflicto está servido.

Los 51 minutos de la película discurren con una frescura extraordinaria, Chaplin, protagonista absoluto, guionista y director, compuso la música cuando la película se reestrenó tras la invención del sonoro. Es admirable ver cómo, al lado de película con grandes efectos especiales o dotadas de presupuestos astronómicos, films como “El chico”, que derrochan talento y creatividad, nos llaman a volver a ellos. Siguen siendo una llamada a saborear el arte pausadamente. Y, en el caso de esta película nos invitan a reflexionar sobre la solidaridad y la profesionalidad y la legalidad de la ayuda cuando prima la urgencia a la organización.

Ideal para chavales y jóvenes. Ver y meditar “El chico” sigue siendo una llamada a la misericordia. La película de 94 años y sigue siendo plenamente moderna y tristemente actual.

JOSAN MONTULL