EL RUGIDO DEL LEÓN

Vivimos en nuestro país un momento histórico delicado…todo se politiza, todo lo que ocurre se convierte en un instrumento para ir en contra del rival político. No hay manera de que nuestros representantes se pongan de acuerdo. Cambian de opinión, prometen, legislan, insultan… pero son incapaces de unirse en nada. Prima la discordia, la separación, el lenguaje agresivo y desconcertante…cambian las promesas, las realidades cumplidas, y todo sirve para el enfrentamiento.

Los sucesos conflictivos se convierten en arma arrojadiza contra el otro. Lejos de buscar soluciones unidos, se trata de echar la culpa al rival sin asumir ninguna responsabilidad.

Dos sucesos han impactado recientemente a nuestra sociedad. Las imágenes de inmigrantes en Ceuta y las de los desahucios en directo han golpeado las conciencias y han querido ser utilizadas por los distintos grupos para sacar un rédito político.

Frente a este lenguaje de división, resultan sorprendentes y aleccionadoras las palabras del papa León sobre estos temas tan actuales.

Sobre el desahucio de una anciana que ha provocado una tremenda marea social, León decía:

«¿Cuál es el problema en el sistema que permite que una anciana sea echada de su casa? Tenemos que exigir a los políticos una solución al problema de la vivienda…en la Iglesia tenemos que buscar soluciones más justas para que no sucedan estos casos. Tendríamos que plantearnos cuál es el sistema que permite que una anciana con gran dificultad sea echada de su casa».

Con respecto a las imágenes de tantos jóvenes desorientados y aturdidos en las playas, túneles o calles de Ceuta, con el consiguiente y comprensible problema social que provocan, resuenan sus palabras pronunciadas en Junio en las Canarias:

Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar. Después de viajes difíciles y, en ocasiones, de varios intentos, buscan a alguien que les diga, con los gestos antes que con las palabras: tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado…

Cierto es que ambas situaciones tienen no tienen soluciones fáciles por más que, desde diversos populismos todo se vea sencillo; cada año son miles los inmigrantes ilegales que llegan a Europa huyendo del hambre y el miedo sin que esa realidad se pueda frenar; cada día hay unos 100 desahucios en España sin que apenas tengan repercusión. A diferencia de muchos discursos incendiarios llenos de odio en una u otra dirección, estas palabras del Papa no pretenden dividir, ni confrontar, sino llamar la atención desde la caridad evangélica. Tal vez sería bueno releerlas y hacerlas nuestras.

No cabe duda, la humilde palabra del papa es el rugido de un León que alienta la paz.

JOSAN MONTULL

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