«Se lo llevaron: Recuerdos de una niña de Camboya»

Mirada de esperanza:

SE LO LLEVARON, RECUERDOS DE UNA NIÑA DE CAMBOYA.

Año: 2017

Duración: 136 min.

País: Camboya

Director:Angelina Jolie

Guion: Loung Ung, Angelina Jolie

(Libro: Loung Ung)

Música: Marco Beltrami

Fotografía: Anthony Dod Mantle

Reparto: Sareum Srey Moch,

Phoeung Kompheak,

Sveng Socheata, Tharoth Sam

Productora: Coproducción

Camboya-Estados Unidos

Netflix / Bophana Production

A través de la plataforma Netflix llega hasta nosotros la última película de Angelina Jolie como directora, “Se lo llevaron, recuerdos de una niña de Camboya”.

En sus anteriores trabajos Jolie ha manifestado una especial sensibilidad para abordar temas de carácter social y político: “En tierra de sangre y miel” (sobre la guerra de los Balcanes), Invencible (biopic de un héroe olímpico en la segunda guerra mundial).

Con “Se lo llevaron”, regresa al cine comprometido y adapta una novela autobiográfica de Loung Ung, una niña camboyana hija de una acomodada familia de diplomáticos, que consiguió sobrevivir a la terrible violencia de los jemeres rojos cuando en 1975 tomaron Camboya.

La película comienza en el momento de la entrada de los victoriosos jemeres rojos en Camboya. Los ojos de Loung se fijan maravillados y luego desconcertados en la comitiva que va llegando a la ciudad. La ciudad debe desalojatse urgentemente bajo la amenaza de un próximo bombardeo de los norteamericanos. A pesar de la promesa de los jemeres de que podrán regresa en tres días, la salida es tan precipitada como inhumana, incluso monjes y enfermos de hospitales tienen que irse acosados por niños soldados que una actitud prepotente y agresiva. La niña mira un lado y a otro: sus ojos van y vienen; busca la mirada comprensiva des preocupados padres y contempla como los monjes son obligados a trabajar humillantemente en su huida. Los ojos de esa niña se convierten a partir de este momento en los auténticos protagonistas de la película.

A través de esa mirada, la guerra y la enseñanza del odio, la derogación de la familia y el castigo a la religión irán desfilando en la vida de una niña que, durante cuatro años no entenderá nada.

El infierno de los jemeres les lleva a trabajar 14 horas diarias, a reprimir cualquier signo que la lleve a desvelar el origen político de su familia, a la separación y al aprendizaje del odio más irracional.

Con un estilo distinto al que Roland Joffe imprimió en su excelente “Los gritos del silencio” (1984), Jolie da al film un tono sosegado, casi contemplativo en algún momento, evitando la descripción de la atrocidad que se sugiere más que se muestra.

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La fotografía es excelente; el guión no pierde el fuelle a lo largo del extenso metraje, casi sobran las palabras y con frecuencia da la sensación que vemos un documental; y en medio de todo lo que más impresiona es la actuación de la pequeña Sareum Srey Moch; la niña –un auténtico descubrimiento- ofrece un rostro que se queda por mucho tiempo en la memoria, unos ojos que expresan sin palabras un cúmulo de sentimientos contradictorios, una mirada que mira incluso al espectador, una mirada que se convierte en el eje central del film en torno a la cual girará toda la historia.

Cómo es posible, se pregunta una y otra vez el espectador, que en pleno siglo XX se pudiera vivir esta historia absolutamente irracional y aterradora que acabó con la vida de la cuarta parte de la población camboyana en un genocidio sistemático. La película deja que el espectador juzgue por sí mismo, que se sienta prisionero como la niña protagonista, que, como ella, no encuentre respuestas a las preguntas.

El film, no obstante, es una llamada a la superación personal, al amor en medio de tanto odio y a la búsqueda infatigable de la paz.

Un vez que abandonó Camboya y pasados los años, Loung Ung, la auténtica protagonista de la historia fue portavoz de la Campaña de Minas Antipersona. Actualmente, es portavoz de la Coalición contra la Violencia Doméstica del Estado de Maine, en Estados Unidos.

Estamos, sin duda, ante la mejor película de Angelina Jolie. Narrada con un pulso excelente y protagonizada por un prodigo de niña, “Se lo llevaron” es un fenomenal trabajo cinematográfico que invita a mirar atrocidades del pasado y nos invita a reivindicar la paz con la inocencia de las víctimas más inocentes: los niños.

JOSAN MONTULL

Land of mine

Odio enterrado: LAND OF MINE

Dirección: Martin Zandvliet

Reparto: Mikkel Boe Folsgaard,

Joel Basman , Laura Bro ,

Louis Hofmann y Roland Møller

Nacionalidad: Dinamarca

Año: 2015 Duración: 100 min.

Guión: Martin Zandvliet

Fotografía: Camilla Hjelm

Música: Sune Martin

Si la Guerra siempre ha sido una fuente de inspiración inagotable para el cine, su tratamiento en la pantalla ha sido tomado desde muchas perspectivas. “Land of mine” es una obra interesantísima que explora la humanidad o inhumanidad de unos personajes marcados por el odio con la guerra a pesar de que ésta ya haya terminado.

El argumento está tomado de un hecho histórico. En Mayo de 1945 un grupo de soldados alemanes es conducido hasta una playa en la que hay miles de minas que han diseminado los nazis. En una situación de humillación total estos muchachos (algunos casi unos niños) son obligados a arañar la tierra de la playa para descubrir y desactivar las minas que encuentran; claro que en alguna ocasión la propia impericia de los chavales hace que sean víctimas de estas bombas y alcancen la muerte o la mutilación. Al mando de esta operación cargada de sadismo está el sargento Rasmusen, un hombre que siente un profundo odio a todos los alemanes tras haber sufrido cinco años de ocupación nazi en su país. La relación de este cruel soldado con los adolescentes que se juegan la vida desactivando las bombas que sus compatriotas han dejado constituye el eje de la película.

En su tercera película el director danés Martin Zandvliet hace una disección moral de sus personajes desde la primera escena: una columna de soldados alemanes son conducidos escoltados y rotos a un destino incierto. El sargento Rasmusen, que ve cómo uno de esos solados lleva una bandera danesa, se abalanza sobre él y le da una paliza sin piedad.

En la segunda escena aparecen los diez adolescentes encargados de desactivar las minas. La vida de esos chicos no le importa a nadie; no les ven como a personas, son puros instrumentos para desactivar bombas; si uno muere, se busca a otro; si uno queda mutilado, se le deja morir.

Pero en los ojos de esos adolescentes se refleja el miedo, la incertidumbre, la soledad y la impotencia de los vencidos. Son huérfanos de todo, no tienen a nadie, sólo tiene enemigos. Y ahí está el drama moral que nos muestra la película; la guerra lo ha cambiado todo. Nada que ver la ferocidad de Rasmusen con la civilizada y libre Dinamarca que soportó el horror de la ocupación alemana, nada que ver los adolescentes germanos con la crueldad de sus compatriotas nacionalsocialistas. Todo ha cambiado cambiado por la guerra, no hay buenos y malos, todos son víctimas del odio. Todo está preparado para que el rencor y la sed de venganza se ceben en unos críos del bando perdedor.

La relación de este sargento sediento de venganza con esos inofensivos críos va evolucionando. Las bofetadas y los castigos que infringe Rasmusen a los asustados chavales van dando lugar al diálogo y los detalles de carácter humano. Entre los adolescentes alemanes y el soldado danés habrá, a pesar de todo, una búsqueda de los resquicios de humanidad que queden en ellos y que la guerra no haya podido destruir del todo.

Desde el brillante arranque la película atrapa al espectador y le obliga a asistir a una dura reflexión sobre la inhumanidad y la inutilidad de los conflictos bélicos. El enemigo es un ser humano, nos dice el director, y si no hay intentos de reconciliación la guerra siempre se pierde, aunque se sea del bando vencedor.

Con un guión muy bien trabado y unas interpretaciones convincentes, “Land of mine” es una excelente película antibelicista, que defiende brillantemente la permanente búsqueda de la paz. Zandvliet nos ofrece un film apasionante, entretenido, tenso y profundo…un film que invita a mirar a los ojos a los seres humanos para buscar las brechas en la que asoma la bondad.

Josan Montull

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La guerra del planeta de los simios

Simios profundamente humanos: LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

Dirección: Matt Reeves. País: USA. 2017.

Interpretación: Andy Serkis (César).

Guion: Matt Reeves y Mark Bomback.

Música: Michael Giacchino

Fotografía: Michael Seresin

Reparto: Andy Serkis, Woody Harrelson,

Steve Zahn, Judy Greer.

Productora: 20th Century Fox & Chernin Entertainment.

 

En 1968 Franklin Scaffner dirigía “El paneta de los simios”, narración fantástica que contaba la aventura peligrosa de una nave espacial que aterrizaba en un planeta habitado por simios que al final resultaba ser la propia tierra.

La película tuvo un éxito extraordinario que propició la aparición de una saga de otras cuatro películasvo con escaso acierto.

En 2001 Tim Burton se atrevió de nuevo con un remake de la historia que no tuvo acogida entre el público. Pero en 2011 Patrick Doyle rodó “El origen del planeta de los simios” que tuvo un éxito extraordinario. Tres años después Matt Reeves dirigía “El amanecer del planeta de los simios” y ahora el mismo director cierra la trilogía con “La guerra…” que enlaza directamente con la trama de la primera película del 68.

Estos tres últimos films son de una calidad encomiable, si bien este último es sin duda el mejor.

César y su tribu de primates están en un conflicto bélico con los humanos provocado por la cerrazón de estos y dirigidos por un coronel de extrema crueldad.

Cuando la familia de Cesar es asesinada, el líder simio abandona a su tribu y sus ideales y, cegado por el odio, va a encontrarse con el coronel para ejecutar su venganza.

A partir de ese arranque la película tiene una narración excelente, el espectador se siente fascinado de entrada ante una historia clásica contada con garra y fuerza con unos efectos especiales extraordinarios. La técnica de la «motion capture»  logra fotografiar de una forma magistral los sentimientos más íntimos de los simios y sus acciones más espectaculares. Todo destila un realismo impresionante.

El film se nos muestra como un clásico en el que hay una inteligente mezcla de géneros; encontramos momentos de western, de cine bélico (hay incluso alusiones directas a “Apocalypse Now”, o al cine bíblico (con un César que después de guiar al pueblo, no entra como Moisés, en la “tierra de promisión”), o al cine de aventuras… Todo en el film de Reeves rebosa clasicismo en el fondo y en la forma.

La belleza de los grandes paisajes y el dolor del pueblo simio oprimido son fotografiados de un modo extraordinario por Michael Seresin. Por otra parte, la música de Michael Giacchino subraya el drama, la aventura y la esperanza de la narración.

Todos los actores están estupendos: el veterano Andy Serkis encarna al líder simio César como ya lo hizo en las dos entregas anteriores, Steve Zahn, asume un personaje disparatado y gracioso y Woody Harrelson da vida a un coronel que recuerda permanente al interpretado hace muchos años por Marlos Brando.

Pero además de ser un estupendo filme de entretenimiento, la historia es una invitación a la reflexión sobre la condición del ser humano y su sed de poder insaciable que provoca una cadena de destrucción.

Mientras que los humanos son vistos en el film como paradigmas del mal, de la crueldad y del odio, los simios encarnan todo aquello que es plenamente humano: la amistad, el valor de la familia, la donación de la vida, la responsabilidad del liderazgo.

Entre los simios, es la unidad y el amor al pueblo lo que lleva al compromiso de la propia vida. Cada cual en el grupo aporta lo que tiene y lo que es; incluso un divertidísimo mono calvo y cobarde que se une al grupo; cuando se siente bien tratado y entre amigos, es capaz de ser generoso e imaginativo.

Por otra parte, los pocos simios que viven entre los humanos, son esclavizados y tratados indignamente para hacer daño; el simio colaboracionista de los hombre es llamado “burro”, menospreciando su dignidad de simio. La niña humana que es acogida por el grupo de simios es tratada desde el amor y la ternura. Cuando la niña pregunta si ella es simia (incapaz de reconocerse humana por lo que ha visto en ellos) su grupo de amigos primates le dirán que ella no es simia…es “Nova”, ése será su significativo nombre.

Hay otra importante reflexión que ya aparecía en la anterior película: la violencia genera violencia; las víctimas de la violencia pueden asumir el odio como forma de vida y así condenarse a la infelicidad. Tanto el malvado coronel como el líder simio César, han perdido a su familia. El coronel ha enloquecido por el odio (también a sí mismo) y lo canaliza en la violencia y la crueldad; César luchará contra el fantasma del odio que le atenaza y le dificukta ara ser fiel al pueblo; si se odia no se puede ser líder…sólo el perdón y la misericordia son capaces de liberar y dar sentido a la vida y a los pueblos.

Épica, crepuscular, hermosa, divertida, intensa…”La guerra del planeta de los simios” es una excelente propuesta de cine. Tan apasionante como intensa, tan entretenida como reflexiva. Una auténtica gozada de buen cine.

JOSAN MONTULL

Los descendientes

Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden: LOS DESCENDIENTES

Dirección: Alexander Payne.

País: USA. Año: 2011. Duración: 110 min.

Género: Drama, comedia.

Interpretación: George Clooney (Matt King),

Judy Greer (Julie Speer), Matthew Lillard (Brian Speer),

Beau Bridges (primo Hugh), Shailene Woodley (Alexandra),

Robert Forster (Scott Thorson), Nick Krause (Sid),

Patricia Hastie (Elizabeth King),

Amara Miller (Scottie King),

Mary Birdsong (Kai Mitchell), Rob Huebel (Mark Mitchell).

Guion: Alexander Payne

Después de ver “Los descendientes” uno sale con la impresión de haber visto una película que aborda muchos temas serios de una forma tan contenida que invita a sonreír y a empatizar con las difíciles situaciones que tiene que afrontar sus personajes.

En la paradisíaca isla de Haway el millonario Matt King (George Clooney) tiene que afrontar de un día para otro un sinfín de problemas. Su esposa Elizabeth está en coma tras haber sufrido un accidente y urge desconectarla para que pueda morir en paz. Sus dos hijas (de 10 y 17 años) viven un momento muy difícil, agravado por la fatalidad del próximo final de su madre; la hija pequeña, Scottie, es complicada y deslenguada, y la mayor, Alex, ha comenzado a jugar con el alcohol, las drogas y el sexo. Por otra parte, Matt tiene que vender unas grandes propiedades de zonas vírgenes que su familia ha heredado, esta venta supondría un importante ingreso económico pero degradaría medioambientalmente el paraíso en que está situada.

 

Así las cosas, Alex le desvelará a su padre que la agonizante Elizabeth le era infiel y tenía relaciones con un poderoso magnate que está tras la operación de venta de tierras que tiene que hacer.

En esa isla, paraíso de paz, Matt y sus hijas vivirán una tormenta terrible. Todos se dan cuenta de que han sido engañados. Con la inminencia muerte de la esposa y madre, inician un viaje al encuentro del amante de Elizabeth que se convertirá en un viaje hacía el interior de una familia que debe ser reconstruida. En este viaje se les unirá el novio de Alex, un impresentable adolescente que también arrastra un drama familiar.

Con todo este material, que bien se prestaría a una comedia cruel o a un drama lacrimógeno, el director, Alexander Payne, autor de films tan humanos como “Entre copas” o “A propósito de Smith”, nos regala una película hermosa y sencilla que invita a reflexionar con una sonrisa cómplice sobre los errores que cometemos. Con una música pausada de ritmos hawaianos, el film va narrando una historia profundamente humana. Se trata de una película de personajes. Cada imagen, cada mirada, cada sonrisa, cada gesto adquieren un valor extraordinario.

A lo largo del metraje; Payne va reflexionando sobre el valor de las opciones que tomamos en la vida. Preferir el trabajo a pasar el tiempo con las hijas lleva a una situación familiar insostenible. Optar por ganar dinero sin escrúpulos conduce a una existencia vacía y sin sentido. Ser infiel a la familia y mantener relaciones adúlteras hace que los hijos sean víctimas y esas relaciones arrastren un dolor incalculable.

No hay duda, tras una existencia aparentemente cómoda, o se dedica tiempo a las personas a las que se ama o el fracaso y el infierno están a la vuelta de la esquina.

Y ante esto no hay más que una solución: pedir perdón; reconocer los propios errores y manifestarlo públicamente intentando reparar el mal hecho. Matt pedirá perdón a sus hijas, éstas abrazarán a su padre en un signo de reconciliación; la esposa del amante de Elizabeth acudirá a despedir a la que ha destrozado su propio matrimonio y dará la cara porque su esposo no se atreve a hacerlo.

No hay que temer a la vida ni huir de ella. Matt le hablará cara a cara al amante de su mujer y le hará sabedor de cómo la infidelidad destroza familias. Dará también la cara ante su familia negándose a vender el terreno que les haría más ricos a todos; su familia le menospreciará, pero él saldrá moralmente vencedor.

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Los últimos planos son magníficos, una auténtica lección de buen cine. Matt perdona a su esposa poco antes de la muerte y, con lágrimas en los ojos, le confesará su amor. También los harán las hijas. Luego, tras la muerte, y en una secuencia llena de luz y poesía, lanzarán sus cenizas al mar, al mismo mar que le arrebató la vida en el accidente. Y finalmente, aparecerán los tres supervivientes de la aventura familiar: el padre y sus dos hijas, viendo la televisión, tapados con la misma manta y compartiendo dos helados. El plano fijo, nos habla de la necesidad de pasar el tiempo con los seres queridos, compartiendo la vida que va pasando, saboreándola como un helado.

La vida, la muerte, la familia, el perdón, la autenticidad…son temas hermosos que “Los herederos” nos muestra de una forma extraordinaria con unos actores magníficos y con un Georges Clooney luminoso e inspiradísimo.

Somos poca cosa, sí, cenizas que son lanzadas al mar ante la mirada emocionada de los seres queridos. Pero somos humanos, capaces de lo más vil y de lo más noble. Capaces de pedirnos perdón y de decirnos “te quiero” mientras nuestras vidas se trascienden a sí mismas.

Josan Montull