El viaje de Arlo

Dejando huella: EL VIAJE DE ARLO

Título original: The good dinosaur.

Dirección: Peter Sohn.

País: USA. Año: 2015.

Duración: 93 min.

Género: Animación, aventuras, comedia.

Guion: Meg LeFauve.

Música: Jeff Danna y Mychael Danna.

 

 

Tras el éxito de la excesivamente valorada “Del revés” llega a nuestras pantallas un nuevo filme de la factoría Dyney Pixar en la que los protagonistas vuelven a ser casi al cien por cien animales con personalidad humana.

La narración nos traslada a una peculiar prehistoria. En ella, los dinosaurios están muchos más avanzados que los humanos en la cadena evolutiva. Son granjeros y campesinos, tienen sentimientos muy hondos, cuidan aves y animales de granja y acumulan sus reservas de alimento en un silo de piedra donde los miembros de la familia dejan su huella impresa cuando han hecho alguna acción importante. El padre, la madre y dos hermanos dinosaurios ya han dejado su impronta en el silo, pero queda un miembro de la familia, Arlo, que todavía no ha podido hacerlo.

Arlo es timorato, introvertido, inocente; todo le sobrepasa, ante cualquier dificultad se acobarda y tiene una absoluta dependencia de sus padres, por más que el papá dinosaurio se esfuerza en hacer que su hijo madure, el pequeño Arlo no logra vencer sus dificultades para afrontar con valor la vida. Está condenado a no dejar huella.

Perdido en medio de la naturaleza y alejado de su familia, el pequeño dinosaurio tendrá que sobrevivir en un camino iniciático de superación personal y crecimiento acompañado de su nuevo amigo Spot, un niño humano que también ha perdido a su familia y que es salvaje y atrevido.

La relación entre Arlo y Spot pasa del recelo y desconfianza a la amistad y colaboración más profundas.

El film, construido a modo de western, nos va presentando todas las peripecias y aventuras de la singular pareja. Las dificultades les van a unir y juntos descubrirán que pueden superar el miedo y afrontar los problemas.

A lo largo del metraje este viaje de Arlo se convierte en una ruta moral.

Son muchas las cosas que el pequeño dinosaurio va descubriendo. Aprende que el miedo provoca la desconfianza y el desprecio; que afrontar los temores no es de cobardes sino algo necesario porque en la vida todos tememos algo. Arlo descubre que los gestos de amabilidad transforman la historia de las personas, comprueba que cada ser es distinto y que el mestizaje de razas y culturas es siempre enriquecedor. En su viaje va experimentando cómo en su interior hay muchos recursos que, bien llevados, le van a hacer madurar.

Pero si hay algo que en este viaje iniciático Arlo y Spot descubren es el valor de la amistad y el de la familia. Hay en el ser humano (representado paradójicamente por un dinosaurio) una necesidad de sentirse querido y vivir en familia. No basta con la amistad, no basta con tener paisajes comunes que den sentido a la propia historia, necesitamos la referencia de unos adultos que nos quieran, nos proteja y nos eduquen y para los que seamos muy importantes.

No faltarán los que tachen estos contenidos de conservadores y anticuados (todavía hay críticos que sienten un repelús cuando el cine reivindica estos valores) pero lo cierto es que ése el sustrato que recorre toda esta aventura.

THE GOOD DINOSAUR – Pictured (L-R): Arlo, Forrest Woodbush (aka: The Pet Collector). ©2015 Disney•Pixar. All Rights Reserved.

El relato se sigue estupendamente y el guión es ágil y mantiene permanentemente la atención del espectador. Los momentos cómicos salpican la historia sin rebajar la emoción. La realización técnica es absolutamente extraordinaria. Hay una belleza grandiosa que llena la pantalla con un paisaje luminoso y abierto que bien recuerda a los westerns clásicos de Ford o Haws; las nubes, la lluvia, la tormenta, el desierto, el río, las montañas están fotografiadas con una técnica excelente y se convierten en otros protagonistas del film. La música celta es una preciosidad y la textura de los personajes es sencillamente fascinante y trasmite toda una gama de sentimientos que tocan el corazón.

Al final, Arlo crecerá por fuera y por dentro, podrá vivir la grandeza moral de saberse dinosaurio y así dejar su huella en el silo.

Familiar, pedagógica, ética, divertida y tierna, “El viaje de Arlo” es una propuesta cinematográfica formidable. Al final de la película salimos de la sala con ganas de ser mejores personas y con la conciencia de que, a pesar de nuestras limitaciones, podemos dejar huella.

JOSAN MONTULL

Del revés (Inside out)

Psicología evolutiva : DEL REVÉS (inside out)

Película: Del revés.

Título original: Inside out.

Dirección: Pete Docter.

País: USA. Año: 2015.

Duración: 94 min.

Género: Animación, comedia.

Producción: Jonas Rivera.

Música: Michael Giacchino.

Distribuidora: The Walt Disney Company Spain.

Hace unos años la poderosa factoría Disney realizó una serie de cortometrajes con una finalidad claramente pedagógica para adentrar a sus seguidores en una gran enciclopedia visual. Así, unos films explicaban el funcionamiento del cuerpo humano, el trabajo sistema nervioso o la importancia de las matemáticas, por ejemplo. Este didactismo llegó incluso a convertirse en largometraje cuando en “Fantasía” Disney daba una preciosa lección de música para que los más pequeños descubrieran a los grandes clásicos.

Da la sensación de que la última película de Disney-Pixar funciona en este sentido. Lejos de aventuras simpáticas y humanas como “Up”, “Monsters” o “Brave”, por ejemplo, “Del revés” emparenta con aquellos filmes anteriormente citados con los que comparte una marcada vocación didáctica.

La película cuenta la historia de las inquietudes, angustias y alegrías de la pequeña Riley. Desde el día de su nacimiento las cinco grandes emociones de la niña se ponen en funcionamiento en su cerebro. Así, la alegría, la tristeza, el miedo, el asco y la ira entran en juego para ir adaptando las necesidades y relaciones de la niña conforme ésta va creciendo. Pero un día Riley es obligada a dejar atrás su vida en el Medio Oeste americano porque su padre encuentra un nuevo trabajo en San Francisco. Este hecho, difícil a cualquier edad, se convierte en un agitador de todas las emociones que se desbocan en el cerebro de la chica porque Riley está entrando en la pubertad. En el cuartel general donde Alegría, Miedo, Ira, Enfado y Tristeza han ido viviendo tranquilamente, todo se revoluciona para que la niña vaya adaptándose a la nueva realidad. A pesar de que Alegría intentará coordinar todo, la complicación emocional estará servida.

Con este argumento tan original, el director, Peter Docter, construye un film interesantísimo en donde los protagonistas no son personas ni animales, sino emociones. Con una técnica cada vez más depurada, los diseños de las emociones son una maravilla: el color, la forma, la expresión…hacen que se conviertan en auténticos personajes y protagonistas del film.

Con un ritmo vertiginoso, la película nos va descubriendo que cada uno de nosotros somos seres emotivos. El raciocinio, la deducción, la lógica forman parte de nuestro ser…pero las emociones están permanentemente trabajando en nuestro cerebro para hacernos ser lo que somos.

Crecer no es fácil, nos dice “Del revés”, es un ejercicio doloroso en el que intervienen positivamente experiencias que nos van construyendo: la amistad, la

familia, la diversión, los valores, la superación personal…Todas estas experiencias se convierten en pilares sobre las que se asienta nuestra personalidad al ir almacenando recuerdos que nos llevan a la maduración. También las experiencias negativas nos ayudan a crecer cuando son bien controladas por nuestras emociones.

La temática es compleja, sí, pero la soltura del guión y la excelencia de los personajes nos llevan a reír, emocionarnos, entretenernos y divertirnos con esas cinco emociones que se emocionan. Incluso las emociones de los otros personajes (los padres, por ejemplo) entran en juego y son vistas por el espectador que va intuyendo la dificultad de las relaciones interpersonales para entender y respetar al otro. Y es que, nos dirá sabiamente la película, mis emociones entran en interrelación constantemente con las de los que me rodean. Estas cinco emociones básicas se convierten desde los primeros minutos en estrellas de un film en donde los humanos son vistos desde su interior.

A pesar de lo arriesgado del planteamiento, la película discurre estupendamente en un ejercicio de originalidad absolutamente extraordinario.

Innovadora, divertida y alocada, “Del revés” se va a convertir en una película para ver y trabajar en las clases, en las sesiones de tutoría y en las escuelas de padres, donde las hubiera. Pensada especialmente para un público adulto, el film es un auténtico regalo que nos invita a entrar dentro de nosotros mismos y darnos cuenta de lo difícil e inacabado que siempre es crecer.

JOSAN MONTULL

El maestro del agua

La épica del perdón: EL MAESTRO DEL AGUA

Título original: The water diviner.

Dirección: Russell Crowe.

Países: Australia, USA y Turquía.

Año: 2014. Duración: 111 min.

Género: Drama.

Interpretación: Russell Crowe (Connor),

Olga Kurylenko (Ayshe), Yilmaz Erdogan (Hasan),

Cem Yilmaz (Cemal).

Guion: Andrew Knight y Andrew Anastasios.

Producción: Troy Lum, Andrew Mason y Keith Rodger.

Música: David Hirschfelder.

Fotografía: Andrew Lesnie.

Montaje: Matt Villa

A lo largo de la Historia del cine han sido muchos los actores y actrices que han decidido ponerse tras la cámara para convertirse en directores de films protagonizados o no por ellos mismos. Con más menos fortuna, artistas como Robert de Niro, Angelina Jolie, Kevin Kostner o nuestros Antonio Banderas y Ana Belén, por poner algunos ejemplos, han dirigido con mayor o menor talento. Otros, como en su día Orson Welles y en la actualidad el más que veterano Clint Eastwood han demostrado ser auténticos maestros tanto en la interpretación como en la dirección.

Le ha tocado el turno ahora a Russell Crowe, protagonista de grandes películas, que debuta en la dirección con “El maestro del agua”, una narración épica y hermosa, realizada con una factura muy clásica.

El maestro del agua cuenta la historia, con base real, de Joshua Connor, un granjero zahorí, que, poco después del final de la primera Guerra Mundial y tras el fallecimiento de su esposa, viaja a Turquía para localizar –y dar honrosa y justa sepultura- a los cuerpos de sus tres hijos caídos en la batalla de Gallipoli. La Turquía que conoce es un país marcado por la guerra en el que se encontrará con oficiales del ejército contra quien peleaban sus hijos. Será en ese país donde también conocerá a una mujer, Ayshe (Olga Kurylenko), que vive con su único hijo superando la muerte en guerra de su esposo. Además Connor se topa con el comandante Hassan (Yilmaz Erdogan), que mandaba la patrulla que luchó contra sus hijos desaparecidos. Todos estos personajes, marcados por la herida que la guerra les ha dejado, buscan afrontar el futuro con dignidad, superando la violencia y el odio del que han sido autores y víctimas.

Crowe afronta una historia que tiene una vocación épica importante. Tal vez un director más experimentado hubiera sacado más tajada de un film espectacular con momentos pensados para el lucimiento del actor-director. Pero lo cierto es que la película se ve con gusto a lo largo de sus dos horas de metraje y aborda temas que bien merecen ser destacados. El amor, la búsqueda de la paz, el sinsentido de la guerra, la amistad, el honor, la familia y –sobre todo- la posibilidad del perdón son temas que van apareciendo en el film casi de una forma didáctica y pedagógica. Hay miradas, abrazos, frases y guiños que subrayan valores humanos con los que Crowe va salpicando todo el metraje.

El esfuerzo titánico de Joshua Connor en busca de sus hijos es mucho más grande que el esfuerzo que comporta la búsqueda del agua. El experto zahorí, dotado de una profundidad psíquica que le lleva a descubrir agua fresca bajo la tierra parajes semidesérticos, se siente impotente para descubrir a sus hijos también bajo la tierra en medio del secarral estéril que deja la guerra.

Pero el amor y la amistad –ý está es la gran lección de la película- hacen posible la búsqueda compartida. Desde allí es más fácil encontrar y encontrarse. El encuentro de dos hombres, Connor y Hassan, en apariencia condenados a odiarse, les va trasformando a ambos y juntos experimentan la fuerza redentora del perdón. En el fondo, ambos personajes buscan y, cuando se unen, pueden reconstruir sus emociones descubriendo lo mejor de sí mismos, como quien encuentra agua fresca en el desierto.

Épica, entretenida, clásica y moral, “El maestro del agua” es una buena película de aventuras, que tal vez nos esté descubriendo a un buen director.

JOSAN MONTULL

 

El chico del millón de Dolare$

El precio de las personas: EL CHICO DEL MILLÓN DE DÓLARES

 

Película: El chico del millón de dólares.

Título original: Million dollar arm.

Dirección: Craig Gillespie.

País: USA. Año: 2013.

Duración: 124 min.

Género: Biopic, drama.

Interpretación: Jon Hamm (J.B. Bernstein),

Alan Arkin (Ray), Bill Paxton (Tom House),

Lake Bell (Brenda), Bar Paly (Lisette),

Aasif Mandvi (Aash), Suraj Sharma (Rinku).

Guion: Thomas McCarthy.

Producción: Mark Ciardi, Gordon Gray y Joe Roth.

Música: A.R. Rahman.

Fotografía: Gyula Pados.

Montaje: Tatiana S. Riegel.

Diseño de producción: Barry Robison.

Vestuario: Kirston Leigh Mann.

Distribuidora: The Walt Disney Company Spain.

Hace poco tiempo el cineasta español Miguel Alcantud presentó una película titulada “Diamantes negros” en la que ponía al descubierto las tramas esclavistas con las que las empresas del fútbol traen a chicos africanos a Europa llenándolos de sueños de riqueza para dejarlos en el abandono más cruel a los que no triunfan, es decir, a casi todos.

Ahora el norteamericano Crai Gillespie, director de la original “Lars y una chica de verdad” vuelve a tratar el mismo tema pero de un modo mucho más cordial y menos crítico presentando una película moral propia del cine de Disney.

El film está inspirado en un suceso real.  El emprendedor agente deportivo J.B. Bernstein, amigo de una vida con lujos y de la falta de compromiso, ávido de descubrir buenos deportistas que le reporten una buena suma de dinero, se embarca en la aventura de organizar  un peculiar reality show en la India con el fin de encontrar jugadores de cricket indios que susceptibles de convertirse en lanzadores de béisbol profesionales en los Estados Unidos.

Tras su viaje a la India, selecciona a dos chavales con unas posibilidades extraordinarias y los lleva a estados Unidos. Pero la aventura no ha terminado para J.B. Berstein, porque tendrá ahora que aprender a cuidar de unos jóvenes pobres deslumbrados por lo más espectacular de la sociedad yankee y deseosos de complacer a J.B. para agradecer todo lo que ha hecho por ellos.

Estamos ate una película, si se quiere, convencional y previsible pero que no deja de ser un entretenimiento ágil cargado de buenas intenciones. Rodada en los dos países (India y USA) las escenas localizadas en la India resultan visualmente potentes y hermosas. La belleza de los paisajes se mezcla con los escenarios de miseria y con los primeros planos de los jóvenes Ray y Rinku, deseoso de triunfar.

A lo largo de todo el film hay una tensión de contrastes. Contrasta la sociedad hindú con la norteamericana, los paisajes de uno y del otro país. Pero también contrasta la moral de cada personaje: frente a la superficialidad y el vacío existencial de J.B. aparece la nobleza y la espiritualidad de los jóvenes hindúes. Mientras que para J.B. la vida no consiste más que en la búsqueda de beneficios económicos y de un una vida suntuosa y sin ningún compromiso, para Ray y Rinku valores como la familia, la devoción, la amistad, el agradecimiento y la lealtad marcan su historia. Incluso J.B. está a punto de abandonar a los dos chavales seducido por el talento deportivo –que no humano- de un mimado jugador que exige un contrato multimillonario. Pero la moral de Rinku y Ray consigue interrogar a J.B. que, acompañado por una vecina, Brenda, de la cual se enamora, va descubriendo que la fidelidad y el acompañamiento a las personas son más importantes que la esclavitud del dinero.

No le faltan al film momentos cómicos que contrastan con las escenas emotivas que surgen en el último tramo. Sorprende gratamente ver que en la trama, la oración y la fe aparecen con una normalidad absoluta, resulta gratificante que los chavales hindúes le comenten desde el afecto a J.B. que, si no reza y no tiene una visión trascendente de la vida, tendrá mucha dificultad para ser feliz. No en vano, el descubrimiento del talante humano por encima del talento deportivo de esos jóvenes lleva a J.B. incluso a rezar con ellos.

La película se ve muy bien aunque tal vez le sobre una parte del metraje. La música hindú de A.R. Rahman es magnífica y contundente. Estamos ante una historia con tópicos, sí, pero ante una narración con una gran vocación humana. Temas como la amistad, la honestidad, la fe, la lealtad, la superación y la redención van desfilando pedagógicamente en el film.

Como es habitual en este tipo de historias, en los rótulos de crédito finales aparecen los personajes reales en los que se ha basado la película y se cuenta cómo es la realidad actual que viven.

Muy apropiada para discutir con chavales y abrir debate con jóvenes. “El chico del millón de dólares” es una película amable y pedagógica que habla de cómo la bondad de unas personas puede convertir a otras.

Quizás en estos tiempos de búsquedas impúdicas de dinero fácil, de malversaciones, prevaricaciones y corruptelas, esta película sea un humilde canto a la bondad.

JOSAN MONTULL