CON EL AGUA AL CUELLO

El viernes 3 de Junio un grupo de jóvenes acompañados de dos educadores estaban preparando su próxima Confirmación en los locales del Club Amigos – Centro Juvenil, ubicado en los bajos del Colegio Salesiano de Huesca. El Club Amigos siempre alberga muchas actividades, sobre todo los fines de semana, de las que participan cientos de niños, niñas y adolescentes animados por monitores voluntarios.

Fuera llovía mucho. De pronto una arqueta del pasillo saltó por los aires y litros y litros de agua –cientos- empezaron a entrar violenta y rápidamente y se extendían por todas las estancias. Todos los jóvenes se incorporaron, cogieron fregonas, escobas, cubos y comenzaron a achicar agua. Levantaron todo lo que había en el suelo, focos, cables, trajes, decorados…del Musical representado justo una semana antes. No se daba abasto…las fregonas ya no servían; con vasos sacaban agua vertiginosamente y la echaban en cubos que se llenaban en segundos … cubos y cubos de agua eran vertidos al exterior… pero el agua seguía entrando y llegaba ya al almacén donde se guarda todos los aparatos electrónicos.

Lanzaron entonces por WhatsApp un mensaje que decía “SOS, el Club se está inundando”. A los diez minutos llegó el primer voluntario… pronto fueron una veintena los que se unieron a los otros jóvenes para sacar el agua. El Club es un signo de identidad, un espacio de los chavales donde comparten la vida, la alegría, la amistad y la fe con estilo salesiano.

Unas cuatro horas después se consiguió achicar el agua y limpiar, en la medida de lo posible, lo suelos y objetos. Aún quedaban tareas de limpieza, muchas, pero lo importante es que el Club y Centro Juvenil se habían salvado…y lo habían salvado los propios jóvenes.

Pero al día siguiente fue peor. Una tormenta tremenda se desencadenó en la ciudad y, de nuevo, los locales fueron inundados, esta vez con miles de litros de agua. De nuevo, los jóvenes intuyeron lo que podía estar pasando en el Club. En cuanto el aguacero empezó a amainar, corrieron hacia los Salesianos y lo que se encontraron fue un desastre. Todos los bajos, todos, estaban inundados y el agua no dejaba de entrar. En torno a 30 chavales, monitores del Club Amigos, jóvenes, alumnos y antiguos alumnos, comenzaron una lucha tremenda contra la inundación que prolongaron hasta pasadas las dos de la mañana

Creo que la acción generosa de estos jóvenes voluntarios compartiendo el esfuerzo por salvar un Centro Juvenil de una inundación es un acto hermosísimo en el que se evidencia que en las casas salesianas los chavales se sienten en su propia casa.

El carisma salesiano sigue vivo. Yo lo volví a ver en Huesca, junto a un grupo de jóvenes… arrimando el hombro, achicando agua, trabajando juntos sin rendirse para salvar lo que es el hogar para muchos niños y adolescentes…con la certeza de que, aunque a veces parezca que estamos con el agua al cuello, nada puede inundar la fraternidad ni ahogar la ilusión.

JOSAN MONTULL

ESCUCHAR

Parece que el oído es de los primeros sentidos que desarrollamos cuando somos bebés, antes, incluso, que la vista. Ya en el seno materno oímos y percibimos a través del sonido la alegría, la esperanza, el miedo, la angustia … de la madre y de los cercanos.

Cuando somos pequeños nos arrullan con sonidos cariñosos, nos cantan nanas, nos comunican sentimientos a través de las palabras.

Oír es para nosotros en algo fundamental que nos ayuda a crecer y a ser lo que somos. La voz humana se convierte en el bálsamo que nos va meciendo y formando para que aprendamos a ser.

Siempre estamos creciendo, no acabamos nunca de hacerlo. Por eso necesitamos mirarnos a la cara, dedicarnos tiempo y calma para escucharnos, comunicarnos y expresar lo que somos, a la vez que las palabras del interlocutor encuentran eco en mí.

Pero no siempre es fácil escuchar. Ahora hay mucha gente que va a la suya, que no escucha, que no se detiene con paciencia a oír al otro. La vida digital y las redes sociales han trastocado la comunicación. Por una parte, han ampliado el radio de la información y nos hacen llegar con rapidez a todas las geografías físicas y humanas; pero, por otra, han matado la calma y la espera, han escondido el misterio y han llenado de vacío las palabras. Nos estamos volviendo sordos a la escucha del otro; sordos para escuchar el silencio; sordos, incluso, para escucharnos a nosotros mismos.

Necesitamos escuchar a los otros con calma, regalándoles el tiempo y la comprensión. Precisamos escuchar con el oído y el corazón

También nosotros tenemos necesidad de ser escuchados, de que alguien se detenga para hacernos caso, para que le podamos contar qué nos pasa, para abrir nuestro interior y desvelarlo a quien, sin juzgarnos, es capaz, simplemente, de dedicarnos su tiempo.

En medio del griterío y de sonidos estridentes y huecos, urge la calma, la serenidad para que la voz humana pueda resonar en nuestra vida y nos ayude a ser lo que somos para que nos puedan decir y podamos decir “Gracias por escucharme”.

JOSAN MONTULL

Un pequeño mundo

Terrores cotidianos: UN PEQUEÑO MUNDO

Guión y dirección: Laura Wandel (Bélgica 2021)

Fotografía: Frédéric Noirhomme

Reparto: Maya Vanderbeque, Günter Duret, Karim Leklou, Laura Verlinden, Léna Girard Voss, Thao Maerten, Laurent Capelluto

El acoso escolar ha sido un tema muchas veces llevado al cine con distinta fortuna. La debutante Laura Wandel con “Un mundo pequeño” aborda el tema del bulling de una manera tan angustiosa como certera.

Dos hermanos, Nora y Abel, llegan a un Colegio nuevo. Ambos están muy asustados, sobre todo Nora. Poco después la niña descubre horrorizada el acoso que sufre su hermano mayor. Pronto se debate entre la necesidad de integrarse y el apoyo a su hermano, que le pide que guarde silencio.

El film nos sumerge en el drama con las primeras imágenes. Nora abraza a su padre y llora por el miedo que le produce ese mundo pequeño y desconocido que es su nuevo colegio. Poco sabemos de la vida de este padre a excepción de que está parado y solo. No sabemos dónde está la madre de los niños, no sabemos por qué van a un colegio nuevo. Sólo sabemos que las dos criaturas se sumergen en un ambiente hostil con la promesa de encontrarse en los recreos.

Pero esto no será posible, Abel comienza a ser agredido y sometido por unos chicos más mayores que le humillan permanentemente. Nora lo ve, se estremece, sufre y no deja de preguntarse por qué esos niños hacen eso.

La cámara sigue y persigue a los niños, cuya gestualidad es contenida y extraordinaria. La fotografía hace participe al espectador de una situación claustrofóbica aterradora. La profundidad de campo sólo permite ver la espada de los protagonistas dejando sin nitidez lo que ocurre pocos metros más adelante, insinuando sólo imágenes turbias que sugieren lo que está pasando y lo dotan de espanto.

El espectador ve absorto la crueldad de los niños, pero ve –y esta es la grandeza del film- cómo estas agresiones deterioran también la vida de todos los que aman al niño agredido. El bulling no hace daño sólo a algunos niños sino también a sus familias y a sus seres amados.

Laura Wandel va haciendo que la película funcione como una precisa máquina de relojería dando a conocer que la violencia destroza moralmente a la misma víctima y la hace sacar lo peor de sí misma.

Relevancia especial tienen los abrazos que recibe y da Nora, con su padre, con su maestra y –finalmente- con su hermano, abrazo que tiene un carácter redentor.

Sin música, con el único fondo sonoro de las voces de los niños, “Un pequeño mundo” es una profunda reflexión sobre un entorno que banaliza el mal y que sólo se puede combatir desde el amor, la fe en el otro y el apoyo permanente.

Y es que todos necesitamos ser abrazados.

JOSAN MONTULL

UNA BOFETADA AL CINE

No sé cuántos lectores sabrán qué película recibió el óscar al mejor film de este año, o cuál fue el óscar a la mejor actriz, o al mejor film extranjero, por ejemplo. Tampoco sé si recordarán que en esta ceremonia se reunieron el director y los protagonistas del primer “Padrino”, 50 años después de su estreno: allí estaban los italoamericanos; Coppola, De Niro y Pacino, que nos han enseñado como pocos a amar el cine.

Todo eso y mucho más quedó ensombrecido porque esta ceremonia ha sido la del guantazo. Curiosamente, la ceremonia de los Óscar de Hollywood de 2022 no fue protagonizada por el cine sino por el enorme sopapo que Will Smith le propinó al presentador Chris Rock por un grosero chiste que éste contó, sin ninguna gracia, en relación a la alopecia de la esposa de Smith.

Las imágenes pasarán a los anales de la historia por motivos nada cinematográficos. Rock, en el escenario, hace una ironía desafortunada sobre la mujer de Smith. Éste se levanta, se acerca al escenario y le suelta un mandoble tremendo al pretendido gracioso. Al volverse a sentar, le grita al presentador que jamás vuelva a salir ni una palabra de su “puta boca” sobre su esposa. El público queda desconcertado, Rock salva la papeleta y sigue con su discurso…la ceremonia continúa. Minutos después Will Smith recibe el óscar al mejor actor. Vuelve a subir al escenario, ya no con intenciones agresivas, y –entre lágrimas- lanza un alegato en favor de la unión de la familia, del respeto y el amor. Aplausos. Sigue la ceremonia.

A las pocas horas se desató una oleada de comentarios sobre la cuestión; unos, afirmaban que Smith se había pasado; otros decían que la culpa era de Rock, por esos chistes sobre una enfermedad; había quien comentaba que Rock se lo merecía; muchos afirmaban que quien dice una inconveniencia se arriesga a que le partan la cara. Yo, como educador, me quede un poco estupefacto.

Imagine, amigo lector, que usted es profesor de una Escuela. En un emotivo acto de final de curso, muchos alumnos se despiden del Centro Escolar y van a ser obsequiados con una banda que recuerda su estancia en el Centro. Allí está todo el alumnado, profesores y familias de los chicos y chicas que terminan su andadura en la escuela. Imagine que, además, en el acto se homenajea a una profesora muy querida que se jubila. El claustro ha pedido a unos alumnos especialmente dotados para estar sobre las tablas, que presenten el acto y lo amenicen con su humor.

Continúe imaginando; uno de los alumnos elegido por el Claustro para presentar dice una inconveniencia que ofende a otro alumno que, sentado en el patio de butacas, espera que le impongan la banda. Éste, ofendido por el comentario del compañero presentador, se levanta, sube al escenario y le asesta un bofetón de campeonato al presunto gracioso elegido por el profesorado.

Y ahora, ¿qué? … ¿Cómo continúa la gala?… pregúnteselo. Seguramente, el alumno agresor será inmediatamente expulsado del patio de butacas, el presentador no volverá a aparecer en el escenario y algún profesor o profesora tendrá que salir a pedir excusas por ese desatino que empaña el buen hacer del Centro Escolar. Obviamente, en el acto no se le impondrá la banda al chaval del tortazo y, posiblemente, no se la impongan ni en privado.

La polémica que se suscitó posteriormente de la ceremonia de los Óscar fue totalmente inconcebible. Smith profanó un escenario, ofendió a todos los asistentes, reventó una ceremonia, faltó al respeto a los homenajeados y menospreció, en definitiva, al cine con un acto de violencia en público. No sólo fue una bofetada a un mal e irrespetuoso presentador; fue una bofetada a todos.

Sus emocionadas palabras en defensa de la familia sonaron absolutamente falsas. Que alguien, en el papel violento de machirulo ofendido, que defiende el honor de su esposa a mamporros, hable del amor y la familia, resulta absolutamente hipócrita. La benévola actitud del público aplaudiendo, condescendiente, este discursito entre lágrimas, no hizo más que agravar más la sonrojante ceremonia.

Algún chistoso decía que a Will Smith le hubieran podido dar el premio al mejor actor de “reparto” … o incluso el premio “Donostia”.

Impresentable, vergonzoso, una absoluta vergüenza. Una auténtica bofetada al cine.

JOSAN MONTULL