Land of mine

Odio enterrado: LAND OF MINE

Dirección: Martin Zandvliet

Reparto: Mikkel Boe Folsgaard,

Joel Basman , Laura Bro ,

Louis Hofmann y Roland Møller

Nacionalidad: Dinamarca

Año: 2015 Duración: 100 min.

Guión: Martin Zandvliet

Fotografía: Camilla Hjelm

Música: Sune Martin

Si la Guerra siempre ha sido una fuente de inspiración inagotable para el cine, su tratamiento en la pantalla ha sido tomado desde muchas perspectivas. “Land of mine” es una obra interesantísima que explora la humanidad o inhumanidad de unos personajes marcados por el odio con la guerra a pesar de que ésta ya haya terminado.

El argumento está tomado de un hecho histórico. En Mayo de 1945 un grupo de soldados alemanes es conducido hasta una playa en la que hay miles de minas que han diseminado los nazis. En una situación de humillación total estos muchachos (algunos casi unos niños) son obligados a arañar la tierra de la playa para descubrir y desactivar las minas que encuentran; claro que en alguna ocasión la propia impericia de los chavales hace que sean víctimas de estas bombas y alcancen la muerte o la mutilación. Al mando de esta operación cargada de sadismo está el sargento Rasmusen, un hombre que siente un profundo odio a todos los alemanes tras haber sufrido cinco años de ocupación nazi en su país. La relación de este cruel soldado con los adolescentes que se juegan la vida desactivando las bombas que sus compatriotas han dejado constituye el eje de la película.

En su tercera película el director danés Martin Zandvliet hace una disección moral de sus personajes desde la primera escena: una columna de soldados alemanes son conducidos escoltados y rotos a un destino incierto. El sargento Rasmusen, que ve cómo uno de esos solados lleva una bandera danesa, se abalanza sobre él y le da una paliza sin piedad.

En la segunda escena aparecen los diez adolescentes encargados de desactivar las minas. La vida de esos chicos no le importa a nadie; no les ven como a personas, son puros instrumentos para desactivar bombas; si uno muere, se busca a otro; si uno queda mutilado, se le deja morir.

Pero en los ojos de esos adolescentes se refleja el miedo, la incertidumbre, la soledad y la impotencia de los vencidos. Son huérfanos de todo, no tienen a nadie, sólo tiene enemigos. Y ahí está el drama moral que nos muestra la película; la guerra lo ha cambiado todo. Nada que ver la ferocidad de Rasmusen con la civilizada y libre Dinamarca que soportó el horror de la ocupación alemana, nada que ver los adolescentes germanos con la crueldad de sus compatriotas nacionalsocialistas. Todo ha cambiado cambiado por la guerra, no hay buenos y malos, todos son víctimas del odio. Todo está preparado para que el rencor y la sed de venganza se ceben en unos críos del bando perdedor.

La relación de este sargento sediento de venganza con esos inofensivos críos va evolucionando. Las bofetadas y los castigos que infringe Rasmusen a los asustados chavales van dando lugar al diálogo y los detalles de carácter humano. Entre los adolescentes alemanes y el soldado danés habrá, a pesar de todo, una búsqueda de los resquicios de humanidad que queden en ellos y que la guerra no haya podido destruir del todo.

Desde el brillante arranque la película atrapa al espectador y le obliga a asistir a una dura reflexión sobre la inhumanidad y la inutilidad de los conflictos bélicos. El enemigo es un ser humano, nos dice el director, y si no hay intentos de reconciliación la guerra siempre se pierde, aunque se sea del bando vencedor.

Con un guión muy bien trabado y unas interpretaciones convincentes, “Land of mine” es una excelente película antibelicista, que defiende brillantemente la permanente búsqueda de la paz. Zandvliet nos ofrece un film apasionante, entretenido, tenso y profundo…un film que invita a mirar a los ojos a los seres humanos para buscar las brechas en la que asoma la bondad.

Josan Montull

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LA OLA DE CALOR

LA OLA DE CALOR

Ya está aquí, ya la estamos sufriendo…otra vez; es normal en el verano, llega la ola de calor.

Todos de pertrechan y se afanan para protegerse de tan sofocante situación. La ventas de aparatos de aire acondicionado se disparan, la gente acude a las piscinas y se ponen a remojo durante muchas horas, en casa no faltan los refrescos. Los ventiladores y los abanicos se convertirán en compañeros inseparables; hasta las sombrillas y toldos ser enseñorearán en las ciudades. Las gafas de sol, los protectores solares, las cremas, los bañadores, las gorras, la botella de agua permanente, los sombreros, las toallas y toda la parafernalia piscinera hacen acto de presencia en este tiempo de calentamiento global.

Los más pudientes ya están huyendo. En las agencias de viajes no dan abasto. Hay quien se va a Méjico o a Cuba, otros buscan los espacios más fresquitos y se suben a los fiordos, a Dinamarca y a esos países en donde parece que siempre es invierno.

Y luego están los intercambios, que si la niña se me va a Irlanda a aprender el inglés, que si en Canadá hay un campus fantástico, que si en el sur de Francia hay intercambios universitarios en unas playas en las que los niños hacen surf y se ven unos cuerpos danone tremendos. En fin, que estamos el verano, en plena ola de calor.

Y con este afán de huida, de hacer las maletas y de echar a correr, voy yo y preparando unas reflexiones que debo hacer en voz alta escribo la palabra interiorizar en mi ordenador y éste me subraya la palabrita de marras y me dice que no la reconoce, que interiorizar no debe existir, que si quiero algo, la añada a la herramienta de ortografía. Y, claro, me he cabreado. Y pienso que tal vez el ordenador no haga más que proyectar un reflejo de lo que muchos nos quieren hacer creer: que vivir es huir, que solamente con dinero puedes combatir el calor y el tedio.

Me ha dado la sensación de que, más que el calor, nos asfixia el consumo.

Por eso me atrevo a proponer un verano alternativo, un verano que nos sirva para viajar hacia nosotros mismo y para interiorizar la historia que vamos viviendo.

Se me ocurren muchas cosas; leer (también algo intrascendente), ir al cine a ver alguna peli humana o alguna de aventuras, de las que nos hacen recordar los buenos ratos de la niñez. Propongo caminar, respirar, hacer excursiones, saborear algún bocata y una cervecita con los amiguetes.

Propongo ir a ver algún enfermo para refrescarle el verano con la sonrisa. También propongo hacer algún cursillo que le ayude a trabajar mejor o simplemente a ser más persona.

Propongo la noche, la risa y la verbena; las tardes de siesta, el botijo y la sandía; las terrazas de los bares y las visitas a los pueblos.

Brindo los museos, los paisajes y las artes; los conciertos y el teatro. Y, esté usted donde esté, le propongo hablar con las personas y perder el tiempo contemplando el paisaje, la vida o la gente.

Si su vida está vinculada a la educación, le recomiendo que no desconecte del todo, acondicione el verano de tal manera que pueda estar en contacto con chavales; en los campamentos, travesías, convivencias, colonias o vaya usted a saber. Ni se le ocurra pensar por un momento que ser educador dura lo que dura el curso.

Y si usted pertenece a esa extraña ralea, entre los que me cuento, de hombres y mujeres que tienen fe, refrésquela también… y celebre la Eucaristía, y ventile su alma…y, de paso, como quien no quiere la cosa, lea algo que le ayude a dar razón de sus creencias y de su vida. Le propongo rezar, decirle a Dios cuánto le quiere o no decirle nada, limitándose a estar con él en la Iglesia o en ese monasterio tan hermoso que va a visitar y que le dice tantas cosas.

Y no olvide dormir más y saborear cómo va pasando el tiempo cuando parece que no pasa nada…

Y así, cuando llegue Septiembre y todos regresen al curro con un moreno de alucine y contando viajes de ensueño, vaya usted y les diga sonriendo que en verano ha interiorizado, que se ha ido de viaje al interior de sí mismo y ha descubierto unas vistas fascinantes y que ya les enseñará las fotos… vaya, que de la ola de calor usted ni se ha enterado.

JOSAN MONTULL

Temazo de Andrés Calamaro para despedir este primer cuatrimestre de Blog, GRACIAS, a los más de

420 Seguidores del blog, y a las más de 3000 visitas, en tan poco tiempo.

Volveré por el blog pasadas las fiestas de Huesca, en la recta final antes del inicio de curso, «Sed buenos, hijos míos»

ABUELOS Y ABUELAS

Abuelos y abuelas

Existen los abuelos. Los encontramos en muchas casas, en muchas familias, en muchos ambientes. Han acumulado años de historia, de vida, de sinsabores y esperanzas y aguantan el tipo con dignidad. La edad, canalla, les juega malas pasadas, y lo que antes eran reflejos rápidos y pasos decididos se convierten ahora en gestos tímidos y torpes, cargados de poesía y de profunda humanidad.

Un día, hace mucho tiempo, empezaron a hablarles de Dios a sus hijos. Era algo natural, sencillo. El ambiente y la vida de aquellos años favorecía una fe que la ósmosis transmitía. Fueron contando historias de Jesús, de su bondad y su amor, del drama de la cruz y de la alegría de la resurrección. Acompañaron a los hijos a su primera comunión con la ilusión a raudales e hicieron una fiesta sencilla, con canelones y pollo como manjar. Guardan la foto en la mesilla de noche y en el corazón. Se sentían orgullosos al ver a sus pequeños en la misa haciendo de monaguillos, muy formalitos ellos.

Y los más de ellos les llevaron al altar. Se emocionaron y recordaron en la Iglesia a los seres queridos que ya no estaban mientras celebraban la boda de sus retoños. Otros, sin entender el mundo que les tocaba vivir fueron al Juzgado o al Ayuntamiento y tuvieron que renovar la fe en sus hijos como la tenían en Dios del que tanto les habían hablado.

Y un día sus hijos les hicieron abuelos. Y el cariño, la ternura y el amor se renovaron con los hijos de sus hijos. Se estremecieron cuando los tomaron en brazos y, casi sin quererlo, les hicieron la señal de la cruz en la frente.

Sufrieron porque el bautismo de los nietos parecía que no iba a llegar nunca. Por fin, llegó, y renovaron la ilusión. Se desconcertaron al ver un banquete desmedido y un ambiente en el que en la fiesta se hablaba más del vino que de Jesús.

Y fueron creciendo con sus nietos. Y pasaron con ellos muchas horas, cuidando, acompañando, amando. Y siguieron testimoniando la fe. Volvían a hablar de Dios, de la Virgen, de los Santos…les empezaron a acompañar a la Iglesia, pero no daba la sensación de que a los padres de las criaturas les hiciera mucha gracia.

Y llegó la comunión de los nietos. Volvieron a encontrarles ante el altar, rodeados esta vez de fotógrafos y de cámaras…y en el Restaurante llenaron de agasajos y regalos a las criaturas en una fiesta en la que no faltaron los animadores y los agasajos.

Y, de nuevo, los padres de aquellos retoños se acomodaron en el silencio. Dios no aparecía en la casa…Los nietos crecían en medio de la indiferencia religiosa de sus progenitores. Y allí estaban los abuelos, volviendo a hablar de Dios, cada vez con la voz más queda y frágil. Aunque las criatura, más creciditas, les decían “abuelo, abuela…ya nos lo habéis contado”.

Existen los abuelos. Son héroes callados que anuncian a tiempo y a destiempo a Jesucristo en medio de un ambiente con frecuencia hostil o indiferente. Rezan, animan, acompañan, aman, dan, se emocionan…y testimonian a Jesús de Nazaret. Sus nietos son su parroquia, su testimonio es su predicación.

Cuando tantos educadores de la fe se desaniman, cuando los llamados agentes de pastoral quieren tirar la toalla, cuando tantos educadores cristianos ya no saben cómo hablar de Dios, el testimonio silencioso de los abuelos y abuelas se convierte en una lección de fidelidad extraordinaria.

Bendita Iglesia, que en estos hombres y mujeres tiene unos militantes extraordinarios.

Josan Montull

¡Muchas felicidades a todos los llamados Joaquín y Ana, y a todos los abuelos del mundo!

LA RELIGIÓN, LA ESCUELA Y UN CAFÉ.

Hace unos años tuve la oportunidad de estar en un café tertulia con Jon Sobrino. Éramos unos 15 privilegiados los que durante un par de horas estuvimos hablando de teología, de política, de la Iglesia, del futuro y de mil cosas mientras escuchábamos absortos el testimonio de Sobrino, que se refería permanentemente al mundo de los pobres.

Jon Sobrino es un jesuita vasco que desde hace muchos años está haciendo y enseñando Teología en El Salvador. Su reflexión la enmarca en la Teología de la Liberación, corriente de pensamiento teológico que tiene como referencia permanente la opción por los pobres. El 16 de noviembre de 1989, se encontraba en Tailandia pronunciando una conferencia. Allí se enteró de que un comando paramilitar había entrado en su casa de El Salvador y había asesinado a toda su comunidad. Murieron Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Ignacio Martín Baró, Amando López, Joaquín López, una mujer (Elba Ramos) con su hija Celina, menor de edad. El cuerpo de Ellacuría fue arrastrado desde su cuarto hasta el jardín dejando un terrible reguero de sangre. En ese jardín hoy está enterrado.

Aquella comunidad de intelectuales enraizados entre los pobres salvadoreños denunciaba, desde la Teología, los abusos de los sectores financieros y económicos que, en connivencia con el ejército y bajo la tutela del gobierno norteamericano, asesinaban a los más desvalidos y tenían el país como una finca propia. Estos hombres eran mediadores de paz, debido a su talla intelectual y humana, y estaban contribuyendo a pacificar el país.

Los mataron por denunciar la injusticia y por ponerse al lado de los más humildes. Tiempo atrás en El Salvador habían asesinado a monseñor Óscar Romero, que defendió el derecho de los pobres a vivir con la dignidad de hijos de Dios.

En esta ocasión Sobrino se salvó de milagro. A miles de kilómetros de distancia se enteró de la muerte de todos sus hermanos con la certeza de que si él hubiera estado allí, hubiera sido también asesinado.

El café con Jon Sobrino fue, como podrán imaginar, un privilegio. Me vino a la memoria el otro día cuando leía unas declaraciones de un político que, hablando de educación, manifestaba la necesidad urgente de que la Cultura Religiosa quedara fuera de la Escuela; él mismo se congratulaba de que se restringían los espacios horarios académicos para la Cultura religiosa. Quien quiera Religión, decía, que vaya a su parroquia, la Religión es algo que se puede mover únicamente en el ámbito de lo personal.

Pensaba yo qué le hubiera ocurrido a monseñor Romero o a Ellacuría si se hubieran movido únicamente en el ámbito de lo puramente personal; seguramente no les hubieran asesinado, sin embargo la implicación de su Teología les llevó a incomodar a sectores privilegiados que pagaron a los que apretaron el gatillo. Su sangre fue fermento de vida. Hoy no se puede entender la historia de América Latina sin saber el papel de la Teología de la Liberación y de la vida de estos hombres. Como no se puede entender la compleja relación de China y Tibet sin conocer para nada del pensamiento budista que, por cierto se practica en un monasterio de nuestra propia provincia. Ni podremos entender por qué los misioneros europeos de las comunidades religiosas de Siria no quieren abandonar a su crucificado pueblo aunque tienen la oportunidad de irse o por qué Juan José Aguirre, cordobés obispo de Bangassú en Centro África, está en campos de refugiados como uno más protegiendo la vida de cristianos y musulmanes. Ni entenderemos las motivaciones profundas del Padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, que a sus 80 años sigue abriendo las puertas de sus iglesias a los refugiados y desposeídos.

Tampoco acabaremos de entender el ateísmo lúcido del cine de Woody Allen o el judaísmo militante de Spielberg si no sabemos nada de estas formas de pensamiento. Ni comprenderemos la diferencia entre islam y fanatismo islámico. Ni entenderemos las formas de vida de los musulmanes que han venido a España si desconocemos todo sobre el islam. Ni siquiera podremos descubrir el réquiem de Mozart si ignoramos los principios básicos del cristianismo. Tendremos dificultades para interpretar nuestra historia del Arte y los cuadros en los que aparezcan escenas de la vida de Cristo difícilmente serán valorados. Es más, no entenderemos nuestra cronología, nuestra Semana Santa, ni nuestras devociones a las diversas advocaciones de la Virgen si desconocemos el Evangelio. Por no hablar de las artes, las tradiciones, la cultura, y tantas y tantas cosas que dan forma a nuestra vida y que se pueden convertir en extrañas si prescindimos del hecho religioso.

Tampoco podremos entender las barbaridades que en nombre de Dios y de la Religión ha hecho y hace el ser humano en la Historia, cuando ha antepuesto la Ley religiosa a la dignidad humana. El mismo Jesús de Nazaret fue una víctima del fanatismo religioso.

Esa ignorancia religiosa llevará a confundir la ouija con los Salmos, o la superstición con la esperanza.

No, señor político, la Religión no es un hecho privado, es social. Lo personal es la fe. La fe no se puede imponer; pero el hecho religioso se debe aprender y esto comporta estudio para entenderlo. El menosprecio del hecho religioso, el apartarlo del mundo de la Escuela, de la reflexión cultural y quererlo relegar a las sacristías, o a las mezquitas o a las sinagogas o pagodas lleva al fanatismo, a la intransigencia, a la incultura y a la intolerancia. No se trata de enseñar catecismo, como querrían algunos, ni de prescindir de cuajo de lo religioso, como quieren otros; se trata de aprender con respeto el hecho religioso desde la cultura y desde la profundidad.

En un mundo como el nuestro, mestizo, plural, conectado, intercultural, es necesario saber idiomas y saberse mover para entenderse. Prescindir del hecho religioso (fíjense bien que no les digo Religión Católica), es condenar a que nuestros chavales nunca puedan entender lo significativo de vidas como la del Dalai Lama, el papa Francisco o la de Jon Sobrino, por ejemplo.

España es el único país de la Comunidad Europea en el que la Teología queda al margen de las universidades del Estado. Esas opiniones tan solemnes de algunos políticos no son más que fruto de una atávica intransigencia difícilmente compatible con una actitud de apertura intelectual.

Tengo la sensación de que las declaraciones sobre este tema que hacen alegremente algunas autoridades políticas son más propias de tertulianos de la telebasura que de representantes de la Administración Educativa.

Programa sobre la teología de la Liberación en el que hablaban entre otros Jon Sobrino y D. Javier Osés en TVE 1993

Programa: la tabla redonda

Dirección y presentación: Francisco de Oleza Le Senne
Invitados: Norberto Alcover, Benjamin Forcano, Julio Lois, Monseñor Javier Oses (Obispo de Huesca), Jon Sobrino, Ignacio Ellacuria, Helder Cámara, Gustavo Gutierrez, Pedro Casaldáliga y Franciso Estrada

Josan Montull