Con el agua al cuello: CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO
Título original: All is lost.
Dirección y guion: J.C. Chandor.
País: USA. Año: 2013. Duración: 106 min.
Género: Drama.
Interpretación: Robert Redford.
Producción: Neal Dodson y Anna Gerb.
Música: Alex Ebert.
Fotografía: Fran G. DeMarco.
Montaje: Pete Beaudreau.
El Cine nos ha traído en ocasiones historias de supervivencia de hombres y mujeres que, en situaciones de soledad y aislamiento han tenido que superar mil dificultades para sobrevivir en entornos desconocidos y llenos de peligros. John Boorman en “Infierno en el Pacífico” colocaba en plena segunda guerra mundial a un soldado japonés junto a otro norteamericano en una isla desierta. Robert Zemeckis en “Náufrago” contaba la historia de un ejecutivo que llegaba tras un accidente aéreo a una isla desierta. Alfonso Cuarón en la reciente y excelente “Gravity” ha contado la historia de una pareja perdida en el espacio.
Llega ahora a nuestras pantallas “Cuando todo está perdido”, un film de J.C. Chandor, protagonizado por el veterano Robert Redfort, que interpreta a un hombre perdido en alta mar.
En un viaje solitario a través del Océano Índico, un hombre despierta sobresaltado por el impacto de su velero que ha colisionado con un contenedor que flota a la deriva. Pronto se apresta a repararlo con gran experiencia marinera, haciendo un gran esfuerzo a pesar de su edad avanzada. Pero cuando todo aparentemente vuelve a la calma, llega una tormenta que inutilizará definitivamente la nave y haciendo que su vida quede a merced de la mar, los tiburones, la falta de agua y la comida cada vez más escasa. Todo esto provoca que el hombre afronte una historia de supervivencia brutal en la que deberá enfrentarse contra todos los elementos y contra sí mismo para eludir la muerte, que se va haciendo cada vez más próxima.

Nos encontramos ante una película que tiene ante sí un reto difícil: construir una historia con un único personaje y con el único escenario de una barca y luego un bote en alta mar. No se nos dice quién es este hombre, no sabemos por qué viaja solo y cuáles son sus intenciones, ni siquiera sabemos cuál es su nombre. Sólo vemos que es un hombre, un ser humano en la más angustiosa de las soledades que implican una denodada lucha para salvar su vida.
Al ser el espacio tan reducido, la acción no es espectacular. El dramatismo de la historia se va centrando en la dosificada sucesión de dificultades que el hombre va a tener que superar: reparar, la barca, la radio, buscar agua potable, consultar mapas, ir desde al bote a la barca a punto de hundirse para rescatar alimentos, pescar, curarse una herida abierta…cada uno de esos problemas son presentados con la fuerza heroica de una aventura para salir con vida.
Y con todos estos ingredientes narrativos, que pueden parecer insuficientes para construir una historia, la película engancha y mantiene al espectador atento a todas las vicisitudes que tiene que afrontar nuestro hombre. Dos son, a mi modo de ver, las herramientas de esta habilidad. En primer lugar, una banda sonora excelente, que consigue contagiar una sensación de soledad física y humana sobrecogedora. No hay una orquestación estridente propia de un film de aventuras; oímos las olas, el chapotear del agua tranquila, los ruidos inquietantes de la barca…mientras la música subraya inteligentemente el horror de la proximidad de la muerte en la inmensidad del océano.
En segundo lugar, la extraordinaria actuación de Robert Redford. Resulta increíble que este actor, con 77 años a sus espaldas, afronte un papel tan complicado. Él sostiene el peso de toda la película. Sin diálogos, Redford consigue mantener una fuerza dramática incontestable. El actor llena absolutamente la pantalla. Su rostro arrugado es capaz de transmitir el dolor, la contrariedad, la preocupación, el miedo y el afán de supervivencia de un hombre en una situación extrema.
El director J.C. Chandor ha hecho una brillante película en la que no hay en la película grandes reflexiones sobre el sentido de la vida y la trascendencia. Nos encontramos, eso sí, ante una historia apasionante sobre la lucha del ser humano por sobrevivir.
Será difícil olvidar esta historia tan dramática y potente y original. Será imposible olvidar al anciano Redford dando vida magistralmente a un hombre sin nombre empeñado en demostrar que “Cuando todo está perdido” la grandeza del ser humano le impide rendirse.
JOSAN MONTULL
Titulo original: Ismael.
El argentino Marcelo Piñeyro (“Kamchatka”, “El método”, “Plata quemada”…) nos regala una película de producción totalmente española con un planteamiento similar: la búsqueda de la propia identidad.
La presencia del niño entre los adultos hace que estos se vean obligados a bucear en su pasado y descubran cómo la dificultad para amar y el miedo al compromiso no sólo marcaron la propia vida sino que dejaron heridas en las personas a las que más amaban.
La estupenda fotografía de Xavi Giménez y la música amable de Javier Limón, subrayan los sentimientos que manifiestan los actores y nos acercan al alma de los mismos haciéndonos pensar en cuánto de ellos hay en nosotros mismos.
Nos encontramos ante una película importante. Jackson consigue crear un clima mágico extraordinario a través de decorados, ambientes y paisajes que tan pronto retratan belleza como desolación o magia. Hay una perfección técnica magnífica. La fotografía, rodada a 48 imágenes por segundo (en lugar de las habituales 24), tiene una calidad y nitidez espectaculares. Su formato digital dota a toda la obra de una perfección técnica absolutamente deslumbrante.
Junto al peligroso viaje de los enanos, se van abriendo tramas menores que tienen su interés. Así conoceremos la historia de los elfos Legolas (Orlando Bloom) a quien ya vinos en “El señor de los anillos” y su tímido romance con Tauriel (Evangeline Lylli); también seguiremos la búsqueda del nigromante que hace Gandalf en medio de peligros.
A la historia no le faltan valores éticos: el sacrifico por el bien común, el grupo como lugar comunitario en donde uno se apoya y se conoce a sí mismo, la grandeza que nos aporta la entrega a los demás, la importancia del trabajo en equipo, la alegría de ser responsable, la generosidad y la búsqueda incansable de la libertad. Nuestros héroes, por más que pertenezcan a especies mágicas y fantásticas, retratan lo mejor de los humanos y su comportamiento moral es una constante en medio de tantas dificultades.
Título original: Amour.
Georges y Anne son dos profesores de música clásica jubilados. Ambos poseen una gran cultura y viven cómodamente su vejez entregados en común al disfrute de la música y a la entrega mutua. Su hija también se dedica a la música y vive fuera de Francia con su familia. Un día, Anne sufre un infarto. Tiene que ser operada y la operación sale mal. Al volver del hospital, un lado de su cuerpo está paralizado. El amor que ha unido a la pareja durante tantos años se verá puesto a prueba.
Si el cine de Haneke, como antes decía, tiene una gran capacidad turbadora, en “Amor” hay una comunión con el público absoluta. Y es que los personajes del film son de un realismo abrumador. A todos nos ha tocado o nos va a tocar abordar el tema del deterioro físico y mental que conlleva la vejez. Probablemente nos tocará acompañar la ancianidad de los seres queridos. Haneke, que siempre en sus películas obliga al espectador a mirar donde no quiere mirar, muestra esta vez una realidad totalmente próxima pero con frecuencia oculta. Cambiar los pañales, acostar a la esposa inválida, dar de comer con paciencia, acariciar a la persona en apariencia insensible, bañar a un enfermo… se convierten en escenas que hay que contemplar con calma porque retratan la grandeza moral que se puede vivir en medio del desvalimiento.
Por eso el film es tan incómodo como tierno, tan duro como emocionante, porque en las figuras del matrimonio, de la hija, delos vecinos, de las enfermeras y de los pocos personajes que aparecen todos nos sentimos reflejados e interrogados.