Diecisiete

DIECISIETE: Amores perros

  • Título original: Diecisiete (España 2019)
  • Dirección: Daniel Sánchez Arévalo
  • Intérpretes: Biel Montoro, Nacho Sánchez, Lola Cordón, Kandido Uranga, Itsaso Arana
  • Guión: Daniel Sánchez Arévalo
  • Música: Julio de la Rosa
  • Fotografía: Sergi Vilanova

No es la primera vez que Daniel Sánchez Arévalo pone ante su cámara la adolescencia y la juventud. Pero nunca, como en esta vez, ha hilado tan fino llegando a retratar el alma de sus personajes con una mirada esperanzada.

Héctor es un chaval de 17 años que, tras varios hechos delictivos, vive confinado en un Reformatorio. Con un marcado síndrome de Asperger y un rencor contenido hacia su hermano, a quien culpa de todas sus desventuras, deja pasar las horas muerta junto a los compañeros de internamiento con los que no se relaciona. Su aislamiento es tan fuerte que, de vez en cuando, huye del Centro hasta que le detienen a los pocos minutos y le llevan a una celda de aislamiento. Allí Héctor, en su mundo aislado, se siente protegido y a salvo.

Cuando un día inicia una terapia con perros, mejora su actitud y su mirada ante la vida. Se encariña con un perro desvalido a quien llama “Oveja” y recupera las ganas de vivir y la sonrisa mientras alegra la vida del can. Pero un día “Oveja” no aparece, una familia lo ha apadrinado. Profundamente abatido y sin saber cómo reaccionar, Héctor se fuga del Reformatorio para encontrar a su perro. Va a buscar a su abuela, enferma terminal, y junto con su hermano Isma, con quien tan difícil le resulta la relación, se lanza por las carreteras de Cantabria en una furgoneta destartalada a recuperar a “Oveja”. Su viaje, el de los dos hermanos y la abuela, resulta toda una aventura.

Sánchez Arévalo consigue una obra hermosísima en la que los sentimientos van aflorando en ese extraño viaje. Los dos hermanos se reencuentran, se hablan, se discuten, se perdonan. En el trayecto, a los tres personajes se les une un perro al que le falta una pata. Los kilómetros recorridos juntos constituyen un viaje al interior de ellos mismos. Todos son seres frágiles, urgidos de relación; los dos hermanos necesitan pedirse perdón, están heridos. Isma bebe en exceso y se ha dejado con su novia porque ha quedado embarazada y él no está dispuesto a ser padre; Héctor necesita un hermano que se haga cargo de él, que le espere, que le quiera. La abuela necesita cuidados médicos pero sobre todo ternura y compañía. Hasta el perro urge acogida respeto.

Todos son seres necesitados pero, y ahí está lo hermoso del film, sólo se reencuentran a sí mismos cuando son capaces de darse, de compartir, de salir de sí mismos y ayudar al otro. La película nos muestra inteligentemente que sólo la donación redime y que todos, por más desajustados que estemos, podemos aportar algo a los demás.

El guión agilísimo y los diálogos frescos, ingeniosos y chispeantes, hacen que “Diecisiete” se vea con deleite y con una sonrisa permanente.

Temas como la familia, la fraternidad, el cuidado de los animales, la responsabilidad y la honestidad son tratados con una ternura extraordinaria. Los dos noveles actores protagonistas se complementan estupendamente y dotan de una verosimilitud extraordinaria a sus personales.

Ideal para jóvenes y educadores. Viéndola, se hace realidad la bellísima canción de Silvio Rodríguez “Sólo el amor engendra la maravilla, sólo el amor consigue encender lo muerte”.

Una pequeña joya, un derroche de talento y de ternura.

JOSAN MONTULL

El odio que das

El arma de la verdad: EL ODIO QUE DAS

Título original: The Hate U Give

Director: George Tillman Jr.

Guión: Audrey Wells (Novela: Angie Thomas)

Música: Dustin O’Halloran

Fotografía: Mihai Malaimare Jr.

Reparto: Amandla Stenberg, Russell Hornsby, 

Lamar Johnson, Issa Rae, K.J. Apa,Regina Hall

Hay muchas películas que hablan del dolor y la injusticia. Unas se limitan a mostrar con crudeza la violencia y la desgracia, casi regodeándose morbosamente, con el único fin de impactar al espectador; otras tienen tal cantidad de moralina y reflexión que acaban convirtiéndose en lecciones frías que provocan el aburrimiento en el espectador. Pero existen otras películas que narran  interesantes intrigas de personas que sufren la injusticia y lo hace de tal manera que esas historias personales se convierten en universales e invitan a la reflexión aún mucho tiempo después de ser vistas. Este es el caso de “El odio de das”.

Basada en una novela del mismo título, el film cuenta la historia de Starr Carter, una adolescente negra que viven en un barrio pobre afroamericano pero que estudia con sus hermanos en un instituto acomodado en el que la mayoría son blancos.

Los padres de Starr quieren que sus hijos estudien en un Instituto que estimule todo lo que hay de bueno en ellos y les permita ver un mundo más amplio que el de su barrio, en donde las bandas y las drogas son habituales. Precisamente el padre de Starr vivió en su juventud el desastre de estar una banda y de ir a la cárcel. Por nada del mundo quiere que sus hijos repitan esa experiencia.

Con un gran sentido religioso y con arraigados valores de perdón y amor, la familia vive unida, consciente del racismo que hay en muchos ambientes y aprendiendo a acomodarse al racismo sin ponerse en peligro.

Un día Khalil, amigo de Starr es asesinado delante de ella por un policía. La joven se debatirá en un mar de contradicciones: acusar al policía blanco…decir en sus Instituto la verdad…denunciar las redes mafiosas de bandas que hicieron de Khalil un vendedor de droga…Cualquier opción supone un peligro en la vida de Starr y de su familia. Tendrá que decidir.

Nos encontramos con un film que afronta temas muy serios sin ningún maniqueísmo: la violencia racial, la familia, la dificultad para ser veraz, la opción por la no violencia, el racismo cotidiano… todos estos temas son presentado de un modo magnífico. La historia concreta de Starr se universaliza pronto para hacer que el espectador se pregunte si hay que decir la verdad aunque a uno le cueste la libertad o si hay que apostar por los pequeños valores para transformar el mundo.

Amandla Stemberg encarna a la joven Starr en una actuación absolutamente memorable. Su mirada se come literalmente la pantalla; la expresividad de su rostro, de sus ojos, fascina al espectador que se identifica pronto con el conflicto moral de la protagonista. Cada escena está resuelta con un dramatismo excelente, cada encuadre fascina, todo el montaje atrapa al espectador desde el principio y no lo suelta hasta el final.

Este pedagógico y hermoso film reflexiona sobre la inutilidad del odio. El que odia dice el film -queda encadenado a la persona odiada-. Sembrar odio y sentimientos de venganza nos pone en una espiral de la que no hay salida. Hace falta que alguien rompa esa espiral para poder sobrevivir. Y es precisamente reconocer la dignidad humana de cada persona, por encima de su raza y condición, la base para poder desarmarse de la propia violencia personal.

Excelente para educadores y jóvenes, “El odio que das” es una obra conmovedora, profunda y valiente que aporta un mensaje humanizador. Sin truculencias…sin moralinas…con profesionalidad. Estupenda.

JOSAN MONTULL

Familia al instante

La revolución de la acogida :FAMILIA AL INSTANTE

Año: 2018

País: EE.UU.

Dirección: Sean Anders

Intérpretes: Mark Wahlberg, Rose Byrne, Isabela Moner, Octavia Spencer, Tig Notaro, Eve Harlow, Julie Hagerty, Charlie McDermott, Iliza Shlesinger, Tom Segura

Guión: Sean Anders, John Morris

Música: Michael Andrews

Fotografía: Brett Pawlak

Hace poco el papa Francisco decía “En la medida en que somos acogidos y amados, incluidos en la comunidad y acompañados para mirar al futuro con confianza, desarrollamos el verdadero camino de la vida y experimentamos una felicidad duradera”

“Familia al instante” parece ser una parábola simpática de estas palabras de Francisco porque trata precisamente de la acogida a niños y niñas sin familia.

La acogida y la adopción de niños han sido tratadas en el cine en numerosas ocasiones. Películas como  “Lyon”, “La pequeña Lola” o la más reciente “Thi Mai, rumbo a Vietnam” han contado desde géneros diferentes la dificultad de amar a niños y niñas cuya vida ha sufrido traumas impactantes.

El cineasta Sean Anders utiliza la comedia para contar la historia de una pareja sin hijos  -Pete y Ellie-  que se plantea la acogida de menores porque, en medio de una vida cómoda y sin complicaciones, experimentan una gran necesidad de amar y compartir lo que son.

Aceptados en un programa de acogida, acogen a tres hermanos de origen hispano: Juan (un niño patoso y con una gran inseguridad), Lita (un pequeña caprichosa y tierna) y Lizzy (una adolescente segura de sí misma y manipuladora pero con una profunda desestructura interior).

En el hasta entonces tranquilo hogar de la pareja se va a instaurar el desorden y el caos. Los berrinches, las cenas accidentadas, los problemas con la familia, los portazos, los caprichos y las broncas van apareciendo en una convivencia que va madurando en torno al conflicto. Los niños van teniendo que asumir la exigencia que comporta sentirse amados y los padres primerizos sufren el desconcierto de saber si lo están haciendo bien y el desánimo de no ver los frutos deseados.

La película se ve bien, muy bien. Al guion le cuesta arrancar pero en cuanto los niños hacen acto de presencia y entran en la casa el espectador participa encantado del mismo ritmo vertiginoso que la familia tiene que vivir.

Los conflictos son muchos, los miedos, las angustias, las desconfianzas múltiples de los niños hacen que la pareja se plantee cómo es posible amar, por qué el amor puede no ser correspondido; Pete y Ellie tienen que plantearse también por qué hay que han querido adoptar y a quién beneficia.

La película, sin perder el tomo de comedia, va girando hacia la seriedad y la reflexión inteligente y plantea un tema muy interesante: la dificultad que hay para entenderse con las personas, por más que se las quiera, cuando éstas han sido víctimas de situaciones de desestructura. Hay personas a las que les cuesta amar porque nunca se han sentido amadas y hacen de la desconfianza una actitud permanente para protegerse inconscientemente.

Con “Familia al instante” el espectador lo pasa bien, se ríe, se emociona de una forma contenida y reflexiona. Los actores cumplen con creces; Matt Wahlberg está estupendo en el papel de abnegado aspirante a padre. Los niños presentan una frescura natural magnífica, destacando Isabela Moner, joven actriz y cantante con unas películas a sus espaldas.

El film está tratado, de principio a fin con un gran cariño, no en vano el director, Sean Anders, se inspira nada más y nada menos que en su propia vida. Él mismo declaró “…estamos hablando de mi vida; escribí la película basándome en la experiencia que mi esposa y yo tuvimos al adoptar a nuestros tres hijos del sistema de cuidado temporal (foster care); fue un proceso difícil, súper desgastante y al final muy cómico el que nos convirtió en familia”.

No hay que perderse los rótulos de crédito finales, en ellos, mientras aparece cantando la joven actriz que interpreta a Lizzy, desfilan fotografías de muchas familias de acogida que han colaborado en la película.

“Familia al instante” es una comedia familiar excelente. Amable, simpática y cargada de buenas intenciones que funciona estupendamente para el gran público.

Y el mensaje de la película rebosa humanidad: Amar es difícil, se nos dice, pero merece la pena porque la recompensa es extraordinaria.

JOSAN MONTULL

Mula

Más vale tarde: MULA

Dirección: Clint Eastwood

Guión: Nick Schenk (Artículo: Sam Dolnick)

Música: Arturo Sandoval

Fotografía: Yves Bélanger

Reparto: Clint Eastwood, Bradley Cooper, Dianne Wiest, Michael Peña, Taissa Farmiga, Laurence Fishburne,  Alison Eastwood, Andy García.

Casi parece imposible, una vez más Clint Eastwood nos regala una película hermosa, sencilla y muy personal, con una dosis de humanismo nada desdeñable. No sólo eso, Eastwood, con 88 años, protagoniza el film y da vida, casi sin esfuerzo, a Earl Stone un anciano cultivador de flores que dedica su vida a su negocio, sus concursos y sus amigos…pero que poco a poco ha ido perdiendo a su familia. Sólo una nieta, a la que tan apenas ve, mantiene una cierta fe en su abuelo y en su capacidad de ser bueno. Sus otras mujeres (la esposa y la hija) hace tiempo que no creen en él.

Arruinado en su negocio y desahuciado de su casa, Earl recibe una curiosa propuesta, convertirse en mula de un grupo mafioso perteneciente a cartel de Sinaloa y trasladar droga por la geografía americana. Nadie sospechará de un aciano con una vieja camioneta, piensan los mafiosos. Y así ocurre, el viejo Earl comienza a ganar dinero con el tráfico de drogas. La brutalidad de la mafia y la enfermedad de su esposa harán que Earl se busque a sí mismo e intente reconciliarse con su historia.

La película es muy de Eastwood. En sus últimos films ha interpretado a tipos serios, profundos, que se replantean la vida y evolucionan a pesar de sus años (el ex boxeador Frankie Runn que entrena a una chica y descubre la paternidad en “Million dolar baby” o el racista y amargado Walter Kowalski, que descubre la amistad con un adolescente en “Gran Torino”. Esta vez Earl redescubre el valor de su familia y la necesidad de pedir perdón al final de sus días.

La película, inspirada en un hecho real, se convierte en una reflexión sobre el bien y el mal, sobre la dificultad de optar por una conducta ética y no sucumbir al engaño del dinero fácil.

La conversión, el perdón, la familia, la honestidad y otros temas de hondo calado humano van desfilando por la pantalla en una narración correcta y académica que funciona desde el primer momento.

La actuación de Eastwood es contenida y sobria. Su mirada bondadosa sugiere una historia personal en la que hay muchos errores. Junto al veterano cineasta, aparecen en el film actores de la talla de Andy García, Bradley Cooper y Laurence Fishburne, todos ellos, espléndidos. Incluso el viejo Clint incluye a su propia hija, Alison Eastwood, interpretando a la hija de Earl.

En medio de la corrupción, el delito, la violencia y un mundo inhumano, hay salida, puede recuperarse la dignidad y la fidelidad. La violencia y la ambición no tienen la última palabra. Existe en el corazón de la persona resortes impensables que provocan destellos de bondad y de luz en un mundo perverso y tenebroso.

De nuevo una lección del viejo cineasta, una lección de humanidad y de buen cine.

Josan Montull