Salesiano, cura, profesor, licenciado en teología, twittero, educador, cinéfilo, teatrero, tertuliano, remo a contracorriente y apuesto a perder, uso el micro en la radio, el show en las tablas, la pizarra en el aula, el juego en el patio, la broma en la calle, la pluma en la prensa y todo lo que sea menester para acercar a Jesús a los chavales y construir una Iglesia sencilla y profunda donde todos puedan sentirse queridos y en casa.
Parece que el oído es de los primeros sentidos que desarrollamos cuando somos bebés, antes, incluso, que la vista. Ya en el seno materno oímos y percibimos a través del sonido la alegría, la esperanza, el miedo, la angustia … de la madre y de los cercanos.
Cuando somos pequeños nos arrullan con sonidos cariñosos, nos cantan nanas, nos comunican sentimientos a través de las palabras.
Oír es para nosotros en algo fundamental que nos ayuda a crecer y a ser lo que somos. La voz humana se convierte en el bálsamo que nos va meciendo y formando para que aprendamos a ser.
Siempre estamos creciendo, no acabamos nunca de hacerlo. Por eso necesitamos mirarnos a la cara, dedicarnos tiempo y calma para escucharnos, comunicarnos y expresar lo que somos, a la vez que las palabras del interlocutor encuentran eco en mí.
Pero no siempre es fácil escuchar. Ahora hay mucha gente que va a la suya, que no escucha, que no se detiene con paciencia a oír al otro. La vida digital y las redes sociales han trastocado la comunicación. Por una parte, han ampliado el radio de la información y nos hacen llegar con rapidez a todas las geografías físicas y humanas; pero, por otra, han matado la calma y la espera, han escondido el misterio y han llenado de vacío las palabras. Nos estamos volviendo sordos a la escucha del otro; sordos para escuchar el silencio; sordos, incluso, para escucharnos a nosotros mismos.
Necesitamos escuchar a los otros con calma, regalándoles el tiempo y la comprensión. Precisamos escuchar con el oído y el corazón
También nosotros tenemos necesidad de ser escuchados, de que alguien se detenga para hacernos caso, para que le podamos contar qué nos pasa, para abrir nuestro interior y desvelarlo a quien, sin juzgarnos, es capaz, simplemente, de dedicarnos su tiempo.
En medio del griterío y de sonidos estridentes y huecos, urge la calma, la serenidad para que la voz humana pueda resonar en nuestra vida y nos ayude a ser lo que somos para que nos puedan decir y podamos decir “Gracias por escucharme”.
El acoso escolar ha sido un tema muchas veces llevado al cine con distinta fortuna. La debutante Laura Wandel con “Un mundo pequeño” aborda el tema del bulling de una manera tan angustiosa como certera.
Dos hermanos, Nora y Abel, llegan a un Colegio nuevo. Ambos están muy asustados, sobre todo Nora. Poco después la niña descubre horrorizada el acoso que sufre su hermano mayor. Pronto se debate entre la necesidad de integrarse y el apoyo a su hermano, que le pide que guarde silencio.
El film nos sumerge en el drama con las primeras imágenes. Nora abraza a su padre y llora por el miedo que le produce ese mundo pequeño y desconocido que es su nuevo colegio. Poco sabemos de la vida de este padre a excepción de que está parado y solo. No sabemos dónde está la madre de los niños, no sabemos por qué van a un colegio nuevo. Sólo sabemos que las dos criaturas se sumergen en un ambiente hostil con la promesa de encontrarse en los recreos.
Pero esto no será posible, Abel comienza a ser agredido y sometido por unos chicos más mayores que le humillan permanentemente. Nora lo ve, se estremece, sufre y no deja de preguntarse por qué esos niños hacen eso.
La cámara sigue y persigue a los niños, cuya gestualidad es contenida y extraordinaria. La fotografía hace participe al espectador de una situación claustrofóbica aterradora. La profundidad de campo sólo permite ver la espada de los protagonistas dejando sin nitidez lo que ocurre pocos metros más adelante, insinuando sólo imágenes turbias que sugieren lo que está pasando y lo dotan de espanto.
El espectador ve absorto la crueldad de los niños, pero ve –y esta es la grandeza del film- cómo estas agresiones deterioran también la vida de todos los que aman al niño agredido. El bulling no hace daño sólo a algunos niños sino también a sus familias y a sus seres amados.
Laura Wandel va haciendo que la película funcione como una precisa máquina de relojería dando a conocer que la violencia destroza moralmente a la misma víctima y la hace sacar lo peor de sí misma.
Relevancia especial tienen los abrazos que recibe y da Nora, con su padre, con su maestra y –finalmente- con su hermano, abrazo que tiene un carácter redentor.
Sin música, con el único fondo sonoro de las voces de los niños, “Un pequeño mundo” es una profunda reflexión sobre un entorno que banaliza el mal y que sólo se puede combatir desde el amor, la fe en el otro y el apoyo permanente.
Productor: Laura Berwick, Kenneth Branagh, Becca Kovacik, Tamar Thomas
Música: Van Morrison
Fotografía: Haris Zambarloukos
Montaje: Úna Ní Dhonghaíle
Reparto: Caitriona Balfe, JamieDornan, Judi Dench, Ciarán Hinds, Jude Hill,Lewis McAskie, Colin Morgan
El prolífico actor y director Keneth Branagh dirige su película más personal e íntima en la que cuenta su propia infancia en la conflictiva Belfast de los años 60.
A mediados de Agosto de 1969 se desató una violenta batalla entre protestantes y católicos en Irlanda del Norte que ocasionó muertos, heridos y la marcha de muchas familias que no soportaban la presión social que se ejercía sobre ella.
En medio de este conflicto vive el pequeño Buddy, cuyo padre trabaja en Inglaterra mientras la madre educa a sus hijos a pesar de que la familia está asediada por las deudas. Mientras la presión política va asfixiando el barrio, Buddy sueña con un futuro sin problemas con toda la familia unida y sin moverse de Belfast.
El sinsentido de la agresividad es visto por los ojos abiertos de un niño (extraordinario Jude Hill) que se refugia fascinado en el cine, y en el idílico amor por una niña de su clase.
Estamos ante una película inocente, amable y hermosa, que destila bondad y un gran amor por la vida. La cámara se sitúa con frecuencia a la altura de los ojos del niño para aportar esa visión al espectador. La fotografía es magistral e impregna lirismo a todo el film. El blanco y negro es luminoso, contrastado por las poquísimas imágenes en color que corresponden a viejas películas o al mundo de la fantasía. Por si fuera poco, la banda sonora la pone el también irlandés Van Morrison.
Los diálogos del pequeño Buddy con el abuelo son extraordinarios. El abuelo es un auténtico filósofo de la vida que, desde la picaresca y la ironía, aporta una visión esperanzadora de las relaciones humanas.
Branagh homenajea a las víctimas del fanatismo, que nunca tiene sentido, y hace un hondo homenaje a la familia, como lugar referencial por excelencia, donde el amor, en medio de los conflictos, es capaz de vencer siempre, a pesar de que haya que emigrar y cambiar el paisaje cotidiano. La película es, además, un canto a la tolerancia religiosa y a la fraternidad. Ser vecinos es mucho más importante que la religión de cada cual. La relación de vecindad es muy humana, todos se conocen, se cuidan y se protegen entre sí, independientemente de su religión. Sólo el fanatismo quiere minar esas relaciones con argumentos vacío e inhumanos. Y, a pesar de ese fanatismo, el amor a la ciudad, al barrio y a sus vecinos se mantienen intactos.
Con unas interpretaciones excelentes, BELFAST es un conmovedor canto a la vida, la tolerancia, el amor y la familia.
Reparto: Rachel Zegler, Ansel Elgort, David Alvarez, Ariana DeBose, Rita Moreno, Mike Faist, Josh Andrés Rivera, Corey Stoll, Brian d’Arcy James, Maddie Ziegler, Ana Isabelle, Reginald L. Barnes, Jamila Velazquez.
Los géneros que ha tocado el maestro Spielberg han sido muy variados. La aventura, el bélico, la animación, la historia, la fantasía, la ciencia ficción, el terror, el policiaco… Y en todos los géneros ha hecho obras magníficas, y hasta maestras, que no han dejado indiferente al espectador.
Le tocaba explorar el musical y los ha hecho volviendo al clásico del mismo título que en 1961 y dirigido por Robert Wise y Jerome Robbins, ganó 10 óscars, incluido el de mejor película. Ambas películas están inspiradas en un musical para el teatro que se había estrenado en 1957.
La historia es una moderna versión de «Romeo y Julieta». En el West Side de Nueva York, un barrio marginal en 1950, se disputan la hegemonía dos bandas callejeras: los «sharks», puertorriqueños, y los «jets», de ascendencia europea. El jefe de los primeros es Bernardo, que vive con su novia Anita y su hermana María, que acaba de llegar a Nueva York. Una noche, en un baile, coinciden los dos grupos, María y Tony (cada uno de una banda) se enamoran perdidamente y se desencadena una violenta pelea en la que morirán varios chavales.
En un hermoso plano secuencia, el film comienza describiendo pormenorizadamente cómo es el West Side. La cámara va descendiendo y muestra un barrio pobre, en remodelación, donde las grúas van tirando las casas para hacer una zona más lujosa. La cámara enfoca a los jets, que hacen de la calle su propio territorio hasta que aparecen los latinos que disputan a su vez metros de ese ruinoso barrio. El enfrentamiento está servido hasta que los policías, tolerantes y pacientes, aparecen para apaciguar los ánimos.
La ruina del barrio es semejante a la ruina moral de los muchachos. Con pocas expectativas de futuro, su diversión favorita son las peleas con los distintos. Todos tienen algo en común, son pobres y marginados, pero la agresividad con el diferente da sentido a vidas vacías. Lógicamente, cuando surge el amor interracial, estalla el desconcierto porque el amor dinamita el sentido de la vida que hasta entonces tienen los jóvenes.
La historia está narrada con una agilidad tremenda. Los numerosos musicales son vibrantes y vigorosos. Spielberg coloca la cámara en medio de los bailarines y las coreografías tienen así una fuerza extraordinaria, con una puesta en escena deslumbrante. La calle se convierte en lugar donde el baile estalla con fuerza e implica a los viandantes, algunas veces niños, a participar de él. La fotografía y el tratamiento del color son magistrales.
A diferencia de la obra de Wise, los propios actores y actrices cantan con sus propias voces y no son en ningún momento doblados, lo que da a la obra una mayor veracidad. Los actores que interpretan a la banda portorriqueña son auténticos latinos y aparecen en el film hablando con su peculiar acento, aportando verosimilitud a la película. Spielberg se permite homenajear a su filme predecesor incluyendo una de las actrices que intervino hace 60 años, Rita Moreno. En la actualidad tiene 90 años. La actriz interpreta aquí a la anciana Valentina, que cuida, educa y protege a Toni. Portorriqueña viuda de un norteamericano, aboga por el mestizaje y la relación entre culturas como forma de vida. En una escena hermosísima, después del intento de violación que sufre Anita, se encara con los agresores y les dice con vigor “Hacéis de este mundo una basura”. Luego mira su idílica fotografía con su esposo, sueño de un futuro de tolerancia que no ha llegado.
Los actores son convincentes y naturales. Destaca la debutante Raquel Zegler, con una belleza y una sencillez cautivadoras, bien secundada por Ansel Elgort, David Álvarez, Ariana DeBose. Brilla con luz propia la veteranísima Rita Moreno.
El trágico final resulta conmovedor. Sharks y jets toman a hombros el cadáver de Tony. Tras el improvisado cortejo fúnebre callejero, caminan apesadumbrados Chino, que ha acabado con la vida de Tony y Valentina, que recoge del suelo la pistola asesina y acompaña, como siempre lo ha hecho, a esos chavales descarriados que han crecido sin acompañantes. Suenan las sirenas y llegan los coches de policía mientras la cámara se va alejando de ese barrio en ruinas donde los jóvenes crecen sin expectativas, pero que se han unido para llevar a hombros a un chico muerto, porque es un muerto de todos.
La banda sonora de Bernstein es una obra maestra. A pesar de los años que tiene, sus notas y canciones son conocidas por todos y forman parte de nuestro patrimonio sonoro.
Muchos se han preguntado si la obra de Wise necesitaba un remake e, inevitablemente, han surgido las comparaciones entre las dos versiones, distantes la una de la otra en varias décadas. Pero la historia es tan vieja como trágicamente actual. Las bandas, el machismo, la identidad sexual, el racismo, el sinsentido de la violencia, la inoperatividad de la autoridad, los sueños de prosperidad, temas tristemente vigentes …van apareciendo en la pantalla con una fuerza extraordinaria.
Cuando muchas de nuestras calles se están convirtiendo en campos de batalla de jóvenes desnortados, el amor se manifiesta como la única fuerza que puede cambiar la historia.
Cine cien por cien. Con una potencia visual y dramática excelente. Spielberg no podía defraudar y con esta revisión de un clásico ha hecho otro clásico. Este “West side story” es así un film inolvidable.